Pesadilla antes de Navidad

11 12 2011

Ni Tim Burton lo hubiera ideado mejor. La historia, la pesadilla, se repite año a año, en las fechas previas a la Navidad, cuando ese aire de nostalgia, consumismo y buenos presagios inundan las calles de nuestras ciudades. Esos buenos augurios volvieron a esfumarse de un plumazo o tal vez no, el sueño fue más placentero esta vez, al menos en su inicio. Justo el tiempo necesario para que la danza de la muerte azulgrana convirtieran a la novia blanca y radiante, en la novia cadáver.

Kaká intentó reactivar a su equipo pero termino engullido por la pesadilla

Y eso que el No REM, la primera estación del sueño, comenzó atrevida y sin paracaídas. La caída podría ser más dura, a cambio, la gloria sería histórica. En esa fase iniciatica, Mourinho compuso un relato donde el protagonismo lo tenían los actores principales de su equipo. En esta ocasión la banda sonora no llevaría percusión en exceso, se apostaba por los violines y la corneta para atacar los miedos. Y así pocos repararon en que junto a Xabi Alonso, el encargado de llevar el tempo, hacían falta secundarios de lujo. No basta con Lass para evitar que te corten la cabeza.

Todo empezó demasiado bien. Aquello era un verdadero sueño, en el que Benzema sacaba ases de su chistera auspiciado por las revoluciones de Di María. En un abrir y cerrar de ojos el mundo era más justo, el Madrid dominaba al Barça, la Navidad era entonces completa y las pesadillas acechaban a otros, si no que le pregunten a Valdés.

La fortuna, esa amante infiel, había guiñado un ojo a los blancos y éstos se habían rendido a sus encantos. No se olviden de ella porque esta femme fatale nos ayudará a comprender cómo se convierte un sueño en pesadilla. Entre tanto, ese ejército azulgrana que no hace prisioneros con su fútbol endiablado se empezaba a mover por las ultratumbas del Bernabéu. Alves se sumaba al centro del campo para comenzar la danza de la muerte.

Pronto obtuvo Guardiola réditos con ese movimiento sibilino, casi imperceptible. A la media hora Alexis hacía aparición en el Clásico para hacer realidad su anhelo. Aunque los ojos y los abrazos se disparaban hacia otro, Leo Messi, auténtica pesadilla madridista, sobre el que el Barça se sustentaba ante el mal sueño vivido hasta entonces. Sobre el argentino pesó la losa de la muerte, a punto estuvo Mou de expulsarle de su sueño y posiblemente nada hubiera sido lo que fue. Sin embargo, Fernández Borbalán, a fin de cuentas el verdugo de la contienda no guillotinó el clásico.

Tras un desvelo en forma de descanso, la fortuna, recuerdan, esa amante infiel, se la pegó al Madrid con el primero que pasaba por allí. Ese era Xavi, auténtico cerebro azulgrana, otro archienemigo más al que incluir en la lista negra. La pesadilla comenzó con los rebotes endiablados que sumieron a Casillas primero y al Madrid después en la impotencia. Porque con el equipo blanco grogui, aun tuvo tiempo de reengancharse al partido. De volver a ese mundo justo, de recuperar su sueño. No hubo medio porque Cristiano, héroe tantas veces, sufre parálisis emocional cada vez que sus fantasías se tiñen de azulgrana.

Fábregas se estrenó en el Bernabéu con un gol que desató la pesadilla

El golpe definitivo llegó justo a continuación, en un rayo fugaz de luz que confirmó los peores augurios. El Madrid probaba de su propia medicina y con una estrategia tan conocida por los blancos como alejada de la retórica azulgrana, Cesc aparecía en el sueño o la pesadilla, según como se mire, para reafirmarse a sí mismo y dar la razón a Guardiola. Aquello certificaba el compromiso azulgrana, lo había vuelto a hacer, había conquistado a la novia cadáver.

