África reclama su sitio

11 06 2010

Los ojos de todo el planeta se giran hoy hacia a ese vasto territorio, austero y seco que se sitúa entre el Océano Atlántico e Índico para descubrir un país y un continente desconocido para unos, olvidado para otros. África y más concretamente Sudáfrica tratarán de demostrar durante el próximo mes que tienen un lugar destacado entre la opulencia de occidente y la visioñez de las nuevas economías emergentes. La Copa del Mundo de fútbol que hoy arranca en la patria de Nelson Mandela colocará en el foco mediático a un país que continúa con su lenta pero segura transición hacia una democracia plena sobre la que edificar una nación unida.

África espera que el fútbol traiga algo más que ilusión y repercusión mediática durante el próximo mes

Una vez más el deporte, en esta ocasión el fútbol, servirá de excusa para esa complicada tarea. Si hace 15 años el rugby sirvió para unir un país al borde la guerra civil y hacer olvidar más de 30 años de segregación racial a través del apartheid, el Mundial debe suponer un paso adelante, un nuevo escalón que ascender para ir acortando las desigualdades. Y en esa empresa queda mucho por hacer.

África se pondrá estos días una careta en la que mostrará su mejor sonrisa aderezada por esas vuvuzelas que amenazan con convertirse en la banda sonora más ruidosa que se recuerda. Pero no deberíamos olvidar que debajo de ella se esconde la readlidad de un país y un continente afligido por las guerras y la deuda externa, las pandemias y los altos índices de violencia que ya han hecho estragos en algunos de los periodistas y combinados nacionales desplazados ya a Sudáfrica. De hecho la nación multicolor se encuentra entre los países con mayor tasa de criminalidad del planeta con más de 200.000 atracos al año.

Por ello el ambiente festivo que estos días inunda Sudáfrica contrasta con las desigualdades sociales que sufre una población castigada por el sida y la inseguridad. Señas de identidad del hemisferio negro.  Y es que en África viven 1.200 millones de personas según estimaciones de Naciones Unidas, y según los estudios se prevee que esa cifra ascienda hasta los 3000 millones en 2050. Una población que actualmente está

marcada por el estigma del subdesarrollo y su camino más directo, la pobreza.

Contraste. Este es el vanguardista estadio de la final, el Soccer City

De hecho, más de la mitad de los africanos sobreviven con menos de un dólar al día. Concretamente en Sudáfrica, el 43% de la población vive con menos de dos dólares diarios, lo que resulta toda una paradoja. Ya que su renta per cápita anual es de 10.100 dólares (en España estamos en los 33.700). Por si esta contrariedad no fuera suficiente el Comité Organizador de la cita mundialista se ha encargado de retener y enviar al extrarradio de las grandes ciudades a decenas de sin techo para que no perturben la sonrisa mundialista. Para este gueto, que aseguran transitorio, el Gobierno ha abilitado chabolas de aluminio para 300.000 familias.

Pero ahí no terminan las penurias. Sudáfrica también es uno de los países con mayor tasa de infecciones de VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana), con casi 6 millones de afectados. Por ello, durante los partidos, la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) mostará anuncios sobre el uso de preservativos y otros mensajes de prevención del VIH en las zonas en las que se encuentren los seguidores.

Ante este paisaje el fútbol encara un desafío mayor que va más allá de conocer el próximo campeón mundial. África acoge por primera vez un acontecimiento global y mediático de estas características y las dudas son más que las certezas. Las primeras se resolveran en el próximo mes, las segundas, tal vez, tarden más tiempo en cambiar. Sudáfica, el país más merional del continente africano, cuenta con un 79% de habitantes negros y sólo un 9% de habitantes blancos. Y hasta el próximo 11 de julio el deporte de los pobres (negros) eclipsará al de los ricos (Rugby) con la esperanza de que sea el primer gol del partido que lleve a estrechar una brecha que a día de hoy todavía divide a la nación de Nelson Mandela en dos. El mundo mira a África y ésta reclama su lugar.

Mira aquí la canción oficial del Mundial. El ‘waka-waka’ de Shakira

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Carlin le gana el partido a Eastwood

20 03 2010

He tardado mucho tiempo, quizá demasiado teniendo en cuenta lo fascinado que quedé el verano pasado cuando terminé de leerme el libro de John Carlin El factor humano (playing with enemy), pero al fin he visto Invictus. Dirigida por el genial Cleant Eastwood, la cinta está inspirada en el libro anteriormente mencionado. Y lo primero que puedo decir es que, efectivamente, el periodista inglés le ha ganado la partida al último tipo de duro de Hollywood. Lo segundo, que quien espere ver El factor humano traspasado, plano a plano a la gran pantalla se confunde.

