El golpe

10 12 2011

España es el país de los golpes de Estado. Algunos no lo recuerdan, algunos ni vivimos el último, pero la Historia, caprichosa, guarda en negro sobre blanco nuestro pasado. 1981, 1936 o el carrusel de pronunciamientos militares del XIX, son fechas que hablan del carácter y de la idiosincrasia de un país que hoy dirime otro duelo de altura. Mucho más pacífico, o previsiblemente más pacífico. Un clásico de extremos, un golpe de estado del status quo de nuestro fútbol o una huida hacia delante.

El Golpe lo puedes ver en La Sexta a las 22:00 h.

El golpe, como siempre, lo da la victoria. Un golpe doble. Devastador para el que lo sufre,  revitalizador para el valiente o el afortunado que da ese paso hacia el frente. Esa decisión ante el abismo marcará nuevamente el clásico, Real Madrid contra FC Barcelona. Un Madrid ascendente que acorta distancias y alimenta esperanzas. Mourinho ha construído un equipo que es más equipo, en su segunda temporada, las mejores del técnico portugués, según defiende la doctrina mourinhista.

Esa doctrina tiene motivos más que de sobra para confiar en su equipo. De inicio, Karanka anunció un 4-3-3 para enfrentarse a su peor pesadilla antes de navidad. La duda reside en ese trivote (Alonso, Khedira y Lass) con el que poblar la medular de trampas y tiralíneas a partes iguales. La alternativa se llama Özil y lleva un punto de atrevimiento y riesgo. Mou tendría que retirar un ancla de su centro del campo o al menos resituarlo.

Más arriba el conjunto blanco no tiene dudas, tiene alternativas. Más allá de los dos fijos, Cristiano Ronaldo y Di María, ambos un punto por encima del resto, el tercer puesto se lo disputan Benzema e Higuaín. El francés, más hecho y más útil si el Madrid busca la pelota, robar rápido y asfixiar al Barça ante el miedo escénico del Bernabéu. El argentino, más eficaz y más rápido para el contragolpe mortal que tanto gusta en el Paseo de la Castellana. Uno u otro serán ya una pista casi definitiva sobre el discurso que quieran interpretar hoy los blancos.

Los goleadores, claves en El Clásico

El discurso azulgrana es conocido, ¿o no? Gusta Guardiola de ‘inventar’ con criterio, alejado de lo estrambótico cuando visita la Casa Blanca. Primero fue el nueve mentiroso hoy puede ser la defensa de tres. El movimiento, más que arriesgado, salió mal en Mestalla pero triunfó en San Siro frente al Milan. Alves repetiría el movimiento del año pasado para driblar trampas y cavar nuevas trincheras.

Por delante de ellos, la piedra filosofal de un equipo de leyenda. Tal vez todo se resuma en lo que quiera hacer Messi, que hoy contará con un acompañante de lujo: Cesc Fábregas, ante su primer clásico adulto. Un acompañante que es en sí mismo arma de destrucción masiva y amenaza inminente en la combinación, en la llegada y en la presión. Esa pareja puede ser hoy el comodín de Guardiola para mantener su inmaculada tarjeta de visita en el Bernabéu, donde no conoce la derrota.

Ante ese panorama Villa o Pedro se disputarán la única plaza libre que queda en el once culé. Con el asturiano bajo de forma, el canario sin estar al 100% resulta siempre fundamental para el esquema de Guardiola. Su primer defensor siempre. Y por ahí revoloteando, esperando su oportunidad Alexis Sánchez y el imberbe Cuenca, el último invento de Pep. Improbable sorpresa teniendo en cuenta los pobres números de los azulgrana fuera de casa.

El golpe se acerca. Los números parecen respaldar a los blancos en su feudo, donde ha ganado todo lo que ha jugado. En ese escenario el abismo les acecha a ambos. El Madrid para ensancharlo, el Barça para recordar que la vida sigue igual. Las rentas tan exiguas como amplias pueden colocar al Barça líder tras el partido de hoy o casi sentenciar la liga para los blancos. Así es la Historia, donde un paso adelante asegura entrar en sus páginas, asegura el gran golpe, aunque lo único incierto siga siendo la victoria.





