Revés de vuelta

23 11 2011

A él la vida no le trató mal. Tenía talento y parecía que no le hacía falta nada más. Mentira. Necesitaba su némesis, su archienemigo, el villano que le hiciera más grande. Lo que ocurre es que ese rival le ganó la partida psicológica en un deporte tan de ‘coco’ como el tenis. Y toda su reputación ganada a base de trofeos, de ese revés insuperable y de su magnífica muñeca de oro se tambaleó por momentos.

A Roger, que lo había ganado todo una y otra vez, no le parecía suficiente. Sabía que en la batalla de la mente partía con punto de break y ahí encontró su muralla, y también su motivación. Llegada a la treintena, con las obligaciones propias de un padre y con la angustiosa realidad de ver cómo los rivales encontraban las rendijas de su juego, se propuso volver. Como si aquello fuera tan fácil.

Es posible que solo los elegidos puedan hacer eso, ser capaz de cruzar la frontera de los 30 con la ilusión de un veinteañero. Él lo ha hecho, lo ha vuelto a hacer. Y parece que ha superado sus miedos. Esos que el coco le negaba, esos que hacían encoger su muñeca, esos hasta donde no llegaba su físico. La derrota infringida ayer a Nadal, su némesis, confirma todo lo apuntado en París-Bercy, su primer Master 1000 conquistado por encima de la treintena. Otra cima superada.

Ahora con una Copa Masters por delante Roger vuelve a impartir clase para sacar su doctorado de la juventud eterna. Allí donde no llegan las piernas le alcanza ahora la cabeza, amueblada por la experiencia y la virtud de disfrutar de cada peloteo. Ahí reside ahora su fuerza y su reto, para lástima de forofos patrioteros y críticos que recurren a la amnesia con tal de olvidar el nuevo revés de Federer, un nuevo match point del suizo.

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El poder de la mente

6 06 2011

Hace justamente dos años Rafa era un tenista deshecho por dentro y por fuera. Diezmado por las lesiones se aparto durante tres meses del tenis, necesitaba oxigenar el cuerpo y la mente para terminar de pulir al gran campeón que llevaba dentro. Tuvo tiempo para reflexionar, para observar el trabajo bien hecho, para aprender de los errores. Pero sobre todo, tuvo tiempo para armarse psicológicamente con el único objetivo de volver a disfrutar del tenis. Una frase resumía ese período y tal vez toda su carrera: “he aprendido a disfrutar sufriendo”. Desde entonces los raquetazos de Rafa le han llevado a lo más alto hasta igualar a leyendas del tenis como Björn Borg tras ganar ayer su sexto Roland Garros, con su tenis combativo de siempre, con su ambición por el triunfo y con el insuperable poder de su mente.

Rafa Nadal se ha proclamado por 6º vez campeón de Roland Garros, suma 10 Grand Slams

Más allá de su portentoso físico o su aguerrido tenis, cuenta Nadal con otro arma con la que es capaz de doblegar a cuantos rivales se pongan enfrente.  Su fortaleza mental no tiene parangón en el circuito tenístico y por ahí se explican gran parte de las victorias de Rafa. Porque cuando a Nadal no le vale con su tenis para ganar al rival busca la épica, se refugia en el orgullo y abre el repertorio de su inigualable capacidad de sufrimiento. Cóctel espirituoso que a día de hoy nadie ha encontrado cómo contrarrestar. La grandeza de Rafa reside en su mente, la encargada de sujetar las piernas y colocar las bolas en las líneas.

Y es muy posible que deslumbrados por sus triunfos, por  la normalización de lo extraordinario, olvidemos que sin su privilegiada cabeza poco o nada se podría entender del gran tenista de Manacor. Su dominio de todas las situaciones, en todas las superficies no llega por su tenis, o no llega, mejor dicho, sólo por su tenis. Gran parte de su éxito se basa en la tranquilidad (o aparente tranquilidad) ante las situaciones límites. Donde otros dudan, él se reafirma en sus convicciones para sacar lo mejor de sí mismo. Ayer todos tuvimos un momento de duda, pero él ejecutó el plan como acostumbra y remontó un 5-2 en el primer set hasta adjudicarse la primera manga por 5-7. Tres horas más tarde, lo había vuelto a hacer y levantaba por 6º vez la ‘Copa de los Mosqueteros’.