El resto se explica con dos palabras: Andrés Iniesta y una sensación: impotencia. Su actuación sublime en la segunda parte ejemplificó esa brecha que no parece acortarse. Para entonces no había marcha atrás y la pesadilla se cernía nuevamente sobre Madrid, justo antes de Navidad, como en años perecederos, como siempre desde que la Era Guardiola trasladó los miedos culés a la capital.





El golpe

10 12 2011

España es el país de los golpes de Estado. Algunos no lo recuerdan, algunos ni vivimos el último, pero la Historia, caprichosa, guarda en negro sobre blanco nuestro pasado. 1981, 1936 o el carrusel de pronunciamientos militares del XIX, son fechas que hablan del carácter y de la idiosincrasia de un país que hoy dirime otro duelo de altura. Mucho más pacífico, o previsiblemente más pacífico. Un clásico de extremos, un golpe de estado del status quo de nuestro fútbol o una huida hacia delante.

El Golpe lo puedes ver en La Sexta a las 22:00 h.

El golpe, como siempre, lo da la victoria. Un golpe doble. Devastador para el que lo sufre,  revitalizador para el valiente o el afortunado que da ese paso hacia el frente. Esa decisión ante el abismo marcará nuevamente el clásico, Real Madrid contra FC Barcelona. Un Madrid ascendente que acorta distancias y alimenta esperanzas. Mourinho ha construído un equipo que es más equipo, en su segunda temporada, las mejores del técnico portugués, según defiende la doctrina mourinhista.

Esa doctrina tiene motivos más que de sobra para confiar en su equipo. De inicio, Karanka anunció un 4-3-3 para enfrentarse a su peor pesadilla antes de navidad. La duda reside en ese trivote (Alonso, Khedira y Lass) con el que poblar la medular de trampas y tiralíneas a partes iguales. La alternativa se llama Özil y lleva un punto de atrevimiento y riesgo. Mou tendría que retirar un ancla de su centro del campo o al menos resituarlo.

Más arriba el conjunto blanco no tiene dudas, tiene alternativas. Más allá de los dos fijos, Cristiano Ronaldo y Di María, ambos un punto por encima del resto, el tercer puesto se lo disputan Benzema e Higuaín. El francés, más hecho y más útil si el Madrid busca la pelota, robar rápido y asfixiar al Barça ante el miedo escénico del Bernabéu. El argentino, más eficaz y más rápido para el contragolpe mortal que tanto gusta en el Paseo de la Castellana. Uno u otro serán ya una pista casi definitiva sobre el discurso que quieran interpretar hoy los blancos.

Los goleadores, claves en El Clásico

El discurso azulgrana es conocido, ¿o no? Gusta Guardiola de ‘inventar’ con criterio, alejado de lo estrambótico cuando visita la Casa Blanca. Primero fue el nueve mentiroso hoy puede ser la defensa de tres. El movimiento, más que arriesgado, salió mal en Mestalla pero triunfó en San Siro frente al Milan. Alves repetiría el movimiento del año pasado para driblar trampas y cavar nuevas trincheras.

Por delante de ellos, la piedra filosofal de un equipo de leyenda. Tal vez todo se resuma en lo que quiera hacer Messi, que hoy contará con un acompañante de lujo: Cesc Fábregas, ante su primer clásico adulto. Un acompañante que es en sí mismo arma de destrucción masiva y amenaza inminente en la combinación, en la llegada y en la presión. Esa pareja puede ser hoy el comodín de Guardiola para mantener su inmaculada tarjeta de visita en el Bernabéu, donde no conoce la derrota.

Ante ese panorama Villa o Pedro se disputarán la única plaza libre que queda en el once culé. Con el asturiano bajo de forma, el canario sin estar al 100% resulta siempre fundamental para el esquema de Guardiola. Su primer defensor siempre. Y por ahí revoloteando, esperando su oportunidad Alexis Sánchez y el imberbe Cuenca, el último invento de Pep. Improbable sorpresa teniendo en cuenta los pobres números de los azulgrana fuera de casa.

