Ni a sol ni a sombra

19 07 2010

El fútbol no descansa ni a sol ni a sombra. Hace escasamente una semana despedíamos con una bendita resaca el Mundial y hoy ya estamos a las puertas de una nueva pretemporada. Para matar el gusanillo de la pelota el que escribe  no ha perdido la oportunidad de leer a uno de los grandes escritores latinoamericanos, que mejor y con más base científica ha escrito sobre el deporte rey. El último libro que ha caído en mis manos ha sido El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano.

Portada del libro de Eduardo Galeano. Muy recomendable para cualquier futbolero

Es una auténtica obra maestra de precisión y pasión que desglosa algunos de los entresijos y curiosidades que han rodeado al fútbol en su cerca de siglo y medio de vida. No conforme con eso el escritor uruguayo analiza todos y cada uno de los protagonistas principales que convierten al balompié en un deporte único. Desde el árbitro hasta el hincha, pasando por la soledad del portero o el orgasmo del gol. Sin olvidarse del mayor evento del planeta fútbol: los Mundiales. Ahí Galeano repasa minuciosamente cada uno de ellos, contextualizando los más históricos, despojando de parafernalia los más recientes.

Historia viva, relato directo, recuerdo cercano para los más jóvenes, Galeano repasa en estas páginas las principales figuras mundiales del balompié. Así no faltan Moacir Barbosa y su ‘Maracanazo’ o las genialidades de ‘La Saeta rubia’, Don Alfredo Di Stéfano. Tampoco escapan a su pluma las gambetas de Garrincha, los eternos goles de Pelé o las jugadas de Dios hecho hombre, Diego Armando Maradona. Con una retórica apasionada, con una prosa clara e ilustrada en la vieja escuela latinoamericana, Galeano nos descubre un mundo más allá de los focos del estadio, del verde del césped y de la profesionalización de un juego que se niega en convertirse en un trabajo más.

Algo de eso también denuncia Galeano quien reclama una vuelta a los orígenes, a ese juego de barrio, a ese opio del pueblo, del populacho que popularizó y extendió un deporte creado por la aristocracia inglesa y que posteriormente dignificaron y agrandaron los obreros ingleses, primero, argentinos y uruguayos, después. El fútbol a sol y sombra rinde homenaje al fútbol, música en el cuerpo, fiesta de los ojos (como asevera Galeano), a la vez que critica las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo.

Sobre el autor:

Eduardo Hughes Galeano nación en Montevideo (Uruguay) en 1940. Descubrió el periodismo muy joven, a los 14 años, y a lo largo de su dilatada carrera  ha trabajado de casi todo: mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América. También fue redactor jefe (1960-64) del semanario Marcha y director del diario Época. En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis.

Entre el resto de su prolífica obra destacan: Las venas abiertas de América Latina (1971), Vagamundo (1973), La canción de nosotros (1975), Días y noches de amor y de guerra (1978) y los tres tomos de Memoria de fuego: Los Nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984), El siglo del viento (1986). El libro de los abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), Las aventuras de los dioses (1995), Patas arriba (1998).

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El Cid Campeador

26 04 2010

Su círculo de leyenda pudo cerrarse el pasado sábado en La Romareda, donde comenzó todo. Allí debutó hace más de 16 años con el ‘7’  a la espalda, entonces falló dos clarísimas ocasiones de gol, pero apuntó algo de todo lo bueno que nos ha regalado en este tiempo. Allí, a La Romareda, volvió Raúl González Blanco el sábado para finiquitar aquello que se dejó pendiente la noche en que comenzó a construir su leyenda. El gol que abría el marcador lo marcó lesionado, cojo, con el cambio ya pedido y con ostensibles gestos de dolor que ninguno de sus compañeros intuyeron.

Raúl volvió a repetir un gesto que ya ha inmortalizado

Su fe inquebrantable, su perseverancia y su orgullo de capitán le llevó a perserguir una jugada a la que por velocidad y rapidez no alcanzaban sus piernas. El ‘7’ tiró de casta para ‘cazar’ un rechace, habilitar el pase de un compañero, o abrir un hueco en la defensa. Hizo lo primero y se quitó una espina. Una espina que este año se ha ido enquistando porque incomprensiblemente Raúl ha pasado de titularísimo a suplentísimo sin explicación alguna.

Éste, por tanto, puede haber sido el último servicio de Raúl con la camiseta blanca. El último de los 228 goles que ha marcado con esa camiseta y con ese escudo grabado a fuego en el pecho, con el que se convierte en el tercer máximo goleador en Liga, superando a Di Stéfano, y solo por detrás de Zarra y Hugo Sánchez. Tras ese gol se marchó al banquillo, donde su tobillo le recordó el sabor amargo del fútbol, del que también ha paladeado a lo largo de su carrera. Ahora ésta parece agonizar porque su maltrecho tobillo le trendrá en el dique seco cuatro semanas. Demasiado tiempo para las escasas 4 jornadas que quedan.

Aunque a Raúl nunca se le puede dar por muerte, porque él siempre vuelve. Él, que ha hecho de la conquista de imposibles su día a día puede recuperarse a tiempo para despedirse del Santiago Bernabéu, de su casa, de su gente como se merece, al menos esta temporada. Ya forzó tras su última lesión -que le iba a tener 3 semanas de baja- para ayudar a su equipo en este tramo final de la temporada, y la premura le ha costado cara.