El efecto Vilanova

8 12 2011

“Valorad lo que tenéis porque nunca sabes cuándo llega tu momento”. Lo dice alguien que ha regateado al fantasma del siglo XXI, que ha driblado una operación fugaz, que se ha recuperado a tiempo para convertirse en un ejemplo más, en una motivación extra para su equipo. Esa reflexión pertenece a ‘Tito’ Vilanova, el segundo entrenador del FC Barcelona, que ha superado la intervención en la glándula parótida a la que fue sometido el pasado 23 de noviembre.

Vilanova y Abidal unidos por la superación personal

Convertido en símbolo de una plantilla que ya sabe de lo que va el tema, Vilanova llega en el momento justo. En el momento en que su equipo se va a jugar gran parte de sus posibilidades en el campeonato casero frente al Real Madrid. Un nuevo estímulo camino del Bernabéu, un nuevo golpe de efecto con el que relativizar el mundo futbolístico y apremiar a los valores que han convertido al equipo de Guardiola en un conjunto de leyenda.

Porque Vilanova es algo más que el hombre a quién Mourinho metió el dedo en el ojo. Con el portugués volverá a reencontrarse cuatro meses después, aunque aquel recuerdo se ha diluido ante la sucesión de acontecimientos. Tito es la mano derecha de Pep, el encargado, según cuentan, de dotar de pausa el volcánico (aunque siempre políticamente correcto) carácter de Guardiola. El enlace entre Pep y la plantilla, el hilo conductor del mensaje. 

Y los mensajes que más calan son los que apelan a los sentimientos, los que erizan la piel, los que se dirigen directamente al corazón. Esa fue la intención ayer de Tito Vilanova, cuando en su reincorporación a los entrenamientos, transmitió personalmente su experiencia vital a una plantilla que le esperaba con los brazos abiertos. Fue él quien les animo a ellos, una bofetada de realidad que algunos ya han recibido, como Eric Abidal.

Especialmente significativo fue el abrazo en el que se fundieron el defensa galo y el segundo técnico azulgrana. Ambos saben a qué huele el abismo, ambos conocen el sabor de las segundas oportunidades. Bajo el efecto Abidal se reinventó el Barça la temporada pasada para alcanzar la gloria. Ahora, buscan repetir la historia con el ‘refuerzo’ de otro de sus actores secundarios sobre el papel, en realidad, uno de los líderes dentro del vestuario y con el Paseo de la Castellana como pasarela de gala.

A la fuerza de Vilanova, a su voluntad inquebrantable y a su imagen en el banquillo del Santiago Bernabéu se aferrarán los azulgrana para trasladar al verde todo su ideario, toda su filosofía de vida. En frente, el mejor Real Madrid de los últimos años, en la segunda temporada de Mourinho, con el conjunto blanco liderando la clasificación con tres puntos de ventaja y un partido menos. Guardiola ya tiene su reto y los culés el efecto con el ganar la guerra psicológica en las horas previas al Clásico. Ha llegado el momento.





Un rayo de luz

30 11 2011

(Crónica del Barça-Rayo en 10 líneas)

Alexis Sánchez debe haber leído a Aristóteles en algún momento de su vida. Aunque fuera en su época juvenil, seguro que recuerda aquello de “en la adversidad sale a la luz la virtud”. En el momento más adverso de la Era Guardiola, el ‘9’ azulgrana sacó lo mejor de su repertorio para dar luz y crédito a un equipo que ya mira de reojo al Bernabéu.

La amarilla forzada por Piqué fue la jugada polémica del partido

Los dos goles del chileno, abrieron la goleada y apaciguaron los ánimos tras la derrota de Getafe. A la fiesta se sumó Villa, poco antes del descanso para reencontrarse con un gol que se le negaba en los últimos partidos. La puntilla la dio Messi después del descanso con el cuarto gol del partido, decimoquinto del argentino en esta liga que le permite encabezar la tabla de goleadores junto a Cristiano Ronaldo. El resultado no debería empañar el valiente planteamiento del Rayo que puso en bastantes dificultades a los azulgranas en distintas fases del partido. Aunque los culés recordarán más ese récord de treinta y cuatro a cero en el Camp Nou y el rayo de luz que supone llegar al Bernabéu a tiro de victoria.





