Adiós al sueño 2016

1 10 2010

Una generación había crecido con él, una ciudad se había volcado con este proyecto y una región entera (la extremeña) estaba pendiente de ese sueño que pretendía convertir a Cáceres en Capital Europea  de la Cultura en 2016. En una ciudad pro-universitaria y como si de un exámen de septiembre se tratara, Cáceres no pasó su primera reválida. En la tarde de ayer, a las 17:34h., Manfred Gaulhafer, Presidente del Comité de Selección, hacía público desde el Museo Reina Sofía, los aprobados: Burgos, Córdoba, Las Palmas, Segovia, San Sebastián y Zaragoza.

Este logotipo formaba parte ya del paisaje cacereño

El cuento se terminaba pero el sueño no se había roto. 7 años de proyectos, iniciativas y propuestas que han tenido como epicentro el desarrollo de la cultura así como el avance económico y social de la ciudad no pueden terminar aquí. Y esa debería ser la primera conclusión tras el fiasco. De hecho son varias las propuestas que ya están en marcha y sería un paso atrás no continuar con esos proyectos aunque éstos no lleguen bajo la “marca” de la Capitalidad. En ese sentido se pronunció Javier Pizarro, coordinador de la redacción del proyecto cacereño.

El optimismo era elevado, todos los extremeños nos habíamos acostumbrado ya a la coletilla ‘Caceres 2016’ y el objetivo se veía cada vez más cerca. Lo cierto es que el proyecto ha tenido una gran repercusión más allá, incluso de la propia región, alentado en gran medida por las redes sociales en las que Cáceres 2016 siempre se ha movido en los puestos de cabecera. Quizá por ello la desilusión de la delegación extremeña, encabezada por su alcaldesa, Carmen Heras, ha sido mayor. En esos términos se expresaba la edila cacereña, “pequeña decepción”, poco antes de afirmar que “Cáceres seguirá trabajando por la cultura”. “Que nadie se preocupe ni decaiga porque lo que nosotros somos no nos lo va a decir un jurado”.

La delegación extremeña, encabezada por la alcaldesa cacereña, Carmen Heras, esperaba el veredicto del jurado

Ahora toca analizar errores, que los habrá habido, aprender de la enseñanza y continuar realzando los valores de una tierra y una ciudad que oxigenan el espíritu cultural de una región que debe apreciar lo que tiene, que tiene que exponer lo que aprecia. Que es mucho. Tal y como ha afirmado el Presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, “incluso cuando se pierde, también se gana”. Cáceres ha ganado el apoyo de toda Extremadura, de hecho “ha sido el primer proyecto colectivo en el que se ha trabajado conjuntamente y con pasión en Extremadura”, ha reconocido Fernández Vara, y el camino que se inició hace ya siete años no se puede detener aquí. No se trata de hacer nada extraordinario, nada fuera de lo común; se trata de respetar y conocer nuestras obligaciones, se trata de trabajar por nuestra tierra. El sueño no se ha destruído, simplemente, se ha transformado.

Aquí les dejo algunos de los vídeos virales con los que Cáceres ha intentado promocionar su candidatura:

El himno de Cáceres 2016:

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Desde la distancia

16 08 2010

Buceando en la memoria ésta me recuerda que será la segunda ocasión que me pierda una fecha marcada en rojo en los calendarios de la mayoría de los guadalupenses. Guadalupe (un pequeño pueblo situado en la Serranía de Las Villuercas en Cáceres, Extremadura, para más señas) se prepara estos días para sus tradicionales Festejos Taurinos en los que la Plaza de Santa María de Guadalupe se convertirá, una vez más, en improvisado coso y epicentro de la fiesta. Cuatro días de pasión, carreras, música, recortes, emoción y alegría que viviremos desde la distancia. Si hace años un campamento infantil me impidió coger el capote, en esta ocasión es el trabajo es el que me niega la posibilidad de subir candelera arriba delante de los astados.

