La pareja (in)compatible

10 06 2011

Son presente y pasado. Uno es, el otro fue. Y ambos anhelan ser el presente y el futuro azulgrana. Aunque es en esa encrucijada del tiempo y del espacio donde surgen las dudas sobre la compatibilidad de esta pareja. Representan la continuidad de una estirpe, la permanencia de un modelo. Hablo de Thiago, el mediocentro ‘creativo’ que viene y Cesc Fábregas, el mediocentro ‘total’ que emigró. Ahora Guardiola está empeñado en hacerlos coincidir en el centro del campo de su cuarto proyecto al frente del FC Barcelona, para acompañar a la otra pareja que ya reparte caramelos en forma de goles en la medular azulgrana, Xavi e Iniesta.

La pareja (in)compatible está en el aire

La ‘x’ que despeja la incógnita es el fichaje de Cesc. Será la tercera intentona azulgrana por recuperar al hijo pródigo, tal vez la primera en que exista negociación real, y por más que las sensaciones sean las idóneas para verle vestido de azulgrana, lo único seguro es que el Barça tendrá que rascarse el bolsillo. Por ahí llega la primera traba: pagar una millonada por alguien que prefirió crecer fuera y aprender inglés, antes que madurar en casa y perfeccionar el idioma Barça. Ya se sabe que la pela es la pela, pero cuentan que para Guardiola Cesc es innegociable, para Guardiola Cesc es su prioridad.

Quizá porque el técnico azulgrana sabe que con él se asegura algo más que el futuro. Con Cesc, el fútbol azulgrana volvería a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expande hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumaría un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting estaría asegurado.

Porque es el escalón que falta. Repasemos los números que en ellos se encuentra la clave: Xavi, 31 años; Iniesta, 27; Cesc, 24; Thiago, 20. Ahí está el relevo necesario para que Thiago no coja los galones antes de tiempo. Los mismos que le sobran al capitán del Arsenal, ídolo y referente gunner. La duda reside en ese cambio de rol. En dejar de enarbolar la bandera de un club para ser uno más en busca de títulos. Ese ejercicio de humildad y sacrificio que le espera a Cesc será el espejo en el que deba mirarse Thiago para confirmar que el relevo está asegurado.

Thiago Alcántara es la perla de la cantera azulgrana

Tal vez sea el hispano-brasileño Thiago el jugador más diferente que ha brotado en la Masía en los últimos años. Es pura esencia brasileña aliñada con el toque y la visión de juego que caracterizan al idioma Barça. Con un desborde muy al estilo de Iniesta, pero con mayor dosis de fantasía y menos pausa. Es ahí, en los aspectos técnicos y de presión donde todavía debe mejorar, aunque en su paso por el Barça B  esta temporada ya ha demostrado que tiene las bases para llevar la manija de un equipo como el azulgrana.

Completado su período de formación, el próximo año será jugador del primer equipo a todos los efectos. Formará pareja con Xavi, con Iniesta y quien sabe si con Cesc. Con todos ellos se entendería porque todos ellos hablan el mismo idioma, aunque con matices o acentos propios que les hacen diferentes. Cesc puede fotocopiar el fútbol de Xavi y añadir más llegada, Thiago fantasea entre Iniesta y Ronaldinho con el descaro propio de la juventud. Son, en todo caso, una pareja que emana fútbol a raudales, por más trabas que se puedan poner a su relación, curiosamente las mismas que padecieron antes otros (Xavi e Iniesta). Ellos también eran incompatibles pero supieron (y aprendieron) a entenderse, prefirieron ser más felices aquí antes que ser más ricos allá. No hizo falta hacer separación de bienes y el fútbol dio la razón a una pareja (in)compatible que ahora busca prolongar su estirpe.

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La justicia de una injusticia

11 01 2011

“Yo no gano balones de oro, yo los fabrico”. La sentecia, a medio camino entre la confesión y la fanfarronería, es de Xavi Hernández, uno de los tres finalistas del Balón de Oro de este año, uno de los dos españoles que se quedó ayer a las puertas de la gloria. El otro fue Andrés Iniesta. Ambos fueron adelantados por la derecha y en el último instante por ese barrilete cósmico que amenaza con romper estadísticas y alzar premios a la velocidad con la que perfora redes. Leo Messi ganaba por segundo año consecutivo el Balón de Oro y hacía de la injusticia justicia.