Four returns

15 08 2011

Regresa el Cuatro a Barcelona. Donde es algo más que un número. Allí el Cuatro es una idea, un rol, un personaje único sobre el tapete verde de la Ciudad Condal. Es también la cuadratura del círculo, el escalón que faltaba en la escalera del éxito azulgrana, la perpetuación de la especie. Es el regreso de Cesc Fábregas, el cuatro del Barça, a su hogar.

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Cesc ha pedido el cambio definitivo al Arsenal, su antiguo equipo

Ha pasado tanto tiempo que hasta nosotros, los que vimos convertirse al chico de Arenys de Mar en todo un hombre, en todo un líder, en el capitán del Arsenal, hemos aprendido inglés. Como él, que eligió el camino más complicado para regresar convertido en el hijo ilustre que es hoy. El Cuatro por excelencia en Inglaterra, donde otros ya fotocopian su juego, tras advertir que por ahí se esconden las manijas de la gloria.

Ahora vuelve para ser un Barçablante. Tras doctorarse en el idioma británico, aterriza en el lugar de sus ensoñaciones infantiles, el Camp Nou, para interpretar como le enseñaron aquí y allí un discurso que conoce como pocos. Vuelve para convertirse en el símbolo blaugrana de la próxima década. Y a eso le ayudará su número, un número que habla por sí solo. El que identifica al director de orquesta, el que porta la batuta y el que mece la cuna. El creador diferencial como lo define Martí Perarnau. El dorsal de Milla, de Guardiola y de Xavi, si, también de Xavi. Porque el Cuatro es un rol, un perfil, una palabra sagrada del idioma Barça, y Cesc portará todo eso en su espalda.

Aportará también una experiencia única, adquirida durante estos seis años en la Premier League. Bajo el brazo trae un máster en administración y dirección de equipos. Un update (actualización) del sistema azulgrana. El fútbol culé volverá a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expanda hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumará un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting está asegurado.

Aunque no por esperado, el desenlace ha sido menos complicado. Crónica anunciada de un fichaje eterno, con negociaciones dilatadas a lo largo de tres años, con tiras y aflojas, con declaraciones públicas, con bromas también públicas y que por momentos entorpecieron más que ayudaron. Al final, 40 millones de euros. Sí, los mismos que Rosell dijo que no valía. Pero como todo, con matices. El Barça pagará 34 millones más seis variables (únicamente se pagarán por títulos, si el Barça gana dos Ligas y una Champions). De esos 34 millones, Cesc aportará cinco, uno por cada año de contrato que dejará de cobrar para facilitar los pagos al Barça.

Se agotaron las idas y venidas. Esas sólo las veremos ya sobre el césped, donde Cesc es un especialista. También fuera de él. Su vida ha sido un ir y venir, marcada por la profecía de Guardiola. Si alguien quisiera apuntarse la primicia de su fichaje, podría ser Pep el primero de esa lista. La historia es un canto al destino.

Rodolf Borrell era el entrenador del Infantil A del Barça. Cesc, uno de sus integrantes, pasaba por un mal momento debido a la separación de sus padres. Y Borrell decidió actuar. Se fue al vestuario del primer equipo y habló con Pep Guardiola. Le explicó la situación, le dijo que Cesc no lo estaba pasando bien, que era un jugador que jugaba en su misma posición, que le tenía a él como ídolo… El resto corrió a cargo de Pep.

Pero Borrell esperó el momento adecuado. Fue en Inglaterra, curiosamente Inglaterra. La Federación inglesa de fútbol invitó a aquel equipo que maravillaba en España para que se enfrentara a los dos mejores equipos de su categoría de las Islas Británicas, el Derby Country y el Coventry City. En aquel equipo el cuatro lo llevaba Cesc. Y justo antes de disputar el partido, en el hotel de concentración, Rodolf Borrell creyó que había llegado el momento. El entrenador habló con su pupilo sobre su difícil situación. Tras la conversación, bañada en lágrimas, le entregó el obsequio.

Era el regalo de Guardiola. Una camiseta del por entonces capitán del FC Barcelona, con el cuatro a la espalda y con una dedicatoria muy especial de su ídolo: “Un día tú serás el número cuatro del primer equipo del Barça”.