El golpe se acerca. Los números parecen respaldar a los blancos en su feudo, donde ha ganado todo lo que ha jugado. En ese escenario el abismo les acecha a ambos. El Madrid para ensancharlo, el Barça para recordar que la vida sigue igual. Las rentas tan exiguas como amplias pueden colocar al Barça líder tras el partido de hoy o casi sentenciar la liga para los blancos. Así es la Historia, donde un paso adelante asegura entrar en sus páginas, asegura el gran golpe, aunque lo único incierto siga siendo la victoria.





El asesino silencioso

9 12 2011

Como en aquella fantástica película de John Ford, todos buscan matar a Liberty Valance, acabar con la tiranía instaurada en el desierto futbolístico español y comenzar una nueva era. Y esta vez, tras varios duelos perdidos en los que la bravuconada se impuso al juego de pies, la estrategia es otra. Se opta por el silencio y la calma en las horas previas para que luego sólo hablen las armas… futbolísticas.

Mourinho guarda silencio en las horas previas a su gran duelo

Jose Mourinho, al más puro estilo John Wayne, se refugia en el silencio para acabar con su peor pesadilla, con el hombre (y el equipo) que ha sembrado el terror en las calles de su ciudad, donde no conoce la derrota. El técnico portugués no hablará hoy, en la última rueda de prensa, antes del duelo más clásico de nuestro fútbol. Una continuación de esa política austera con los medios nacionales, sin reparo alguno, sin embargo, frente a los medios internacionales. Hablará Karanka, su lugarteniente, su altavoz en el día de hoy, el otro hilo conductor del mensaje.

Conscientes de su ventaja, de su mejor revólver y de la aparente debilidad del enemigo, el Madrid reposa esperando su momento. Al que llega en inmejorables condiciones, tras quince duelos ganados de forma consecutiva, con la experiencia acumulada de los siete clásicos previos, con la lección aprendida y las heridas cerradas. Desde esa calma el Real Madrid y Mourinho buscan reafirmarse en sí mismos, buscan imponer su discurso y dar un golpe definitivo en el status quo del fútbol español.

Hoy Karanka saldrá solo a la última rueda de prensa previa al Clásico

Y el Madrid ha elegido el silencio para hablar sobre el campo. Para representar allí su mejorado juego de posición, su cabalgada a lomos de ese contragolpe fugaz, su ritmo de juego endiablado y ese toque de agresividad que Mou ha perfeccionado hasta lograr una simbiosis única. A todo ello suma el conjunto blanco la baza de conocer el territorio, de jugar el saloon de su casa. Arriesgar el tiro de gracia desde esa posición puede ser más sencillo, pero también más aventurado.

Y la última aventura terminó como terminó. Por ello, Mou acudirá al duelo con chaleco anti-balas. Algo que en el Bernabéu se reconoce bajo los nombres de Alonso-Kedhira-Lass. Pero existen otras variantes, como la de retrasar a Lass al lateral derecho, donde su pistolero habitual, Arbeloa, acumula molestias. Eso colocaría a Coentrao, un lateral izquierdo, en la medular y no parece éste, un duelo para muchos inventos.

El desequilibrio de este western del siglo XXI será la clave para un duelo, al que Liberty Valance acude conocedor de lo que le cuestan sus duelos en saloones ajenos, de lo encasquillado de algunos de sus mejores revólveres y el temor de salir de ahí herido de muerte. Mourinho ha jugado sus cartas con un estilo nuevo, desconocido y auspiciado por un equipo mayúsculo que le respalda. Con esas armas todo es posible, incluso ser el hombre que mató a Liberty Valance. John Wayne ya lo hizo en el western más redondo de Ford.





El efecto Vilanova

8 12 2011

“Valorad lo que tenéis porque nunca sabes cuándo llega tu momento”. Lo dice alguien que ha regateado al fantasma del siglo XXI, que ha driblado una operación fugaz, que se ha recuperado a tiempo para convertirse en un ejemplo más, en una motivación extra para su equipo. Esa reflexión pertenece a ‘Tito’ Vilanova, el segundo entrenador del FC Barcelona, que ha superado la intervención en la glándula parótida a la que fue sometido el pasado 23 de noviembre.