Un Guardiola cariacontecido entrega el Premio a Messi

Fue la sorpresa de la noche y sin embargo, no sorprende tanto. Messi es, probablemente el mejor jugador del momento, idea ratificada por los más de 400 periodistas, entrenadores y futbolistas que votaron para otorgar este galardón a ‘La Pulga’ argentina. No puede hablarse de tongo, entonces, ni de cacicada de la FIFA hacia España. Y sin embargo, todavía tenemos el chasco a flor de piel, la mueca de decepción en el rostro. El paso de las horas ha atenuado la negación profunda, la reflexión ha dado paso a la cordura, la cual nos ha encaminado hasta rendición: Messi es demasiado bueno como para dejar escapar un premio.

Pero si Messi es tan bueno, en mayor o menor medida, hay algo de todo ese talento que le debe a esos dos escuderos, ataviados con frac de seda y pincel de fino estilista. Xavi e Iniesta le han hecho mejores y justo, necesario y algo tardío fue su reconocimiento en pleno vuelo de vuelta a sus dos compañeros de equipo: “esto es para Xavi y Andrés, ellos se lo merecen tanto o más que yo”.

Messi perdió la oportunidad de hacer eso mismo, incluso algo más cuando abrumado por los flashes de la sorpresa y la emoción recibió de manos de Guardiola (magnífico detalle de la FIFA, por otra parte), el Balón de Oro. Era la ocasión para meterse definitivamente al mundo del fútbol en el bolsillo. Sólo tenía que haber pedido a Xavi y a Andrés, dos de los que más le han ayudado a conseguir este galardón, que le acompañaran, que subieran al escenario para inmortalizar una foto histórica.

A partir de aquí las lecturas, las posibles razones que nos lleven a desentrañar una decisión tan justa para unos como injusta para otros. Nadie se puede negar en rotundo cuando se le concede un premio a Messi, aunque esta vez Messi no parecía el mejor. No lo parecía, me explico, porque los criterios para designar el ganador de este trofeo en anteriores ediciones eran los contraídos a lo largo del año. Era un premio que premiaba una temporada, no una trayectoria, o un momento actual. Y ahí Messi flaqueaba, porque a pesar de terminar la pasada temporada como Bota de Oro europeo y máximo goleador de la Liga Española, del Mundial se marchó por la puerta de atrás, sin poder llevar a su Selección más allá de Cuartos de final.

Xavi e Iniesta no le han echado tanto de menos cuando no han tenido a la Pulga como compañero, como el argentino lo ha hecho con ellos.  El Mundial de ambos fue sobresaliente, al igual que la temporada de Xavi, más floja la de Andrés. No obstante la presencia de ambos en la votación final les ha perjudicado, ya que los votos otorgados a ‘España’ se han dividido entre sus dos candidaturas. Por otro lado, el hecho de que tanto Xavi como Iniesta sean jugadores de un perfil muy parecido, en ningún caso goleadores, también ha contabilizado en su contra. Muchos de los que votaron a Xavi no votaron a Iniesta y viceversa.  A lo que habría que sumar la inclusión de cientos de países donde sólo ‘llegan’ los goles de Messi, sin reparar en las exhibiciones de cada fin de semana de nuestros dos centrocampistas.

Por ahí se explica otra de las claves de la votación. Este año ha sido el primero en que el Balón de Oro y el FIFA World Player se unificaban. Así, para el Balón de Oro FIFA 2010 votaban periodistas de la Revista France Football, Seleccionadores y Capitanes nacionales sin un criterio claro. Si bien los periodistas se ciñeron más a los parámetros clásicos (sólo con sus votos el ganador hubiera sido Wesley Sneijder), los Seleccionadores y Capitanes votaron al que ellos consideran mejor en los últimos tiempos (ahí salió ganador Messi). La FIFA no se preocupó en ningún momento por aclarar cuál era el criterio básico a pesar de la inclusión de un elevado número de países que votaban por primera vez.