La Plaza Santa María de Guadalupe se volverá a llenar hasta la bandera a partir del próximo miércoles

La buena causa impide los remordimientos, pero no aleja la añoranza. Supongo que siempre queremos lo que no tenemos. Mientras tanto Guadalupe no pierde el curso de los acontecimientos y con una premura inusitada por estos lares todo está previsto. La Plaza ya luce ese amurallamiento tan característico que dificulta su tránsito y anima a los más pequeños a imitar a sus mayores. Los típicos ‘tablaos’ terminarán de cerrar el coso, al que sólo le falta la arena para respirar esa mezcla de tradición, fiesta y pasión que en la tercera semana de agosto se concentra en el corazón de este bello rincón escondido de Las Villuercas.

Faltaré, también, a mi compromiso con el ritmo y el compás de estas fiestas. El fliscorno, al menos el mío, no resonará con la Banda de Musica desde su eterno rincón en el tendido de sombra. No obstante, el resto de compañeros y compañeras dirigidos por Cesáreo Plaza volverán a poner la nota musical para animar unos festejos que, una vez más, estarán bañados por la melodía de Nerva, por el alborozo de Paquito el Chocolatero o por el repunte fino de trompeta de España Cañí.

El papel de la música, sin embargo, se reducirá a esto, ya que este año escasean las típicas verbenas y conciertos de grupos que en años anteriores refrescaban las noches estivales tras el fulgor de las faenas. No habrá ninguna, y parte de la fiesta también se escapa por ese agujero. La crisis siempre se ceba con los más débiles. Aunque la diversión estará asegurada para los más jóvenes en unas noches que terminarán fundiéndose con el alba.

A ello también ayudarán las vaquillas del aguardiente. Los más toreros podrán disfrutar así de la suelta de dos vaquillas tanto el primer como el último día de los festejos a partir de la 7.30h. de la mañana. Aunque el plato fuerte llegará por las tardes, desde el próximo miércoles 18, y hasta el sábado 21, desde la Plaza de Santa María de Guadalupe, a los pies del Real Monasterio, se lidiarán a partir de las 18.30h. un toro, una vaca y una chota, que a buen seguro hará las delicias de los más pequeños. Todo comenzará con el tradicional chupinazo mañana, en la puerta del Ayuntamiento, con el que se desatará una fiesta que inundará Guadalupe de pasión, emoción y júbilo. Algunos lo miraremos desde la distancia, aposentado en el balcón de la nostalgia.





Retrato fiel de la condición humana

9 08 2010

Las páginas literarias de este cuaderno de abordo se vuelven a abrir para trasladarnos hasta uno de los retratos más fieles que de la condición humana se ha hecho. Les hablo de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, libro de cabecera en el inicio de un verano que ya supera su ecuador. Es una auténtica obra maestra a medio camino entre la ciencia ficción y el surrealismo pero que a su vez es capaz de desgranar todos y cada uno de los defectos y falsas apariencias que la raza humana esconde bajo esa fachada de lo políticamente correcto.

Indispensable. Por su estilo, originalidad y tensión.

Hace tiempo que terminé la lectura desenfrenada, sin pausa y sin eufemismos de ningún tipo que produce Ensayo sobre la ceguera, aunque nunca encontraba el momento adecuado para recomendarlo a través de este blog. Esa trama apocalíptica en la que la humanidad sufre una ceguera colectiva en que todo se ve blanco, apoyada en un ritmo frenético que puede descolocar en un principio al lector, ya que Saramago no utiliza los puntos y seguidos, sino las comas y las mayúsculas para separar los diálogos entre uno y otro personaje, nos embarca en un viaje hasta los sentimientos más profundos del ser humano, para quitarnos la careta y enseñarnos nuestros egoísmos, nuestra escasez de caridad, nuestra crueldad ante las situaciones adversas. Y eso se ve hasta estando ciego.

