¡Feliz Año Nuevo!

11 07 2011

Suenan las 12 campanadas y esta vez no hay uvas que llevarse a la boca, no hay champán que descorchar ni grandes reuniones familiares. Todo aquello se agotó esa noche. Sin embargo, la memoria rescata 12 momentos únicos, tal vez más, de aquella noche, de aquel día marcado a fuego en la retina y en los corazones de todos los españoles. La sonrisa acompaña a los pensamientos mientras el pecho, henchido, luce orgulloso esa estrella que todos soñamos de pequeño portar ahí, en la camiseta de nuestra Selección. Han pasado 365 días de aquello y hoy es el 1 del 1 del año 1 d.C (después de ser Campeones). ¡Feliz Año Nuevo a todos!

La 12º uva sabía a gloria y eternidad

La memoria se traslada rauda hasta el desván de las efemérides y allí encuentra, en un lugar privilegiado, la acaecida el 11 de julio de 2010, el día que convertimos Johannesburgo en la capital española y al Soccer City en una improvisada Puerta del Sol donde alumbramos algo más que el nacimiento de un nuevo año; el inicio de una nueva era. Tras culminar el sueño de aquella noche de verano que muchos alargaron hasta que se hizo de día, todos nos fuímos a la cama embriagados por las 12 uvas de la felicidad que no hizo falta comerse aquella noche.

1º uva.- El día amaneció caluroso, incluso en Johannesburgo (en pleno invierno), con un sol más rojizo que de costumbre. Se trataba de la primera señal. Había llegado nuestro día y cada uno de nosotros hizo cuanto pudo para calmar los nervios de esa mañana eterna. La primera uva fue el remedio para esa ansiedad.

2º uva.- La indumentaria de ese día no se olvida. Nada de camisa, corbata o americana. Nuestras nocheviejas son distintas. Aquel primer día del año O de nuestra era un color se imponía al resto, el rojo de La Roja. Los complementos más buscados eran el bañador, las chanclas y alguna que otra bandera. La segunda uva debía mostrar nuestro orgullo.

3º uva.- Había que ‘matar’ el tiempo hasta que llegara la fiesta. Por eso, en esa mañana eterna se ajustaban los últimos detalles, se remataban los preparativos. Las llamadas a amigos y compañeros se multiplicaban para conocer cómo vivían otros el mismo sueño. La tercera uva nos convencía de que nada podía fallar.

4º uva.- Con la cuarta nos atragantamos y los fantasmas abrieron la puerta de nuestro lado oscuro. Vimos a los holandeses altos, fornidos, rapidísimos, técnicamente buenos y con la deuda histórica sobre sus espaldas. Ellos ya habían ido dos veces a esa fiesta y en ninguna consiguieron ligarse a la chica guapa. Definitivamente, la cuarta uva nos llenó de dudas.

5ª uva.- Salimos adelante con el descanso reparador de una buena siesta que aliviara nuestros temores. Había que hacer patria hasta del descanso y ahí nos volvimos a sentir ganadores. Algunos ya vieron entre sueños lo que nos esperaba, el otro gran sueño, aunque nadie lo reveló para que, por fin, se cumpliera. La quinta uva supo a calma y revelación. 

6º uva.- Con la tarde ya avanzaba y los nervios en estado creciente tocaba ponerse guapo para la fiesta. Era el tiempo de los adornos, de hondear las banderas más grandes, de alzar las bufandas al aire, de sacar las pinturas de guerra y de calentar las gargantas para lo que nos esperaba. La sexta uva nos puso la cara roja y el corazón a cien.

7ª uva.- A las citas con la historia se llega con puntualidad, para no dejar pasar la oportunidad. Las reuniones, los corrillos y, nuevamente, los cánticos fueron la terapia con la que ‘matar’ los nervios en primera línea de batalla. La séptima uva fue regada con cerveza, coca-cola, vino, agua o cualquier otra cosa con la que refrescar el volcán de sentimientos que recorría el alma.