Si no ha sido ahora, ya no será. ¿Qué más tenemos que hacer? Es el regusto amargo, el fatalismo patrio que ha resurgido entre los aficionados españoles. Simplemente (y desdramatizando) es la injusticia de los premios individuales en un deporte colectivo, tal y como ha señalado Xavi, poco antes de reconocer que ellos van a seguir compitiendo de igual a igual para volver aquí otro año. Tanto él como Iniesta ya han entrado a formar parte de esa ilustre lista de jugadores que se quedaron a las puertas del Balón de Oro. Hasta allí desterraron a Raúl en 2001, a Michael Laudrup o a Roberto Baggio. No obstante, los dos tienen tiempo y talento por delante para que, al igual que Messi, convertir la injusticia en justicia.





Balón azulgrana

10 01 2011

No es de oro, es azulgrana. El trofeo que la FIFA entregará esta tarde debería ser teñido de los colores que desde hace más de 110 años iluminan la pasión y el sentir de un club que siempre quiso ser algo más que eso. En ese intento reformuló los parámetros del fútbol profesional desde sus cimientos, desde su cantera. Ese fruto ha germinado y dos décadas después su esplendor será contemplado hoy por todo el mundo. Iniesta, Xavi y Messi son la esencia de ese cultivo criado en La Masía que hoy recogerán un balón más azulgrana que dorado, más colectivo que individual.

Los tres finalistas al Balón de Oro posan en las instalaciones del club tras conocerse que son los candidatos al Balón de Oro FIFA 2010

“Es un premio compartido”; se han cansado de repetir los protagonistas, los tres finalistas al primer Balón de Oro FIFA (después de que se unificaran este año el premio que otorgaba la revista France Football y la Federación Internacional, FIFA). Iniesta, Xavi y Messi han afirmado por activa y por pasiva que la fiesta, antes de que el premio se entregue, ya es completa y que da igual quien gane, porque el que ha ganado ya, es el Barça. La decisión está tomada (o debería estarlo) a estas horas en las que el secreto a voces se esconde tras las votaciones de los corresponsales de la revista France Football, los Seleccionadores y los Capitanes nacionales.

Ellos han sido los encargados de valorar los méritos y las virtudes de unos y otros a lo largo de los últimos 12 meses. Porque, que nadie lo olvide, éste es un premio que se otorga al mejor jugador del año 2010, no a una trayectoria, un mes o un instante, por mucho que éste hiciera levantar a todo un país. Además en año de Mundial, el ganador suele partir con ventaja en este tipo de premios. De hecho así ha ocurrido desde 1998. Zidane lo ganó aquel año, Ronaldo hizo lo propio en 2002 y Cannavaro sorprendió a propios y extraños cuando tras levantar la Copa del Mundo, alzó, meses después, el dorado balón.

A ello se agarran Xavi e Iniesta (y también nosotros). Ambos brillantes Campeones del Mundo con España en Sudáfrica 2010. Ambos brillantes campeones de Liga con el Barça, alcanzando los 99 puntos. En el caso de Xavi está ante la oportunidad de su vida. Con 30 años se ha convertido en la brújula del mejor Barça de la historia y de la España campeona del mundo. A través de su regularidad y su elevado nivel de juego se entienden los trofeos de su club y su Selección. El de Terrasa es la esencia, el paradigma que resume el asombroso juego culé, una forma de entender el fútbol y la vida que hunde sus raíces en La Masía, un líder silencioso que hace mejores a los que le rodean. Alcanzado el cénit sólo queda condecorarlo.

Lo de Iniesta es otra cosa. Lo suyo es baile de salón con la pelota, a la que amansa y enloquece cuándo y cómo quiere. En su caso la historia se cruza con el destino y éste le ha colocado ya en varias ocasiones en el lugar y el momento adecuado, a las puertas de la gloria. España guardará para siempre en su memoria aquel zapatazo suyo que un 11 de julio de 2010 nos instaló en el paraíso. Ésa es, junto a su excelso Mundial, la principal baza del manchego tras una irregular temporada con el Barça. Pase lo que pase hoy, Iniesta o su destino lo volverán a colocar en disposición de ganarlo.

El que no entiende de irregularidades, al menos cuando tiene las espaldas cubiertas por tipos como Xavi e Iniesta, es Leo Messi. La guinda del mejor Barça de la historia, de uno de los equipos que marcarán un antes y un después en la historia del fútbol. Messi, para muchos el mejor jugador del mundo del momento y uno de los grandes de todos los tiempos, materializó 47 goles con el Barça la temporada pasada (fue Bota de Oro europeo), alcanzó los 60 goles en 59 partidos en todo el 2010, pero su lunar fue el Mundial. De él se fue sin encontrar la gloria del gol y por la puerta de atrás tras ser derrotado abultadamente por Alemania en cuartos de final.