Morgan Freeman y Matt Dammon son los protagonistas principales

Porque si la obra de John Carlin es una auténtica biografía coral del personaje de Nelson Mandela con la final del Mundial de Rugby de 1995 como excusa. Eastwood da la vuelta a esa estructura hasta situar la narración de ese partido que salvó a una nación como colofón y punto algido de la película. La media hora en la que la película se centra en el vital encuentro no hace más que confirmar este hecho.

Entiendo, por tanto, que la película es un complemento más al libro, una forma de ver en imágenes algo de todo aquello que anidaba en tu imaginación cuando leías las extensas descripciones de Carlin, sus reflexiones y sus opiniones sobre la figura de ese presidente de la paz que fue Mandela. Además también se echan de menos ese paisaje coral que dibujaban todos aquellos que estuvieron desde el principio o en algún momento de su larga vida junto a Nelson o contra él. Esos personajes secundarios que ayudan a comprender tan bien la intrahistoria y las penurias que asfixiaban a una Suráfrica dominada por el Apartheid, se limitan en la cinta de Eastwood a François Piennar y su familia, su secretaria, y su cuerpo de seguridad.

Luego está Matt Dammon y su interpretación de François Piennar, el capitán de los Springboks y pieza fundamental en toda la historia. Es poco creíble, no consigue transmitir la fuerza que irradian esas imágenes del Ellis Park de Johannesburgo lleno hasta la bandera. No es decidido cuando habla a sus compañeros, no es el líder del vestuario que describió Carlin, no se muestra excesivamente impresionado cuando se entrevista con Morgan Freeman, por otra parte, bastante correcto en su papel de Nelson Mandela.

Y a pesar de todo lo dicho, es una gran película porque la base sobre la que se trabaja es extraordinaria. Los aciertos de Eastwood son, por tanto, abundantes. El primero, la música que consigue enfrascarte en esa atmósfera tan particular que envolvió a Suráfrica tras su grito de libertad e igualdad. Es una música típicamente africana que a veces pasa inadvertida entre campos de rugby, sabanas y vallas con pinchos.

Otra de las formas con las que Eastwood consigue que el espectador respire la nobleza de este deporte es metiendo la cámara hasta la melé, hasta el corazón de cada una de las jugadas más impactantes del rugby. Ahí el tanto se lo apunta el director norteamericano que añade un par de perlas ‘made in Eastwood’ que consiguen alterar a los espectadores que incluso conocen cómo se desarrolla la historia. Entre ellas destaca la respetuosa visita a Robben Island, al lugar en el que Mandela ‘perdió’ casi 30 años de vida, dónde Eastwood se pone a la altura en emotividad, significación y humanidad del mejor Carlin.





Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación

13 08 2009

Es una clase magistral de historia contemporánea, es una magnífica crónica deportiva y es un repaso exhaustivo a la trayectoria política del ‘Presidente de la Humanidad’, Nelson Mandela. Todo eso y mucho más se encierra en El factor humano de Jonh Carlin, el último libro que ha pasado por mis manos este verano. En él, el escritor londinense realiza un estupendo trabajo periodístico para reconstruir, paso a paso, a través de entrevistas con gentes de toda clase y condición, el nacimiento de una nueva nación: La Sudáfrica de Nelson Mandela, la Sudáfrica post-Apartheid.

El momento que inmortalizó una nación: Nelson Mandela entregando la Copa del Mundo a François Pienaar tras la final de 1995

El momento que inmortalizó una nación: Nelson Mandela entregando la Copa del Mundo a François Pienaar tras la final de 1995

Quizá por desconocimiento, quizá porque nunca llegábamos hasta ese período en las clases de historias o quizá porque suponía que nada bueno podía esconderse detrás de esa palabra (Apartheid), mi interés por este tema ha superado siempre al conocimiento que de él tenía. Por ello, deseaba leerme este libro desde que conocí su existencia allá por el mes de febrero. No obstante, en él se unen tres de mis pasiones, la historia contemporánea, el deporte como nexo de unión y unificación de un país en un sublime monumento al mejor periodismo. Poco más podía pedir.

Y Carlin no me ha decepcionado. El periodista de El País centra la historia en la llegada de la democracia a la nación del cono sur africano, esto es, entre 1985 y 1995. Sin embargo, John Carlin tiene el acierto de ir rodeando el relato de pinceladas anteriores a esta fecha que nos ayudan a comprender cómo se ha llegado a esa situación, así como situar a los diferentes personajes que transitan por la historia y que, por tanto, jugaron un papel determinante en el cambio pacífico que sufrió el país sudáfricano. No tardamos, pues, en conocer las atrocidades de un sistema que era una copia exacta del nazismo, con ese afán deshumanizador que en Sudáfrica estaba totalmente instuticionalizado. Pronto nos empezarán a sonar las Leyes de áreas separadas o la Ley de Servicios separados, que poca más explicación necesitan.

