El Paleolítico

21 11 2011

Vivimos una época marcada por lo audiovisual, por las facilidades de las nuevas tecnologías y por la tendencia a la polémica exagerada. Son pilares de nuestra sociedad que, sin embargo, no se cumplen en todos los órdenes de nuestra vida. Todavía hay cotos de pureza y simpleza que se niegan a entrar de lleno en el siglo XXI. Uno de ellos es el fútbol, que se mantiene en su burbuja, anclado en la atmósfera de mediados del XIX cuando este deporte fue creado.

Momento en el que balón impacta en el cuerpo de Higuaín, ¿mano o pecho?

Nada de tecnología, nada de recursos audiovisuales, pero mucho de polémica y tradiciones arcaizantes. El fútbol es la última frontera donde se resiste a entrar la tecnología. Y no por falta de necesidad, el último ejemplo es reciente. Ocurrió en el último minuto del Valencia – Real Madrid del pasado sábado. Una jugada muy dudosa que pudo decantar la victoria de unos o el empate de otros. Un ‘pechalty’ que el árbitro, imposibilitado por la maraña de jugadores concentrados en el área no podía ver.

En esos momentos un vídeo, una o varias repeticiones calmarían a los que reclaman por una injusticia o declararía en la más absoluta inocencia al presunto culpable. Y acabaría con la salsa del fútbol refunfuñarán los puristas. No, les contesto yo, acabarán con situaciones impropias de un deporte tan profesionalizado como el fútbol, donde Inglaterra consigue un Mundial con un gol que nunca fue y por el que el Dios del balompié ya le ha castigado en repetidas ocasiones con la ‘Mano de Dios’ o con el reciente gol fantasma de Lampard en el Mundial de Sudáfrica que no subió al marcador.

Con los millones que mueve uno de los principales negocios del planeta, el fútbol se mantiene como un oasis frente al resto de deportes donde la tecnología se aplica con toda naturalidad. El ojo de halcón ha solucionado el principal problema del tenis, el vídeo se aplica desde hace tiempo en deportes tan dispares como el fútbol americano o el baloncesto y la foto finish es una constante del ciclismo y del atletismo, el deporte más antiguo del mundo.

Esa evolución imparable se hace más necesaria en la zona de penumbra del juego, en el área, donde a unos le tiemblan las piernas y a otros el silbato a la hora de pitar. Para evitar juicios precipitados, para no matar la polémica, sino para dar a cada uno lo que es suyo y hacer del fútbol un deporte más limpio es obligatorio ese paso hacia delante. Aunque eso no le importe a casi nadie. No parece importarle a la FIFA y la UEFA, más pendiente de incluir dos árbitros inútiles más por partido que en una huida hacia delante para abandonar el paleolítico.

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Conquistamos el mundo

16 07 2010

Y nos tocó vivirlo desde Malta, rodeado de algunos de mis mejores amigos que como todo un país terminamos rendidos a ese genio de Fuentealbilla silencioso y efectista que nos elevó hasta la gloria eterna. CAMPEONES DEL MUNDO, Campeones en sufrimiento, Campeones, por fin, de un Campeonato del Mundo de Fútbol. Es un placer contarlo, aunque todavía cueste creérselo. Es verdad, la antigua Jules Rimet ya está entre nuestras manos desde donde la hemos elevado al cielo estrellado del Soccer City en Johannesburgo, en el primer Mundial disputado en África, rompiendo todos los tópicos y las estadísticas.

Casillas es ya un privilegiado tras levantar esta Copa

Algunos se preguntarán por esta tardanza, justificada por esa estancia en Malta de la que regresamos ayer, con algo más de tiempo para asimilar el nuevo hito de nuestro deporte. Lo único que puede elevar al primer plano de la óptica mundial un país alicaido. Lejos, por tanto de nuestra tierra vivimos con más énfasis y con mayor orgullo (si cabe) un triunfo histórico que nos llevó a convertir a Malta en la decimo octava región española. Fueron miles los españoles llegados de todos los rincones de la Península que aquella calurosa noche del 11 de julio salió a las calles de esa pequeña isla del Mediterráneo para celebrar nuestra última hazaña: la estrella ya reluce en nuestro pecho.  