Pase lo que pase, el ‘7’ se merece algo más, se merecía algo más porque nadie con sus limitaciones y con las trabas que se le han ido colocando a lo largo de su carrera deportiva ha llegado tan lejos. Se ha ganado por pleno derecho un lugar destacado en el Olimpo del fútbol español. Han sido muchas las ocasiones en las que a lo largo de esta temporada se le ha faltado el respeto, aunque él nunca ha entrado al trapo, y eso que el toreo le tira.

Él ha preferido dar los capotazos sobre el campo y convertirse en el mejor psicólogo y motivador para sus compañeros cuando no le tocaba (o no le dejaban) saltar al verde. Incluso desde ahí ha ganado alguna batalla. Su espíritu, como se hace ahora con el de otros, será imbocado dentro de poco para llamar a las remontadas, al sacrificio o a mensajes más contemporáneos  como ese ‘Juntos Podemos’ del que hizo bandera para ganar una liga perdida. Así estaba este campeonato hace apenas un par de semanas y ése puede ser su último servicio a la causa blanca. El ‘gol del cojo’ mantiene la emoción, estiró la tensión, liberó la rabia y resucitó al muerto. Al Cid todavía le queda alguna batalla que ganar.





¿Se pueden comprar los valores?

26 06 2009

El verano es la época de fichajes por excelencia. Es el momento de renovar las ilusiones tras una desastrosa temporada o de hacer pequeños retoques en un equipo campeón. Los traspasos, los grandes jugadores tienen esa capacidad para ilusionar a la afición y hacer olvidar todo lo anterior. En ésas nos encontramos ahora en un verano más movido de lo habitual en los últimos años. Florentino Pérez ha sido el auténtico agitador de la situación en su intención de devolver la ilusión a la parroquia madridista.

Florentino, busca repetir éxitos con la misma fórmula

Florentino busca repetir éxitos con la misma fórmula

El presidente blanco ha vuelto por su fueros y con la intención de vender camisetas y volver a colocar al Madrid en la cima del fútbol mundial ya aseguró en su presentación que en la situación actual había que hacer en un año la inversión prevista para tres. Pero fuera de las consideraciones económicas, Florentino también acudió a los sentimientos para convencer a los madridistas de que se había reciclado. Bajo su lema “Vuelve la ilusión” apostó por recuperar los valores que un día hicieron grande al Madrid.

Uno entiende que esos valores en el equipo blanco se han identificado siempre  con el pundonor, la casta, el sacrificio colectivo, el no rendirse jamás y luchar hasta la extenuación por el escudo que ensalza la camiseta blanca. Esos han sido los ejes del madridismo desde la llegada de Santiago Bernabéu, quién dio una nueva dimensión al club, sobre los que se asentó la Quinta del Buitre o el Madrid de ‘Los García’. Pero también, el Madrid de Di Stéfano –la única gran inversión económica de Bernabéu- o la Quinta del Ferrari con Raúl y Guti a la cabeza.

Todos ellos mamaron ese sentimiento que sólo se aprende en las categorías inferiores que ahora se intenta recuperar a base de talonario, con una cantera denostada y olvidada que ‘sólo’ sirve para alimentar al resto de equipos españoles o extranjeros. Los Mata, Negredo, Arbeloa o Granero, son los ejemplos más cercanos, de esos jugadores que no valían para el Madrid. Pero hay otros, como Eto’o o el propio Luis Felipe, lateral del Depor que está a punto de recalar en el Camp Nou.  Ellos demuestran la excelencia de las categorías inferiores del club blanco y confirman también la falta de oportunidades que padecen cuando les toca dar el salto al primer equipo. Y lo peor es que parece que la situación va para largo. El último canterano que se asentó en el once titular del Madrid fue Casillas y de eso hace ya algo más de siete años.

Casillas sí gozó de la confianza de los técnicos

Casillas sí gozó de la confianza de los técnicos

Y a pesar de todo el proyecto de Florentino triunfará, con el equipo que le están componiendo a Pelegrini, muy malo tenía que ser éste para no conseguir ningún título. Y el técnico chileno ya ha demostrado su valía. Pero la pregunta que me hago en estos momentos es si tras esos tres años, cuatro o dos de éxitos se implantará un modelo, un estilo, si tendrán los canteranos algún referente en la primera plantilla, algún ídolo que, como ellos, haya mamado el madridismo desde la cuna.

Las previsiones por ahora no son muy halagüeñas. Desde la dirección deportiva del Madrid ya se ha asegurado que este año no se incorporará ningún canterano al primer equipo, por lo que parece que se pasa de puntillas sobre los errores del pasado. Y es que Florentino se marchará cuando termine su etapa posiblemente con varios títulos bajo el brazo, con una rentable política económica y con algún que otro acuerdo para su empresa constructora, pero el Madrid quedará un poco más debilitado sin referentes y sin un legado deportivo sobre el que asentar sus futuras bases. Es el precio que hay que pagar cuando se intentan comprar los valores.