El efecto Vilanova

8 12 2011

“Valorad lo que tenéis porque nunca sabes cuándo llega tu momento”. Lo dice alguien que ha regateado al fantasma del siglo XXI, que ha driblado una operación fugaz, que se ha recuperado a tiempo para convertirse en un ejemplo más, en una motivación extra para su equipo. Esa reflexión pertenece a ‘Tito’ Vilanova, el segundo entrenador del FC Barcelona, que ha superado la intervención en la glándula parótida a la que fue sometido el pasado 23 de noviembre.

Vilanova y Abidal unidos por la superación personal

Convertido en símbolo de una plantilla que ya sabe de lo que va el tema, Vilanova llega en el momento justo. En el momento en que su equipo se va a jugar gran parte de sus posibilidades en el campeonato casero frente al Real Madrid. Un nuevo estímulo camino del Bernabéu, un nuevo golpe de efecto con el que relativizar el mundo futbolístico y apremiar a los valores que han convertido al equipo de Guardiola en un conjunto de leyenda.

Porque Vilanova es algo más que el hombre a quién Mourinho metió el dedo en el ojo. Con el portugués volverá a reencontrarse cuatro meses después, aunque aquel recuerdo se ha diluido ante la sucesión de acontecimientos. Tito es la mano derecha de Pep, el encargado, según cuentan, de dotar de pausa el volcánico (aunque siempre políticamente correcto) carácter de Guardiola. El enlace entre Pep y la plantilla, el hilo conductor del mensaje. 

Y los mensajes que más calan son los que apelan a los sentimientos, los que erizan la piel, los que se dirigen directamente al corazón. Esa fue la intención ayer de Tito Vilanova, cuando en su reincorporación a los entrenamientos, transmitió personalmente su experiencia vital a una plantilla que le esperaba con los brazos abiertos. Fue él quien les animo a ellos, una bofetada de realidad que algunos ya han recibido, como Eric Abidal.

Especialmente significativo fue el abrazo en el que se fundieron el defensa galo y el segundo técnico azulgrana. Ambos saben a qué huele el abismo, ambos conocen el sabor de las segundas oportunidades. Bajo el efecto Abidal se reinventó el Barça la temporada pasada para alcanzar la gloria. Ahora, buscan repetir la historia con el ‘refuerzo’ de otro de sus actores secundarios sobre el papel, en realidad, uno de los líderes dentro del vestuario y con el Paseo de la Castellana como pasarela de gala.

A la fuerza de Vilanova, a su voluntad inquebrantable y a su imagen en el banquillo del Santiago Bernabéu se aferrarán los azulgrana para trasladar al verde todo su ideario, toda su filosofía de vida. En frente, el mejor Real Madrid de los últimos años, en la segunda temporada de Mourinho, con el conjunto blanco liderando la clasificación con tres puntos de ventaja y un partido menos. Guardiola ya tiene su reto y los culés el efecto con el ganar la guerra psicológica en las horas previas al Clásico. Ha llegado el momento.





Four returns

15 08 2011

Regresa el Cuatro a Barcelona. Donde es algo más que un número. Allí el Cuatro es una idea, un rol, un personaje único sobre el tapete verde de la Ciudad Condal. Es también la cuadratura del círculo, el escalón que faltaba en la escalera del éxito azulgrana, la perpetuación de la especie. Es el regreso de Cesc Fábregas, el cuatro del Barça, a su hogar.

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Ha pasado tanto tiempo que hasta nosotros, los que vimos convertirse al chico de Arenys de Mar en todo un hombre, en todo un líder, en el capitán del Arsenal, hemos aprendido inglés. Como él, que eligió el camino más complicado para regresar convertido en el hijo ilustre que es hoy. El Cuatro por excelencia en Inglaterra, donde otros ya fotocopian su juego, tras advertir que por ahí se esconden las manijas de la gloria.

Ahora vuelve para ser un Barçablante. Tras doctorarse en el idioma británico, aterriza en el lugar de sus ensoñaciones infantiles, el Camp Nou, para interpretar como le enseñaron aquí y allí un discurso que conoce como pocos. Vuelve para convertirse en el símbolo blaugrana de la próxima década. Y a eso le ayudará su número, un número que habla por sí solo. El que identifica al director de orquesta, el que porta la batuta y el que mece la cuna. El creador diferencial como lo define Martí Perarnau. El dorsal de Milla, de Guardiola y de Xavi, si, también de Xavi. Porque el Cuatro es un rol, un perfil, una palabra sagrada del idioma Barça, y Cesc portará todo eso en su espalda.

Aportará también una experiencia única, adquirida durante estos seis años en la Premier League. Bajo el brazo trae un máster en administración y dirección de equipos. Un update (actualización) del sistema azulgrana. El fútbol culé volverá a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expanda hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumará un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting está asegurado.

Aunque no por esperado, el desenlace ha sido menos complicado. Crónica anunciada de un fichaje eterno, con negociaciones dilatadas a lo largo de tres años, con tiras y aflojas, con declaraciones públicas, con bromas también públicas y que por momentos entorpecieron más que ayudaron. Al final, 40 millones de euros. Sí, los mismos que Rosell dijo que no valía. Pero como todo, con matices. El Barça pagará 34 millones más seis variables (únicamente se pagarán por títulos, si el Barça gana dos Ligas y una Champions). De esos 34 millones, Cesc aportará cinco, uno por cada año de contrato que dejará de cobrar para facilitar los pagos al Barça.

