Cuando la firma es la estrella

28 03 2011

El periodismo vive días convulsos. En una guerra de trincheras que necesita de la doctrina dura y del teologismo exacerbado para sentirse reconfortado, alimentado, satisfecho. En esa lucha hacia ninguna parte nos hemos olvidado de nuestra misión. Hemos fantaseado a ser otra cosa, hemos querido pasar al otro lado, hemos cruzado la frontera. Así nos hemos convertido en noticia, hemos acaparado primeras páginas, titulares, y relevancia informativa. Olvidando que lo nuestro es, simple y llanamente, dar a conocer esas noticias, nos hemos preocupado en exceso de la firma con tal de ser, por un día, la estrella.

Ana Pastor en su entrevista al Presidente Iraní, Mahmud Admadineyad,

Algo de eso le ocurrió a Ana Pastor hace dos semanas cuando entrevistó de forma excepcional al Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. La directora de Los Desayunos de TVE, se desplazó hasta Teherán para poner en jaque al líder iraní con sus preguntas. Y también con sus respuestas, porque Ahmadineyad respondió con evasivas y con preguntas directamente hacia la periodista española. ¿En España no hay oposición? -se defendía el político-, “Sí, pero no están en la cárcel” -arremetía la perioidista-. En ese clima de tensión marcado por los temas de actualidad que Pastor iban lanzando sobre la mesa (la situación en Libia, Gadafi, la represión en Irán) se produjo la anécdota.

Y ésta siempre lleva las de ganar en televisión. Puede incluso superar a la propia noticia… y eso fue lo que sucedió. A Ana se le resbaló el pañuelo que llevaba en la cabeza hasta convertirse en florido fular alrededor de su cuello. Rápidamente la imagen se trasladó a Internet, donde las redes sociales multiplicaron la ‘ofensa’ de Pastor. Ella no fue consciente de su desvelo hasta que llegó a España y descubrió que en gran medida su velo había ‘tapado’ una gran entrevista. Tal vez para rebelarse de aquello, Ana no dudó en acudir al programa de Buenafuente, apenas dos días después para explicar la intrahistoria de la noticia. Pero nuevamente, allí, en el plató de Andreu la noticia fue ella.

Los ejemplos no cesan ahí. Y se extienden a otros ámbitos del periodismo. En el deportivo la semana pasada vino marcada por la noticia adelantada por el periodista de la Cadena Cope, Juan Antonio Alcalá. El director del programa nocturno, El partido de las 12, aseguró que el Real Madrid iba a exigir a la Federación Española de Fútbol que realizaran controles antidopajes más exhaustivos. Su fallo o uno de ellos, fue deslizar que desde la ‘Casa Blanca’ no entendían el rendimiento físico de los azulgrana o las relaciones del Valencia con algunos de los doctores que están involucrados en la Operación Puerto y Galgo.

Su otro gran error fue anticiparse a la propia noticia por el afán de ‘colgarse’ una exclusiva que finalmente no se produjo. Alcalá fue utilizado, tal y como él reconoció posteriormente, por la fuente interesada. Y lo único que se llevó al zurrón fue una demanda de protección del derecho del honor y reclamación de daños y prejuicios que ahora exige el Barcelona. Una vez más el ruido había silenciado lo puramente deportivo, una constante que se repite hasta el hartazgo esta temporada, donde la anécdota, el detalle o las cortinas de humo nos están nublando la vista a todos.

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