No más pijamas de rayas

29 07 2009

Quizá haya tardado demasiado o quizá haya evitado el fragor de su popularidad para leerlo con más perspectiva. Lo cierto es que tenía algunas dudas sobre un libro que me remitía demasiado a una etapa infantil e ingenua simplemente por su título. Poco más sabía sobre El niño con el pijama de rayas y el afán de su editor por llegar virgen al relato hizo el resto, porque el tradicional espacio de la contraportada dedicado a introducirte en la historia era utilizado en esta ocasión para otros menesteres. En concreto, para aumentar el suspense y el interés  sobre una historia, en el que las apariencias vuelven a engañarnos.

Portada del libro que relata la historia de Bruno y su familia

Portada del libro que relata la historia de Bruno y su familia

Una vez más, había cumplido mi máxima. Elegí leer el libro antes de ver la película y creo que he vuelto a acertar, porque considero que es muy difícil que el filme sea capaz de captar esa mirada infantil, tierna e ingenua de Bruno, el protagonista de El niño con el pijama de rayas. Esa visión se respeta y exprime hasta el extremo en el libro, desde el propio título de la obra, hasta las expresiones utilizadas en él, pasando por los propios títulos de los capítulos.

Y a pesar de todo eso, el libro escrito por John Boyne trata un tema tan serio de nuestra historia reciente como el Holocausto. Por lo que El niño con el pijama de rayas, no es un libro para niños (o al menos exclusivamente para ellos), sino que la trascendencia del tema tratado puede ser mejor comprendido por una persona adulta, que conozca los recovecos de la historia y sea consciente de lo que ocurrió en Alemania, en sitios como Auchwitz durante la II Guerra Mundial. Precisamente por eso, por la trama que cuenta la historia, bajo ese prisma ingenuo, deja un regusto amargo, un espacio para la reflexión en la cabeza y un nudo en el estómago a medida que Bruno avanza en sus exploraciones.

Ésa es una de las aficiones de este niño de nueve años, y así descubrirá a su mejor amigo (Shmuel) cuando él y su familia se  trasladan a vivir a una casa junto a una cerca. Para entonces los lectores ya conocerán a Gretel, la tonta de remate; a María, la sirvienta; o a Madre y a Padre (tal y como Bruno se refiere a ellos). Gretel, de 12 años, es la hermana mayor de Bruno y un auténtico tormento para éste. Su relación es como la de cualquier hermano a esas edades y el conflicto generacional se hace evidente en cada encuentro de ambos.

En su afán explorador Bruno romperá u olvidará algunas de las normas básicas estipuladas por su padre, aunque eso no le supondrá ningún problema al niño de nueve años, al menos a priori. Su aburrimiento en una casa tan pequeña, de sólo tres pisos (su casa de Berlín tenía cinco pisos), sin ningún edificio a su alrededor y por tanto sin ningún amigo con el que compartir sus largas tardes, obligarán a Bruno a salir fuera de ese perímetro para buscar las aventuras que tanto añora.  No obstante con Shmuel (el verdadero niño del pijama de rayas) jugará poco aunque sus largas conversaciones nos aportarán esa reflexión necesaria que esconde la verdadera historia. Así, poco a poco, descubriremos ese otro mundo que se extiende más allá de la cerca que Bruno atisba desde la ventana de su habitación y del idílico mundo que le rodea.

Asa Butterfield da vida a Bruno en el filme

Asa Butterfield da vida a Bruno en el filme

Sin embargo, lo que no haré para todo aquel que desee leerse el libro, será desvelar el final.  Con la intención de mantener esa aureola de misterio que desde el principio ha acompañado a la obra del joven escritor John Boyne. Y es que con El niño con el pijama de rayas el novelista irlandés consiguió su primer éxito unánime de crítica y público, ya que la obra se ha traducido a treinta y cuatro idiomas y se ha mantenido como número uno de ventas en Irlanda durante 66 semanas. En mi opinión, su éxito radica más bien en la originalidad y la frescura en la narración utilizada a la hora de hablar de un tema tan sórdido y funesto como éste. Por ello, utilizaremos la incansable visión optimista de Bruno para terminar. Recordaré así, la frase que más me gustó del libro y que resume su esencia y su mensaje: “Todo esto, por supuesto, pasó hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día, no”.

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