Bienvenida Miss Obama

5 08 2010

Luis García Berlanga ya nos retrató hace cerca de 60 años en esa sátira ácida y velada que fue Bienvenido Mister Marshall. Aquella era una España en blanco y negro que aislada en el ámbito internacional abrió sus brazos a ese plan de rescate  económico que nos sacara de la penumbra. Ahora, algo hemos mejorado pero parece que no hemos evolucionado tanto. Sólo ha hecho falta la visita a nuestro país de Michelle Obama y Sasha, su hija menor, para que los acordes de aquel “americanos, vienen a España guapos y sanos// viva el tronío de ese gran pueblo con poderío” hayan vuelto a resonar en mi cabeza.

Michelle Obama y su hija, Sasha, pasean por las calles de Marbella

Y es que la España más cañí ha salido a recibir a la familia Obama como si éstos trajeran la cura de todos nuestros males. Esta vez no. Simplemente vienen a hacer turismo, a descansar y a disfrutar de parte de nuestra cultura, todavía exótica para algunos.La polémica tampoco se lo ha querido perder y desde el primer momento ha estado presente en la visita ya que el hotel en el que se hospedan Michelle y su hija está situado en el término municipal de Benhavis y no en Marbella, aunque la cuna de la Costa del Sol parece haberle ganado la partida mediática. A salir en la foto nos apuntamos todos.

Por si  esto fuera poco, y siguiendo la estela berlanguiana, la ciudad malagueña había decorado la ciudad con carteles, uno de ellos enorme, en el que se podía leer: “Welcome Obama’s family, Gracias por escoger Marbella” junto con banderitas nortemaricanas. Para sentirse como en casa. Afortunadamente, y tras el escarnio público producido en la prensa internacional, las pancartas han sido retiradas. Los que no se han retirado, sin embargo, son los árboles o las flores plantadas para la ocasión, para una visita de cuatro días.

La visita, convertida ya en apertura de todos los informativos nacionales y periódicos generalistas, no habrá tenido a buen seguro el efecto deseado por la familia Obama. Seguidos por una marea de cámaras, curiosos, agentes del orden y la propia seguridad norteamericana, el supuesto descanso se habrá relativizado. Nosotros, por si acaso, ya hemos convertido en ‘tour’ turístico el pequeño paseo que madre y hija se dieron ayer por la tarde por el casco antiguo de Marbella y no sería de extrañar que en algunos de los chiringuitos de la Costa del Sol, uno ya pueda encontrar la tapa Michelle Obama.

Esperemos que el atardecer desde La Alhambra, del que han podido disfrutar esta tarde Michelle y Sasha, haya paliado algo tanto despropósito. Refugiadas entre los muros de la fortaleza árabe la familia Obama habrá podido disfratar de la mejor puesta de sol del mundo, tal y como afirmó hace años Bill Clinton tras vivir esa experiencia junto a su familia. Lo que considero que no tiene remedio es la oportunidad perdida y eso, a pesar de los 800 millones de euros que según un estudio de Oak Power Comunicación esta visita ha generado en términos de publicidad.

Se ha desaprovechado una ocasión única para relanzar la imagen de una zona de la península ibérica demasiada relacionada con los escándalos políticos y con la lacra del racismo y la xenofobia que es el principal dedo acusador con el que se señala a España desde el extranjero. Faltó tacto, clase y discreción. Porque la imagen exportada al mundo es ahora a color pero las flamencas han sido reemplazadas por quinceañeros y mirones de medio pelo, y además hemos perdido la gracia natural de José Isbert suplantado por el afán político de nuestros días: hacerse notar.

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