Lo cierto es que tras leer la novela del Premio Nobel portugués uno mira y ve a los ciegos de otra manera. Porque uno se descubre a sí mismo como uno de ellos, engañado por sus sentidos, cegado por nuestras convicciones. Sin duda, Ensayo sobre la ceguera llama a la reflexión, te induce a replantearte el mundo en el que vivimos. Y todo ello dentro de una historia densa que por momentos llega a instalarse en el propio terror que siente el lector con lo que está pasando ante sus ojos. Tan cercano como improbable. Imposible no cerrar los ojos y pensar que al abrirlos todo será blanco.

El premio Nobel, José Saramago, alcanzó con esta obra un hito en su carrera

Pero Saramago no cierra los ojos, y presta su pluma a esos ciegos para revelarnos que no siempre se necesitan ojos para ver. Con un lenguaje directo, sin tapujos y sin tabúes de ningún tipo, incluso con cierta ironía en las expresiones que le permiten jugar con la ceguera y la vista en un muy particular humor negro, el escritor portugués describe la agonía, el miedo a la muerte y a ésta como única solución o fin. Es una vuelta a los orígenes del ser humano, a su primitivo estado de supervivencia, un canto despiadado y brutal de la Ley del más fuerte. Una obra indispensable.

El círculo lo cierra José Saramago de manera magistral después de desnudar la poca humanidad que le quedan a los protagonistas tras vivir demasiadas situaciones inhumanas, capaces de sacar a relucir nuestro instinto más animal. Esa lección de literatura y sabiduría del comportamiento humano se apoya en el axioma de Thomas Hobbes (inspirado éste, a su vez, en Plauto), aquel que afirma que el hombre es un lobo para el hombre. Un lobo cuyas dentelladas de realidad obligan a deternerse, respirar y reflexionar sobre la propia condición humana, ésa que entre todos estamos cegando.





El secreto de sus ojos

31 07 2010

Reconozco que en muchos casos acudo a la literatura o al cine ante el reclamo de un título intrigante, original o sugerente. En esta ocasión, además, venía avalado por una retaila de premios, que aunque nunca son -al menos para mí- un referente, por una vez no se han confundido.Les hablo de la última cinta de Juan José Campanella, El secreto de sus ojos, una magnífica película que obtuvo el Oscar a mejor película de habla no inglesa entre otros significativos galardones. Un thriller cargado de tensión, de sensualidad, de temores, de secretos, de verdad silenciada y, a pesar de todo, de amor.

Cartel de la película. La clave está en las miradas

Todo ello genialmente contado por Campanella con un ritmo lento y pausado que permite analizar y comprender mejor cada uno de los pasos dados por los protagonistas.  Éstos, genialmente capitaneados por Ricardo Darín (Benjamín Expósito) y Soledad Villamil (Irene Menéndez), nos zambullen en la Argentina previa a la dictadura del general Perón, en plena década de los 70 para mostrarnos, mientras silencian su pasión callada, la búsqueda de una verdad que se esconde tras un secreto, tras unos ojos.

Será precisamente una de esas pasiones, concretamente la pasión por el Racing Club de Avellanada de uno de los protagonistas, la que ayudará a ordenar el rompecabezas que se organiza alrededor de la historia. Y es que tal y como reconoce Guillermo Francella (Pablo Sandoval en el filme), majestuosa su actuación en la obra,  se puede esconder todo, pero no se puede acallar una pasión. Ese amor a unos colores nos llevarán a una de las escenas memorables de El Secreto de sus ojos. Rodada en el estadio del Club Atlético Huracán, el Tomás Adolfo Ducó, de la ciudad bonaerense, con unos planos aéreos y subjetivos que ya quisieran para sí cualquier realización de un partido internacional y con una acción acelerada por el estallido del gol, que es pura vibración al servicio de la narración audivisual.

La última película del director de El hijo de la novia es un thriller basado en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri, con la que abandona la comedia romántica con tintes dramáticos, para centrarse en el drama con tintes románticos. No está, por tanto, tan alejado de sus anteriores proyectos aunque lo parezca a simple vista. Campanella teje así un entramado de culpas, remordimientos, sin sabores y verdades silenciadas que sólo la perspectiva nos ayudará a entender. Ahí radica otro de los grandes aciertos de la cinta, en los saltos de 1975 (cuando ocurre la historia) a 1999 (cuando se retoma la historia para reescribir una novela sobre ella).