Se agotaron las idas y venidas. Esas sólo las veremos ya sobre el césped, donde Cesc es un especialista. También fuera de él. Su vida ha sido un ir y venir, marcada por la profecía de Guardiola. Si alguien quisiera apuntarse la primicia de su fichaje, podría ser Pep el primero de esa lista. La historia es un canto al destino.

Rodolf Borrell era el entrenador del Infantil A del Barça. Cesc, uno de sus integrantes, pasaba por un mal momento debido a la separación de sus padres. Y Borrell decidió actuar. Se fue al vestuario del primer equipo y habló con Pep Guardiola. Le explicó la situación, le dijo que Cesc no lo estaba pasando bien, que era un jugador que jugaba en su misma posición, que le tenía a él como ídolo… El resto corrió a cargo de Pep.

Pero Borrell esperó el momento adecuado. Fue en Inglaterra, curiosamente Inglaterra. La Federación inglesa de fútbol invitó a aquel equipo que maravillaba en España para que se enfrentara a los dos mejores equipos de su categoría de las Islas Británicas, el Derby Country y el Coventry City. En aquel equipo el cuatro lo llevaba Cesc. Y justo antes de disputar el partido, en el hotel de concentración, Rodolf Borrell creyó que había llegado el momento. El entrenador habló con su pupilo sobre su difícil situación. Tras la conversación, bañada en lágrimas, le entregó el obsequio.

Era el regalo de Guardiola. Una camiseta del por entonces capitán del FC Barcelona, con el cuatro a la espalda y con una dedicatoria muy especial de su ídolo: “Un día tú serás el número cuatro del primer equipo del Barça”.

Más de 10 años después, el Guardiola entrenador ha hecho realidad su profecía. Y eso conllevará también una gran dosis de responsabilidad y presión para ambos. Cesc cumple, por fin, su sueño, llega al equipo de sus amores como guinda del mejor Barça de la historia. En busca de los títulos negados, con la misión de perpetuar la especie y rejuvenecer el ADN azulgrana. Es un nuevo guiño del destino, una segunda oportunidad para demostrar a los agnósticos y a sus más fervientes creyentes que tiene talento de sobra para coger el timón azulgrana desde una posición privilegiada, la del cuatro del Barça.





La pareja (in)compatible

10 06 2011

Son presente y pasado. Uno es, el otro fue. Y ambos anhelan ser el presente y el futuro azulgrana. Aunque es en esa encrucijada del tiempo y del espacio donde surgen las dudas sobre la compatibilidad de esta pareja. Representan la continuidad de una estirpe, la permanencia de un modelo. Hablo de Thiago, el mediocentro ‘creativo’ que viene y Cesc Fábregas, el mediocentro ‘total’ que emigró. Ahora Guardiola está empeñado en hacerlos coincidir en el centro del campo de su cuarto proyecto al frente del FC Barcelona, para acompañar a la otra pareja que ya reparte caramelos en forma de goles en la medular azulgrana, Xavi e Iniesta.

La pareja (in)compatible está en el aire

La ‘x’ que despeja la incógnita es el fichaje de Cesc. Será la tercera intentona azulgrana por recuperar al hijo pródigo, tal vez la primera en que exista negociación real, y por más que las sensaciones sean las idóneas para verle vestido de azulgrana, lo único seguro es que el Barça tendrá que rascarse el bolsillo. Por ahí llega la primera traba: pagar una millonada por alguien que prefirió crecer fuera y aprender inglés, antes que madurar en casa y perfeccionar el idioma Barça. Ya se sabe que la pela es la pela, pero cuentan que para Guardiola Cesc es innegociable, para Guardiola Cesc es su prioridad.

Quizá porque el técnico azulgrana sabe que con él se asegura algo más que el futuro. Con Cesc, el fútbol azulgrana volvería a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expande hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumaría un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting estaría asegurado.

Porque es el escalón que falta. Repasemos los números que en ellos se encuentra la clave: Xavi, 31 años; Iniesta, 27; Cesc, 24; Thiago, 20. Ahí está el relevo necesario para que Thiago no coja los galones antes de tiempo. Los mismos que le sobran al capitán del Arsenal, ídolo y referente gunner. La duda reside en ese cambio de rol. En dejar de enarbolar la bandera de un club para ser uno más en busca de títulos. Ese ejercicio de humildad y sacrificio que le espera a Cesc será el espejo en el que deba mirarse Thiago para confirmar que el relevo está asegurado.

Thiago Alcántara es la perla de la cantera azulgrana

Tal vez sea el hispano-brasileño Thiago el jugador más diferente que ha brotado en la Masía en los últimos años. Es pura esencia brasileña aliñada con el toque y la visión de juego que caracterizan al idioma Barça. Con un desborde muy al estilo de Iniesta, pero con mayor dosis de fantasía y menos pausa. Es ahí, en los aspectos técnicos y de presión donde todavía debe mejorar, aunque en su paso por el Barça B  esta temporada ya ha demostrado que tiene las bases para llevar la manija de un equipo como el azulgrana.