Y tal vez por esto último es menos favorito hoy. Por eso y porque ya lo ganó el año pasado y a la FIFA no le gusta repetir con esto de los galardones. Los ojos de medio mundo miran más atrás, miran hacia Xavi e Iniesta, miran hacia los sucesores de ese genio que fue Luis Suárez, quien suspira por un acompañante español allá arriba, en el Olimpo. El secretismo ha sido máximo y los jugadores de Guardiola, que han repetido la machada del Milán de Arrigo Sacchi de colocar a tres jugadores del mismo equipo entre los finalistas (entonces fueron Gullit, Rijkaard y Van Basten), no sabrán hasta el último momento quien de los tres se lleva el dorado a casa, porque el azulgrana lo tienen marcado a fuego de por vida.





La cultura del descrédito

13 12 2010

Vivir teniendo que demostrar tu valía, tus valores y tu inocencia es un pesada carga para cualquier profesión que se quiera desarrollar. Hacerlo, además, cuando se le añade la sospecha de la trampa, del todo vale, del dopaje debe sumir a uno en la más absoluta oscuridad (personal y profesional). Esa oscuridad se asemeja mucho al olvido, a ese rincón negruzco hacia el que los focos se giran ahora para encontrar eso: descrédito, juicios paralelos,bolsas de sangre y rendimientos estrafalarios. Ese rincón ha existido siempre pero ya se sabe que en tiempos oscuros nadie repara en los medios, lo que prevalece es el fin.

Marta Domínguez es la cara más conocida de la Operación Galgo

Y ahora que conocemos el fin, o mejor dicho lo que se escondía tras él, toca recapacitar. Y deberíamos hacerlo todos y no sólo los que corren ya sea en busca de un trofeo o camino de un pozo sin fondo. Se debe tirar de la manta, aun con el temor de descubrir que el deporte resulte ser una farsa donde los primeros que sobraríamos seríamos nosotros, los periodistas, los narradores de esas historias de ¿ciencia ficción? Hablar, por tanto, de mentira, de descrédito o de antihéroes  no puede ser tan banal como hacerlo desde la orilla de enfrente. Desde ésta última fuimos muchos los que loamos la cultura del esfuerzo, de la superación o de la entrega. Olvidamos las sombras, esas que ahora ponen entredicho la edad de oro del deporte español.

Olvidamos también que vivimos una etapa de extremismos donde el villano es hoy el héroe de ayer, con o sin razón, sin reparar ni siquiera en las consecuencias, sin acudir -saltándose toda lógica- a la presunción de inocencia, (des)calificamos, ajusticiamos o catalogamos como ‘yonkis’ a los otrora ídolos nacionales.  Y que nadie se confunda, aquí no se justifica o se defiende a los tramposos. Simplemente se exige identificar a éstos, para no extender su descrédito al resto.

Marta Domínguez, la cara más reconocida de esa Operación Galgo que ha golpeado las entrañas del atletismo, ha negado hoy cualquier implicación con el tráfico de sustancias dopantes y blanqueo de dinero por la que fue detenida el pasado viernes. Su presidente, el Presidente de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola, se ha presentado hoy como una víctima, con la clara intención de seguir mirando hacia otro. Y es que así es muy difícil ganarse el crédito de alguien, porque a veces dimitir no es de cobarde, lo es más no levantarse de la portrona tras 21 años haciendo y deshaciendo a gusto y gana.

No le va a la zaga el doctor Eufemiano Fuentes, personaje de la fauna y flora nacional que al más puro estilo camaleónico ha sabido escapar de cuantas acusaciones contra la salud pública han sido vertidas sobre él. Ahora, imputado en la Operación Galgo vuelve a declararse inocente y ya ha lanzado un órdago mayor: “si yo abro la boca no tenemos ni Mundial ni Eurocopa de fútbol”. Xavi el jugador del FC Barcelona y de la Selección Española ha sido el primero en responderle: “ganamos la Eurocopa y el Mundial con la certeza de no habernos dopado”.