Una vez más, y como es habitual en el director argentino,  éste pone toda la fuerza en los diálogos entre sus personajes. Genial, por cierto, ese lenguaje, esas expresiones tan argentinas que nos ponen de manifiesto la riqueza de nuestra lengua. Pero en esta ocasión añade algo más, añade los silencios, las miradas, lo no expresado, tan importantes aquí o más que las palabras. Hablamos, por tanto, de una obra destinada a perdurar en el tiempo ya que Campanella consigue que esta película cargada de metáforas y simbolismo no cruce la línea de lo empalagoso. Y para ello no necesita ningún experimentalismo, si no simplemente plegarse al canon del cine de sentimientos para transmitirnos un secreto que ni siquiera las palabras son capaces de revelar.

Sinopsis:

Benjamín Espósito ha trabajado toda la vida como empleado en un Juzgado Penal. Ahora acaba de jubilarse, y para ocupar sus horas libres decide escribir una novela. No se propone imaginar una historia inventada. No la necesita. Dispone, en su propio pasado como funcionario judicial, de una historia real conmovedora y trágica de la que ha sido testigo privilegiado. Corre el año 1974, y a su juzgado se le encomienda la investigación sobre la violación y el asesinato de una mujer. Espósito asiste a la escena del crimen, es testigo del ultraje y la violencia sufrida por esa muchacha. Conoce a Ricardo Morales, quien se había casado con ella poco tiempo antes y la adora con toda su alma. Espósito intentará ayudarle a encontrar al culpable.

Mira aquí el trailer de la película: [1:03]





Ni a sol ni a sombra

19 07 2010

El fútbol no descansa ni a sol ni a sombra. Hace escasamente una semana despedíamos con una bendita resaca el Mundial y hoy ya estamos a las puertas de una nueva pretemporada. Para matar el gusanillo de la pelota el que escribe  no ha perdido la oportunidad de leer a uno de los grandes escritores latinoamericanos, que mejor y con más base científica ha escrito sobre el deporte rey. El último libro que ha caído en mis manos ha sido El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano.

Portada del libro de Eduardo Galeano. Muy recomendable para cualquier futbolero

Es una auténtica obra maestra de precisión y pasión que desglosa algunos de los entresijos y curiosidades que han rodeado al fútbol en su cerca de siglo y medio de vida. No conforme con eso el escritor uruguayo analiza todos y cada uno de los protagonistas principales que convierten al balompié en un deporte único. Desde el árbitro hasta el hincha, pasando por la soledad del portero o el orgasmo del gol. Sin olvidarse del mayor evento del planeta fútbol: los Mundiales. Ahí Galeano repasa minuciosamente cada uno de ellos, contextualizando los más históricos, despojando de parafernalia los más recientes.

Historia viva, relato directo, recuerdo cercano para los más jóvenes, Galeano repasa en estas páginas las principales figuras mundiales del balompié. Así no faltan Moacir Barbosa y su ‘Maracanazo’ o las genialidades de ‘La Saeta rubia’, Don Alfredo Di Stéfano. Tampoco escapan a su pluma las gambetas de Garrincha, los eternos goles de Pelé o las jugadas de Dios hecho hombre, Diego Armando Maradona. Con una retórica apasionada, con una prosa clara e ilustrada en la vieja escuela latinoamericana, Galeano nos descubre un mundo más allá de los focos del estadio, del verde del césped y de la profesionalización de un juego que se niega en convertirse en un trabajo más.

Algo de eso también denuncia Galeano quien reclama una vuelta a los orígenes, a ese juego de barrio, a ese opio del pueblo, del populacho que popularizó y extendió un deporte creado por la aristocracia inglesa y que posteriormente dignificaron y agrandaron los obreros ingleses, primero, argentinos y uruguayos, después. El fútbol a sol y sombra rinde homenaje al fútbol, música en el cuerpo, fiesta de los ojos (como asevera Galeano), a la vez que critica las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo.

