Pesadilla antes de Navidad

11 12 2011

Ni Tim Burton lo hubiera ideado mejor. La historia, la pesadilla, se repite año a año, en las fechas previas a la Navidad, cuando ese aire de nostalgia, consumismo y buenos presagios inundan las calles de nuestras ciudades. Esos buenos augurios volvieron a esfumarse de un plumazo o tal vez no, el sueño fue más placentero esta vez, al menos en su inicio. Justo el tiempo necesario para que la danza de la muerte azulgrana convirtieran a la novia blanca y radiante, en la novia cadáver.

Kaká intentó reactivar a su equipo pero termino engullido por la pesadilla

Y eso que el No REM, la primera estación del sueño, comenzó atrevida y sin paracaídas. La caída podría ser más dura, a cambio, la gloria sería histórica. En esa fase iniciatica, Mourinho compuso un relato donde el protagonismo lo tenían los actores principales de su equipo. En esta ocasión la banda sonora no llevaría percusión en exceso, se apostaba por los violines y la corneta para atacar los miedos. Y así pocos repararon en que junto a Xabi Alonso, el encargado de llevar el tempo, hacían falta secundarios de lujo. No basta con Lass para evitar que te corten la cabeza.

Todo empezó demasiado bien. Aquello era un verdadero sueño, en el que Benzema sacaba ases de su chistera auspiciado por las revoluciones de Di María. En un abrir y cerrar de ojos el mundo era más justo, el Madrid dominaba al Barça, la Navidad era entonces completa y las pesadillas acechaban a otros, si no que le pregunten a Valdés.

La fortuna, esa amante infiel, había guiñado un ojo a los blancos y éstos se habían rendido a sus encantos. No se olviden de ella porque esta femme fatale nos ayudará a comprender cómo se convierte un sueño en pesadilla. Entre tanto, ese ejército azulgrana que no hace prisioneros con su fútbol endiablado se empezaba a mover por las ultratumbas del Bernabéu. Alves se sumaba al centro del campo para comenzar la danza de la muerte.

Pronto obtuvo Guardiola réditos con ese movimiento sibilino, casi imperceptible. A la media hora Alexis hacía aparición en el Clásico para hacer realidad su anhelo. Aunque los ojos y los abrazos se disparaban hacia otro, Leo Messi, auténtica pesadilla madridista, sobre el que el Barça se sustentaba ante el mal sueño vivido hasta entonces. Sobre el argentino pesó la losa de la muerte, a punto estuvo Mou de expulsarle de su sueño y posiblemente nada hubiera sido lo que fue. Sin embargo, Fernández Borbalán, a fin de cuentas el verdugo de la contienda no guillotinó el clásico.

Tras un desvelo en forma de descanso, la fortuna, recuerdan, esa amante infiel, se la pegó al Madrid con el primero que pasaba por allí. Ese era Xavi, auténtico cerebro azulgrana, otro archienemigo más al que incluir en la lista negra. La pesadilla comenzó con los rebotes endiablados que sumieron a Casillas primero y al Madrid después en la impotencia. Porque con el equipo blanco grogui, aun tuvo tiempo de reengancharse al partido. De volver a ese mundo justo, de recuperar su sueño. No hubo medio porque Cristiano, héroe tantas veces, sufre parálisis emocional cada vez que sus fantasías se tiñen de azulgrana.

Fábregas se estrenó en el Bernabéu con un gol que desató la pesadilla

El golpe definitivo llegó justo a continuación, en un rayo fugaz de luz que confirmó los peores augurios. El Madrid probaba de su propia medicina y con una estrategia tan conocida por los blancos como alejada de la retórica azulgrana, Cesc aparecía en el sueño o la pesadilla, según como se mire, para reafirmarse a sí mismo y dar la razón a Guardiola. Aquello certificaba el compromiso azulgrana, lo había vuelto a hacer, había conquistado a la novia cadáver.