No parece que la caza de brujas vaya a detenerse ahí, ni que la mancha del dopaje no pueda extenderse a otras disciplinas, a otros deportes. Ya nadie se atreve a poner la mano en el fuego, y los triunfos, los calificativos y los ídolos deben ser puestos en cuarentena si no se quiere seguir arruinando la imagen de un país que tiene en el deporte uno de sus pocos baluartes a nivel internacional. Las sombras de un año lleno de luces, están dañando irremediablemente la imagen de una marca, ‘España’, que se había consolidado como potencia mundial. Mientras digerimos qué cuota de ficción y mentira hay detrás de todo esto, nos reconfortaremos pensando que al menos se está poniendo cerco a los tramposos, que en España la lucha contra el dopaje es ahora más decidida que nunca y tal vez todo esto sirva para limpiar esa imagen de paraíso del dopaje con la que asociaban a nuestro país fuera de nuestras fronteras. Debe ser el principio del fin, el primer paso para erradicar la cultura del descrédito que tanto daño nos está haciendo.





Rectificar

18 10 2010

Me sorprendió desde el principio. Incapaz de comprender la falta de previsión, de sensibilidad y sobre todo de conocimiento.  Tanto José Mourinho como Pep Guardiola se descolgaron el pasado viernes afirmando que ninguno de sus jugadores irían a recibir el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Ese galardón concedido este año a la Selección Española de Fútbol perdía así a 13 Campeones del Mundo, a más de una docena de sus representantes más ilustre. El menosprecio ya estaba hecho pero aún se podía rectificar.

Será difícil repetir esta imagen el próximo viernes 22 de octubre

La excusa planteada por ambos entrenadores era el partido del fin de semana. Los Premios Principe de Asturias se entregarán el próximo viernes, 22 de octubre, en el Teatro Campoamor de Oviedo, apenas 24 horas antes del inicio de la novena jornada de la Liga BBVA. Tiempo suficiente para que tanto los jugadores azulgranas como los merengues se desplazaran a la capital asturiana esa misma tarde y estuvieran de vuelta en sus respectivas concentraciones esa misma noche. Eso que parece algo tan normal fue pintado  con rotundidad y ciertos tintes extraordinarios por los técnicos y por sus altavoces públicos.

Mourinho que el mismo viernes se mostraba inflexible y autoritario al anunciar que ninguno de sus jugadores se desplazarían para recibir ese premio, ni siquiera Casillas, capitán de esa Selección Española que se proclamó campeona del mundo en Johanesburgo el pasado mes de julio. Un día después, Mourinho, más sosegado tras lograr la victoria en Málaga confirmaba lo que antes, ya había adelantado Jorge Valdano, Director General de la entidad blanca.

Lo innegociable se había hecho negociable, Casillas estaría en la ciudad ovetense para recoger el galardón. A Mourinho, su presidente, Florentino Pérez, le había explicado lo que el premio representa en España y lo que debería representar en el mundo (aunque el prestigio nos lo hemos cargado entre todos), y el orgullo que supone para una entidad como el Real Madrid verse representado en estos galardones, entregados, no lo olvidemos, por la Familia Real Española. Otros, como el Athletic de Bilbao también ha reaccionado a tiempo y permitirán acudir a Oviedo a sus dos campeones del mundo, Javi Martínez y Fernando Llorente.

No parece haber reparado en ello Guardiola, quien más comedido en su declaración no vaciló al recordar que ningún jugador azulgrana que fuera titular el próximo sábado (juegan contra el Zaragoza a las 18.00h) acudiría a recoger el premio. Tal vez la posible baja de Xavi producto de sus molestias en el tendón de Aquiles le echarían una mano al técnico culé. Sin duda, el mediocentro azulgrana ha sido el motor de esta Selección, aunque sin la inestimable colaboración de Andrés Iniesta, su compañero en el Barça y en el combinado nacional, todo hubiera sido más difícil. Además, Iniesta fue quien obró el milagro el pasado mes de julio cuando marcó ese gol que nos llevó al éxtasis a todos. Estos premios se merecían también su presencia.