Completado su período de formación, el próximo año será jugador del primer equipo a todos los efectos. Formará pareja con Xavi, con Iniesta y quien sabe si con Cesc. Con todos ellos se entendería porque todos ellos hablan el mismo idioma, aunque con matices o acentos propios que les hacen diferentes. Cesc puede fotocopiar el fútbol de Xavi y añadir más llegada, Thiago fantasea entre Iniesta y Ronaldinho con el descaro propio de la juventud. Son, en todo caso, una pareja que emana fútbol a raudales, por más trabas que se puedan poner a su relación, curiosamente las mismas que padecieron antes otros (Xavi e Iniesta). Ellos también eran incompatibles pero supieron (y aprendieron) a entenderse, prefirieron ser más felices aquí antes que ser más ricos allá. No hizo falta hacer separación de bienes y el fútbol dio la razón a una pareja (in)compatible que ahora busca prolongar su estirpe.





De Zidane a Messi

28 04 2011

Son los dos últimos magos del balón. Uno, de los últimos coletazos del siglo XX. El otro, es la referencia en el XXI, un futbolista de leyenda que a sus 23 años oposita para conseguir un alquiler perpetuo en el Olimpo. Ambos enarbolan (o enarbolaron)  las banderas del fútbol más exquisito que llevó a sus equipos (Real Madrid y Barcelona) a la supremacía absoluta en Europa y en el mundo. Sin Zinedine no podría entenderse el Madrid galáctico. Leo es la piedra filosofal sobre la que gravita el Barça de Guardiola. Y sus caminos se entrelazan en una semifinal de Liga de Campeones.

Zidane puso el toque sutil a una semifinal con mucho más fútbol que la actual

Hace algo más de 9 años España también se encontraba dividida por el enésimo partido del siglo. Era el no va más, era un Barça – Real Madrid en semifinales de Copa de Europa 40 años después, era la tercera ocasión en que los dos conjuntos más laureados de nuestro país cruzaban sus destinos en la máxima competición europea. Por entonces el primer proyecto de Florentino Pérez al frente del Real Madrid era la envidia y la referencia en el panorama futbolístico mundial. Raúl, Zidane, Figo, Hierro, Roberto Carlos o Makelele conformaban un equipo de ensueño que se encaminaba hacia su novena Copa de Europa.

Aquella tarde noche de Sant Jordi de 2002, el Real Madrid llegó al Camp Nou como máximo favorito, no ya a la victoria en aquel partido, sino al título. Los blancos hicieron buenos los pronósticos y de la mano de un inconmensurable Zidane se llevaron la victoria por 0-2.  Su vaselina magistral a Bonano quedó inmortalizada para siempre en la retinas blancas y azulgranas. Fueron dos zarpazos, dos errores defensivos culés y una eliminatoria sentenciada en la ida.

El recuerdo de aquella semifinal sobrevoló anoche el Bernabéu. Sólo que ahora el manantial de fútbol brota de la fuente azulgrana, aunque ayer estuviera más seca que de costumbre. 9 años después el modelo de éxito es el azulgrana, el equipo de referencia es el comandado por Pep Guardiola, quien se presentó en el Bernabéu dispuesto a dar un golpe en la mesa con sus armas. Aunque por momentos nos pareciera que utilizaba las de Mourinho, su antítesis dentro del campo y (casi siempre) fuera de él.

Messi celebra su obra maestra en el Santiago Bernabéu

Y es ahí donde surge Messi. Para regalarnos otro gol mesiánico, otro gol que quedará marcado a fuego en nuestra memoria en un escenario como el Santiago Bernabéu, donde Messi emergió entre el mar del ruido para silenciarlo sólo con fútbol. Como 9 años atrás hizo Zidane, Leo se creció en esa adversidad para señalar el camino a Wembley donde podrían cerrar el círculo. Algo que Zinedine, Figo, Raúl y compañía terminaron haciendo apenas un mes después de aquel Sant Jordi.

Para no herir sensibilidades consignaremos ahora que aquel partido, el de ida de Champions del 2002, efectivamente, no se vio condicionado por la actuación arbitral. El sueco Anders Firsk pasó más desapercibido que su colega Wolfang Stark, y a buen seguro que Mourinho calificaría, aquella sí, como una victoria blanca y limpia. Sin duda, lo fue. Árbitro al margen, los guiños históricos no quedan ahí. Entonces como ahora, también se media el fondo de armario de las plantillas. En 2002 los focos apuntaron a McManaman, quien entró en el minuto 80 para ‘matar’ la eliminatoria con un gol en el minuto 90. Ayer la colaboración de Afellay fue menor. Tras entrar en el minuto 70 se ‘limitó’ a marcharse de Marcelo y servir un centro que Messi convirtió en la primera piedra de un nuevo recital.

