El fantasma del campeón

30 09 2010

Tardaba. Aunque no fuera esperado, tardaba. La bomba saltó anoche, con nocturnidad y alevosía que dirían los clásicos, y hoy la mayoría nos hemos despertado con el pie cambiado. Alberto Contador, el triple campeón del Tour de Francia era acusado de dopaje tras dar positivo en un control realizado el pasado 21 de julio en pleno desarrollo de la ronda gala. El nuevo abanderado del ciclismo moderno bajaba a los infiernos, se zarandeaba la limpieza de un deporte maltratado con demasiada frecuencia y se colocaba a Contador en la diana.

Contador se mostró emocionado y tenso a lo largo de la rueda de prensa ofrecida esta mañana

El clembuterol era hoy su rival. Esa sustancia encontrada en cantidades ínfimas en la orina del ciclista español tras un control realizado en la jornada de descanso del último Tour de Francia ha hecho saltar todas las alarmas dos meses después. Por ahí comienza a explicarse su defensa. Se trata de una millonésima parte de clembuterol -50 picogramos, el equivalente a 0,00000000005 gramos por mililitro de orina o 0,05 nanogramos-. A lo que hay que sumar que tanto en los análisis de los días previos como posteriores esas cifras mínimas desaparecían.

Así, con los ojos más vidriosos que de costumbre, con el rostro serio y el tono duro, Alberto se declaraba víctima de una contaminación alimenticia.  Y a partir de aquí la historia se enreda. Esa contaminación alimenticia de la que habla Contador habría venido producida por un chuletón de ternera que se habría comido la noche del 20 de julio. El chuletón había viajado desde España, desde Irún, donde lo adquirió el director de la Vuelta a Castilla y León, López Cerrón, a petición del cocinero de Astaná, Paco Olalla. Éste se encargaría de prepararlo en el autobús del equipo ante la imposibilidad de hacerlo en la cocina del hotel de Pau.

Extraña también el secretismo con el que se ha llevado la noticia hasta que la bomba ha explotado en las manos de Contador. El ciclista español fue consciente de la noticia el pasado 20 de agosto y la UCI se lo comunicó el día  26 del mismo mes. Alberto ha justificado así esos tiempos: “la UCI ve que es un caso especial, no un positivo, y, junto a la AMA, han querido llevarlo a un nivel interno hasta emitir su fallo para no cometer errores”. Mientras ha confirmado que cuenta con el aval de la UCI y se ha mostrado intransigente: “la propia UCI delante mía ha confirmado que se trata de un caso de contaminación alimenticia”; “no temo la sanción, la considero intolerable”.

“Mi guión es la verdad” ha replicado Contador a una de las preguntas realizadas esta mañana en la atestada rueda de prensa realizada en un hotel de su Pinto natal. Alienta observar su respuesta. Salir al ruedo y recibir al toro a porta gayola, agarrando fuerte el capote y poniéndose al servicio de los medios tras la filtración interesada a la televisión alemana rezuma seguridad y confianza en su inocencia. Su mensaje directo, su discurso alto y claro, entierra dudas y sospechas que ahora muchos estarán dispuestos a sacar. Aunque no es menos cierto que el reglamento prevé sanciones por sustancias y no por cantidades, y que este caso pone en entredicho una de las normas del Código Mundial Antidopaje.

Y el clembuterol, utilizado en la industria cárnica para engordar a los animales, no deja de ser una sustancia prohibida por la UCI y el AMA (Asociación Mundial Antidopaje), pero que en ningún caso sirve para mejorar el rendimiento. De todos modos, Contador se encuentra suspendido cautelarmente desde el pasado 26 de agosto a la espera de que se pronuncie la UCI y se esclarezcan las pruebas. Alberto, en estos momentos se encuentra ante una de las rampas más duras que la vida le ha colocado en su trayectoria como ciclista. Ya ha superado otras, algunas incluso vitales, y es de esperar que sus disparos sigan alumbrando la esperanza de un nuevo ciclismo que ahora se ve amenazado, nuevamente, por el lastre de las dos ruedas, por el fantasma del dopaje.

