Coraje de bronce

31 01 2011

“Cuando no teníamos fuerzas, hemos tirado de corazón”. Era la sentencia de Alberto Entrerríos nada más terminar la final de consolación del Mundial de Balonmano de Suecia. En ella España se había colgado el bronce por encima de un país. La Selección entrenada por el genial Valero Rivera había superado a la anfitriona, Suecia, apenas 48 horas después del varapalo que había supuesto, para unos hombres que llegaban de tapados a este torneo, no alcanzar la final y repetir así la gesta del 2005 en Túnez.

 

Una piña. Eso ha sido esta Selección a lo largo de este Mundial de Balonmano

Sin embargo, este bronce sabe casi igual que ese trofeo conseguido en 2005 porque entre medias la Selección Española inició su particular caminar por el desierto. En ese viaje, transición entre la vieja y gloriosa generación de balonmano y la llegada de savia nueva, se alcanzó el punto de inflexión. Fue en el pasado Mundial de Croacia donde terminamos en un decepcionante 13º lugar, y tras el cual no se vislumbraba margen de mejora. Dos años de intenso trabajo con Valero Rivera a la cabeza han servido para dotar a España de un carácter y un sacrificio colectivo capaces de suplir cualquier carencia técnica o táctica.

La defensa numantina ha sido la primera seña de identidad de este equipo. Es ahí donde más se nota la mano de Rivera, quien ha dotado a España de una entrega y un pundonor que se ha reflejado a lo largo del campeonato. De hecho, sólo se ha perdido un partido, frente a Dinamarca en semifinales y se empató (29-29) con la Campeona de todo, Francia.  A partir de esa defensa 5-1, con Roberto García Parrondo en el puesto de avanzado España se vio capaz de todo.

Porque llegar a las semifinales viniendo desde las catacumbas del balonmano mundial ya era todo un logro. Se había conseguido el objetivo y desde entonces sólo quedaba soñar. Fue Dinamarca la que nos bajó de la nube, en el día más desacertado de nuestra mejor línea: la portería. Ni el serbio-húngaro nacionalizado español Arpad Sterbik, ni el eterno Jose Javier Hombrados pudieron frenar las acometidas vikingas, capitalizadas por Mikkel Hansen. Ese día al igual que el día de Francia se confirmó que para ascender un escalón más hay que mejorar en la transición ofensiva. Ahí sigue teniendo trabajo Rivera.

No obstante en esa faceta también hay buenas noticias. La eclosión de Eduardo Gurbindo, quien con tan solo 23 años, se ha convertido en uno de los referentes ofensivos de nuestra selección, asegura el futuro y da buena muestra de la nueva cosecha que ya pide sitio en el máximo escalafón. Los nombres de Joan Cañellas, Viran Morros o Jorge Maqueda son mimbres más que suficientes para combinar el atrevimiento de la juventud con la sangre fría de los más experimentados. Ésa ha sido en realidad la fórmula del éxito en este campeonato.

Ahora toca completar el ciclo y aprender de los errores del pasados. Con unos JJ.OO. a la vuelta de la esquina y un Mundial, el del 2013, que se disputará en nuestro país, son los próximos retos que se marca este grupo corajudo, comprometido y sacrificado que han sabido sobreponerse a cuantos obstáculos se les han puesto en el camino a lo largo de estas tres semanas. El paradigma bien podrían ser los hermanos Entrerríos y ese abrazo con su padre tras ganar la medalla de bronce. Ellos tenían una motivación especial, alguien a quien dedicar esta victoria. Era su madre, fallecida el pasado mes de diciembre. Alberto y Raúl no abandonaron a su equipo, tiraron de corazón cuando le fallaban las fuerzas e hicieron del sufrimiento virtud, como esta Selección, para sacarnos una sonrisa a todos, incluído a ella, que lo habrá disfrutado desde un lugar privilegiado allá arriba.