Ayer como hoy todo parecía muy igualado, todo parece decidirse por un pequeño detalle y ese detalle en ambas eliminatorias (la del 2002 y del 2011) se encontraban en las botas de dos magos cuyo repertorio sobre el césped fue (en el caso de Zidane) y sigue siendo (en el de Messi) inagotable. Aquel partido marcó el futuro azulgrana que puso fecha de caducidad a la ‘Era Gaspart’. Se fijó el modelo a seguir (el fútbol-espectáculo del Madrid), se hizo evidente la necesidad de una idea, un patrón de juego a los que aferrarse. Todo eso lo tenía el Madrid entonces, todo eso es lo que buscan ahora los blancos, enfrascados en una búsqueda de sí mismos para el que no encuentran un mesías que les guíe, quizá por que éstos ahora manan de la fuente azulgrana.

Mira aquí el resumen del FC Barcelona – Real Madrid de las Semifinales de Liga de Campeones (2001/2002)





La Reconquista

11 04 2011

La rebelión se acerca, el enfrentamiento se palpa en el ambiente y Don Pelayo ya alecciona a sus tropas sobre lo que les espera. Enfrente, el Reino soñado, el lugar anhelado, el trono perdido. Éste no es otro que el Reino Nazarí de Granada desde donde hace varios años Guardiola y los suyos se pasean a sus anchas. Ahora el destino les devuelve una oportunidad única de reescribir la historia, de olvidar tantas decepciones recientes, de reconquistar, en definitiva, el terreno perdido estos años en apenas un mes.

Allá por mayo, esta escena, con diferentes protagonistas podría repetirse

Seis siglos después de la entrega de las llaves de la ciudad granadina por parte de los musulmanes Mourinho y su Real Madrid acometen una empresa parecida. En este caso la batalla es futbolística, aunque sus tintes, ya sean azulgranas o merengues van más allá, mucho más allá. Porque en un corto espacio de tiempo (18 días) asistiremos a una reconquista que puede ser argumentada desde ambos bandos como un cambio histórico. Pero que es, sin duda más épica y romántica, a orillas del Paseo de la Castellana. Desde allí preparan el asalto al paraíso arrebatado en busca de una justicia histórica que creen que les pertenece pero que tendrán que ganarse, única y exclusivamente, sobre el terreno de juego. Aunque éste ya se juegue fuera de él.

Como si de una lucha por ir ganando terreno poco a poco se tratase el Madrid contará con diferentes frentes, con distintos escenarios para reafirmarse en una idea que ya es una obsesión en su cabeza. Han vuelto. Por eso todos los clásicos de este mes de abril son una final para los blancos. Un golpe moral, una cuestión de orgullo, una defensa de sus valores. Eso lo sabe Mourinho, convertido a estas alturas en el Pelayo blanco, él único capaz antaño de amargar la existencia culé, el único capaz hoy de repetir esa conquista.

Porque poco o nada se parecerá el Madrid que en noviembre visitó el Camp Nou a éste que intentará eliminar al Barça en su carrera hacia la leyenda. Aquel perdió estrepitosamente frente al Barcelona, justamente por exceso de confianza, por pensar que los renglones de la historia se cambian, simplemente, por inercia. Sus jugadores han captado el mensaje de Mourinho y saben que donde no les alcance las piernas deben llegar con corazón, con sacrificio, con entrega. Saben también que a un único partido o en una eliminatoria de Liga de Campeones, cualquier detalle o cualquier fallo te condena y en propiciar esos errores en la armoniosa sinfonía culé llevan preparándose durante meses.

Jose Mourinho es el encargado de guiar al Madrid hacia esa 'Reconquista'

En esta ocasión son ellos los que vestirán la piel de cordero para enmascarar al lobo que Mourinho lleva alimentando toda la temporada. Y desde esa posición es más sencillo coger al rival desprevenido. Se siente cómodo Mourinho en ese papel y éste ha conseguido que sus jugadores lo asuman con naturalidad, sin atenuantes y con convicción. La convicción de que se puede ganar al mejor equipo del mundo con sus armas, que habrá quien piense que no son las mejores, pero al menos son las suyas. Eso debió pensar Pelayo allá por el 722 cuando comenzó su epopeya.

Pero la epopeya también podría darse en la otra acera, donde en realidad están igual de cerca (o más, si se tiene en cuenta su ventaja en la Liga) de repetir su última hazaña, de reconquistar lo ya conquistado. Es la eterna esperanza del deporte que siempre te da una nueva oportunidad y en ésta el Barcelona busca hacer el más difícil todavía. Ganarlo todo frente a su rival de siempre, el que siempre lo ganaba todo. Es consciente Guardiola de que es éste el escalón definitivo para instaurar a su equipo en la leyenda, porque solo el Real Madrid puede cerrar las puertas del paraíso a los azulgrana. Las llaves de ese paraíso se esconden tras los cuatro encuentros que convertirán a este mes de abril en el mes de la reconquista, a unos, de su pasado, a otros, de su presente.





Los incendios azulgrana

2 04 2011

Han hecho falta 48 horas para tirar por tierra un trabajo silencioso y poco gratificante. Apenas dos declaraciones, una bravuconada y una advertencia, para que los cimientos de la casa azulgrana se tambaleen. Los protagonistas, por sorprendente que parezca, han sido Sandro Rosell y Pep Guardiola. El presidente caracterizado por su mutismo y su falta de liderazgo quiso ganarse el favor del barcelonismo con un pronóstico que puede convertirse en el mayor revés de la temporada. Guardiola sofocó  con maestría ese fuego, pero poco después él mismo provocó el siguiente, tras publicar la RAI unas declaraciones suyas en las que se refería a que su tiempo en el Barça se está acabando.