8º uva.- Puntuales fueron también los holandeses, quiénes pronto se especializaron en las malas artas. Así nos dimos cuenta de que aquello no sería fácil pero nos dio igual. Habíamos esperado toda una vida ese ‘baile’ y ahora no íbamos a arrugarnos. La octava uva rezumaba arrojo y decisión.

9º uva.- Nos sabíamos el baile y nuestro discurso, el movimiento de pies y los pasos a dar por la cabeza para llegar al gol con los pies. Y sin embargo, no éramos capaces de interpretar nuestra función. Algo fallaba en el momento justo para dar con la tecla que nos alzase al cielo. La 9º uva nos dejaba un regusto agridulce.

10º uva.- Ante la imposibilidad de llegar al cielo por nuestros atajos, imploramos la bajada de éste a la tierra. En medio de las dificultades nos encomendamos a lo divino para hacer realidad los sueños mundanos. Y entonces le reconocimos en él. Otra vez el Santo nos salvaba en el abismo, otra vez el Santo se acomodaba bajo nuestra portería. Era otra señal, nos habían perdonado la vida. La 10º uva destilaba redención y santidad.

La 10º uva, nuestra redención. El destino nos daba la segunda oportunidad

11º uva.- Era la uva de los elegidos. La de los 11 de Johannesburgo, la de los 11 de Sudáfrica. Era la uva de Iniesta, el único de La Roja que entiende de caldos y posee una bodega. Él paró el tiempo para desatar la locura con un gol que vino del más allá, guiado por el mayor gesto de amistad y emotividad que se recuerda. Dani Jarque también golpeó ese balón y así era imposible pararlo. Aquella uva, la 11º, estuvo bañada en lágrimas y supo a euforia.

Aquella uva, la 11º, estuvo bañada en lágrimas y supo a euforia

12º uva.- Porque para entonces nos sabíamos Campeones del Mundo. Habíamos conquistado a la chica, que relucía orgullosa a la espera de su nuevo acompañante, a la espera del último baile de la noche, ante la atenta mirada de millones de personas y de las estrellas que abarrotaban el cielo sudafricano. De allí arrancamos una para coserla para siempre en nuestro pecho.  Y así, radiantes de felicidad y orgullo paladeamos la 12º uva. Aquel sería un gran año, esa uva, degustada por Casillas antes que nadie, sabía a gloria y eternidad. 

Una vez más, ¡Feliz Año Nuevo!

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Scholes, el incomprendido

31 05 2011

Ha sido un ‘one man club’, un hombre de un sólo club, de los que ya escasean, y no sólo por su lealtad a unos colores, sino también por su calidad futbolística. Alma máter del mediocampo de los ‘Red Devils’ desde mediados de los noventa, Paul Scholes cuelga las botas tras casi dos décadas en los que ha acaparado un palmarés impresionante. Jugador único en el Manchester y en Inglaterra, tal vez por esa singularidad siempre estuvo bajo sospecha en las islas, por no cumplir los cánones del mediocentro británico, por su supremacía técnica y su (supuesta) inferioridad física. Nadie como ‘Sir’ Alex Ferguson, su descubridor y su principal valedor en el Man. United, sabe lo que echará de menos al menudo pelirrojo inglés.

Paul Scholes y su inseparable número 18 ya son una leyenda en Old Trafford

Su juego hablaba de un adelantado a su tiempo, de una versión a la inglesa de Iniesta (su jugador favorito) o Xavi, en el solar anacrónico de los noventa, donde se imponían otra clase de jugadores. No obstante, sus botas han destilado el mejor fútbol que se ha hecho en el Manchester y en la Selección Inglesa en las últimas dos décadas. Su visión de juego acompañada de un exquisito golpeo y una gran llegada al área han hecho las delicias de Old Trafford desde que en 1994 Alex Ferguson le diera la alternativa en un partido de la Copa Inglesa. Desde entonces ha disputado 676 partidos con los diablos rojos, en los que ha anotado 150 goles. En su deslumbrante palmarés sobresalen 10 Premier League, 2 Champions League, 1 Copa Intercontinental, 1 Mundial de Clubes, 3 Copas Inglesas y 2 Copas de la Liga.

