El adiós de un ‘Fenómeno’

14 02 2011

Las piernas ya no obedecían a su cabeza. Su cuerpo había perdido carácter intimidatorio para convertirse en una pesada carga de kilos y achaques. Esa estampida que un día descubrió el mundo bajo la figura imponente de un risueño de 20 años ya no atacará más, ya no marcará más goles. Ronaldo Nazario da Lima, el primer ‘Ronaldo’ ha puesto punto y final a su carrera como futbolista tras más de 17 años profanando porterías. El ‘Fenómeno’ ha revelado que han sido las lesiones y un problema de hipotiroidismo los que le han hecho perder este partido.

Ronaldo celebrando un gol en su última etapa en el Corinthians

Ese partido comenzó a perderlo hace ya cuatro años, cuando se empezaba a dibujar el ocaso de su carrera. Fue en Milán, donde le descubrieron un problema que necesitaba un tratamiento con hormonas incompatible con el fútbol. Suponía dopaje y Ronaldo comenzó a engordar, más de lo que ya lo había hecho hasta entonces. Porque él siempre fue fornido (ese eufemismo tan deportivo), ésa fue una de las claves de su poderío, y ésa fue también la justificación de su retirada. Ha habido otras, como la eliminación del Corinthians en la Libertadores (el último gran título que le quedaba por conquistar)  y la imposibilidad de acudir al Mundialito de Clubes en busca de su último trofeo.

Las lesiones también han tenido su cuota de culpa. Sus cuatros operaciones de rodilla hubiera retirado a cualquiera, menos a un fenómeno como él. Él supo resurgir de sus cenizas, las mismas que quedaron esparcidas en aquel partido frente al Lazio donde su rodilla dijo basta. Luego, recaídas, excesos, y el Calcio, un fútbol que ‘mataba’ su sonrisa, su fantasía. Esa sonrisa la habíamos descubierto apenas tres años antes, cuando llegó a Barcelona como un auténtico desconocido para el público en general. Su traspaso el segundo más caro de la historia del fútbol de entonces (2.500 millones de pesetas de la época) no hablaba de un jugador cualquiera, a sus 20 años fichaba a todo un Campeón del Mundo (USA’94).

Fue la aparición más fugaz que jamás vi en un terreno de juego. Los que han visto fútbol desde que el blanco y el negro dominaba la pantalla aseguran que ha sido el mejor ‘9’ de la historia. Un revolucionario a la altura de Van Basten o de Romario, capaz de sacar un gol de la nada cuando el equipo no funcionaba. Tal vez, el único que supo reinventarse con un físico resquebrajado e impropio de un futbolista de élite.

Esa fugacidad culé le valió un traspaso millonario al Inter, tras ganar tres títulos vestido de azulgrana en una sola temporada (Copa, Recopa de Europa y Supercopa de España). Con los neroazzurri tocaría la gloria de la UEFA e iniciaría su particular descenso a los infiernos de las lesiones. Poco antes llegó su frustración más severa. Fue esa final del Mundial del 98 donde compareció con evidentes síntomas de no estar al 100%. Su renacimiento llegaría cuatro años más tarde, en otro Mundial, el de Corea y Japón 2002. Allí marcó ocho goles, salió Campeón del Mundo con Brasil y el Real Madrid echó sus redes sobre él.

Fue el tercer galáctico tras Figo y Zidane y otra vez su fugacidad fue su mejor arma. Apenas dos minutos después de saltar al césped ya había hecho lo que mejor sabía: marcar. Allí, en Madrid, tras tres años de vino y rosas se marchó cuestionado por sus kilos y sus regates fuera del terreno de juego al Milan para cerrar un círculo que le llevó a enfundarse las camisetas de los enemigos más irreconciliables de España e Italia. No obstante, se le escapó la Orejona. Tras pasar por cinco Campeones de Europa, PSV, Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid y AC Milan, el ‘Fenómeno’ no logró el máximo trofeo del viejo continente.