El resto se explica con dos palabras: Andrés Iniesta y una sensación: impotencia. Su actuación sublime en la segunda parte ejemplificó esa brecha que no parece acortarse. Para entonces no había marcha atrás y la pesadilla se cernía nuevamente sobre Madrid, justo antes de Navidad, como en años perecederos, como siempre desde que la Era Guardiola trasladó los miedos culés a la capital.





El golpe

10 12 2011

España es el país de los golpes de Estado. Algunos no lo recuerdan, algunos ni vivimos el último, pero la Historia, caprichosa, guarda en negro sobre blanco nuestro pasado. 1981, 1936 o el carrusel de pronunciamientos militares del XIX, son fechas que hablan del carácter y de la idiosincrasia de un país que hoy dirime otro duelo de altura. Mucho más pacífico, o previsiblemente más pacífico. Un clásico de extremos, un golpe de estado del status quo de nuestro fútbol o una huida hacia delante.

El Golpe lo puedes ver en La Sexta a las 22:00 h.

El golpe, como siempre, lo da la victoria. Un golpe doble. Devastador para el que lo sufre,  revitalizador para el valiente o el afortunado que da ese paso hacia el frente. Esa decisión ante el abismo marcará nuevamente el clásico, Real Madrid contra FC Barcelona. Un Madrid ascendente que acorta distancias y alimenta esperanzas. Mourinho ha construído un equipo que es más equipo, en su segunda temporada, las mejores del técnico portugués, según defiende la doctrina mourinhista.

Esa doctrina tiene motivos más que de sobra para confiar en su equipo. De inicio, Karanka anunció un 4-3-3 para enfrentarse a su peor pesadilla antes de navidad. La duda reside en ese trivote (Alonso, Khedira y Lass) con el que poblar la medular de trampas y tiralíneas a partes iguales. La alternativa se llama Özil y lleva un punto de atrevimiento y riesgo. Mou tendría que retirar un ancla de su centro del campo o al menos resituarlo.

Más arriba el conjunto blanco no tiene dudas, tiene alternativas. Más allá de los dos fijos, Cristiano Ronaldo y Di María, ambos un punto por encima del resto, el tercer puesto se lo disputan Benzema e Higuaín. El francés, más hecho y más útil si el Madrid busca la pelota, robar rápido y asfixiar al Barça ante el miedo escénico del Bernabéu. El argentino, más eficaz y más rápido para el contragolpe mortal que tanto gusta en el Paseo de la Castellana. Uno u otro serán ya una pista casi definitiva sobre el discurso que quieran interpretar hoy los blancos.

Los goleadores, claves en El Clásico

El discurso azulgrana es conocido, ¿o no? Gusta Guardiola de ‘inventar’ con criterio, alejado de lo estrambótico cuando visita la Casa Blanca. Primero fue el nueve mentiroso hoy puede ser la defensa de tres. El movimiento, más que arriesgado, salió mal en Mestalla pero triunfó en San Siro frente al Milan. Alves repetiría el movimiento del año pasado para driblar trampas y cavar nuevas trincheras.

Por delante de ellos, la piedra filosofal de un equipo de leyenda. Tal vez todo se resuma en lo que quiera hacer Messi, que hoy contará con un acompañante de lujo: Cesc Fábregas, ante su primer clásico adulto. Un acompañante que es en sí mismo arma de destrucción masiva y amenaza inminente en la combinación, en la llegada y en la presión. Esa pareja puede ser hoy el comodín de Guardiola para mantener su inmaculada tarjeta de visita en el Bernabéu, donde no conoce la derrota.

Ante ese panorama Villa o Pedro se disputarán la única plaza libre que queda en el once culé. Con el asturiano bajo de forma, el canario sin estar al 100% resulta siempre fundamental para el esquema de Guardiola. Su primer defensor siempre. Y por ahí revoloteando, esperando su oportunidad Alexis Sánchez y el imberbe Cuenca, el último invento de Pep. Improbable sorpresa teniendo en cuenta los pobres números de los azulgrana fuera de casa.

El golpe se acerca. Los números parecen respaldar a los blancos en su feudo, donde ha ganado todo lo que ha jugado. En ese escenario el abismo les acecha a ambos. El Madrid para ensancharlo, el Barça para recordar que la vida sigue igual. Las rentas tan exiguas como amplias pueden colocar al Barça líder tras el partido de hoy o casi sentenciar la liga para los blancos. Así es la Historia, donde un paso adelante asegura entrar en sus páginas, asegura el gran golpe, aunque lo único incierto siga siendo la victoria.





El asesino silencioso

9 12 2011

Como en aquella fantástica película de John Ford, todos buscan matar a Liberty Valance, acabar con la tiranía instaurada en el desierto futbolístico español y comenzar una nueva era. Y esta vez, tras varios duelos perdidos en los que la bravuconada se impuso al juego de pies, la estrategia es otra. Se opta por el silencio y la calma en las horas previas para que luego sólo hablen las armas… futbolísticas.

Mourinho guarda silencio en las horas previas a su gran duelo

Jose Mourinho, al más puro estilo John Wayne, se refugia en el silencio para acabar con su peor pesadilla, con el hombre (y el equipo) que ha sembrado el terror en las calles de su ciudad, donde no conoce la derrota. El técnico portugués no hablará hoy, en la última rueda de prensa, antes del duelo más clásico de nuestro fútbol. Una continuación de esa política austera con los medios nacionales, sin reparo alguno, sin embargo, frente a los medios internacionales. Hablará Karanka, su lugarteniente, su altavoz en el día de hoy, el otro hilo conductor del mensaje.

Conscientes de su ventaja, de su mejor revólver y de la aparente debilidad del enemigo, el Madrid reposa esperando su momento. Al que llega en inmejorables condiciones, tras quince duelos ganados de forma consecutiva, con la experiencia acumulada de los siete clásicos previos, con la lección aprendida y las heridas cerradas. Desde esa calma el Real Madrid y Mourinho buscan reafirmarse en sí mismos, buscan imponer su discurso y dar un golpe definitivo en el status quo del fútbol español.

Hoy Karanka saldrá solo a la última rueda de prensa previa al Clásico

Y el Madrid ha elegido el silencio para hablar sobre el campo. Para representar allí su mejorado juego de posición, su cabalgada a lomos de ese contragolpe fugaz, su ritmo de juego endiablado y ese toque de agresividad que Mou ha perfeccionado hasta lograr una simbiosis única. A todo ello suma el conjunto blanco la baza de conocer el territorio, de jugar el saloon de su casa. Arriesgar el tiro de gracia desde esa posición puede ser más sencillo, pero también más aventurado.

Y la última aventura terminó como terminó. Por ello, Mou acudirá al duelo con chaleco anti-balas. Algo que en el Bernabéu se reconoce bajo los nombres de Alonso-Kedhira-Lass. Pero existen otras variantes, como la de retrasar a Lass al lateral derecho, donde su pistolero habitual, Arbeloa, acumula molestias. Eso colocaría a Coentrao, un lateral izquierdo, en la medular y no parece éste, un duelo para muchos inventos.

El desequilibrio de este western del siglo XXI será la clave para un duelo, al que Liberty Valance acude conocedor de lo que le cuestan sus duelos en saloones ajenos, de lo encasquillado de algunos de sus mejores revólveres y el temor de salir de ahí herido de muerte. Mourinho ha jugado sus cartas con un estilo nuevo, desconocido y auspiciado por un equipo mayúsculo que le respalda. Con esas armas todo es posible, incluso ser el hombre que mató a Liberty Valance. John Wayne ya lo hizo en el western más redondo de Ford.





El efecto Vilanova

8 12 2011

“Valorad lo que tenéis porque nunca sabes cuándo llega tu momento”. Lo dice alguien que ha regateado al fantasma del siglo XXI, que ha driblado una operación fugaz, que se ha recuperado a tiempo para convertirse en un ejemplo más, en una motivación extra para su equipo. Esa reflexión pertenece a ‘Tito’ Vilanova, el segundo entrenador del FC Barcelona, que ha superado la intervención en la glándula parótida a la que fue sometido el pasado 23 de noviembre.

Vilanova y Abidal unidos por la superación personal

Convertido en símbolo de una plantilla que ya sabe de lo que va el tema, Vilanova llega en el momento justo. En el momento en que su equipo se va a jugar gran parte de sus posibilidades en el campeonato casero frente al Real Madrid. Un nuevo estímulo camino del Bernabéu, un nuevo golpe de efecto con el que relativizar el mundo futbolístico y apremiar a los valores que han convertido al equipo de Guardiola en un conjunto de leyenda.

Porque Vilanova es algo más que el hombre a quién Mourinho metió el dedo en el ojo. Con el portugués volverá a reencontrarse cuatro meses después, aunque aquel recuerdo se ha diluido ante la sucesión de acontecimientos. Tito es la mano derecha de Pep, el encargado, según cuentan, de dotar de pausa el volcánico (aunque siempre políticamente correcto) carácter de Guardiola. El enlace entre Pep y la plantilla, el hilo conductor del mensaje. 

Y los mensajes que más calan son los que apelan a los sentimientos, los que erizan la piel, los que se dirigen directamente al corazón. Esa fue la intención ayer de Tito Vilanova, cuando en su reincorporación a los entrenamientos, transmitió personalmente su experiencia vital a una plantilla que le esperaba con los brazos abiertos. Fue él quien les animo a ellos, una bofetada de realidad que algunos ya han recibido, como Eric Abidal.

Especialmente significativo fue el abrazo en el que se fundieron el defensa galo y el segundo técnico azulgrana. Ambos saben a qué huele el abismo, ambos conocen el sabor de las segundas oportunidades. Bajo el efecto Abidal se reinventó el Barça la temporada pasada para alcanzar la gloria. Ahora, buscan repetir la historia con el ‘refuerzo’ de otro de sus actores secundarios sobre el papel, en realidad, uno de los líderes dentro del vestuario y con el Paseo de la Castellana como pasarela de gala.

A la fuerza de Vilanova, a su voluntad inquebrantable y a su imagen en el banquillo del Santiago Bernabéu se aferrarán los azulgrana para trasladar al verde todo su ideario, toda su filosofía de vida. En frente, el mejor Real Madrid de los últimos años, en la segunda temporada de Mourinho, con el conjunto blanco liderando la clasificación con tres puntos de ventaja y un partido menos. Guardiola ya tiene su reto y los culés el efecto con el ganar la guerra psicológica en las horas previas al Clásico. Ha llegado el momento.





El mercader de la pelota

22 11 2011

Lo suyo daría para un guión de cine de esos que devora con asiduidad. Incluso para una trilogía, tan de moda últimamente. La historia es archiconocida, la rana que se convierte en príncipe, pero en esta historia no hay princesa de por medio, hay una pelota. Aunque ésta no sea el camino más recto para el estrellato. Al menos en el caso de Jorge Mendes, futbolista frustrado, rey midas del mercadeo que gira alrededor del fútbol. Multimillonario, en definitiva, sin tocar un balón.

Jorge Mendes, multimillonario sin tocar una pelota, o casi

Poco o nada podría imaginar Jorge la película de su vida cuando cambió su Lisboa natal por Viana do Castelo, una villa de 30.000 habitantes a 50 kilómetros de Galicia. Hijo de Manuel, funcionario de la Administración Pública, y María, ama de casa, contaba con 21 años y buscaba fortuna en el Viannense. Interior izquierdo, pronto demostró que su talento no residía en las piernas, sino en su cabeza. Recién aterrizado en el club de Segunda B solicitó la gestión de las vallas publicitarias del estadio. Seis meses después abrió su propio videoclub, Samui Video. Rodeado de cintas BETA y VHS todavía era rana.

El punto de inflexión se aproximaba. Los negocios crecían y el fútbol cada vez ocupaba un lugar más residual en su vida. Jugó en el Caminha y en el Lanheses de Tercera, mientras gestionaba un complejo turístico y de ocio llamado Luziamar. Con 30 años dejó el fútbol. En ese momento realizó su primera operación, facilitar el fichaje de su amigo y socio de Samui, Antonio Alberto por el Lourosa. La rana se había lanzado al agua.

Y a orillas del Atlántico continuaron sus actividades empresariales. Allí, en Caminha donde regentaba la discoteca Alfandega conoció a Nuno Espirito Santo. Su primer representado, al que llevó del Vitoria de Guimaraes hasta el Deportivo en 1997. Ya entonces se averiguaba la ambición y las dotes de persuasión que marcarían su empresa Gestifute, mucho antes de que revolucionaran el mercado con la gestión de la imagen de sus propios jugadores, a través de la filial Polaris Sports.

El siguiente fue Costinha, jugaba en el Nacional en Segunda y pocos conocían su potencial. Primero lo convenció a él para ser su representante, poco después al Monaco para que lo fichara. Esa operación resume lo que es Jorge, es padre, es amigo, es hermano. Sólo así se explica que en tan poco tiempo ganara tanto terreno a gente más asentada como Jose Veiga, con el que cuentan que llegó a las manos, o Paulo Barbosa. Jugadores como Simao o Maniche sucumbieron al encanto de Jorge. Pocos se movían como él en las aguas tibias de una negociación.

Estaba a punto de llegar el Big-Bang de Mendes. Auspiciado por los títulos de los ‘Dragoes’ de Oporto, donde controlaba a media plantilla y, sobre todo, al artífice del éxito, José Mourinho. El megatraspaso de The Special One, Paulo Ferreira, Costinha y Tiago al Chelsea en 2004 le elevó al escalafón más alto del mercado de futbolistas. Ese mismo año traspasó a Deco al Barcelona, tras haberlo rescatado del modesto Alverca. De repente, la rana se había convertido en príncipe.

Y su ambición acercó fronteras. Traspasó la línea de cal y a su nómina de jugadores añadió la de entrenadores de perfil variado: José Mourinho, Scolari, Queiroz, Paulo Bento; puntos intermedios y fundamentales en su negocio para dominar los clubes, más aún, para dominar el mercado. Así trazó alianzas estratégicas con empresas de representación (la brasileña Traffic) o creó su propio fondo de inversión Quality Sports Investment junto a Peter Kenyon, ex director ejecutivo del Chelsea.

Para entonces Mendes ya anidaba en la cúspide de la pirámide. Príncipe ascendido a Rey por las contantes jugadas maestras basadas en el movimiento de jugadores a corto plazo, año a año, siempre buscando la revalorización. Para él, tan cercano a sus futbolistas como alejado del foco mediático, su secreto son ellos y ellos le adoran porque todos son tratados como estrellas de cine, como si fueran Sean Penn o Robert de Niro, los dos actores fetiche de Jorge, esos que algún día interpretarán el papel de Mendes, la mano que mueve el mercado.





El fútbol tiene la palabra

3 05 2011

Aunque las denuncias, el césped alto, los teatreros y el cruce de vídeos y declaraciones no nos dejen ver la pelotita, ésta existe y hoy echará a rodar a partir de las 20.45 h. en un partido que hace unos meses hubiera sido el mayor anhelo de todos los aficionados al fútbol y hoy, con toda una semifinal de Champions League de fondo, se ve como un engorroso ¿trámite?, como el último rescoldo de un fuego que dejará quemaduras de diverso grado. A ello ayuda el ‘espectáculo’ de estos últimos 17 días, donde la imagen de ambos equipos, de ambas instituciones han sufrido más fuera del campo que dentro.

El balón debería ser el único protagonista para llegar ahí, al remodelado estadio de Wembley

Y sin embargo, la esperanza se vuelve a abrir en estas horas previas ante el mejor partido del mundo que se puede ver en estos momentos en el planeta fútbol. Porque el fútbol volverá hoy a tener la palabra, el fútbol y sólo el fútbol, a pesar de todo. Porque el Real Madrid tendrá que dejar atrás su planteamiento rácano, porque el Barça no podrá abusar en el Camp Nou de la posesión-ficción, porque ambos tendrán que manejar los nervios y la tensión reinante y ésta debería representarse en el ímpetu de unos por convertirse en héroes de la remontada y la pasión de otros por cerrar el círculo en Wembley.

En juego, nada más y nada menos, que una Final de Copa de Europa, que ahora aparece difuminada por una guerra sin sentido que está mostrando al mundo las más bajas pasiones de nuestro fútbol. Ése mismo que asombró  a todos por su discurso poético y ejemplarizante el pasado verano. Y ahora son pocos los ejemplos que se pueden rescatar de este carrusel de clásicos, más allá del exquisito comportamiento sobre el verde de Casillas y Xavi, siempre atentos a sofocar cualquier fuego, siempre dispuestos a dar la cara en la derrota y en la victoria.

Ambas caras las conoceremos a eso de las 22.30 h, o quien sabe, tal vez más allá de las 23.15 h. en lo que debería ser un espectáculo meramente deportivo, con un Madrid a tumba abierta o si lo prefieren un Madrid al nivel de la Final de la Copa del Rey, que busque reafirmarse en sus virtudes, en sus valores (si se quiere), antes que en negar las virtudes del rival. Ese Madrid es capaz de todo, porque nadie como él se mueve mejor en el terreno de la heróica. Y ese suelo lo pisarán esta noche cuando salten al Camp Nou.

Con ese convencimiento saltarán al coliseo azulgrana, contraviniendo el discurso público de su segundo entrenador (Karanka) o de su primero (Mourinho), conscientes de sus armas (el ataque en tromba, la presión asfixiante, la velocidad a la espalda de la defensa del Barça) tan poco practicadas por este Madrid de Mourinho, pero muy habitual con ‘su’ Chelsea o ‘su’ Inter. Conscientes también de sus bajas: Khedira lesionado, Pepe y Sergio Ramos sancionados. Conscientes, en definitiva, de su reto, porque nadie nunca ha remontado el 0-2 de la ida con el que hoy acuden al Camp Nou los blancos.

Para combatir al fútbol blanco, desde la orilla de enfrente se contraprogramará más fútbol. Porque el Barça no tiene otro registro en su guión, un guión que pasa por controlar un partido, una euforia y una rivalidad sobredimensionada en estos últimos días. No se maneja bien el Barça cuando a su sinfonía armoniosa y alegre se enmaraña con desafines como los de Pedro o Busquets en el Bernabéu, cuando la confrontación y el ruido no dejan espacio a su discurso poético. Puede que hoy  sean más prosaicos que de costumbres, acomodados en la ventaja que un gol blanco puede convertir en efímera o cuanto menos en inquietante.

Saldrá el Barça a defenderse con la pelota, porque ese es su mejor ataque, pero si el Madrid consigue arrebatársela, siempre encontrará un hueco, un robo o una carrera de Pedro, de Messi o de Villa para cerrar una eliminatoria encarrilada, pero no sentenciada. Eso ya se lo habrá recordado Pep por activa y por pasiva a los suyos, reconfortados por la mejor noticia que ha vivido el mundo del fútbol en el último mes, la vuelta de Abidal a una convocatoria. Con el ánimo de Abidal saldrán a ganar porque no saben hacer otra cosa. Si los dos, hicieran eso, salir a ganar, salir a jugar al fútbol, sobrarán las palabras, sobrará todo lo demás.