Cuesta creer que con ese palmarés y formando parte de una de las generaciones más gloriosas que ha dado el Manchester United (junto a los hermanos Neville, David Beckham o Ryan Giggs) habitualmente estuviera en el punto de mira de la afición. Con él las expectativas eran siempre máximas y tal vez el fútbol inglés tan directo como impaciente no supo comprenderle a tiempo. Cuando lo hizo, cuando descubrieron su calidad y su valor diferencial ya era demasiado tarde. Cansado de ser siempre el responsable de las decepciones y uno más en los éxitos, abandonó la Selección inglesa en 2004, tras la Eurocopa de Portugal, después de 66 partidos con los ‘Pross’ en 7 años (1997-2004).

Fuera de los terrenos de juego también fue distinto. Menos mediático que el resto de sus compañeros de quinta, pero con más calidad que ninguno de ellos, estuvo siempre muy apegado a su familia. A lo largo de su carrera ha llevado siempre una vida monacal, alejado de la prensa sensacionalista, de los escándalos de faldas y de todo aquello que no oliera a cuero y césped. Así ha sido hasta su último día, hasta sus últimas horas como futbolista en las que ha disfrutado de su única pasión, de lo único que le hacía diferente a cualquier otra persona, jugar al fútbol, porque muy pocos lo hacían como él. Tras este punto y seguido, no se alejará mucho de su pasión, ya que a partir de la próxima temporada formará parte del cuerpo técnico de su equipo de toda la vida.

Paul Scholes, decepcionado tras perder la final de la Champions League en su último partido con el United

Ahora con 36 años y muchas batallas a cuestas, deja el fútbol con el sabor agridulce de la 19º Premier League cosechada por el Manchester y la reciente derrota en Wembley frente al Barça, donde a buen seguro, un hombre como él disfrutaría del juego de los azulgranas. De allí, de Londres, se llevó el único botín que le dejaron, la camiseta de su admirado Andrés Iniesta. Fue el último gesto del último gran futbolista inglés puro, un red devil de los pies a la cabeza, que ya será para siempre una leyenda más del teatro de los sueños. Sólo allí fue a lo largo de su carrera comprendido.





La justicia de una injusticia

11 01 2011

“Yo no gano balones de oro, yo los fabrico”. La sentecia, a medio camino entre la confesión y la fanfarronería, es de Xavi Hernández, uno de los tres finalistas del Balón de Oro de este año, uno de los dos españoles que se quedó ayer a las puertas de la gloria. El otro fue Andrés Iniesta. Ambos fueron adelantados por la derecha y en el último instante por ese barrilete cósmico que amenaza con romper estadísticas y alzar premios a la velocidad con la que perfora redes. Leo Messi ganaba por segundo año consecutivo el Balón de Oro y hacía de la injusticia justicia.

Un Guardiola cariacontecido entrega el Premio a Messi

Fue la sorpresa de la noche y sin embargo, no sorprende tanto. Messi es, probablemente el mejor jugador del momento, idea ratificada por los más de 400 periodistas, entrenadores y futbolistas que votaron para otorgar este galardón a ‘La Pulga’ argentina. No puede hablarse de tongo, entonces, ni de cacicada de la FIFA hacia España. Y sin embargo, todavía tenemos el chasco a flor de piel, la mueca de decepción en el rostro. El paso de las horas ha atenuado la negación profunda, la reflexión ha dado paso a la cordura, la cual nos ha encaminado hasta rendición: Messi es demasiado bueno como para dejar escapar un premio.

Pero si Messi es tan bueno, en mayor o menor medida, hay algo de todo ese talento que le debe a esos dos escuderos, ataviados con frac de seda y pincel de fino estilista. Xavi e Iniesta le han hecho mejores y justo, necesario y algo tardío fue su reconocimiento en pleno vuelo de vuelta a sus dos compañeros de equipo: “esto es para Xavi y Andrés, ellos se lo merecen tanto o más que yo”.

Messi perdió la oportunidad de hacer eso mismo, incluso algo más cuando abrumado por los flashes de la sorpresa y la emoción recibió de manos de Guardiola (magnífico detalle de la FIFA, por otra parte), el Balón de Oro. Era la ocasión para meterse definitivamente al mundo del fútbol en el bolsillo. Sólo tenía que haber pedido a Xavi y a Andrés, dos de los que más le han ayudado a conseguir este galardón, que le acompañaran, que subieran al escenario para inmortalizar una foto histórica.

A partir de aquí las lecturas, las posibles razones que nos lleven a desentrañar una decisión tan justa para unos como injusta para otros. Nadie se puede negar en rotundo cuando se le concede un premio a Messi, aunque esta vez Messi no parecía el mejor. No lo parecía, me explico, porque los criterios para designar el ganador de este trofeo en anteriores ediciones eran los contraídos a lo largo del año. Era un premio que premiaba una temporada, no una trayectoria, o un momento actual. Y ahí Messi flaqueaba, porque a pesar de terminar la pasada temporada como Bota de Oro europeo y máximo goleador de la Liga Española, del Mundial se marchó por la puerta de atrás, sin poder llevar a su Selección más allá de Cuartos de final.

Xavi e Iniesta no le han echado tanto de menos cuando no han tenido a la Pulga como compañero, como el argentino lo ha hecho con ellos.  El Mundial de ambos fue sobresaliente, al igual que la temporada de Xavi, más floja la de Andrés. No obstante la presencia de ambos en la votación final les ha perjudicado, ya que los votos otorgados a ‘España’ se han dividido entre sus dos candidaturas. Por otro lado, el hecho de que tanto Xavi como Iniesta sean jugadores de un perfil muy parecido, en ningún caso goleadores, también ha contabilizado en su contra. Muchos de los que votaron a Xavi no votaron a Iniesta y viceversa.  A lo que habría que sumar la inclusión de cientos de países donde sólo ‘llegan’ los goles de Messi, sin reparar en las exhibiciones de cada fin de semana de nuestros dos centrocampistas.

Por ahí se explica otra de las claves de la votación. Este año ha sido el primero en que el Balón de Oro y el FIFA World Player se unificaban. Así, para el Balón de Oro FIFA 2010 votaban periodistas de la Revista France Football, Seleccionadores y Capitanes nacionales sin un criterio claro. Si bien los periodistas se ciñeron más a los parámetros clásicos (sólo con sus votos el ganador hubiera sido Wesley Sneijder), los Seleccionadores y Capitanes votaron al que ellos consideran mejor en los últimos tiempos (ahí salió ganador Messi). La FIFA no se preocupó en ningún momento por aclarar cuál era el criterio básico a pesar de la inclusión de un elevado número de países que votaban por primera vez.

Si no ha sido ahora, ya no será. ¿Qué más tenemos que hacer? Es el regusto amargo, el fatalismo patrio que ha resurgido entre los aficionados españoles. Simplemente (y desdramatizando) es la injusticia de los premios individuales en un deporte colectivo, tal y como ha señalado Xavi, poco antes de reconocer que ellos van a seguir compitiendo de igual a igual para volver aquí otro año. Tanto él como Iniesta ya han entrado a formar parte de esa ilustre lista de jugadores que se quedaron a las puertas del Balón de Oro. Hasta allí desterraron a Raúl en 2001, a Michael Laudrup o a Roberto Baggio. No obstante, los dos tienen tiempo y talento por delante para que, al igual que Messi, convertir la injusticia en justicia.





Balón azulgrana

10 01 2011

No es de oro, es azulgrana. El trofeo que la FIFA entregará esta tarde debería ser teñido de los colores que desde hace más de 110 años iluminan la pasión y el sentir de un club que siempre quiso ser algo más que eso. En ese intento reformuló los parámetros del fútbol profesional desde sus cimientos, desde su cantera. Ese fruto ha germinado y dos décadas después su esplendor será contemplado hoy por todo el mundo. Iniesta, Xavi y Messi son la esencia de ese cultivo criado en La Masía que hoy recogerán un balón más azulgrana que dorado, más colectivo que individual.

Los tres finalistas al Balón de Oro posan en las instalaciones del club tras conocerse que son los candidatos al Balón de Oro FIFA 2010

“Es un premio compartido”; se han cansado de repetir los protagonistas, los tres finalistas al primer Balón de Oro FIFA (después de que se unificaran este año el premio que otorgaba la revista France Football y la Federación Internacional, FIFA). Iniesta, Xavi y Messi han afirmado por activa y por pasiva que la fiesta, antes de que el premio se entregue, ya es completa y que da igual quien gane, porque el que ha ganado ya, es el Barça. La decisión está tomada (o debería estarlo) a estas horas en las que el secreto a voces se esconde tras las votaciones de los corresponsales de la revista France Football, los Seleccionadores y los Capitanes nacionales.

Ellos han sido los encargados de valorar los méritos y las virtudes de unos y otros a lo largo de los últimos 12 meses. Porque, que nadie lo olvide, éste es un premio que se otorga al mejor jugador del año 2010, no a una trayectoria, un mes o un instante, por mucho que éste hiciera levantar a todo un país. Además en año de Mundial, el ganador suele partir con ventaja en este tipo de premios. De hecho así ha ocurrido desde 1998. Zidane lo ganó aquel año, Ronaldo hizo lo propio en 2002 y Cannavaro sorprendió a propios y extraños cuando tras levantar la Copa del Mundo, alzó, meses después, el dorado balón.

A ello se agarran Xavi e Iniesta (y también nosotros). Ambos brillantes Campeones del Mundo con España en Sudáfrica 2010. Ambos brillantes campeones de Liga con el Barça, alcanzando los 99 puntos. En el caso de Xavi está ante la oportunidad de su vida. Con 30 años se ha convertido en la brújula del mejor Barça de la historia y de la España campeona del mundo. A través de su regularidad y su elevado nivel de juego se entienden los trofeos de su club y su Selección. El de Terrasa es la esencia, el paradigma que resume el asombroso juego culé, una forma de entender el fútbol y la vida que hunde sus raíces en La Masía, un líder silencioso que hace mejores a los que le rodean. Alcanzado el cénit sólo queda condecorarlo.

Lo de Iniesta es otra cosa. Lo suyo es baile de salón con la pelota, a la que amansa y enloquece cuándo y cómo quiere. En su caso la historia se cruza con el destino y éste le ha colocado ya en varias ocasiones en el lugar y el momento adecuado, a las puertas de la gloria. España guardará para siempre en su memoria aquel zapatazo suyo que un 11 de julio de 2010 nos instaló en el paraíso. Ésa es, junto a su excelso Mundial, la principal baza del manchego tras una irregular temporada con el Barça. Pase lo que pase hoy, Iniesta o su destino lo volverán a colocar en disposición de ganarlo.

El que no entiende de irregularidades, al menos cuando tiene las espaldas cubiertas por tipos como Xavi e Iniesta, es Leo Messi. La guinda del mejor Barça de la historia, de uno de los equipos que marcarán un antes y un después en la historia del fútbol. Messi, para muchos el mejor jugador del mundo del momento y uno de los grandes de todos los tiempos, materializó 47 goles con el Barça la temporada pasada (fue Bota de Oro europeo), alcanzó los 60 goles en 59 partidos en todo el 2010, pero su lunar fue el Mundial. De él se fue sin encontrar la gloria del gol y por la puerta de atrás tras ser derrotado abultadamente por Alemania en cuartos de final.

Y tal vez por esto último es menos favorito hoy. Por eso y porque ya lo ganó el año pasado y a la FIFA no le gusta repetir con esto de los galardones. Los ojos de medio mundo miran más atrás, miran hacia Xavi e Iniesta, miran hacia los sucesores de ese genio que fue Luis Suárez, quien suspira por un acompañante español allá arriba, en el Olimpo. El secretismo ha sido máximo y los jugadores de Guardiola, que han repetido la machada del Milán de Arrigo Sacchi de colocar a tres jugadores del mismo equipo entre los finalistas (entonces fueron Gullit, Rijkaard y Van Basten), no sabrán hasta el último momento quien de los tres se lleva el dorado a casa, porque el azulgrana lo tienen marcado a fuego de por vida.





Rectificar

18 10 2010

Me sorprendió desde el principio. Incapaz de comprender la falta de previsión, de sensibilidad y sobre todo de conocimiento.  Tanto José Mourinho como Pep Guardiola se descolgaron el pasado viernes afirmando que ninguno de sus jugadores irían a recibir el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Ese galardón concedido este año a la Selección Española de Fútbol perdía así a 13 Campeones del Mundo, a más de una docena de sus representantes más ilustre. El menosprecio ya estaba hecho pero aún se podía rectificar.

Será difícil repetir esta imagen el próximo viernes 22 de octubre

La excusa planteada por ambos entrenadores era el partido del fin de semana. Los Premios Principe de Asturias se entregarán el próximo viernes, 22 de octubre, en el Teatro Campoamor de Oviedo, apenas 24 horas antes del inicio de la novena jornada de la Liga BBVA. Tiempo suficiente para que tanto los jugadores azulgranas como los merengues se desplazaran a la capital asturiana esa misma tarde y estuvieran de vuelta en sus respectivas concentraciones esa misma noche. Eso que parece algo tan normal fue pintado  con rotundidad y ciertos tintes extraordinarios por los técnicos y por sus altavoces públicos.

Mourinho que el mismo viernes se mostraba inflexible y autoritario al anunciar que ninguno de sus jugadores se desplazarían para recibir ese premio, ni siquiera Casillas, capitán de esa Selección Española que se proclamó campeona del mundo en Johanesburgo el pasado mes de julio. Un día después, Mourinho, más sosegado tras lograr la victoria en Málaga confirmaba lo que antes, ya había adelantado Jorge Valdano, Director General de la entidad blanca.

Lo innegociable se había hecho negociable, Casillas estaría en la ciudad ovetense para recoger el galardón. A Mourinho, su presidente, Florentino Pérez, le había explicado lo que el premio representa en España y lo que debería representar en el mundo (aunque el prestigio nos lo hemos cargado entre todos), y el orgullo que supone para una entidad como el Real Madrid verse representado en estos galardones, entregados, no lo olvidemos, por la Familia Real Española. Otros, como el Athletic de Bilbao también ha reaccionado a tiempo y permitirán acudir a Oviedo a sus dos campeones del mundo, Javi Martínez y Fernando Llorente.

No parece haber reparado en ello Guardiola, quien más comedido en su declaración no vaciló al recordar que ningún jugador azulgrana que fuera titular el próximo sábado (juegan contra el Zaragoza a las 18.00h) acudiría a recoger el premio. Tal vez la posible baja de Xavi producto de sus molestias en el tendón de Aquiles le echarían una mano al técnico culé. Sin duda, el mediocentro azulgrana ha sido el motor de esta Selección, aunque sin la inestimable colaboración de Andrés Iniesta, su compañero en el Barça y en el combinado nacional, todo hubiera sido más difícil. Además, Iniesta fue quien obró el milagro el pasado mes de julio cuando marcó ese gol que nos llevó al éxtasis a todos. Estos premios se merecían también su presencia.

Guardiola no ha variado su discurso y todavía no ha rectificado. Conociéndole no lo hará. Más aún cuando desde el club se ha asegurado que los internacionales del Barça estarán bien representados por Casillas. Se confunden y cometen un craso error. Ese viaje a Oviedo no trastoca los planes de unos futbolistas, que en el caso del FC Barcelona se desplazarán a Zaragoza el mismo sábado, como viene siendo habitual desde la llegada de Guardiola. A éste le ha faltado mano izquierda en esta ocasión para darse cuenta de que a veces hay instituciones por encima tuya, incluso por encima de un gran club de fútbol. Guardiola debe demostrar ahora si el hábito de la sabiduría cuelga entre su repertorio de trajes.





Celebraciones

24 09 2010

En la historia del fútbol las ha habido de todos los colores: emotivas, graciosas, ingeniosas, colectivas, ofensivas…, pero pocas han tenido tanta trascendencia negativa como la efectuada el pasado fin de semana por José Callejón, jugador del Espanyol de Barcelona. Su ofensa fue levantarse la camiseta para mostrar el rostro en blanco y negro del eterno capitán del club blanquiazul, Dani Jarque, fallecido el verano de 2009, a Teixeira Vitienes le pareció un motivo sancionable y así lo reflejó en el acta. El resto lo hizo el Comité de Competición que una vez analizada la situación vio una posibilidad inmejorable de hacer caja. Al jugador del Espanyol le han impuesto una sanción de 3.000 euros.

Momento en el que Callejón muestra el rostro serigrafiado de Jarque

Inconcebible, incomprensible, irracional. No son pocos los adjetivos para calificar esta actuación. Y es que la falta de sentido común y de sensibilidad con un tema tan delicado y tan unido, en realidad, al mundo del fútbol resultan en esta ocasión más que evidentes. El Comité se ha vuelto a cubrir de gloria dejando claro que no son más que una máquina de hacer dinero sin sentimientos. A estas horas el Espanyol ya redacta un recurso ante lo que consideran una completa falta de sensibilidad de los estamentos del fútbol español. De hecho, en el club catalán entienden que es un tema que sobrepasa la dimensión deportiva y que se trata más de un tema humano.

Y en un mundo deshumanizado como éste, los estamentos de nuestro fútbol han tirado por la calle del medio. Lo cierto es que el reglamento prohíbe expresamente lucir camisetas con dibujos o inscripciones de cualquier tipo y Teixeira Vitienes anotó esto en el acta del Espanyol-Almería: “se levantó levemente la camiseta mostrando una elástica debajo de esta con un rostro serigrafiado no identificado”. El colegiado no se molestó en indagar a quién correspondía ese rostro, en llegar al fondo del asunto. Parece que la humanidad y la sensibilidad de los árbitros sólo es reclamada cuando se equivocan en sus decisiones arbitrales. Para este tipo de actuaciones nunca les tiembla el pulso.

¿O sí? Porque todos tenemos fresco en la memoria esa celebración de Iniesta que llevó al delirio a un país entero, con idéntico protagonista y similar mensaje. El bueno de Andrés no ha sido el único. Otras estrellas del panorama futbolístico también se han acordado de sus más allegados en momentos delicados. Como Cristiano Ronaldo con su isla natal de Madeira, o el ‘Chupete’ Suazo tras el terremoto que asoló Chile a principios de año. Ambos se levantaron la camiseta y mostraron sus mensajes de apoyo. Ninguno de los tres recibió sanción alguna por esta actuación. ¿Clases? Tal vez.

