La leyenda se cita en la ‘Catedral’

5 07 2009

Será a partir de las 15.00 h. en el All England Club de Londres, cuando Roger Federer asalte un nuevo hito en la historia del tenis. El número dos del mundo disputará a partir de esa hora su séptima final de Wimbledon consecutiva ante Andy Roddick en busca de sexto título en la hierba londinense.

Federer busca su sueño

Federer busca su sueño

Si lo consigue derribará varios muros. El primero el de Nadal que parecía intratable e inalcanzable para el ‘expreso suizo’ hasta hace apenas dos meses. Ganando el tercer Grand Slam de la temporada, Roger lograría desbancar del número uno al gran tenista de Manacor. El segundo el de Sampras, que coleccionó hasta 14 Grand Slam a lo largo de su carrera. Hoy Roger puede sumar el 15º, para inscribir con letras de oro, (las mismas que adornan su indumentaria estos días en Londres)  su nombre en la historia del tenis mundial. Por último, el suizo busca recuperar ‘su’ torneo tras perder la temporada pasada ante Nadal, confirmando así que Wimbledon continúa siendo su jardín preferido.

Pero Federer es ya considerado por muchos el mejor tenista de la historia. Ha ganado en todas las superficies, ha conquistado Londres, Nueva York, Australia y París su territorio más hostil. Y pocos son los retos que le quedan por delante a este suizo cuya mágica muñeca aún le asegura éxitos y triunfos. Las exhibiciones se han repetido en cada una de las pistas por las que ha paseado su clase y su tenis de alta escuela.

Y es que Roger también ha sabido reinventarse, tirar de oficio y casta cuando un huracán llamado Rafa Nadal, amenazaba con llevarse todo a su paso. Incluído sus títulos y sus récords. El punto de inflexión se produjo en el pasado Open de Australia. Fue entonces cuando Roger bañó su venganza en lágrimas cansado de los mordiscos de Nadal, a él y a los trofeos.

Las lágrimas de Federer en Australia fueron su punto de inflexión

Las lágrimas de Federer en Australia fueron su punto de inflexión

Hoy Roger es mejor gracias a nuestro Rafa, él ha sido el único que le discutido su reinado, que le ha obligado a mejorar en tierra y en el resto de superficies, e incluso le ha llevado a cambiar su forma de jugar al tenis cuando enfrente estaba el actual número uno. Y es que como todo gran campeón, Federer  ha sabido renacer de sus cenizas para volver a imponer su ley. Esa que impide a los rivales llegar a sus ángulos imposibles, a sus ajustados saques o a sus perfectas boleas sin apenas despeinarse. Hoy lo volverá a hacer sabiendo que la historia le ha reservado un hueco privilegiado en el jardín de su casa.  Y apuesten que en esta ocasión las lágrimas serán de alegría.

Repasa aquí la última final de Wimbledon, uno de los mejores partidos de tenis de la historia:

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