Vilanova y Abidal unidos por la superación personal

Convertido en símbolo de una plantilla que ya sabe de lo que va el tema, Vilanova llega en el momento justo. En el momento en que su equipo se va a jugar gran parte de sus posibilidades en el campeonato casero frente al Real Madrid. Un nuevo estímulo camino del Bernabéu, un nuevo golpe de efecto con el que relativizar el mundo futbolístico y apremiar a los valores que han convertido al equipo de Guardiola en un conjunto de leyenda.

Porque Vilanova es algo más que el hombre a quién Mourinho metió el dedo en el ojo. Con el portugués volverá a reencontrarse cuatro meses después, aunque aquel recuerdo se ha diluido ante la sucesión de acontecimientos. Tito es la mano derecha de Pep, el encargado, según cuentan, de dotar de pausa el volcánico (aunque siempre políticamente correcto) carácter de Guardiola. El enlace entre Pep y la plantilla, el hilo conductor del mensaje. 

Y los mensajes que más calan son los que apelan a los sentimientos, los que erizan la piel, los que se dirigen directamente al corazón. Esa fue la intención ayer de Tito Vilanova, cuando en su reincorporación a los entrenamientos, transmitió personalmente su experiencia vital a una plantilla que le esperaba con los brazos abiertos. Fue él quien les animo a ellos, una bofetada de realidad que algunos ya han recibido, como Eric Abidal.

Especialmente significativo fue el abrazo en el que se fundieron el defensa galo y el segundo técnico azulgrana. Ambos saben a qué huele el abismo, ambos conocen el sabor de las segundas oportunidades. Bajo el efecto Abidal se reinventó el Barça la temporada pasada para alcanzar la gloria. Ahora, buscan repetir la historia con el ‘refuerzo’ de otro de sus actores secundarios sobre el papel, en realidad, uno de los líderes dentro del vestuario y con el Paseo de la Castellana como pasarela de gala.

A la fuerza de Vilanova, a su voluntad inquebrantable y a su imagen en el banquillo del Santiago Bernabéu se aferrarán los azulgrana para trasladar al verde todo su ideario, toda su filosofía de vida. En frente, el mejor Real Madrid de los últimos años, en la segunda temporada de Mourinho, con el conjunto blanco liderando la clasificación con tres puntos de ventaja y un partido menos. Guardiola ya tiene su reto y los culés el efecto con el ganar la guerra psicológica en las horas previas al Clásico. Ha llegado el momento.





Un rayo de luz

30 11 2011

(Crónica del Barça-Rayo en 10 líneas)

Alexis Sánchez debe haber leído a Aristóteles en algún momento de su vida. Aunque fuera en su época juvenil, seguro que recuerda aquello de “en la adversidad sale a la luz la virtud”. En el momento más adverso de la Era Guardiola, el ‘9’ azulgrana sacó lo mejor de su repertorio para dar luz y crédito a un equipo que ya mira de reojo al Bernabéu.

La amarilla forzada por Piqué fue la jugada polémica del partido

Los dos goles del chileno, abrieron la goleada y apaciguaron los ánimos tras la derrota de Getafe. A la fiesta se sumó Villa, poco antes del descanso para reencontrarse con un gol que se le negaba en los últimos partidos. La puntilla la dio Messi después del descanso con el cuarto gol del partido, decimoquinto del argentino en esta liga que le permite encabezar la tabla de goleadores junto a Cristiano Ronaldo. El resultado no debería empañar el valiente planteamiento del Rayo que puso en bastantes dificultades a los azulgranas en distintas fases del partido. Aunque los culés recordarán más ese récord de treinta y cuatro a cero en el Camp Nou y el rayo de luz que supone llegar al Bernabéu a tiro de victoria.





Four returns

15 08 2011

Regresa el Cuatro a Barcelona. Donde es algo más que un número. Allí el Cuatro es una idea, un rol, un personaje único sobre el tapete verde de la Ciudad Condal. Es también la cuadratura del círculo, el escalón que faltaba en la escalera del éxito azulgrana, la perpetuación de la especie. Es el regreso de Cesc Fábregas, el cuatro del Barça, a su hogar.