Nadal le había vuelto a ganar la partida psicológica a Roger Federer, posiblemente el mejor jugador de tenis de la historia… de momento. Ni siquiera él, jugando a un gran nivel ha podido batir a Rafa en lo que se ha convertido ya en la segunda casa del balear, a pesar de que no siempre es bien recibido. Nadal supo, como ha sabido hacerlo siempre, reponerse ante la adversidad y ganar incluso cuando no estaba desplegando su mejor tenis. Aquello comenzó a minar la moral de un Federer que no sabe como afrontar el enorme reto que supone enfrentarse a Rafa sobre tierra batida a cinco sets. Donde no alcanza el exquisito tenis del suizo tampoco llega su mente. 

Porque Nadal se exige y exige a los demás a un desgaste físico y psicológico en el que pocos están dispuestos a competir. Posiblemente, el único o el último que haya entendido esa dimensión hasta la que lleva los partidos Nadal sea Novak Djokovic. El serbio ha sabido jugar más allá de la pista de tenis, ha conseguido llevar el partido hasta su cabeza y dar (gracias a su calidad innata) con la clave para vencer a Nadal. Lo ha hecho en las últimas cuatro finales que han disputado ambos (Miami, Indian Wells, Roma y Madrid) pero en París ‘Nole’ olvidó antes de tiempo que todos los partidos se juegan primero en la cabeza y no pudo superar en semifinales a Roger Federer.

Nos quedamos, por tanto, sin el duelo que viene para comprobar que en el clásico de la raqueta Rafa sigue siendo el número 1 gracias a su mente. Porque explicar las victorias de Nadal sólo desde el plano psicológico sería una simplificación absurda, pero no tenerlo en cuenta a la hora de descifrar su éxito es no entender a Nadal y su juego. Ése que ha edificado sobre un físico portentoso, sobre una competitividad asombrosa y una mente maravillosa que le ha ayudado a saborear los triunfos desde el sufrimiento. Por eso para Rafa, ganar es más ‘fácil’ que para cualquiera.





El caballero oscuro

14 09 2010

Tiene pinta de superhéroe indestructible aunque sus poderes no van más allá de un saque renovado y más potente, de un derroche físico sin parangón y de la tenacidad que desprenden cada uno de sus golpes. Y como todos los superhéroes también cuenta con su particular talón de Aquiles, situado, en su caso, a la altura de las rodillas, para ser más exactos. Pero nuestro caballero oscuro ha sabido sobreponerse a todas las adversidades y a todos sus archienemigos para ordenar el caos del mundo, para coronarse de nuevo, para conquistar un territorio desconocido, para entrar en la leyenda. Ahora, desde la cima del tenis mundial Rafa Nadal ha roto otra barrera y se ha convertido en el 7º jugador que consigue el ‘Grand Slam’, ya sabe lo que es morder y saborear los cuatro torneos más importante del circuito tenístico.

El reflejo del éxito

Más aún, Nadal es junto a Agassi y la mujer de éste, Steffi Graff, los únicos (en Era Open) que han logrado el Golden Slam, esto es, añadir a los cuatro grandes (Australia, Roland Garros, Wimbledon y USA) la medalla de oro en unos JJ.OO. Algo que Rafa ya conquistó en las pasadas Olimpiadas en Pekín. Los retos se van agotando, cada vez quedan menos barreras que superar pero Nadal quiere seguir agrandando su espacio en el Olimpo, ese en el que se ganó un sitio anoche junto a leyendas como Fred Perry (1936), Don Bugde (1938), Rod Laver (1962), Roy Emerson (1964), André Agassi (1999) o Roger Federer (2009). Con 24 años su mito no ha hecho, sino comenzar, pero a pesar de ello, es necesario rectificar las informaciones aparecidas hoy en diversos medios de comunicación que aseguraban que Nadal era el más joven en conseguir este hito. Se equivocan, Don Budge lo logró en 1938 con 23. Nadal lo sería sólo en la era Open

Anoche, en otra final memorable, pasó por encima de Djokovic, el número dos del mundo, del que ahora le separa un abismo. Habrá que felicitar, de todos modos, al simpático serbio, porque se comporta igual en la victoria y en la derrota, respetuoso y risueño. Ayer no fue una excepción y hasta que acabó rendido a los raquetazos del genio manacorí le puso en grandes dificultades. Djokovic no cedió ni un metro ni regaló un punto a Nadal en un disputadísimo partido que, nuevamente, se alargó más de la cuenta por culpa de la lluvia.

