Cuando la bandera es el escudo

29 12 2011

Hay escudos que no paran bombas o misiles, son escudos que apelan a las emociones, a lo más visceral del ser humano. Escudos capaces de revertir la situación, de llenar de ilusión un páramo angosto y desamparado. Algo de todo esto se esconde detrás de la figura de Diego Pablo Simeone, el nuevo salvador de la patria atlética, el penúltimo símbolo que le queda al Atletico de Madrid, la última bandera puesta al servicio de Gil y Cerezo. 

El 'Cholo' Simeone vuelve al Calderón para cortar la hemorragia atlética

No lo tendrá fácil el ‘Cholo’ pues llega a un club descapitalizado, donde la afición no respalda al equipo que se encuentra en continua sospecha tras 24 años de gestión gilista. A ellos, a la familia Gil y a Cerezo, su eterna mano derecha futbolísticamente hablando, culpan de los males de un equipo que hace tiempo que navega sin rumbo, como una empresa que da tumbos acechada por la crisis. Capaces de convertir un éxito (doblete de Europa League y Supercopa de Europa) en un equipo sin alma.

Motivos tienen de sobra para creer eso y los números les dan la razón. Como bien dice Rubén Uría, en 1987, cuando los Gil se hacen con el Atlético de Madrid, el club rojiblanco había logrado 8 ligas, el Manchester United, 7; en estos 24 años los red devils han sumado 12 mientras que el Atleti solo ganó una en ese tiempo. Por no hablar de entrenadores, hasta 49 han sufrido la crudeza de la silla eléctrica colchonera.

En ella se sentará ahora uno de los ídolos del doblete, una de las figuras más representativas del sentimiento atlético. Porque Simeone asegura compromiso y garra, agresividad y carácter, valores que hace tiempo se llevó la corriente enrarecida del Manzanares. El Cholo llega a su segunda casa con una máxima “el esfuerzo no se negocia” y con una palmadita envenenada “el objetivo del equipo es estar entre los cuatro primeros” Gil Marín dixit.

Un símbolo del 'Doblete' para recuperar los valores de entonces

Presión, por lo tanto, no le va a faltar, aunque eso tampoco es nada nuevo para el argentino. Simeone llega al Calderón como entrenador joven (41 años) pero de éxito, en sus cinco años en los banquillos ya sabe lo que es salir campeón en Argentina, con dos equipos distintos, con dos históricos, con Estudiantes de la Plata y con River Plate. Con el primero ganó el Clausura en 2006 y con los millonarios el Apertura en 2008. Después probó suerte en Europa, en el Catania italiano. Contratado a mitad de temporada salvó al club del descenso y consiguió el récord de puntos de la entidad.

Un milagro de ese tipo necesitará en el Calderón para cambiar la atmosfera asfixiante y nociva que se respira a orillas del Manzanares, donde el ‘Cholo’ es consciente de que no vale lo que fue, más allá de los 10 primeros minutos de su primer partido. Será a partir de entonces cuando empecemos a ver su libreto, a ver esa presión asfixiante en el centro del campo, al más puro estilo Bielsa, y ese contragolpe que tan buenos resultados le ha dado. Será entonces cuando Simeone tenga que ganarse la credibilidad de la grada (el cariño ya lo tiene) como un empleado más del Gilifato, sin duda, su empresa más difícil. Dejar huella ahí, también como entrenador será su mejor escudo para el futuro.

Entrevista con Diego Pablo Simeone en Telemadrid tras su presentación oficial:

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La casa de los líos

23 10 2009

Ni el Pupas, Ni el Gloriso ni nada. El Atleti es la casa de los líos. Hace tiempo que las aguas bajan revueltas por la ribera del Manzanares pero hoy lo tibio se ha vuelto turbio. Turbio porque se ha ninguneado a un hombre del club, a una persona que lo ha dado todo por esa casa y al que se le ha negado el oro y el moro porque en realidad no se confiaba en él. Abel Resino ha sido la víctima del último esperpento rojiblanco. Los nefastos resultados en España y en Europa y una única victoria en lo que va de temporada han terminado condenando al técnico de Velada.

Abel Resino no ha aguantado ni un año en el cargo

Abel Resino no ha aguantado ni un año en el cargo

Y lo peor es que no se ha resuelto nada. El marrón se lo han pasado ahora a otro (Santi Denia en primera instancia y Quique Sánchez Flores hasta junio). Por el camino muchos se han negado porque lo podrido en el Atlético de Madrid huele hasta en Dinamarca. Y es que Michael Laudrup ha sido uno de los que se ha negado a tomar las riendas de la entidad rojiblanca ante el galimatías que sufre la institición. Spalleti, el ex-técnico de la Roma tampoco ha querido saber nada. Mientras Abel Resino se marcha con la conciencia tranquila, sabiendo que ha hecho todo lo posible por enderezar el rumbo de una nave que hace aguas desde la proa a estribor.

No ha llegado a cumplir un año en el cargo. Los malos resultados y la apatía de una plantilla desganada y sin ambición se lo han llevado por delante. Él también tendrá parte de culpa, pero la mala situación del conjunto colchonero tiene otros culpable. Habría que mirar más arriba, hacia ése director deportivo que en agosto entregó una plantilla sensiblemente inferior a aquella que terminó la temporada pasada en puestos de Champions. Incomprensible sigue siendo la venta de Heitinga con el mercado nacional cerrado, la falta de un mediocentro organizador y la incapacidad para apuntillar la defensa, sin duda el talón de Aquiles de este equipo. García Pitarch todavía no ha respondido por ello. Por encima todavía están Gil Marín y Cerezo, que no han sabido gestionar mejor una herencia envenedada.

Pero también hay que mirar hacia abajo. Algo ocurre en esa plantilla que se ha vuelto una especialista en hacer la cama a los entrenadores. Ya lo hicieron con Javier Aguirre y lo han vuelto a repetir con Abel, en esta ocasión con menos reparo si cabe. Y es que ha sido el propio Sinama Pongolle el que ha reconocido que acabando con el entrenador los males del Atleti no se solucionarían. Él que conoce ese vestuario por dentro sabe de lo que habla. El Atleti se enfrenta ante su encrucijada más dramática, una encrucijada que le puede llevar a rescatar fantasmas del pasado en un ambiente viciado y malévolo entre el club y la afición que no ayuda en nada en la recuperación. No sabes donde te metes Quique, así que, mucha suerte.