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Ha pasado tanto tiempo que hasta nosotros, los que vimos convertirse al chico de Arenys de Mar en todo un hombre, en todo un líder, en el capitán del Arsenal, hemos aprendido inglés. Como él, que eligió el camino más complicado para regresar convertido en el hijo ilustre que es hoy. El Cuatro por excelencia en Inglaterra, donde otros ya fotocopian su juego, tras advertir que por ahí se esconden las manijas de la gloria.

Ahora vuelve para ser un Barçablante. Tras doctorarse en el idioma británico, aterriza en el lugar de sus ensoñaciones infantiles, el Camp Nou, para interpretar como le enseñaron aquí y allí un discurso que conoce como pocos. Vuelve para convertirse en el símbolo blaugrana de la próxima década. Y a eso le ayudará su número, un número que habla por sí solo. El que identifica al director de orquesta, el que porta la batuta y el que mece la cuna. El creador diferencial como lo define Martí Perarnau. El dorsal de Milla, de Guardiola y de Xavi, si, también de Xavi. Porque el Cuatro es un rol, un perfil, una palabra sagrada del idioma Barça, y Cesc portará todo eso en su espalda.

Aportará también una experiencia única, adquirida durante estos seis años en la Premier League. Bajo el brazo trae un máster en administración y dirección de equipos. Un update (actualización) del sistema azulgrana. El fútbol culé volverá a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expanda hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumará un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting está asegurado.

Aunque no por esperado, el desenlace ha sido menos complicado. Crónica anunciada de un fichaje eterno, con negociaciones dilatadas a lo largo de tres años, con tiras y aflojas, con declaraciones públicas, con bromas también públicas y que por momentos entorpecieron más que ayudaron. Al final, 40 millones de euros. Sí, los mismos que Rosell dijo que no valía. Pero como todo, con matices. El Barça pagará 34 millones más seis variables (únicamente se pagarán por títulos, si el Barça gana dos Ligas y una Champions). De esos 34 millones, Cesc aportará cinco, uno por cada año de contrato que dejará de cobrar para facilitar los pagos al Barça.

Se agotaron las idas y venidas. Esas sólo las veremos ya sobre el césped, donde Cesc es un especialista. También fuera de él. Su vida ha sido un ir y venir, marcada por la profecía de Guardiola. Si alguien quisiera apuntarse la primicia de su fichaje, podría ser Pep el primero de esa lista. La historia es un canto al destino.

Rodolf Borrell era el entrenador del Infantil A del Barça. Cesc, uno de sus integrantes, pasaba por un mal momento debido a la separación de sus padres. Y Borrell decidió actuar. Se fue al vestuario del primer equipo y habló con Pep Guardiola. Le explicó la situación, le dijo que Cesc no lo estaba pasando bien, que era un jugador que jugaba en su misma posición, que le tenía a él como ídolo… El resto corrió a cargo de Pep.

Pero Borrell esperó el momento adecuado. Fue en Inglaterra, curiosamente Inglaterra. La Federación inglesa de fútbol invitó a aquel equipo que maravillaba en España para que se enfrentara a los dos mejores equipos de su categoría de las Islas Británicas, el Derby Country y el Coventry City. En aquel equipo el cuatro lo llevaba Cesc. Y justo antes de disputar el partido, en el hotel de concentración, Rodolf Borrell creyó que había llegado el momento. El entrenador habló con su pupilo sobre su difícil situación. Tras la conversación, bañada en lágrimas, le entregó el obsequio.

Era el regalo de Guardiola. Una camiseta del por entonces capitán del FC Barcelona, con el cuatro a la espalda y con una dedicatoria muy especial de su ídolo: “Un día tú serás el número cuatro del primer equipo del Barça”.

