Los incendios azulgrana

2 04 2011

Han hecho falta 48 horas para tirar por tierra un trabajo silencioso y poco gratificante. Apenas dos declaraciones, una bravuconada y una advertencia, para que los cimientos de la casa azulgrana se tambaleen. Los protagonistas, por sorprendente que parezca, han sido Sandro Rosell y Pep Guardiola. El presidente caracterizado por su mutismo y su falta de liderazgo quiso ganarse el favor del barcelonismo con un pronóstico que puede convertirse en el mayor revés de la temporada. Guardiola sofocó  con maestría ese fuego, pero poco después él mismo provocó el siguiente, tras publicar la RAI unas declaraciones suyas en las que se refería a que su tiempo en el Barça se está acabando.

Rosell pronostica un 5-0 para la próxima final de Copa del Rey

Nada fuera de lo normal o tal vez sí. Porque desde la llegada de Guardiola al banquillo azulgrana la entidad se ha caracterizado por el discurso prudente, por el máximo respeto a los rivales y por las reflexiones sosegadas alejadas de cualquier fanatismo. Tal vez por ello, la desviación del ‘forofo’ Rosell retumbó con mayor eco en los foros mediáticos tanto de la Ciudad Condal como del resto de España. Éste en busca de un guiño que le acerque al aficionado culé pronosticó un 5-0 en la próxima final de Copa del Rey que le enfrentará al Real Madrid… “para no perder la costumbre”.

Lejos de conseguir su propósito levantó una polvareda que puede llevarse por delante la imagen que el club ha cultivado en estos últimos años. La prepotencia es el mal endémico que acompaña a la victoria y hasta ahora el Barça lo había sorteado con buenas dosis de sentido común. Rosell, en su versión más populista se olvidó del menos común de los sentidos para agarrar un timón que, en realidad, sólo le corresponde en el cargo. Es cierto que fue en un acto benéfico, en la presentación de la campaña de recogida de alimentos “Mandemos el hambre a la porra”. Y en ese ambiente, con la ‘supuesta’ intención de ser  lo más generoso posible se pasó de la raya.

También se pasó de generoso (o de ingenuo) Guardiola. El técnico del Barça no concede entrevistas personalizadas a ningún medio, no se pronuncia fuera de las ruedas de prensa oficiales y obligatorias, pero hace dos meses fue reclamado por su antiguo club en Italia, el Brescia para colaborar en el centenario de la escuadra italiana. En ese contexto, Guardiola suelta la ‘bomba’. Una bomba que ya ha dejado caer en alguna ocasión en esas ruedas de prensa oficiales: “Mi tiempo en el Barça se está acabando”, pero que por ser concedida a un medio extranjero y publicada (en un principio) a modo de filtración por la RAI tomó relevancia de despedida más que de reflexión.

Tras sofocar con la diplomacia habitual el incendio comenzado por Rosell el pasado jueves, ahora a Guardiola le toca otra tarea menos habitual. Una vez reconocido que “Rosell se podría haber ahorrado esas palabras”, también debería reconocer que él mismo se podría haber ahorrado las suyas. Desde el club ya han asegurado que se trata de una pillería del periodista, quien, aseguran desde el FC Barcelona, no tenía permiso o autorización del propio Pep para emitir o publicar esa declaración. A posteriori parece más fácil argumentar la coartada. No la tendrán esta noche en Vila-real donde el Barça juega la penúltima final en esta Liga. De allí se puede salir con más media Liga en el bolsillo o con un nuevo incendio, en este caso deportivo.

 

Anuncios