Vergüenza en San Mamés

19 02 2010

El venerable y respetuoso campo de San Mamés está estos días en boca de todos por unos vándalos y desaprensivos que convirtieron el césped de ‘La Catedral’ en una batalla campal a la que no había asistido en sus casi 100 años de historia. Fue una vez terminado el partido cuando los aficionados del Athletic y los belgas del Anderlecht se citaron para rematar lo que sus respectivos equipos habían dejado en el aire (el partido había acabado 1-1).

La barbaria llegó hasta el césped de 'La Catedral'

Toca esperar y no mirar a otro lado, porque ayer fallaron todos. Falló la magnífica afición rojiblanca (que no debe ser crucificada ahora por cuatro cafres), falló la seguridad privada del club, falló la Ertzaintza (al que todavía no sé por qué motivo el Athletic no le permite la entrada al campo) y falló el club. Aunque, este último lo ha intentado enmendar hoy con una rueda de prensa ofrecida por Fernando García Macua en la que ha expresado la repulsa ante lo ocurrido y la inmediata expulsión de todos los socios rojiblancos que se hayan visto involucrados en los altercados.

El ambiente ya estaba enrarecido desde antes del partido. Los disturbios continuaron durante el partido y alcanzaron su culminación cuando los jugadores se encontraban ya en los vestuarios y el estadio estaba casi vacío. En ese momento los aficionados del Anderlecht saltaron al terreno de juego para protegerse de los innumerables objetos que les estaban lanzando. Cayó de todo, desde un botellas de cristal hasta el orín de un impresentable que a esta hora debe estar a buen recaudo.

Sobre el césped de San Mamés, ése sobre el que se han escrito algunas de las gestas más memorables del fútbol español, se vieron ayer carreras y patadas de otro tipo. Tras unos minutos de descontrol y caos, la intervención de la Ertzaintza calmó los ánimos. Todo ello con el delegado de la Uefa, el galés Peter Rees, como testigo presencial de los hechos. Al Athletic le espera una dura sanción porque el máximo organismo de fútbol europeo suele ser bastante tajantes en este tipo de casos. Parece que la sanción, un posible cierre del estadio por uno o dos partidos más una multa económica es justa y necesaria para terminar de erradicar a los bárbaros del apasionado espectáculo del fútbol.

Un espectáculo que ya desde primera hora de por la mañana se encargaron de intoxicar los aficionados del Anderlecht con altercados por toda la ciudad. Ellos y el club belga tampoco deberían irse de rositas de todo esto, aunque me temo que el mayor damnificado será el club español y esa sanción puede ser un precedente muy negativo para la candidatura del Mundial 2018 que se decidirá el próximo mes de diciembre y al que aspiramos como sede junto a Portugal. La suerte está echada para el Athletic y en la moneda no hay cara.

Anuncios