Quiero volver…

9 02 2010

a escuchar proxima fermata: Colosseo

a comer las mejores pizzas de toda Roma servidas por el ‘metre’ del Baffeto (due e cuatro)

a admirar impávido la belleza y la serenidad que rezuma  la Fontana di Trevi

Un auténtico espectáculo de luz, color y sonido

a buscar españoles en la Piazza di Spagna

a salir con dolor de cuello de la Capilla Sixtina

a sentirme pequeño ante la magnitud y simetría de la Plaza de San Pedro

a rezar dentro de la Basílica de El Vaticano

a vislumbrar una puesta de sol desde la Cúpula de la Basílica de San Pedro

a subir esas escaleras eternas y tocar el cielo en el lugar desde el que un día se dominó el mundo

a sentirme gladiador  una vez enfilada la Via dei Foro Imperiali con el majestuoso Coliseo de fondo

a disfrutar de un ‘Ladies Night’ con el que confirmar que la fiesta solo hay que buscarla para que aparezca en cualquier lugar

a contemplar el Castelo de San Angelo desde la orilla del Tevere

a pasear en busca de un buen capuccino por el Trastevere

a recordar mis apuntes de aquellas impagables clases de Historia del Arte mientras observaba el Ara Pacis

a escuchar aquello de “italianas pufo”

a asombrarme con ese campo minado de arte, cultura y historia que es Roma

y sobre todo, (quiero volver) a tirar otra moneda a la Fontana di Trevi para convertir mis visitas a Roma en eternas

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a reencontrarme con las musas, los mitos y la leyenda en el silencio de las islas griegas

a saborear ese atardecer robado

a bañarme en esas aguas cristalinas

Los molinos, hoy convertidos en casas, son otro de los elementos carácterísticos de esta isla griega

a recorrer el laberinto de calles de Mykonos

a admirar ese contraste entro lo bohemio y lo turístico, entre el respeto a la tradición y el respeto al dinero que conviven en plena armonía en esta pequeña isla griega

a la playa Paradise y Superparadise para encontrarme un Mykonos abarratado

hasta allí en barco para tomar conciencia de que al paraíso cuesta tanto llegar, como rápido se esfuma en la línea del horizonte

a partirnos de risa con aquello de “tria paketi son cinco euros”

a confirmar que el mito son las griegas

a vivir una tormenta en el Mar Mediterráneo (¿o era el Egeo?)

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a vivir por encima de nuestras posibilidades en el Melia Athens

a saborear de una loncha de jamón ibérico dentro de un jacuzzi

a tener esa sensación de asfixia en un baño turco

a subir al peñón sagrado de los Dioses (la Acrópolis) para maldecir a los turcos, a los británicos y a la ceguera humana por descuidar y destruir una joya de la humanidad como el Parthenon

a contemplar Atenas desde las alturas rodeado de Cariatides, Columnas de estilo dórico, cellas y piedras tan cargadas de años y historia, como descoloridas por el imparable paso del tiempo

El estadio Panatenaico, construido en mármol, fue el complejo deportivo que albergo los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna en 1896

a repasar los caminos hollados por Sócrates, Pitágoras, Platón o Pericles (ese gran demócrata), en lo que constituyeron los primeros pasos de la humanidad que tenemos hoy

a rebuscar entre los carismáticos barrios de Monastiraki y Plaka un recuerdo y un regalo de esa cultura milenaria

a correr en cada paso de cebra

a despertarnos con un amable ‘Kalimera’ (buenos días en griego) y un tan generoso desayuno

a embriargarnos de ese espíritu olímpico que todavía hoy se observa en Atenas, la cuna de ese noble movimiento en la era moderna, representado en el estadio Panatenaico que habrá que ver más de cerca en la próxima visita.

Porque sí, es evidente que quiero volver.

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