Más de 10 años después, el Guardiola entrenador ha hecho realidad su profecía. Y eso conllevará también una gran dosis de responsabilidad y presión para ambos. Cesc cumple, por fin, su sueño, llega al equipo de sus amores como guinda del mejor Barça de la historia. En busca de los títulos negados, con la misión de perpetuar la especie y rejuvenecer el ADN azulgrana. Es un nuevo guiño del destino, una segunda oportunidad para demostrar a los agnósticos y a sus más fervientes creyentes que tiene talento de sobra para coger el timón azulgrana desde una posición privilegiada, la del cuatro del Barça.





La pareja (in)compatible

10 06 2011

Son presente y pasado. Uno es, el otro fue. Y ambos anhelan ser el presente y el futuro azulgrana. Aunque es en esa encrucijada del tiempo y del espacio donde surgen las dudas sobre la compatibilidad de esta pareja. Representan la continuidad de una estirpe, la permanencia de un modelo. Hablo de Thiago, el mediocentro ‘creativo’ que viene y Cesc Fábregas, el mediocentro ‘total’ que emigró. Ahora Guardiola está empeñado en hacerlos coincidir en el centro del campo de su cuarto proyecto al frente del FC Barcelona, para acompañar a la otra pareja que ya reparte caramelos en forma de goles en la medular azulgrana, Xavi e Iniesta.

La pareja (in)compatible está en el aire

La ‘x’ que despeja la incógnita es el fichaje de Cesc. Será la tercera intentona azulgrana por recuperar al hijo pródigo, tal vez la primera en que exista negociación real, y por más que las sensaciones sean las idóneas para verle vestido de azulgrana, lo único seguro es que el Barça tendrá que rascarse el bolsillo. Por ahí llega la primera traba: pagar una millonada por alguien que prefirió crecer fuera y aprender inglés, antes que madurar en casa y perfeccionar el idioma Barça. Ya se sabe que la pela es la pela, pero cuentan que para Guardiola Cesc es innegociable, para Guardiola Cesc es su prioridad.

Quizá porque el técnico azulgrana sabe que con él se asegura algo más que el futuro. Con Cesc, el fútbol azulgrana volvería a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expande hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumaría un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting estaría asegurado.

Porque es el escalón que falta. Repasemos los números que en ellos se encuentra la clave: Xavi, 31 años; Iniesta, 27; Cesc, 24; Thiago, 20. Ahí está el relevo necesario para que Thiago no coja los galones antes de tiempo. Los mismos que le sobran al capitán del Arsenal, ídolo y referente gunner. La duda reside en ese cambio de rol. En dejar de enarbolar la bandera de un club para ser uno más en busca de títulos. Ese ejercicio de humildad y sacrificio que le espera a Cesc será el espejo en el que deba mirarse Thiago para confirmar que el relevo está asegurado.

Thiago Alcántara es la perla de la cantera azulgrana

Tal vez sea el hispano-brasileño Thiago el jugador más diferente que ha brotado en la Masía en los últimos años. Es pura esencia brasileña aliñada con el toque y la visión de juego que caracterizan al idioma Barça. Con un desborde muy al estilo de Iniesta, pero con mayor dosis de fantasía y menos pausa. Es ahí, en los aspectos técnicos y de presión donde todavía debe mejorar, aunque en su paso por el Barça B  esta temporada ya ha demostrado que tiene las bases para llevar la manija de un equipo como el azulgrana.

Completado su período de formación, el próximo año será jugador del primer equipo a todos los efectos. Formará pareja con Xavi, con Iniesta y quien sabe si con Cesc. Con todos ellos se entendería porque todos ellos hablan el mismo idioma, aunque con matices o acentos propios que les hacen diferentes. Cesc puede fotocopiar el fútbol de Xavi y añadir más llegada, Thiago fantasea entre Iniesta y Ronaldinho con el descaro propio de la juventud. Son, en todo caso, una pareja que emana fútbol a raudales, por más trabas que se puedan poner a su relación, curiosamente las mismas que padecieron antes otros (Xavi e Iniesta). Ellos también eran incompatibles pero supieron (y aprendieron) a entenderse, prefirieron ser más felices aquí antes que ser más ricos allá. No hizo falta hacer separación de bienes y el fútbol dio la razón a una pareja (in)compatible que ahora busca prolongar su estirpe.