Para entonces, Rafa ya se había anotado el primer set por 6-4 y había remontado en el segundo hasta el 4-4, tras ir perdiendo por 1-4. Ahí llegó la lluvia y el parón benefició al serbio que se anotaría la segunda manga por 5-7. El número dos del tenis mundial elevó su juego hasta rozar la perfección, la única manera de derrotar a Nadal, para encontrar las rendijas del muro español.  Pero el manacorí no se puso nervioso, sabía que estaba ante una oportunidad histórica y no tenía intención de desaprovecharla. Así, tiró de casta y del pundonor que le caracteriza para poner a la pista central de Flushing Meadows en pie ante los puntos estratosféricos  de ambos.

Fue en el tercer set donde asistimos al mejor tenis de la final, con puntos largos e irrepetibles, con un público entregado ante el espectáculo que presenciaban, con un sorprendente servicio de Nadal, potente y teledirigido, que le ayudó a salvar mejor los momentos más delicados del encuentro. Ese as bajo la manga fue definitivo para adjudicarse la tercera manga por 6-4. Y a partir de ahí el vendaval. Nadal, pleno de confianza y consciente de que estaba desarrollando su mejor tenis en estas dos semanas acudió puntual a su cita con la historia. Para los que trasnochamos por su ‘culpa’ ese reloj sonó a las 4.07 de la madrugada, tras 3h. y 48min. de partido. Fue un honor vivirlo, es un placer contarlo.

Porque Nadal culminó en Nueva York el ‘verano de España’ (tan solo nos ha fallado el basket) como muy acertadamente titulaba la televisión norteamericana CBS en la previa de esta final. Tras levantar un nuevo trofeo, tras escribir otra página de oro para la historia del tenis mundial y del deporte español, ni siquiera en la ciudad de los rascacielos, éstos eran capaces de hacer sombra al gigante español. Rafa Nadal dio ayer un mordisco a la leyenda para anidar en el Olimpo de los Dioses de este deporte, se lo ha ganado día a día, mejorando su juego hasta adaptarlo a todas las superficies  y amenaza con volver a ganarlo todo. Es lo que tienen los superhéroes que no se cansan nunca.





La conexión Nadal

4 07 2010

Ha sido un fin de semana histórico. Redondeado por ese triunfo más rutinario y menos épico que de costumbre con el que Rafa Nadal ha vuelto a reconquistar la hierba del All England Club. El mejor tenista español de todos los tiempos ha subido un escalón más en su camino hacia el Olimpo del tenis para levantar su segundo Wimbledon, su octavo Grand Slam, su cuadragésimo primer título individual. Rafa repite en Londres como en 2008, entonces apenas unos días después de que La Roja dominara Europa y la conexión se hace inevitable. Cuando en nuestro país la única bonanza que conocemos es la deportiva, sólo soñar sigue siendo gratis.

Acróbata. El segundo Wimbledon bien merece una celebración así

 

Nadal no lo necesita, aunque a buen seguro al manacorí le quedarán muchos sueños por cumplir. A sus 24 años no sabe lo que es el vértigo. Como no lo saben esa generación de deportistas que han puesto a nuestro país en la vanguardia del deporte mundial. Y es que sólo España puede presumir de poner ‘La Catedral’  del tenis a sus píes, clasificar a su Selección para las semifinales de un Mundial, o campeonar por adelantado en el fugaz mundo de Moto GP, con ese Lorenzo que amenaza con convertir en un monólogo lo queda de campeonato. Ni el Almirante Nelson hubiera imaginado una afrenta mayor. Sin duda, hoy, Rafa Nadal es el mejor capitán de esa Armada Invencible que nuevamente anhela dominar el mundo.