La Reconquista

11 04 2011

La rebelión se acerca, el enfrentamiento se palpa en el ambiente y Don Pelayo ya alecciona a sus tropas sobre lo que les espera. Enfrente, el Reino soñado, el lugar anhelado, el trono perdido. Éste no es otro que el Reino Nazarí de Granada desde donde hace varios años Guardiola y los suyos se pasean a sus anchas. Ahora el destino les devuelve una oportunidad única de reescribir la historia, de olvidar tantas decepciones recientes, de reconquistar, en definitiva, el terreno perdido estos años en apenas un mes.

Allá por mayo, esta escena, con diferentes protagonistas podría repetirse

Seis siglos después de la entrega de las llaves de la ciudad granadina por parte de los musulmanes Mourinho y su Real Madrid acometen una empresa parecida. En este caso la batalla es futbolística, aunque sus tintes, ya sean azulgranas o merengues van más allá, mucho más allá. Porque en un corto espacio de tiempo (18 días) asistiremos a una reconquista que puede ser argumentada desde ambos bandos como un cambio histórico. Pero que es, sin duda más épica y romántica, a orillas del Paseo de la Castellana. Desde allí preparan el asalto al paraíso arrebatado en busca de una justicia histórica que creen que les pertenece pero que tendrán que ganarse, única y exclusivamente, sobre el terreno de juego. Aunque éste ya se juegue fuera de él.

Como si de una lucha por ir ganando terreno poco a poco se tratase el Madrid contará con diferentes frentes, con distintos escenarios para reafirmarse en una idea que ya es una obsesión en su cabeza. Han vuelto. Por eso todos los clásicos de este mes de abril son una final para los blancos. Un golpe moral, una cuestión de orgullo, una defensa de sus valores. Eso lo sabe Mourinho, convertido a estas alturas en el Pelayo blanco, él único capaz antaño de amargar la existencia culé, el único capaz hoy de repetir esa conquista.

Porque poco o nada se parecerá el Madrid que en noviembre visitó el Camp Nou a éste que intentará eliminar al Barça en su carrera hacia la leyenda. Aquel perdió estrepitosamente frente al Barcelona, justamente por exceso de confianza, por pensar que los renglones de la historia se cambian, simplemente, por inercia. Sus jugadores han captado el mensaje de Mourinho y saben que donde no les alcance las piernas deben llegar con corazón, con sacrificio, con entrega. Saben también que a un único partido o en una eliminatoria de Liga de Campeones, cualquier detalle o cualquier fallo te condena y en propiciar esos errores en la armoniosa sinfonía culé llevan preparándose durante meses.

Jose Mourinho es el encargado de guiar al Madrid hacia esa 'Reconquista'

En esta ocasión son ellos los que vestirán la piel de cordero para enmascarar al lobo que Mourinho lleva alimentando toda la temporada. Y desde esa posición es más sencillo coger al rival desprevenido. Se siente cómodo Mourinho en ese papel y éste ha conseguido que sus jugadores lo asuman con naturalidad, sin atenuantes y con convicción. La convicción de que se puede ganar al mejor equipo del mundo con sus armas, que habrá quien piense que no son las mejores, pero al menos son las suyas. Eso debió pensar Pelayo allá por el 722 cuando comenzó su epopeya.

Pero la epopeya también podría darse en la otra acera, donde en realidad están igual de cerca (o más, si se tiene en cuenta su ventaja en la Liga) de repetir su última hazaña, de reconquistar lo ya conquistado. Es la eterna esperanza del deporte que siempre te da una nueva oportunidad y en ésta el Barcelona busca hacer el más difícil todavía. Ganarlo todo frente a su rival de siempre, el que siempre lo ganaba todo. Es consciente Guardiola de que es éste el escalón definitivo para instaurar a su equipo en la leyenda, porque solo el Real Madrid puede cerrar las puertas del paraíso a los azulgrana. Las llaves de ese paraíso se esconden tras los cuatro encuentros que convertirán a este mes de abril en el mes de la reconquista, a unos, de su pasado, a otros, de su presente.