Rosell pronostica un 5-0 para la próxima final de Copa del Rey

Nada fuera de lo normal o tal vez sí. Porque desde la llegada de Guardiola al banquillo azulgrana la entidad se ha caracterizado por el discurso prudente, por el máximo respeto a los rivales y por las reflexiones sosegadas alejadas de cualquier fanatismo. Tal vez por ello, la desviación del ‘forofo’ Rosell retumbó con mayor eco en los foros mediáticos tanto de la Ciudad Condal como del resto de España. Éste en busca de un guiño que le acerque al aficionado culé pronosticó un 5-0 en la próxima final de Copa del Rey que le enfrentará al Real Madrid… “para no perder la costumbre”.

Lejos de conseguir su propósito levantó una polvareda que puede llevarse por delante la imagen que el club ha cultivado en estos últimos años. La prepotencia es el mal endémico que acompaña a la victoria y hasta ahora el Barça lo había sorteado con buenas dosis de sentido común. Rosell, en su versión más populista se olvidó del menos común de los sentidos para agarrar un timón que, en realidad, sólo le corresponde en el cargo. Es cierto que fue en un acto benéfico, en la presentación de la campaña de recogida de alimentos “Mandemos el hambre a la porra”. Y en ese ambiente, con la ‘supuesta’ intención de ser  lo más generoso posible se pasó de la raya.

También se pasó de generoso (o de ingenuo) Guardiola. El técnico del Barça no concede entrevistas personalizadas a ningún medio, no se pronuncia fuera de las ruedas de prensa oficiales y obligatorias, pero hace dos meses fue reclamado por su antiguo club en Italia, el Brescia para colaborar en el centenario de la escuadra italiana. En ese contexto, Guardiola suelta la ‘bomba’. Una bomba que ya ha dejado caer en alguna ocasión en esas ruedas de prensa oficiales: “Mi tiempo en el Barça se está acabando”, pero que por ser concedida a un medio extranjero y publicada (en un principio) a modo de filtración por la RAI tomó relevancia de despedida más que de reflexión.

Tras sofocar con la diplomacia habitual el incendio comenzado por Rosell el pasado jueves, ahora a Guardiola le toca otra tarea menos habitual. Una vez reconocido que “Rosell se podría haber ahorrado esas palabras”, también debería reconocer que él mismo se podría haber ahorrado las suyas. Desde el club ya han asegurado que se trata de una pillería del periodista, quien, aseguran desde el FC Barcelona, no tenía permiso o autorización del propio Pep para emitir o publicar esa declaración. A posteriori parece más fácil argumentar la coartada. No la tendrán esta noche en Vila-real donde el Barça juega la penúltima final en esta Liga. De allí se puede salir con más media Liga en el bolsillo o con un nuevo incendio, en este caso deportivo.

 





Cuando la firma es la estrella

28 03 2011

El periodismo vive días convulsos. En una guerra de trincheras que necesita de la doctrina dura y del teologismo exacerbado para sentirse reconfortado, alimentado, satisfecho. En esa lucha hacia ninguna parte nos hemos olvidado de nuestra misión. Hemos fantaseado a ser otra cosa, hemos querido pasar al otro lado, hemos cruzado la frontera. Así nos hemos convertido en noticia, hemos acaparado primeras páginas, titulares, y relevancia informativa. Olvidando que lo nuestro es, simple y llanamente, dar a conocer esas noticias, nos hemos preocupado en exceso de la firma con tal de ser, por un día, la estrella.

Ana Pastor en su entrevista al Presidente Iraní, Mahmud Admadineyad,

Algo de eso le ocurrió a Ana Pastor hace dos semanas cuando entrevistó de forma excepcional al Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. La directora de Los Desayunos de TVE, se desplazó hasta Teherán para poner en jaque al líder iraní con sus preguntas. Y también con sus respuestas, porque Ahmadineyad respondió con evasivas y con preguntas directamente hacia la periodista española. ¿En España no hay oposición? -se defendía el político-, “Sí, pero no están en la cárcel” -arremetía la perioidista-. En ese clima de tensión marcado por los temas de actualidad que Pastor iban lanzando sobre la mesa (la situación en Libia, Gadafi, la represión en Irán) se produjo la anécdota.

Y ésta siempre lleva las de ganar en televisión. Puede incluso superar a la propia noticia… y eso fue lo que sucedió. A Ana se le resbaló el pañuelo que llevaba en la cabeza hasta convertirse en florido fular alrededor de su cuello. Rápidamente la imagen se trasladó a Internet, donde las redes sociales multiplicaron la ‘ofensa’ de Pastor. Ella no fue consciente de su desvelo hasta que llegó a España y descubrió que en gran medida su velo había ‘tapado’ una gran entrevista. Tal vez para rebelarse de aquello, Ana no dudó en acudir al programa de Buenafuente, apenas dos días después para explicar la intrahistoria de la noticia. Pero nuevamente, allí, en el plató de Andreu la noticia fue ella.