Ése que todavía admirado ovacionó una nueva exhibición del tenista español en un territorio cada vez menos hostil. De hecho, Nadal no conoce la derrota en sus últimas dos participaciones en el mítico ‘major’ británico. Tras no poder defender el título en 2009 por una lesión, Rafa suma 14 partidos sin perder sobre el verde del All England Club. En sus anteriores participaciones sólo Federer pudo cortar su camino ceremonial hasta la gloria. Fue en sendas finales perdidas ante el helvético. Éste se ausentó hoy, por primera vez, en los últimos siete años. Enfrente, Nadal se encontró con su verdugo, el checo Tomas Berdych, quien fue una sombra del que hace unos días arrolló al mejor huesped del jardín londinense, a Roger Federer, en cuatro sets.

 Sin épica pero con el mismo derroche físico y recuperando ese martillo pilón que siempre fue su brazo izquierdo, Nadal superó en tres sets (6-3, 7-5, 6-4) a Berdych, quien pagó caro su inexperiencia. El checo se mantuvo en la final mientras su saque se mantuvo plano y potente. Sin embargo, no supo jugar los juegos decisivos. Ya se sabe que ante el abismo pocos se mueven como Nadal. Éste olió el miedo y fue asestando paulatinamente, en cada uno de los sets, los drives definitivos para ir minando la moral de Berdych a medida que menguaba sus posibilidades de dar una nueva campanada.

Nadal no lo permitió porque ha sido mucho el sufrimiento, el trabajo silencioso y el esfuerzo colectivo (de él y de todo su equipo) para terminar renaciendo, cual Ave Fénix, de las cenizas. Muchos presagiaron que su caída a los infiernos tras una temporada marcada por las lesiones y los problemas personales no tendría remedio, aseguraban que ya habíamos visto lo mejor de Nadal, que su tenis no podía evolucionar más, e incluso, éstos han terminado hoy rendidos, aplaudiendo una nueva muestra de superación y entrega de uno de nuestros mejores deportistas de todos los tiempos.  Ese paso por las catacumbas del deporte, ese penar por el lado ‘b’ de la gloria le ha endurecido, le ha valido para conocerse mejor, para marcar sus límites y buscar decididamente superarlos, sin mayor deseo que recuperar la sonrisa jugando a tenis. Ese es su secreto.

Y entonces la conexión se reactiva. Rafa se ha encargado en este 2010 de reconquistar el mundo a base de raquetazos. Así recuperó el pasado mes de junio su idilio con París, para resolverse como el mejor mosquetero sobre el planeta tierra. Hoy, sobre el pasto aristócrata del All England Club ha elevado al cielo el dorado trofeo londinense. Y esa imagen nos trasladó, sin saber muy bien porqué, hasta ese mágico mes de junio de 2008 donde a los éxitos de Rafa en Londres y en París, se sumó aquel maravilloso sueño de una noche de verano con La Roja como protagonista y la Eurocopa como excusa. Hoy la excusa está bañada en oro. Europa se nos quedó pequeña y buscamos dominar el mundo. Nadal ya tiene ‘su Mundial’, y sin saber muy bien porqué, hoy también nos preguntamos si la edad de oro del deporte español ha alcanzado ya la cúspide. Tal vez, el próximo domingo estemos instalados en la locura. La conexión, entonces, habría funcionado.





Un domingo patrio

2 05 2010

Hace tiempo que el deporte se convirtió en la mejor anestesia de un país que no resurge en lo económico y que agota las ayudas sociales que hasta ahora han sido gran parte de su sustento. Hoy ha sido un día anestesiante. Hoy ha sido uno de esos días que hacen afición, porque el himno ha resonado a los cuatros vientos por varios de los rincones del planeta. En Motociclismo, Tenis o Ciclismo hemos vuelto a demostrar que somos una potencia mundial en casi todo.

Deportividad. Gran gesto entre los dos pilotos españoles

La fiesta comenzó en Jerez, cuna del moticiclismo nacional. Allí, en  ‘La catedral’ han visto el cuarto triplete español de la historia. Lorenzo en Moto GP, Toni Elías en Moto 2 y Pol Espargaró en 125cc coparon el primer puesto del cajón en todas las categorías. Por si ello fuera poco, en el octavo de litro las tres plazas del podio estuvieron ocupadas por pilotos españoles. Segundo fue Nico Terol y tercero, Tito Rabat. En Moto GP, Pedrosa secundó el ‘show’ de Lorenzo.