Más de 10 años después, el Guardiola entrenador ha hecho realidad su profecía. Y eso conllevará también una gran dosis de responsabilidad y presión para ambos. Cesc cumple, por fin, su sueño, llega al equipo de sus amores como guinda del mejor Barça de la historia. En busca de los títulos negados, con la misión de perpetuar la especie y rejuvenecer el ADN azulgrana. Es un nuevo guiño del destino, una segunda oportunidad para demostrar a los agnósticos y a sus más fervientes creyentes que tiene talento de sobra para coger el timón azulgrana desde una posición privilegiada, la del cuatro del Barça.





La pareja (in)compatible

10 06 2011

Son presente y pasado. Uno es, el otro fue. Y ambos anhelan ser el presente y el futuro azulgrana. Aunque es en esa encrucijada del tiempo y del espacio donde surgen las dudas sobre la compatibilidad de esta pareja. Representan la continuidad de una estirpe, la permanencia de un modelo. Hablo de Thiago, el mediocentro ‘creativo’ que viene y Cesc Fábregas, el mediocentro ‘total’ que emigró. Ahora Guardiola está empeñado en hacerlos coincidir en el centro del campo de su cuarto proyecto al frente del FC Barcelona, para acompañar a la otra pareja que ya reparte caramelos en forma de goles en la medular azulgrana, Xavi e Iniesta.

La pareja (in)compatible está en el aire

La ‘x’ que despeja la incógnita es el fichaje de Cesc. Será la tercera intentona azulgrana por recuperar al hijo pródigo, tal vez la primera en que exista negociación real, y por más que las sensaciones sean las idóneas para verle vestido de azulgrana, lo único seguro es que el Barça tendrá que rascarse el bolsillo. Por ahí llega la primera traba: pagar una millonada por alguien que prefirió crecer fuera y aprender inglés, antes que madurar en casa y perfeccionar el idioma Barça. Ya se sabe que la pela es la pela, pero cuentan que para Guardiola Cesc es innegociable, para Guardiola Cesc es su prioridad.

Quizá porque el técnico azulgrana sabe que con él se asegura algo más que el futuro. Con Cesc, el fútbol azulgrana volvería a organizarse en torno a una idea, pero una idea evolucionada que crece y se expande hasta convertir el centro del campo culé en un discurso unitario y heterogéneo a la vez. El abanico se abre, el triángulo se ‘descompone’ y la Santísima Trinidad (Xavi-Iniesta-Messi) sumaría un nuevo vértice. A la fórmula se le añade competitividad, ansias de triunfo y soledad de títulos. El lifting estaría asegurado.

Porque es el escalón que falta. Repasemos los números que en ellos se encuentra la clave: Xavi, 31 años; Iniesta, 27; Cesc, 24; Thiago, 20. Ahí está el relevo necesario para que Thiago no coja los galones antes de tiempo. Los mismos que le sobran al capitán del Arsenal, ídolo y referente gunner. La duda reside en ese cambio de rol. En dejar de enarbolar la bandera de un club para ser uno más en busca de títulos. Ese ejercicio de humildad y sacrificio que le espera a Cesc será el espejo en el que deba mirarse Thiago para confirmar que el relevo está asegurado.

Thiago Alcántara es la perla de la cantera azulgrana

Tal vez sea el hispano-brasileño Thiago el jugador más diferente que ha brotado en la Masía en los últimos años. Es pura esencia brasileña aliñada con el toque y la visión de juego que caracterizan al idioma Barça. Con un desborde muy al estilo de Iniesta, pero con mayor dosis de fantasía y menos pausa. Es ahí, en los aspectos técnicos y de presión donde todavía debe mejorar, aunque en su paso por el Barça B  esta temporada ya ha demostrado que tiene las bases para llevar la manija de un equipo como el azulgrana.

Completado su período de formación, el próximo año será jugador del primer equipo a todos los efectos. Formará pareja con Xavi, con Iniesta y quien sabe si con Cesc. Con todos ellos se entendería porque todos ellos hablan el mismo idioma, aunque con matices o acentos propios que les hacen diferentes. Cesc puede fotocopiar el fútbol de Xavi y añadir más llegada, Thiago fantasea entre Iniesta y Ronaldinho con el descaro propio de la juventud. Son, en todo caso, una pareja que emana fútbol a raudales, por más trabas que se puedan poner a su relación, curiosamente las mismas que padecieron antes otros (Xavi e Iniesta). Ellos también eran incompatibles pero supieron (y aprendieron) a entenderse, prefirieron ser más felices aquí antes que ser más ricos allá. No hizo falta hacer separación de bienes y el fútbol dio la razón a una pareja (in)compatible que ahora busca prolongar su estirpe.