Ataviados con banderas, camisetas, bufandas o cualquier prenda que los identificara como españoles, las principales arterias de la isla se tiñeron de rojo y gualda hasta desembocar en las diferentes playas, centro de reunión y celebración con el mar como excusa  para saciar nuestro ardor victorioso y una motivación añadida para extender nuestro orgullo a las aguas del Mediterráneo. No hubo recoveco de la isla en el que no resonara el ‘Viva España’, el himno, o ese ‘Yo soy español’ que se ha convertido en la arenga, la musiquilla extra-oficial y en nuestro signo de identificación más allá de los Pirineos.

Éramos los protagonistas de un sueño hecho realidad, de una quimera, de una premonición. Y es que como si de una visión se tratara hace cuatro años ya hubo quien me aventuró esa final lejos de casa. ¿Te acuerdas? Aquel visionario, uno de mis amigos del alma, se adelantó en la fecha y el lugar. En 2006, España se quedó por el camino, pero cuatro años después no falló ni La Roja, ni un servidor. Una vez más veía la final del Mundial fuera de España, rodeado de amigos y en un lugar paradisíaco. Pocos marcos revisten tanto un momento histórico.

Y sin embargo, ese sueño supuso la ruptura de otro. Por paradójico que parezca. Uno descubrió el veneno de esta profesión el día que comprendió que era el camino más sencillo para compartir y saborear esos momentos lo más cerca posible de los deportistas. Negado de ese talento innato para superar los límites físicos, el periodismo se convirtió en la vía más directa para, si no meter el gol de la final de un Mundial, al menos narrarlo, contarlo, escribir sobre ello. Ese gol llegó demasiado pronto para un recién licenciado que hace sus primeros pinitos en el inabarcable mundo de la comunicación. El egoísmo no nubla mi mente y, a pesar de todo, uno prefiere haber sido testigo antes que protagonista.  El reto ahora es otro. El reto ahora es repetir y estar ahí para vivirlo en primera persona. Aunque, ya se sabe, solo hay una primera vez. 

Iniestazo. Otro chutazo del manchego que lo eleva a la leyenda del deporte español

Aquella primera vez en la que la locura se desató en todos nosotros, en la que conocimos el éxtasis en primera persona y en la que ascencimos al paraíso gracias a un zapatazo de un chico humilde y callado, con escasez de melanina y exceso de corazón y talento. No podía ser otro que Don Andrés Iniesta el que a las 22.57 del 11 de julio de 2010 colara todos nuestros sueños en esa portería situada en la otra punta del mundo, la cual había permanecido 116′ infranqueable. El carrusel de emociones se destapó entonces hasta el amanecer, cuando el sol quiso ser testigo de nuestro alborozo. También él, más rojizo que de costumbre quiso alumbrarnos la realidad: éramos, somos y seremos (al menos los cuatro próximos años) CAMPEONES DEL MUNDO.

 Aquella noche se hizo día para terminar iluminando las primeras reflexiones a la luz del alba. Hasta las 9 de la mañana hondearon las banderas rojigualdas por las calles de Malta. Fue el momento en que los cánticos, los saltos y los abrazos dieron paso a los primeros pensamientos sensatos. Aquí os dejo los míos:

“Termina la noche más hermosa de mi vida. Gracias Dios por permitirme vivir esto. El sueño se hizo realidad y la estrella de la eternidad ilumina nuestro pecho, orgulloso de ser español. Podremos repetir, ahora el sueño es otro, es estar allí para contarlo pero ya se sabe que no hay nada como la primera vez. La incredulidad aún reinante no valdrá entonces. VIVA ESPAÑA, EL MUNDO ES NUESTRO“.

PaceVille (Malta) 12 de julio de 2010