Los ejemplos no cesan ahí. Y se extienden a otros ámbitos del periodismo. En el deportivo la semana pasada vino marcada por la noticia adelantada por el periodista de la Cadena Cope, Juan Antonio Alcalá. El director del programa nocturno, El partido de las 12, aseguró que el Real Madrid iba a exigir a la Federación Española de Fútbol que realizaran controles antidopajes más exhaustivos. Su fallo o uno de ellos, fue deslizar que desde la ‘Casa Blanca’ no entendían el rendimiento físico de los azulgrana o las relaciones del Valencia con algunos de los doctores que están involucrados en la Operación Puerto y Galgo.

Su otro gran error fue anticiparse a la propia noticia por el afán de ‘colgarse’ una exclusiva que finalmente no se produjo. Alcalá fue utilizado, tal y como él reconoció posteriormente, por la fuente interesada. Y lo único que se llevó al zurrón fue una demanda de protección del derecho del honor y reclamación de daños y prejuicios que ahora exige el Barcelona. Una vez más el ruido había silenciado lo puramente deportivo, una constante que se repite hasta el hartazgo esta temporada, donde la anécdota, el detalle o las cortinas de humo nos están nublando la vista a todos.





El adiós de un ‘Fenómeno’

14 02 2011

Las piernas ya no obedecían a su cabeza. Su cuerpo había perdido carácter intimidatorio para convertirse en una pesada carga de kilos y achaques. Esa estampida que un día descubrió el mundo bajo la figura imponente de un risueño de 20 años ya no atacará más, ya no marcará más goles. Ronaldo Nazario da Lima, el primer ‘Ronaldo’ ha puesto punto y final a su carrera como futbolista tras más de 17 años profanando porterías. El ‘Fenómeno’ ha revelado que han sido las lesiones y un problema de hipotiroidismo los que le han hecho perder este partido.

Ronaldo celebrando un gol en su última etapa en el Corinthians

Ese partido comenzó a perderlo hace ya cuatro años, cuando se empezaba a dibujar el ocaso de su carrera. Fue en Milán, donde le descubrieron un problema que necesitaba un tratamiento con hormonas incompatible con el fútbol. Suponía dopaje y Ronaldo comenzó a engordar, más de lo que ya lo había hecho hasta entonces. Porque él siempre fue fornido (ese eufemismo tan deportivo), ésa fue una de las claves de su poderío, y ésa fue también la justificación de su retirada. Ha habido otras, como la eliminación del Corinthians en la Libertadores (el último gran título que le quedaba por conquistar)  y la imposibilidad de acudir al Mundialito de Clubes en busca de su último trofeo.

Las lesiones también han tenido su cuota de culpa. Sus cuatros operaciones de rodilla hubiera retirado a cualquiera, menos a un fenómeno como él. Él supo resurgir de sus cenizas, las mismas que quedaron esparcidas en aquel partido frente al Lazio donde su rodilla dijo basta. Luego, recaídas, excesos, y el Calcio, un fútbol que ‘mataba’ su sonrisa, su fantasía. Esa sonrisa la habíamos descubierto apenas tres años antes, cuando llegó a Barcelona como un auténtico desconocido para el público en general. Su traspaso el segundo más caro de la historia del fútbol de entonces (2.500 millones de pesetas de la época) no hablaba de un jugador cualquiera, a sus 20 años fichaba a todo un Campeón del Mundo (USA’94).

Fue la aparición más fugaz que jamás vi en un terreno de juego. Los que han visto fútbol desde que el blanco y el negro dominaba la pantalla aseguran que ha sido el mejor ‘9’ de la historia. Un revolucionario a la altura de Van Basten o de Romario, capaz de sacar un gol de la nada cuando el equipo no funcionaba. Tal vez, el único que supo reinventarse con un físico resquebrajado e impropio de un futbolista de élite.

Esa fugacidad culé le valió un traspaso millonario al Inter, tras ganar tres títulos vestido de azulgrana en una sola temporada (Copa, Recopa de Europa y Supercopa de España). Con los neroazzurri tocaría la gloria de la UEFA e iniciaría su particular descenso a los infiernos de las lesiones. Poco antes llegó su frustración más severa. Fue esa final del Mundial del 98 donde compareció con evidentes síntomas de no estar al 100%. Su renacimiento llegaría cuatro años más tarde, en otro Mundial, el de Corea y Japón 2002. Allí marcó ocho goles, salió Campeón del Mundo con Brasil y el Real Madrid echó sus redes sobre él.

Fue el tercer galáctico tras Figo y Zidane y otra vez su fugacidad fue su mejor arma. Apenas dos minutos después de saltar al césped ya había hecho lo que mejor sabía: marcar. Allí, en Madrid, tras tres años de vino y rosas se marchó cuestionado por sus kilos y sus regates fuera del terreno de juego al Milan para cerrar un círculo que le llevó a enfundarse las camisetas de los enemigos más irreconciliables de España e Italia. No obstante, se le escapó la Orejona. Tras pasar por cinco Campeones de Europa, PSV, Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid y AC Milan, el ‘Fenómeno’ no logró el máximo trofeo del viejo continente.