Guardiola no ha variado su discurso y todavía no ha rectificado. Conociéndole no lo hará. Más aún cuando desde el club se ha asegurado que los internacionales del Barça estarán bien representados por Casillas. Se confunden y cometen un craso error. Ese viaje a Oviedo no trastoca los planes de unos futbolistas, que en el caso del FC Barcelona se desplazarán a Zaragoza el mismo sábado, como viene siendo habitual desde la llegada de Guardiola. A éste le ha faltado mano izquierda en esta ocasión para darse cuenta de que a veces hay instituciones por encima tuya, incluso por encima de un gran club de fútbol. Guardiola debe demostrar ahora si el hábito de la sabiduría cuelga entre su repertorio de trajes.





El valor X

3 05 2010

Un equipo siempre se organiza, crece y se agrupa en torno a un líder. Los hay eléctricos, musculados, elegantes, carismáticos y silenciosos. Xavi, el centrocampista del FC Barcelona, es uno de éstos últimos. Su cabeza es un ordenador privilegiado, su físico, indestructible (a pesar de su aparente fragilidad) y sus piernas cuentan con un silenciador con el que filtrar pases que desgarran las espaldas contrarias. A todo esto suma su compromiso, su amor a unos colores y su defensa de unos valores en los que cree y con los que disfruta. Hablamos, por tanto, de un futbolista superlativo.

Xavi, alma mater del FC Barcelona

El último ejemplo lo vimos el pasado sábado. Xavi volvió a impartir otra clase magistral a la que nos ha ido acostumbrado este curso, como el anterior, como en la Eurocopa. La diferencia, esta vez, es que el de Terrasa jugaba ese partido lesionado. Pero Xavi no se lo quería perder, Xavi no quería dejar solos a sus compañeros en el compromiso más duro que les quedaba a los azulgrana de aquí al final de temporada. El partido frente al Villarreal, tras la amarga eliminación europea ante el Inter, había alcanzado el estatus de trascendental ya que era el último tren de la temporada, el de la Liga, el único título al que optan ya los azulgranas.

Las alarmas habían saltado antes. En plena vorágine tras la fracasada remontada ante el Inter, Xavi se retiraba antes de tiempo del entrenamiento del jueves. El diagnóstico no presagiaba nada bueno y las dolencias no remitían en ese sóleo de la pierna izquierda que amenazaba con acabar con la fantasía y la magia azulgrana de un solo golpe. Guardiola habló con su extensión sobre el campo, con uno de sus capitanes, el viernes para conocer cómo evolucionaba y la respuesta de Xavi fue rotunda. “Estoy para entrar en la convocatoria y quiero jugar mañana”. Antes de esa conversación los médicos habían decidido junto con Guardiola dar descanso al ‘6’ culé y permitir que se recuperara de una rotura de 3cm en la parte posterior del gemelo izquierdo que traía de cabeza a media Liga.

El resultado lo conocemos todo. En una muestra más de compañerismo y profesionalidad, Xavi jugó los 90 minutos, dio una asistencia de gol, marcó un magnífico gol de falta directa y colaboró activamente en los otros dos goles de su equipo. El ‘profe’ lo había vuelto a hacer, había despejado de un plumazo la ‘X’ que se cernía sobre la cabeza de todos los culés, y la ecuación le había salido perfecta. Había arriesgado su pierna, había jugado con la posibilidad de perderse el Mundial, pero había dado un paso muy importante para que su equipo se alzara con el título de Liga. Eso sí que es dejarse la piel.

Guardiola reconoció después del partido que Xavi podría perderse el Mundial de Sudáfrica, a un mes escaso de su comienzo y un escalofrío recorrió el cuerpo de todos. Porque Xavi no sólo es el termómetro y el cerebro del Barça, sino también de la Selección Española, y su ausencia sería hoy por hoy irreparable para ambos.  En ese valor, en esos escasos tres centímetros, en ese compromiso íntimo nos va mucho a todos. La ecuación de la Liga se complicaría y la del Mundial sería casi misión imposible. El ‘profe’ no quiere perderse nada y desea seguir impartiendo clases magistrales, por lo menos hasta el 11 de julio. El Barça se ha unido en torno a la figura de sus canteranos, de los hombres de la casa para alcanzar el último y único reto de la temporada. Ahí, Xavi es bandera. Como en la Selección. Y ese valor es incalculable.