El relato sobre lo milagroso del milagro sudáfricano empieza precisamente en el momento cumbre, en los albores de la victoria definitiva, el 24 de junio de 1995, el día que Sudáfrica se preparaba para gritar al mundo como una sola nación, como un solo equipo. A continuación, Carlin hace una retrospectiva de diez años, para de manera cronológica irnos contando los avances y retrocesos en la conquista de sus enemigos que inició Mandela desde la cárcel. Así conoceremos como el genio político de Mandela consiguió evitar una guerra civil, predispuso unas elecciones democráticas y alcanzó la presidencia de su país. Ya como presidente del gobierno  su anhelo de unión entre blancos y negros de forma espontánea y emocional fue mucho más sencillo. De hecho, él había descubierto hace mucho tiempo la clave del éxito: “no hay que apelar a su razón, sino a sus corazones”.

Y Mandela quiso ganarse esos corazones con el deporte, pero no con un deporte cualquiera, sino con el deporte mayoritario de los blancos, el rugby. Tal y como cuenta El factor humano, el ex-presidente Sudáfricano sostiene que el deporte tenía y tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas. Fue un acontecimiento en el que se plasmó todo aquello por lo que Mandela luchó y sufrió en su vida. La final de la Copa del Mundo de Rugby de 1995. La conquista del unicornio oval. La Selección de Rugby de Sudáfrica o los “Springboks” era el mayor símbolo del Apartheid (segregación racial establecida por la minoría blanca, que motivó que la nación africana fuera apartada durante muchos años de las competiciones internacionales), y a él se aferró Nelson Mandela para elevar al XV del Antílope al trono mundial. Para su fín, el presidente sudáfricano respetó la casaca verde y dorada de los Springboks que convirtió en símbolo nacional tras aparecer enfundada en ella en la final del Mundial, el himno de los Afrikaans (la minoría blanca), al que unió el himno revolucionario de la raza negra (Nkosi  Sikelele) y todo ello amparado por una nueva bandera que representaba a la nación multicolor. Así, la campaña iniciada por los Springboks en 1994 (un equipo, un país) no pudo tener mejor final.

John Carlin, actual colaborador de El País, es el autor del libro

John Carlin, actual colaborador de El País, es el autor del libro

Aunque tras leer El factor humano, uno termina dándose cuenta de que en esta ocasión el héroe es de carne y hueso. El verdadero factor humano se llama Nelson Mandela, él fue quien hizo posible el milagro. Con su capacidad innata para seducir al oponente, -creo que nadie como él se mueve mejor en las distancias cortas- y su tenaz deliberación de utilizar el mundial de rugby de 1995 para sellar la paz y cambiar el curso de la historia. Su prioridad fue sentar las bases de la democracia, construirla a prueba de bombas. Mandela utilizó el deporte para esa reconstrucción nacional y para promover todas las ideas que creían que conducirán a la paz. La final de aquel mundial culminó con la victoria sudafricana en el último minuto, y fundió en un abrazo a negros y blancos en el ejemplo más inspirador que ha visto la humanidad. La nueva nación sudáfricana se salvó con aquel partido.

Una obra maestra, en definitiva, de John Carlin que ilustra el genio político de Mandela, el talento que desplegó al ganarse a negros y blancos, y enterrar el hacha despreciable de la discriminación racial, al sacar a relucir, en palabras de Abraham Lincoln, a “los ángeles buenos” de la naturaleza. El libro sirve además para alejarnos de todos los prejuicios y erróneas suposiciones existentes tanto en el deporte, y más concretamente en el ‘rudo’ y ‘espectacular’ rugby, como en la propia humanidad y sus diferentes razas.  Totalmente recomendable, por tanto, para realizar un acercamiento a ese país que hoy brilla radiante ante los desafíos que se le plantean en el futuro para seguir alimentando su identidad nacional: el primero, el Campeonato del Mundo de Fútbol de 2010.

Estas son algunas de las críticas recibidas por el libro:

<<Éste no es un libro sobre deporte, sino una obra de historia de política moderna escrita y construida de forma brillante>>. The Times

<<El factor humano podría ser la mejor novela del año de no ser porque todo lo que cuenta sucedió de verdad>> Eduardo Mendoza, Babelia, El País.

Aficionados sudáfricanos celebrando la victoria tras la final del Mundial de Rugby, el 24 de junio de 1995

Aficionados sudáfricanos celebrando la victoria tras la final del Mundial de Rugby, el 24 de junio de 1995

<<Un excelente libro sobre la redención y el perdón>>, Publishers Weekly.

<<Carlin es un extraordinario e inteligente narrador… Ésta es una lectura brillante y reveladora>>, BBC

<<Un revelador análisis  del genio político de Mandela…Un libro exacto, apasionante y enérgico que arroja luz sobre un momento de esperanza para el mundo entero>>. Daily Express

<<Los derechos de la película ya han sido comprados por Morgan Freeman… y Clint Eastwood será el director. En sus manos, existe la posibilidad de que la película haga justicia a la historia, pero no esperéis a la película>>. The New York Times