Mira aquí la rueda de prensa de Alberto Contador dando explicaciones:

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Una deuda pendiente

30 08 2009

Es una de las muchas que le debo, y después de esto todavía me quedarán alguna que otra por pagarle. Es un gesto sin importancia, de los que a veces pasan inadvertidos, como la mayoría de los que él ha hecho en los últimos cuatro años. Nuestra amistad, al igual que nuestra carrera universitaria se encamina hacia su quinto año de existencia, con el deseo de que sea el último en lo referente a los estudios y tan solo el inicio de nuestra relación. Aunque no puedo negarlo, mi relación con Juan Carlos González Guerrero va más allá de la pura amistad. Es ya un amigo de los de toda la vida sin serlo, un hermano con el que he compartido de todo menos equipo de fútbol y una ‘pata’ de ese tridente de la UC3M que espero que sea el mejor recuerdo que me lleve de mi paso por la Universidad.

No salimos muy favorecidos, pero ya sabes que no hay mucho material. Somos periodistas no fotógrafos

No salimos muy favorecidos, pero ya sabes que no hay mucho material. Somos periodistas no fotógrafos

Porque a Juan Carlos lo conocí allí, una fría mañana de febrero con el curso ya avanzado. En esas épocas en que las aulas universitarias se dan un respiro tras el frenesí de los exámenes, Juancar se acercó a nuestro grupo de amigos no por casualidad. Yo desde un principio pensé que no congeniaría bien con él. Se lo he recordado una y mil veces y la risa tonta nos ha asaltado al no encontrar hoy explicación a aquel hecho. Quizá fueron sus orígenes humildes, sus raíces entroncadas en la tierra de Don Quijote, su carácter afable, simpático y alegre o sus convicciones sinceras y profundas lo que me terminó convenciendo de que ése era un muchacho especial.

Y además vivía en Pinto, el lugar de residencia de Alberto Contador. Y yo jamás pensé en conocer a nadie de ese pueblo que el refranero español se ha encargado de popularizar. Tiempo después, tras haberlo visitado sólo puedo decir que es un estupendo lugar para vivir. Fue así, entre risas, bromas y alguna que otra charla (o discusión) deportiva como nuestra amistad se fue afianzando. Aunque los lazos terminaron de estrecharse cuando ambos conocimos nuestros lugares de orígen. Alejados del mundanal ruido de la capital de España, me acerqué a Villafranca de los Caballeros (Toledo), el pueblo en el que se hunden las raíces de su familia, en el que Juancar ha veraneado desde pequeño y que ahora visita con menos asiduidad de la que le gustaría. Luego le tocaría a él rendir visita al paraíso de Las Villuercas.

Posteriormente nos hicimos internacionales y juntos llegamos a conocer un nuevo continente. Lo cierto, es que en todas esas ocasiones los buenos momentos han sido el demonimandor común. Aunque también hemos compartido los malos ratos que hemos sabido capear y superar de la mejor forma posible. Porque los amigos se conocen en esos instantes en los que la sonrisa se borra de la cara y las preocupaciones se instalan en la cabeza. Afortunadamente no hemos tenido muchos de estos, pero en todos ellos nunca ha faltado una llamada de teléfono, una charla en las aulas informáticas o en el césped del campus para intentar aliviar o despejar esos problemas.

Porque Juancar es un amigo de los de verdad, de los que te dan todo lo que tienen sin pedir nada a cambio, sin esperar una recompensa. Es una de las virtudes que más admiro en él. Como su capacidad de sacrificio, de lucha y de superación ante cualquier inclemencia. No se arruga ante nada, porque a su tremendo talento une el trabajo y la perseverancia como pilares fundamentales y ésos son ingredientes esenciales en la fórmula del éxito. Aunque todo esto se comprende mejor cuando descubres que su ídolo es un ‘7’ que lleva 15 años marcando goles contra viento y marea.

Y es que tenemos muchas cosas en común, incluso nuestras aficiones y nuestros sueños son similares, aunque éstos últimos estén bañados por colores diferentes. Ahora que nuestros destinos se encaminan hacía un cruce de caminos, que Dios sabe donde nos llevará, espero que este último año de convivencia juntos esté tan cargado de experiencias, de buenos momentos y de risas compartidas en medio del estrés universitario, como lo han estado los anteriores. Porque, quien sabe, quizá en ese cruce la vida nos lleve a tomar el mismo desvío. Sería una suerte. Porque es posible que a pocos de los que hoy visiten este blog les suene el nombre de Juan Carlos González Guerrero, aunque apuesto sin miedo a la equivocación que llegará lejos, tanto como para que su nombre sea reconocido en el futuro por todos aquellos que amamos el deporte y el periodismo. Sólo espero que para entonces yo me encuentre entre su lista de amigos, simplemente para poder decirle cada 30 de agosto, ¡Felicidades hermano!