A pesar de todo, en la Champions también nos dejó recuerdos y actuaciones memorables. Su luz, las luces de su carrera, fueron sus goles y los hizo de todos los colores y de todas las formas posibles. En el equipo de Berlusconi los siguió haciendo, justo antes de emprender su última aventura de regreso a casa. Allí en Brasil, donde hace más de 30 años comenzó a romper defensas y perforar porterías, se apagó su figura. Una figura inconmensurable, demoledora y sonriente siempre con un balón entre los pies. Una imagen que ya no veremos más sobre un terreno de juego, una cabalgada que ya sólo anidará en nuestro recuerdo, un jugador cuyo principal enemigo fue su cuerpo. Hoy ese enemigo le ha derrotado. Obrigado ‘Fenómeno’.

Mira aquí la rueda de prensa de despedida de ‘El Fenómeno’





Una Liga ¿sentenciada?

17 01 2011

Llegados al ecuador de la temporada la pregunta asusta. Con 57 puntos por disputar y 19 partidos por delante se ha abierto la brecha. 4 puntos separan a los dos primeros clasificados, Madrid y Barça, y la exigua renta no pone de acuerdos a unos y a otros. Excesiva o ridícula según a quien se escuche lo cierto es que la lucha sin cuartel que mantienen los dos grandes no concede segundas oportunidades a nadie y el tren puede habérsele escapado al conjunto blanco ante el ritmo endemoniado de la locomotora azulgrana.

Cristiano Ronaldo, pichichi de La Liga con 23 tantos, es la esperanza blanca

Cristiano Ronaldo, pichichi de La Liga con 23 tantos, es la esperanza blanca

Esa locomotora ha conseguido 52 de 57 puntos posibles, ha marcado 61 goles y ha recogido, tan solo, 11 balones de sus mallas. Con esos números de vertigo el Barça se ha convertido en el mejor campeón de invierno de la historia con una primera vuelta de matrícula de honor. De sobresaliente ha sido la del Real Madrid, comandada por un José Mourinho, que ha armado un equipo corajudo, eléctrico y heróico. Así lo reflejan sus cifras, 48 puntos de 57, con 47 goles a favor y 17 en contra. Su unico lunar, ya saben, aquella fatídica noche de noviembre en Barcelona, donde ni siquiera el pichichi de la Liga, Cristiano Ronaldo (quien suma 23 goles) pudo frenar a esa locomotora.

Hasta ahí los datos (fríos), a partir de ahora la sensaciones (acaloradas y pasionales según quien las interprete). El Barça ha rozado la perfección con una primera vuelta inmaculada donde sólo ha perdido un partido y ha empatado otro. Aunque el camino se empina a partir de ahora. El equipo de Guardiola tendrá que rendir visita a sus principales rivales. Lejos del amparo del Camp Nou, los desplazamientos a Sevilla, Villarreal, Valencia o Madrid serán los principales escollos para mantener la excelencia. A su favor que como visitante lo ha ganado todo en la Liga y que su racha de victorias se eleva hasta las 28 consecutivas.

Messi y Villa forman un duo letal y su conexión será clave esta temporada

Messi y Villa forman un duo letal y su conexión será clave esta temporada

Ante ese temporal solo quedaría refugiarse. Pero la rendición no entra en el vocabulario ni el espíritu de la camiseta blanca. Los argumentos del Madrid son variados y extensos, aunque últimamente algún que otro árbol (en forma de 9 fantasmal) no haya dejado ver el bosque. El equipo de Mourinho no ha dejado escapar ni un solo punto de su fortín, el Santiago Bernabéu, y  hasta allí tendrá acudir el Barcelona el próximo 16 de abril, la esperanza blanca para entonces es que los azulgrana hayan bajado el pistón, hayan derrapado en alguna curva y la diferencia se haya reducido por debajo de los tres puntos.

Con Cristiano Ronaldo sediento de gloria y triunfos parece prematuro aventurar que esta Liga a la escocesa se haya decantado por uno de los candidatos, a pesar, incluso del inoportuno resbalón de anoche del Real Madrid. La pegada blanca no deja lugar a dudas, hay pocos equipos que necesiten tan poco para conseguir tanto y eso lo ha demostrado a lo largo de estas 19 jornadas, aunque la sensible baja de Higuaín, merme cuantiosamente sus posibilidades. Ya saben, este equipo es de los que se levanta. Y su entrenador, Mourinho es de los que prepara, mima y transforma a sus plantillas a lo largo de una temporada. Trabaja in crescendo, transformando y mejorando a sus equipos desde septiembre hasta mayo. En ese mes, el mes de los exámenes finales, el Madrid será más fuerte.

Por lo tanto, lo que nos queda por delante será apasionante. Con todo por decidir, con la ventaja de unos y los hándicaps de otros, con el ansia de Cristiano, con la alegría de Messi, con el discurso sosegado de Guardiola, con el carácter irascible de Mourinho la única sentencia es que nos vamos a divertir. Al técnico portugués se le trajo para ganar al Barcelona y por lo pronto ha mejorado los estratosféricos números del año pasado. El único problema es que esa llegada parece haber espoleado definitivamente al tren azulgrana. Y es que los chicos de Guardiola circulan a toda máquina destrozando récords y mejorando también los números de su historia reciente.