Sobre el autor:

Eduardo Hughes Galeano nación en Montevideo (Uruguay) en 1940. Descubrió el periodismo muy joven, a los 14 años, y a lo largo de su dilatada carrera  ha trabajado de casi todo: mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América. También fue redactor jefe (1960-64) del semanario Marcha y director del diario Época. En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis.

Entre el resto de su prolífica obra destacan: Las venas abiertas de América Latina (1971), Vagamundo (1973), La canción de nosotros (1975), Días y noches de amor y de guerra (1978) y los tres tomos de Memoria de fuego: Los Nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984), El siglo del viento (1986). El libro de los abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), Las aventuras de los dioses (1995), Patas arriba (1998).





Adiós al portugués más universal

19 06 2010

Mi encuentro con él fue tardío. Llevaba varios meses siguiendo su pista y hasta el día de su muerte no tuve la dichosa fortuna de palpar uno de sus libros entre mis manos. Cuando todos los informativos nacionales abrían con la irreparable pérdida del dramaturgo portugués más universal, un servidor se disponía a zambullirse en ese universo crítico, descarado y pesimista que es Ensayo sobre la ceguera, su obra más leída. José Saramago, murió ayer víctima de una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico a los 87 años de edad en su particular paraíso terrenal en Tías (Lanzarote).

Nobel. El único galardonado portugués se marchó de su país tras la polémica con su obra El Evangelio según Jesucristo (1991)

El genial premio Nobel de literatura (1998) fue considerado por la Academia Sueca como merecedor de tal galardón por su capacidad para “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Los que llegaron al encuentro de su prosa a tiempo lo catalogaron como el escritor que nunca se escondió, por su discurso comprometido y crítico. Pero Saramago no fue solo un escritor, a lo largo de su prolífica vida también se desempeñó con bastante soltura como poeta, periodista, traductor e incluso miembro del partido comunista portugués (lo era desde 1969).

Su éxito le llegó tarde, una vez la madurez, la experiencia y la vida le habían enseñado a escuchar antes de hablar y escribir. Y es que el autor de La Balsa de piedra (1986) fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre. No es de extrañar, por tanto, que su obra estuviera marcada por la preocupación social  y la exigencia estética. Hijo de campesinos sin tierras nacido en 1922 en Azhinaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa, conoció en sus propias carnes el esfuerzo y el sacrificio, reflejado en sus padres. Algo de eso también desprende su obra.

Ese período de silencio duró casi 30 años, en los que Saramago trabajó como administrativo, empleado de seguros y de una editorial; se había casado y divorciado de su primera esposa, publicado tres libros de poemas, ingresado en el Partido Comunista –por lo que tuvo que esquivar la censura de la dictadura de Salazar en más de una ocasión– y, sobre todo, consagrado como periodista. Como escritor, como novelista, la consagración le llegó en la década de los ochenta cuando el mundo descubrió su afilada pluma. La polémica tampoco le esquivó y con El Evangelio según Jesucristo (1991) se sintió defraudado con su Portugal natal, lo que llevó en acto de protesta a fijar su residencia en España, en las Islas Canarias.

A partir de entonces su actividad fue frenética. Una laboriosidad que le ha acompañado hasta su muerte con la escritura incansable de novelas, diarios, obras de teatro y hasta un blog. De hecho, en diversos medios se aseguraba que Saramago se encontraba enfrascado en la escritura de su próxima novela, de la que llevaba 30 páginas escritas. En esta última etapa, su obra se convierte en una producción completamente existencialista con la muerte de trasfondo, poblándose de preguntas imposibles, en las que la imaginación y la ironía campan a sus anchas.

Su pluma adquiere una nueva categoría con obras como Ensayo sobre la ceguera (1995), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), o  Las intermitencias de la muerte (2005). Todas ellas recomendables, incluso para los que buscamos luz en esos universos paralelos creados por el maestro portugués. Nunca es tarde para la literatura. Tampoco para leerte a tí, Saramago, quien a buen seguro ya habrá respondido algunas de las preguntas que tanto le inquietaron a lo largo de su vida. Descanse en Paz.