La remontada

27 04 2010

Al mejor equipo del mundo, al mejor Barça de la historia, al Barça de los seis títulos, al Barça de Pep Guardiola sólo le falta una cosa por hacer: remontar una eliminatoria. En estos 19 meses de vino y rosas marcados por navegar a favor de la corriente no se habían visto Guardiola, sus chicos y el club en una igual y ante lo desconocido uno siempre se asusta. El Barça ha intentado combatir ese miedo con un llamamiento masivo a la afición, ya sea a través de camisetas, vídeos, sms o declaraciones altisonantes. Todo o casi todo vale para enfretarse a un enemigo que hacía tiempo que no se paseaba por Can Barça: el fracaso; la decepción.

A falta de Iniesta, se espera otra 'Pedrada'

En esa lucha por la inmunidad, por estar por encima del bien y del mal, por sentirse de alguna manera invencible el Barça ha tejido estos días una red de apoyos que le faciliten el salto sin red. No tiene marcha atrás. Lo de mañana es un ser o no ser en la Copa de Europa, donde llegan condicionados por esos dos goles y la sombra de los resentidos. Veáse Mourinho, Sneijder, Motta, Eto’o, Cambiasso o Walter Samuel. Todos han tenido una relación de amor-odio con el club azulgrana y de ese sentimiento nacen buena parte de las posibilidades de los italianos.

Estos tendrán que enfrentarse no solo a 11 jugadores heridos en su orgullo. También deberán combatir a las cerca de 100.000 almas que pretenden convertir el Camp Nou en un infierno azul y grana. Todo para complicar la vida al Inter, para que reculen, para que se arrinconen alrededor de Julio Cesar, para que ni siquiera busquen esos pases largos a la carrera de Milito y Eto’o, para que terminen asfixiados ante la pasión culé. Aunque lo cierto es que la afición no meterá ningún gol.

No obstante, puede colaborar a ello si con sus ánimos y su inagotable fe en este equipo ayuda a los de Guardiola a no precipitarse, porque ahí estará la clave. El Barça necesitará más que nunca ser el Barça, reconocerse en el espejo y verse guapo, alto y bien peinado. De su confianza, de su fútbol sin límites y de la interpretación de una pieza que se sabe de memoria puede surgir la melodía que les acerque a otro imposible: la final del Bernabéu. Para ello el Barça necesitará en primer lugar tener el balón (que lo tendrá), pero, sobre todo, no perderlo en zonas peligrosas, es decir, cerca de los dominios de Sneijder. Éste último punto no se cumplió en Milán y el resultado lo conocemos todos.

Para evitar ese peligro, los azulgranas deberán recuperar el balón en zonas muy adelantadas evitando así las salidas del Inter. Éste debe sentirse arrollado ante el caudal de fútbol que, una vez más, nacerá de las botas de Xavi. La conexión de éste con Messi y la puntería y el acierto del argentino serán claves para voltear la eliminatoria, de hecho, Leo nunca ha marcado un gol a un equipo dirigido por Mourinho. Si no siempre le quedará Pedro a los azulgranas. Y es que la movilidad y la efectividad serán fundamentales ante un equipo cuya mejor virtud es su capacidad para defender, replegarse y correr todos en favor del bien común. Costará mucho abrir esa defensa pero si se encuentra la rendija el muro puede terminar resquebrajándose por completo.

Los números también le hacen un guiño al Barça. Los azulgrana ya han remontado en más de una ocasión un 3-1 en contra en la Champios League. Fue hace más de 10 años frente al Chelsea y aquel no era un Barça infinito. Otro dato para la esperanza lo encontramos en una fecha más cercana. Ocurrió esta misma temporada, en la visita del Inter al Camp Nou en la fase de grupos. Entonces el Barça 2-0, curiosamente el marcador que necesitan hoy, aunque bien es cierto que el equipo de Mourinho hoy es otro. Incluso, los más mayores recordarán aquella remontada épica ante el Goteborg en el 86, cuando los Migueli, Julio Alberto, Schuster y compañía remontaron el 3-0 de la ida para llegar a la final de Sevilla. Luego hubo otras como las de Dinamo de Kiev o el Anderlecht

El Barça, en definitiva, apela a la épica, se refugia en el calor de su gente y anhela un golpe de suerte con el que cambiar el rumbo de un destino que se acerca excesivamente al abismo en el momento más importante de la temporada. No debería, de todos modos, olvidar el Barça su mejor arma: el fútbol, la única capaz de hacer realidad cualquier sueño u obsesión.