La justicia de una injusticia

11 01 2011

“Yo no gano balones de oro, yo los fabrico”. La sentecia, a medio camino entre la confesión y la fanfarronería, es de Xavi Hernández, uno de los tres finalistas del Balón de Oro de este año, uno de los dos españoles que se quedó ayer a las puertas de la gloria. El otro fue Andrés Iniesta. Ambos fueron adelantados por la derecha y en el último instante por ese barrilete cósmico que amenaza con romper estadísticas y alzar premios a la velocidad con la que perfora redes. Leo Messi ganaba por segundo año consecutivo el Balón de Oro y hacía de la injusticia justicia.

Un Guardiola cariacontecido entrega el Premio a Messi

Fue la sorpresa de la noche y sin embargo, no sorprende tanto. Messi es, probablemente el mejor jugador del momento, idea ratificada por los más de 400 periodistas, entrenadores y futbolistas que votaron para otorgar este galardón a ‘La Pulga’ argentina. No puede hablarse de tongo, entonces, ni de cacicada de la FIFA hacia España. Y sin embargo, todavía tenemos el chasco a flor de piel, la mueca de decepción en el rostro. El paso de las horas ha atenuado la negación profunda, la reflexión ha dado paso a la cordura, la cual nos ha encaminado hasta rendición: Messi es demasiado bueno como para dejar escapar un premio.

Pero si Messi es tan bueno, en mayor o menor medida, hay algo de todo ese talento que le debe a esos dos escuderos, ataviados con frac de seda y pincel de fino estilista. Xavi e Iniesta le han hecho mejores y justo, necesario y algo tardío fue su reconocimiento en pleno vuelo de vuelta a sus dos compañeros de equipo: “esto es para Xavi y Andrés, ellos se lo merecen tanto o más que yo”.

Messi perdió la oportunidad de hacer eso mismo, incluso algo más cuando abrumado por los flashes de la sorpresa y la emoción recibió de manos de Guardiola (magnífico detalle de la FIFA, por otra parte), el Balón de Oro. Era la ocasión para meterse definitivamente al mundo del fútbol en el bolsillo. Sólo tenía que haber pedido a Xavi y a Andrés, dos de los que más le han ayudado a conseguir este galardón, que le acompañaran, que subieran al escenario para inmortalizar una foto histórica.

A partir de aquí las lecturas, las posibles razones que nos lleven a desentrañar una decisión tan justa para unos como injusta para otros. Nadie se puede negar en rotundo cuando se le concede un premio a Messi, aunque esta vez Messi no parecía el mejor. No lo parecía, me explico, porque los criterios para designar el ganador de este trofeo en anteriores ediciones eran los contraídos a lo largo del año. Era un premio que premiaba una temporada, no una trayectoria, o un momento actual. Y ahí Messi flaqueaba, porque a pesar de terminar la pasada temporada como Bota de Oro europeo y máximo goleador de la Liga Española, del Mundial se marchó por la puerta de atrás, sin poder llevar a su Selección más allá de Cuartos de final.

Xavi e Iniesta no le han echado tanto de menos cuando no han tenido a la Pulga como compañero, como el argentino lo ha hecho con ellos.  El Mundial de ambos fue sobresaliente, al igual que la temporada de Xavi, más floja la de Andrés. No obstante la presencia de ambos en la votación final les ha perjudicado, ya que los votos otorgados a ‘España’ se han dividido entre sus dos candidaturas. Por otro lado, el hecho de que tanto Xavi como Iniesta sean jugadores de un perfil muy parecido, en ningún caso goleadores, también ha contabilizado en su contra. Muchos de los que votaron a Xavi no votaron a Iniesta y viceversa.  A lo que habría que sumar la inclusión de cientos de países donde sólo ‘llegan’ los goles de Messi, sin reparar en las exhibiciones de cada fin de semana de nuestros dos centrocampistas.

Por ahí se explica otra de las claves de la votación. Este año ha sido el primero en que el Balón de Oro y el FIFA World Player se unificaban. Así, para el Balón de Oro FIFA 2010 votaban periodistas de la Revista France Football, Seleccionadores y Capitanes nacionales sin un criterio claro. Si bien los periodistas se ciñeron más a los parámetros clásicos (sólo con sus votos el ganador hubiera sido Wesley Sneijder), los Seleccionadores y Capitanes votaron al que ellos consideran mejor en los últimos tiempos (ahí salió ganador Messi). La FIFA no se preocupó en ningún momento por aclarar cuál era el criterio básico a pesar de la inclusión de un elevado número de países que votaban por primera vez.

Si no ha sido ahora, ya no será. ¿Qué más tenemos que hacer? Es el regusto amargo, el fatalismo patrio que ha resurgido entre los aficionados españoles. Simplemente (y desdramatizando) es la injusticia de los premios individuales en un deporte colectivo, tal y como ha señalado Xavi, poco antes de reconocer que ellos van a seguir compitiendo de igual a igual para volver aquí otro año. Tanto él como Iniesta ya han entrado a formar parte de esa ilustre lista de jugadores que se quedaron a las puertas del Balón de Oro. Hasta allí desterraron a Raúl en 2001, a Michael Laudrup o a Roberto Baggio. No obstante, los dos tienen tiempo y talento por delante para que, al igual que Messi, convertir la injusticia en justicia.