La Copa de Abidal

30 05 2011

Fue una promesa discreta, como es él y cargada de atrevimiento y ambición, como la vida le ha hecho ser. Una sola palabra, un solo verbo, un simple “volveré” escrito en la taquilla del estadio de Wembley, que con el paso del tiempo ha ganado en sentimentalismo y relevancia. Porque Eric Abidal desconocía aquel 17 de noviembre en que disputó allí un encuentro con su selección todos los obstáculos que tendría que superar para regresar al mítico estadio londinense, donde este año se disputaba la final de la Champions League. ‘Abi’, como le conocen sus compañeros, cumplió su promesa, volvió a Londres, a Wembley para levantar la Copa de Europa y su triunfo se convirtió en un auténtico canto a la vida.

Eric Abidal levanta al cielo de Londres la 'Orejona', tras cederle Puyol ese honor

El 14 de marzo, apenas dos meses y medio antes de la final de Wembley, a Abidal se le detectaba un tumor en el hígado por el que fue operado con rapidez y urgencia en una clínica de Barcelona. A pesar de que la intervención se desarrolló sin ningún tipo de problema, su participación quedaba descartada para esta temporada. El lateral izquierdo del Barça afrontaba entonces el partido más importante de su carrera, aunque su fe y su personalidad positiva serían claves para vencer ese encuentro y convertirse en el símbolo del Barça campeón.

Porque Abidal se recuperó a pasos agigantados y llegó a tiempo para ayudar a su equipo y hacer realidad su promesa. Reapareció el 3 de mayo en la vuelta de las semifinales contra el Real Madrid para certificar el pase a la finalísima de Londres, donde a Abidal todavía le quedaba un reto por lograr y una sorpresa que descubrir. El tesón y la fuerza del ‘keniano’ como es apodado por su imponente físico le permitió llegar a Wembley en perfectas condiciones, ser titular y disputar los 90 minutos de una final que ya es histórica, por muchas cosas, pero también por la presencia en ella de Abidal.

Fue entonces, mientras la euforia inundaba las entrañas de Wembley y la locura se desataba en las filas azulgranas, cuando llegó el momento de ‘Abi’. En un gesto sin precedentes, Carles Puyol demostró los valores intangibles de este grupo cediendo el brazalete de capitán al defensa galo. Le dijo que sería él quien recogería la 4º Copa de Europa de los azulgranas y Abidal, a medio camino entre la sorpresa y el agradecimiento, recorrió el último los 109 escalones que le llevaron a tocar el cielo de Londres.

Abidal lo había conseguido. Había vuelto a Wembley, había ganado la Copa de Europa y había sido el primero en levantar el título más ansiado por la afición azulgrana. Fue la última imagen de una final plagada de momentos para el recuerdo, una final perfecta para los culés que culminaron en la casa del fútbol, en Wembley, que es ya como su segunda casa, una exhibición de su ideario, de sus valores y de su amor por este deporte. Un punto y seguido para un equipo encabezado por Eric Abidal,el mejor ejemplo de un enamorado del fútbol  y de la vida, el mejor emblema de lo que significa este FC Barcelona.

Momento en que Eric Abidal recibe la Copa de Europa de manos de Michael Platini:





De Zidane a Messi

28 04 2011

Son los dos últimos magos del balón. Uno, de los últimos coletazos del siglo XX. El otro, es la referencia en el XXI, un futbolista de leyenda que a sus 23 años oposita para conseguir un alquiler perpetuo en el Olimpo. Ambos enarbolan (o enarbolaron)  las banderas del fútbol más exquisito que llevó a sus equipos (Real Madrid y Barcelona) a la supremacía absoluta en Europa y en el mundo. Sin Zinedine no podría entenderse el Madrid galáctico. Leo es la piedra filosofal sobre la que gravita el Barça de Guardiola. Y sus caminos se entrelazan en una semifinal de Liga de Campeones.

Zidane puso el toque sutil a una semifinal con mucho más fútbol que la actual

Hace algo más de 9 años España también se encontraba dividida por el enésimo partido del siglo. Era el no va más, era un Barça – Real Madrid en semifinales de Copa de Europa 40 años después, era la tercera ocasión en que los dos conjuntos más laureados de nuestro país cruzaban sus destinos en la máxima competición europea. Por entonces el primer proyecto de Florentino Pérez al frente del Real Madrid era la envidia y la referencia en el panorama futbolístico mundial. Raúl, Zidane, Figo, Hierro, Roberto Carlos o Makelele conformaban un equipo de ensueño que se encaminaba hacia su novena Copa de Europa.

Aquella tarde noche de Sant Jordi de 2002, el Real Madrid llegó al Camp Nou como máximo favorito, no ya a la victoria en aquel partido, sino al título. Los blancos hicieron buenos los pronósticos y de la mano de un inconmensurable Zidane se llevaron la victoria por 0-2.  Su vaselina magistral a Bonano quedó inmortalizada para siempre en la retinas blancas y azulgranas. Fueron dos zarpazos, dos errores defensivos culés y una eliminatoria sentenciada en la ida.

El recuerdo de aquella semifinal sobrevoló anoche el Bernabéu. Sólo que ahora el manantial de fútbol brota de la fuente azulgrana, aunque ayer estuviera más seca que de costumbre. 9 años después el modelo de éxito es el azulgrana, el equipo de referencia es el comandado por Pep Guardiola, quien se presentó en el Bernabéu dispuesto a dar un golpe en la mesa con sus armas. Aunque por momentos nos pareciera que utilizaba las de Mourinho, su antítesis dentro del campo y (casi siempre) fuera de él.

Messi celebra su obra maestra en el Santiago Bernabéu

Y es ahí donde surge Messi. Para regalarnos otro gol mesiánico, otro gol que quedará marcado a fuego en nuestra memoria en un escenario como el Santiago Bernabéu, donde Messi emergió entre el mar del ruido para silenciarlo sólo con fútbol. Como 9 años atrás hizo Zidane, Leo se creció en esa adversidad para señalar el camino a Wembley donde podrían cerrar el círculo. Algo que Zinedine, Figo, Raúl y compañía terminaron haciendo apenas un mes después de aquel Sant Jordi.

Para no herir sensibilidades consignaremos ahora que aquel partido, el de ida de Champions del 2002, efectivamente, no se vio condicionado por la actuación arbitral. El sueco Anders Firsk pasó más desapercibido que su colega Wolfang Stark, y a buen seguro que Mourinho calificaría, aquella sí, como una victoria blanca y limpia. Sin duda, lo fue. Árbitro al margen, los guiños históricos no quedan ahí. Entonces como ahora, también se media el fondo de armario de las plantillas. En 2002 los focos apuntaron a McManaman, quien entró en el minuto 80 para ‘matar’ la eliminatoria con un gol en el minuto 90. Ayer la colaboración de Afellay fue menor. Tras entrar en el minuto 70 se ‘limitó’ a marcharse de Marcelo y servir un centro que Messi convirtió en la primera piedra de un nuevo recital.

Ayer como hoy todo parecía muy igualado, todo parece decidirse por un pequeño detalle y ese detalle en ambas eliminatorias (la del 2002 y del 2011) se encontraban en las botas de dos magos cuyo repertorio sobre el césped fue (en el caso de Zidane) y sigue siendo (en el de Messi) inagotable. Aquel partido marcó el futuro azulgrana que puso fecha de caducidad a la ‘Era Gaspart’. Se fijó el modelo a seguir (el fútbol-espectáculo del Madrid), se hizo evidente la necesidad de una idea, un patrón de juego a los que aferrarse. Todo eso lo tenía el Madrid entonces, todo eso es lo que buscan ahora los blancos, enfrascados en una búsqueda de sí mismos para el que no encuentran un mesías que les guíe, quizá por que éstos ahora manan de la fuente azulgrana.

Mira aquí el resumen del FC Barcelona – Real Madrid de las Semifinales de Liga de Campeones (2001/2002)