A pesar de todo, en la Champions también nos dejó recuerdos y actuaciones memorables. Su luz, las luces de su carrera, fueron sus goles y los hizo de todos los colores y de todas las formas posibles. En el equipo de Berlusconi los siguió haciendo, justo antes de emprender su última aventura de regreso a casa. Allí en Brasil, donde hace más de 30 años comenzó a romper defensas y perforar porterías, se apagó su figura. Una figura inconmensurable, demoledora y sonriente siempre con un balón entre los pies. Una imagen que ya no veremos más sobre un terreno de juego, una cabalgada que ya sólo anidará en nuestro recuerdo, un jugador cuyo principal enemigo fue su cuerpo. Hoy ese enemigo le ha derrotado. Obrigado ‘Fenómeno’.

Mira aquí la rueda de prensa de despedida de ‘El Fenómeno’

Anuncios




El último tango de Guti

9 05 2010

Él hubiera preferido algo de funky, un poco de house o incluso una despedida amenizada por el rock canalla de Pereza (grandes amigos suyo, por cierto). Pero nada como el tango representa la pasión que José María Gutiérrez ‘Guti’ ha destilado en estos más de 15 años de madridismo puro. Su relación de amor-odio con la grada del Bernabéu representa esa mezcla que nunca ha terminado de agradar a todos los paladares. Como en esos tangos desgarradores y emotivos, a Guti se le adora o se le desprecia. Irreverente y díscolo como pocos, su calidad puesta al servicio del equipo lo ha mantenido como el intermitente cerebro del equipo blanco desde mediados de la década de los 90.

Guti aplaude por última vez al Bernabéu

Ayer jugó el último partido en la que ha sido su casa y su sueño desde que con 9 años llegó a las categorías inferiores del Real Madrid. Y su despedida fue, una vez más, acorde a su trayectoria. Guti no quería despedirse del Bernabéu siendo sustituido en el tramo final del partido, cuando todo estaba resuelto. El ’14’ madridista quería acabar con una afrenta, un último mensajito para sus incontables detractores: salir de titular y jugar los 90 minutos del partido. Ha sido ésta una duda eterna con Guti, al que siempre se le vio como un revulsivo y un agitador por su carácter volcánico más que como un hombre de equipo. Ayer ejerció de esto último.

No obstante, no pudo despedirse con ese gol anhelado que buscó hasta el último momento, entre pases al hueco y puñales que rajaron en más de una ocasión la espalda rojiblanca del Athletic. Su escuadra y cartabón no dibujó anoche ninguna maravilla pero su esencia se apreciaba cada vez que el balón pasaba por sus pies. Se intuía algo diferente. Y esto llegó tras el pitido final, cuando tras hacer las reverencias a los cuatro anfiteatros del coliseo blanco se recogió a los vestuarios en medio de la aclamación popular. Ésta continuó y Guti volvió a salir para mirar por última vez el Santiago Bernabéu desde el verde y decir adiós a sus más acérrimos incondicionales. El fondo sur ha sido siempre el reducto desde donde con más fuerza han rugido los ánimos al ’14’ y éste tuvo un último guiño hacia ellos.

Su compromiso ha sido particular, como su madridismo. Aunque él siempre ha defendido el amor y la profesionalidad que siente por ese escudo, por esa camiseta. Sus altibajos y su falta de regularidad le han privado de vestirla más veces, aunque algo tendrá el de Torrejón cuando ha aguantado tanto tiempo en la ‘casa blanca’. Por ella han pasado algunos de los mejores jugadores de las última década y todos ellos se han referido a Guti como un jugador estratosférico, sideral. Especialmente significativo fue Ronaldo Nazario da Lima (el primer Ronaldo) quien aseguró que era la persona con más calidad con la que nunca había jugado.

Son muchas las veces que he escuchado aquello de “Guti hubiera sido el mejor jugador español de su tiempo, si él hubiera querido”. Uno no ha sido, ni es defensor del ’14’ blanco tal vez porque evalúo y juzgo a los deportistas por su trayectoria, por su valor a la hora de superar los límites y por su capacidad para sorprender al público. Ésta última es la única que acierto a destacar en Guti por encima del resto. Y es que él siempre prefirió danzar sobre un terreno de juego antes que correr, dar el pase a meter el gol, hablar tan claro dentro del campo como fuera de él. Quizá ése fuera su error, anidar demasiado en los extremos, olvidándose de que la virtud se encuentra en el punto intermedio.

Aquí El último tango de Guti en imágenes: