Balón azulgrana

10 01 2011

No es de oro, es azulgrana. El trofeo que la FIFA entregará esta tarde debería ser teñido de los colores que desde hace más de 110 años iluminan la pasión y el sentir de un club que siempre quiso ser algo más que eso. En ese intento reformuló los parámetros del fútbol profesional desde sus cimientos, desde su cantera. Ese fruto ha germinado y dos décadas después su esplendor será contemplado hoy por todo el mundo. Iniesta, Xavi y Messi son la esencia de ese cultivo criado en La Masía que hoy recogerán un balón más azulgrana que dorado, más colectivo que individual.

Los tres finalistas al Balón de Oro posan en las instalaciones del club tras conocerse que son los candidatos al Balón de Oro FIFA 2010

“Es un premio compartido”; se han cansado de repetir los protagonistas, los tres finalistas al primer Balón de Oro FIFA (después de que se unificaran este año el premio que otorgaba la revista France Football y la Federación Internacional, FIFA). Iniesta, Xavi y Messi han afirmado por activa y por pasiva que la fiesta, antes de que el premio se entregue, ya es completa y que da igual quien gane, porque el que ha ganado ya, es el Barça. La decisión está tomada (o debería estarlo) a estas horas en las que el secreto a voces se esconde tras las votaciones de los corresponsales de la revista France Football, los Seleccionadores y los Capitanes nacionales.

Ellos han sido los encargados de valorar los méritos y las virtudes de unos y otros a lo largo de los últimos 12 meses. Porque, que nadie lo olvide, éste es un premio que se otorga al mejor jugador del año 2010, no a una trayectoria, un mes o un instante, por mucho que éste hiciera levantar a todo un país. Además en año de Mundial, el ganador suele partir con ventaja en este tipo de premios. De hecho así ha ocurrido desde 1998. Zidane lo ganó aquel año, Ronaldo hizo lo propio en 2002 y Cannavaro sorprendió a propios y extraños cuando tras levantar la Copa del Mundo, alzó, meses después, el dorado balón.

A ello se agarran Xavi e Iniesta (y también nosotros). Ambos brillantes Campeones del Mundo con España en Sudáfrica 2010. Ambos brillantes campeones de Liga con el Barça, alcanzando los 99 puntos. En el caso de Xavi está ante la oportunidad de su vida. Con 30 años se ha convertido en la brújula del mejor Barça de la historia y de la España campeona del mundo. A través de su regularidad y su elevado nivel de juego se entienden los trofeos de su club y su Selección. El de Terrasa es la esencia, el paradigma que resume el asombroso juego culé, una forma de entender el fútbol y la vida que hunde sus raíces en La Masía, un líder silencioso que hace mejores a los que le rodean. Alcanzado el cénit sólo queda condecorarlo.

Lo de Iniesta es otra cosa. Lo suyo es baile de salón con la pelota, a la que amansa y enloquece cuándo y cómo quiere. En su caso la historia se cruza con el destino y éste le ha colocado ya en varias ocasiones en el lugar y el momento adecuado, a las puertas de la gloria. España guardará para siempre en su memoria aquel zapatazo suyo que un 11 de julio de 2010 nos instaló en el paraíso. Ésa es, junto a su excelso Mundial, la principal baza del manchego tras una irregular temporada con el Barça. Pase lo que pase hoy, Iniesta o su destino lo volverán a colocar en disposición de ganarlo.

El que no entiende de irregularidades, al menos cuando tiene las espaldas cubiertas por tipos como Xavi e Iniesta, es Leo Messi. La guinda del mejor Barça de la historia, de uno de los equipos que marcarán un antes y un después en la historia del fútbol. Messi, para muchos el mejor jugador del mundo del momento y uno de los grandes de todos los tiempos, materializó 47 goles con el Barça la temporada pasada (fue Bota de Oro europeo), alcanzó los 60 goles en 59 partidos en todo el 2010, pero su lunar fue el Mundial. De él se fue sin encontrar la gloria del gol y por la puerta de atrás tras ser derrotado abultadamente por Alemania en cuartos de final.

Y tal vez por esto último es menos favorito hoy. Por eso y porque ya lo ganó el año pasado y a la FIFA no le gusta repetir con esto de los galardones. Los ojos de medio mundo miran más atrás, miran hacia Xavi e Iniesta, miran hacia los sucesores de ese genio que fue Luis Suárez, quien suspira por un acompañante español allá arriba, en el Olimpo. El secretismo ha sido máximo y los jugadores de Guardiola, que han repetido la machada del Milán de Arrigo Sacchi de colocar a tres jugadores del mismo equipo entre los finalistas (entonces fueron Gullit, Rijkaard y Van Basten), no sabrán hasta el último momento quien de los tres se lleva el dorado a casa, porque el azulgrana lo tienen marcado a fuego de por vida.





El valor X

3 05 2010

Un equipo siempre se organiza, crece y se agrupa en torno a un líder. Los hay eléctricos, musculados, elegantes, carismáticos y silenciosos. Xavi, el centrocampista del FC Barcelona, es uno de éstos últimos. Su cabeza es un ordenador privilegiado, su físico, indestructible (a pesar de su aparente fragilidad) y sus piernas cuentan con un silenciador con el que filtrar pases que desgarran las espaldas contrarias. A todo esto suma su compromiso, su amor a unos colores y su defensa de unos valores en los que cree y con los que disfruta. Hablamos, por tanto, de un futbolista superlativo.

Xavi, alma mater del FC Barcelona

El último ejemplo lo vimos el pasado sábado. Xavi volvió a impartir otra clase magistral a la que nos ha ido acostumbrado este curso, como el anterior, como en la Eurocopa. La diferencia, esta vez, es que el de Terrasa jugaba ese partido lesionado. Pero Xavi no se lo quería perder, Xavi no quería dejar solos a sus compañeros en el compromiso más duro que les quedaba a los azulgrana de aquí al final de temporada. El partido frente al Villarreal, tras la amarga eliminación europea ante el Inter, había alcanzado el estatus de trascendental ya que era el último tren de la temporada, el de la Liga, el único título al que optan ya los azulgranas.

Las alarmas habían saltado antes. En plena vorágine tras la fracasada remontada ante el Inter, Xavi se retiraba antes de tiempo del entrenamiento del jueves. El diagnóstico no presagiaba nada bueno y las dolencias no remitían en ese sóleo de la pierna izquierda que amenazaba con acabar con la fantasía y la magia azulgrana de un solo golpe. Guardiola habló con su extensión sobre el campo, con uno de sus capitanes, el viernes para conocer cómo evolucionaba y la respuesta de Xavi fue rotunda. “Estoy para entrar en la convocatoria y quiero jugar mañana”. Antes de esa conversación los médicos habían decidido junto con Guardiola dar descanso al ‘6’ culé y permitir que se recuperara de una rotura de 3cm en la parte posterior del gemelo izquierdo que traía de cabeza a media Liga.

El resultado lo conocemos todo. En una muestra más de compañerismo y profesionalidad, Xavi jugó los 90 minutos, dio una asistencia de gol, marcó un magnífico gol de falta directa y colaboró activamente en los otros dos goles de su equipo. El ‘profe’ lo había vuelto a hacer, había despejado de un plumazo la ‘X’ que se cernía sobre la cabeza de todos los culés, y la ecuación le había salido perfecta. Había arriesgado su pierna, había jugado con la posibilidad de perderse el Mundial, pero había dado un paso muy importante para que su equipo se alzara con el título de Liga. Eso sí que es dejarse la piel.

Guardiola reconoció después del partido que Xavi podría perderse el Mundial de Sudáfrica, a un mes escaso de su comienzo y un escalofrío recorrió el cuerpo de todos. Porque Xavi no sólo es el termómetro y el cerebro del Barça, sino también de la Selección Española, y su ausencia sería hoy por hoy irreparable para ambos.  En ese valor, en esos escasos tres centímetros, en ese compromiso íntimo nos va mucho a todos. La ecuación de la Liga se complicaría y la del Mundial sería casi misión imposible. El ‘profe’ no quiere perderse nada y desea seguir impartiendo clases magistrales, por lo menos hasta el 11 de julio. El Barça se ha unido en torno a la figura de sus canteranos, de los hombres de la casa para alcanzar el último y único reto de la temporada. Ahí, Xavi es bandera. Como en la Selección. Y ese valor es incalculable.