Mención especial merece éste último, que ante su público realizó una remontada épica a las que últimamente nos está malacostumbrado. Tras una mala salida le tocó acelerar a fondo y comenzar a pasar rivales. A media carrera alcanzó a Rossi y no contento con eso, pasó fácil al ‘Doctor’ para dar caza a su enemigo más íntimo: Dani Pedrosa. A éste lo alcanzó a última hora para propinarle un hachazo donde más duele, en la última vuelta. Luego, una vez cruzada la bandera a cuadros montó el show que tanto le gusta y terminó mojándose para delirio de la hinchada española.

La racha continuó en el tenis, donde la moneda contaban con dos caras. Ésas eran la de Rafa Nadal y David Ferrer, que se disputaban el Masters 1000 de Roma. Nadal volvió a demostrar que ha vuelto al planeta tierra para quedarse y se alzó con su quinto trofeo en el Foro Itálico de la Ciudad Eterna. Era el 17º Master 1000 del manacorí, con el que alcanza a un mito de la raqueta como André Angassi en torneos de este calibre.

Como en casa. Nadal conquista Roma por quinta vez

Poco o nada pudo hacer David Ferrer ante el vendaval del número 3 del mundo que ventiló el partido con un 7-5 y 6-2. Al gran tenis desarrollado por Rafa le ayudó los continuos parones provocados por la lluvia que impidió a Ferrer imprimir el ritmo apresurado y sin tregua que a él le gusta. Nadal aprovechó los juegos claves al final del primer set y al inicio del segundo para imponer con su característico martillo pilón y romper, así, la final. Luego ya saben, mordisco al trofeo, fotos para la posteridad y agradecimientos para todos, incluído el rival. Todo un clásico, con el que Nadal comienza a prepararse (y a recuperar la confianza) cuando se avistan las principales cotas de la temporada.

La fiesta la culminó Valverde, quien se impuso en la última etapa del Tour de Romandía y se alzó con la general. Una nueva victoria del murciano que bien le vendrá para reconfortar el espítitu y las piernas, de un ciclista que lleva mucho tiempo viviendo bajo sospecha. El triunfo vuelve a demostrar la buena salud de nuestro ciclismo, impertérrito ante los interesados que intentan mancharlo día a día. Una muestra más del buen nivel de nuestro deporte, al que a buen seguro le quedan muchos domingos como éste, instalados, como estamos en la Edad de Oro del deporte español.





Nadal vuelve al Planeta Tierra

18 04 2010

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir estas líneas, casi desde que comencé esta andadura enclavada en el mundo virtual allá por el mes de junio. Por entonces nuesto mejor tenista se veía obligado a renunciar a la defensa de su trono en Wimbledon y perdía el número 1 del ranking ATP. Eso fue hace casi un año, 350 días concretamente, pero Rafa ha vuelto.  Rafa ha vuelto a ser Nadal y, por fin, ha saboreado el metal de nuevo. Fue en su reducto personal de Montecarlo, donde ya ha tienen sucesor para Alberto de Mónaco. Nadal ha levantado el sexto título consecutivo marcando un nuevo hito en la era contemporánea del tenis, la era Open.

Nadal se derrumbó tras ganar por sexta vez consecutiva en Montecarlo

Tras los problemas físicos y personales que convirtieron la temporada en un auténtico calvario, Nadal llevaba bastante tiempo dando señales de retorno. Su temporada en pista rápida ha sido más que aceptable. En los dos primeros Masters 1000 de la temporada (Indian Wells y Miami) hizo semifinales y en ambos cayó ante el campeón del torneo (Llubicic y Andy Roddick, respectivamente). En el primer Grand Slam, el Open de Australia, alcanzó los cuartos de final donde la rodilla le dió su último quebradero de cabeza y unas inoportunas dolencias que le obligaron a retirarse ante Andy Murray. Antes ya se había alzado con el Torneo de exhibición de Abu Dhabi a primeros de año, demostrando que en 2010 quería cambiar su destino.

Hoy todos esos buenos augurios se han plasmado en una paliza a Verdasco que solo ha podido ganar un juego, 6-0/6-1 en una hora y veinticinco minutos. El madrileño Fernando Verdasco estaba mermado por unos dolores en la espalada que le han impedido rendir en la final como él hubiera deseado. La final, por tanto, ha sido un poco descafeinada, aunque Nadal ha demostrado a lo largo del torneo que es el mejor tenista en cuanto la pelota bota sobre arcilla. El de Manacor solo ha cedido 14 juegos en cinco partidos y en tres de ellos ha endosado un 6-0 a sus rivales. Números que hablan de una superioridad casi insultante.