Quiero volver…

9 02 2010

a escuchar proxima fermata: Colosseo

a comer las mejores pizzas de toda Roma servidas por el ‘metre’ del Baffeto (due e cuatro)

a admirar impávido la belleza y la serenidad que rezuma  la Fontana di Trevi

Un auténtico espectáculo de luz, color y sonido

a buscar españoles en la Piazza di Spagna

a salir con dolor de cuello de la Capilla Sixtina

a sentirme pequeño ante la magnitud y simetría de la Plaza de San Pedro

a rezar dentro de la Basílica de El Vaticano

a vislumbrar una puesta de sol desde la Cúpula de la Basílica de San Pedro

a subir esas escaleras eternas y tocar el cielo en el lugar desde el que un día se dominó el mundo

a sentirme gladiador  una vez enfilada la Via dei Foro Imperiali con el majestuoso Coliseo de fondo

a disfrutar de un ‘Ladies Night’ con el que confirmar que la fiesta solo hay que buscarla para que aparezca en cualquier lugar

a contemplar el Castelo de San Angelo desde la orilla del Tevere

a pasear en busca de un buen capuccino por el Trastevere

a recordar mis apuntes de aquellas impagables clases de Historia del Arte mientras observaba el Ara Pacis

a escuchar aquello de “italianas pufo”

a asombrarme con ese campo minado de arte, cultura y historia que es Roma

y sobre todo, (quiero volver) a tirar otra moneda a la Fontana di Trevi para convertir mis visitas a Roma en eternas

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a reencontrarme con las musas, los mitos y la leyenda en el silencio de las islas griegas

a saborear ese atardecer robado

a bañarme en esas aguas cristalinas

Los molinos, hoy convertidos en casas, son otro de los elementos carácterísticos de esta isla griega

a recorrer el laberinto de calles de Mykonos

a admirar ese contraste entro lo bohemio y lo turístico, entre el respeto a la tradición y el respeto al dinero que conviven en plena armonía en esta pequeña isla griega

a la playa Paradise y Superparadise para encontrarme un Mykonos abarratado

hasta allí en barco para tomar conciencia de que al paraíso cuesta tanto llegar, como rápido se esfuma en la línea del horizonte

a partirnos de risa con aquello de “tria paketi son cinco euros”

a confirmar que el mito son las griegas

a vivir una tormenta en el Mar Mediterráneo (¿o era el Egeo?)

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a vivir por encima de nuestras posibilidades en el Melia Athens

a saborear de una loncha de jamón ibérico dentro de un jacuzzi

a tener esa sensación de asfixia en un baño turco

a subir al peñón sagrado de los Dioses (la Acrópolis) para maldecir a los turcos, a los británicos y a la ceguera humana por descuidar y destruir una joya de la humanidad como el Parthenon

a contemplar Atenas desde las alturas rodeado de Cariatides, Columnas de estilo dórico, cellas y piedras tan cargadas de años y historia, como descoloridas por el imparable paso del tiempo

El estadio Panatenaico, construido en mármol, fue el complejo deportivo que albergo los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna en 1896

a repasar los caminos hollados por Sócrates, Pitágoras, Platón o Pericles (ese gran demócrata), en lo que constituyeron los primeros pasos de la humanidad que tenemos hoy

a rebuscar entre los carismáticos barrios de Monastiraki y Plaka un recuerdo y un regalo de esa cultura milenaria

a correr en cada paso de cebra

a despertarnos con un amable ‘Kalimera’ (buenos días en griego) y un tan generoso desayuno

a embriargarnos de ese espíritu olímpico que todavía hoy se observa en Atenas, la cuna de ese noble movimiento en la era moderna, representado en el estadio Panatenaico que habrá que ver más de cerca en la próxima visita.

Porque sí, es evidente que quiero volver.