Quizá lo más importante es que Nadal recuperará la confianza en si mismo, la fe en sus posibilidades y la fuerza titánica de su tenis. No es que la hubiera perdido, pero sí se había olvidado de ello. Nadal se había descentrado, se había perdido en un mar de dudas, pero ante las adversidades ha sabido sacar todas sus virtudes, todo su repertorio. Ha tardado 11 meses pero ni siquiera ese tiempo ha sido suficiente para enterrar al guerrero de Manacor. En esas lágrimas sobre la tierra batida del pequeño principado monegasco había mucha rabia y muchos recuerdos, mucho esfuerzo y muchas horas de trabajo. La Tierra se estremece de nuevo, Nadal ha vuelto.





El enigma Nadal

27 01 2010

Hace tiempo que Rafa dejó de ser Nadal en las pistas y sus heroicidades dejaron de ser noticia. El foco mediático se centró entonces en las lesiones del tenista mallorquín que han lastrado sus últimas actuaciones en los grandes torneos del circuito. No obstante, Rafa estaba volviendo poco a poco, tras el descanso oportuno, tanto físico como mental, estaba recuperando sensaciones y confianza hasta que ayer hizo crack. Fue en los cuartos de final del primer ‘grande’ de la temporada, el Open de Australia cuando su rodilla le dio un nuevo aviso y tuvo que abandonar en su partido frente a Murray. Las alarmas se habían vuelto a encender.

Rafa tiene que levantarse tras el último palo recibido

Porque en esta ocasión el fuerte pinchazo que sufrió Rafa no puede achacarse al cansancio, a la acumulación de partidos y al estrés continuo en el que viven los tenistas del Top-ten de la ATP con un calendario cargado de partidos y torneos. Estamos a principio de temporada, con apenas tres torneos encima de las piernas y tan sólo en el primer grande de la temporada. En él Rafa no ha tenido partidos excesivamente exigentes y ante Murray tenía una nueva oportunidad para vencer a uno de los ocho mejores tenistas del circuito desde su lesión. No superó el primer envite serio. La nueva lesión, por tanto, preocupa porque Rafa comienza a tener en su físico a su peor enemigo. Y eso también descuenta en lo psicológico.

Las rodillas han sido a lo largo de su carrera su particular talón de Aquiles. Rafa ha reconocido que ha jugado muchos partidos con dolor, que se había acostumbrado a competir con ese lastre. Pero ahora la confianza parece haber disminuido y el tenista español no quiere arriesgar, conocedor de todo lo que sufrió la temporada pasada. Entonces aprendió a parar, se dio cuenta de que su cuerpo necesitaba un respiro y, en esta ocasión, le ha hecho caso al primer aviso.

Siempre he pensado que el ritmo de partidos y torneos al que se sometía Rafa cada temporada era inhumano, más aún si tenemos en cuenta que sus victorias (las importantes, las que dan títulos) estaban basadas en su fortaleza titánica, en su derroche físico sin parangón. Cinco años al más alto nivel hacen estragos. Supongo que algo de eso también hay detrás de este cúmulo de lesiones que impiden al manacorí rendir como nos tiene acostumbrados. Porque desde que ganara por primera vez en París no ha bajado de los tres primeros puestos de la clasificación de la ATP y tras su abandono en Australia ya ha perdido el segundo puesto. Del podio bajará si Murray alcanza la final.

Mientras tanto el ritmo de competición no para. Sí lo hará Rafa, quien mañana viajará hasta Barcelona para conocer el alcance de su lesión. Dependiendo del obligado tiempo de reposo habrá que buscar al manacorí más abajo en la clasificación porque tiene muchos puntos que defender en los próximos torneos. Esperemos, por tanto, que sólo haya sido un susto, un aviso y una retirada a tiempo, que como bien sabe todo deportista es una victoria. La recuperación de su confianza y de su tono físico es el primer partido que tiene que ganar Rafa ahora. Ya se encargará Nadal de vencer a los rivales en las pistas y de devolvernos esas finales épicas que desde siempre nos ha regalado.