Andrés Iniesta también se acordo de Dani Jarque en el gol más importante del fútbol español

Mientras tanto, el mundo del fútbol se ha solidarizo con Callejón porque en su gesto no hay una razón política, un mensaje implícito o una propaganda de cualquier tipo. Era sólo un recuerdo sincero y necesario, que salió de corazón, tal y como el propio jugador ha explicado, para un compañero arrebatado antes de tiempo de forma dramática. Por ello, personalidades de nuestro fútbol como Joaquín Caparrós ha sentenciado que la decisión “no tiene sentido. De hecho habría que aplaudirle. Que le pongan la multa y ya la pagaremos entre todos los del fútbol”. Si rectificar es de sabios, el Comité de Competición tiene una última oportunidad para demostrar su cordura y lo injustificable de algunas actuaciones, aceptando el recurso espanyolista, aunque sólo sea por respeto a la figura de Dani Jarque.





El fútbol vuelve a casa

21 08 2010

Habían pasado más de tres meses desde el último partido, el mismo tiempo que se había consumido desde la última celebración, el último título (ya penúltimo), la última fiesta. Hasta hoy, el día, mejor dicho, la noche que el fútbol volvió a casa. Bastó un boceto, apenas unas pinceladas de Messi por aquí, un tiralíneas de Xavi por allá, un sprint de Pedro o el fino acoplamiento que demostró Villa. Un poco del Barça esta noche fue demasiado para el Sevilla de Antonio Álvarez, más concentrado en la Champions que en la Supercopa de España.

El Barça sumó su primer título de la temporada, el 8º de la 'Era Guardiola'

El Camp Nou volvió a revivir sensaciones pasadas, volvió a disfrutar de los suyos, del juego armónico de los chicos de Guardiola, de la victoria cómoda, del Barça de siempre. Y palpó nuevas experiencias. Por fín, una remontada, tan escasas como necesitadas hasta ahora. Por fín, David Villa, el 7 de España y del FC Barcelona comenzaba a deleitar al coliseo azulgrana. Por fín, Sandro Rosell se presentaba en el palco del Camp Nou con los galones de Presidente colgando de su americana.

Y entre medias el Sevilla como convidado de piedra e invitado aguerrido. El 3-1 de la ida aportaba morbo y emoción para un encuentro que en esta ocasión no sería descafeinado. Porque unos y otros contaban, a priori, con todos sus hombres para intentar levantar el primer título de la temporada. Aunque Guardiola ya avisó en la previa que no todos los internacionales españoles estarían en el once inicial.

El Guaje no necesitará adaptación, se entiende a la perfección con todos

No hicieron falta. Al descanso la eliminatoria estaba ventilada. El Barça ganaba 3-0 gracias una vez más a las genialidades de Messi, al descaro de Pedro y a la eterna brújula de Xavi. Con ellos  sobre el verde, se nos olvidó que Guardiola se había dejado parte de la artillería en el banquillo: Ibra y Villa lo vieron desde el banco, al lado de Pep. Desde allí pudieron observar que el Sevilla salió atemorizado al Camp Nou y se fue trasquilado. Álvarez reservó jugadores confiado en la renta de la ida y con el temor de la remontada. La propia y la ajena.

Cuando los hispalenses quisieron despertarse el vendaval azulgrana, la tormenta perfecta, les había pasado por encima, habían anulado todas sus defensas y habían desparramado su ventaja con ese canto sinfónico que tanto se echaba de menos por el Camp Nou. Una vez convertido el Sevilla en un juguete roto en manos de los culés, éstos se dedicaron a dormir el partido y hacer de la pelota un cómplice que no los delatará jamás porque nadie la trata con más mimo. Y para cuando las fuerzas flaqueaban entre los internacionales españoles (los que llevan menos kilómetros de pretemporada), Guardiola movió las piezas buscando más control y pegada. Iniesta y Villa fueron recibidos como lo que son: héroe el primero, nuevo ídolo el segundo. De su conexión nació el cuarto cuando ya el partido expiraba. La jugada la culminó Messi, demostrando que para él no hay pretemporada. Era su tercer gol de la noche, suma 130 con la camiseta azulgrana, a la altura de Eto’o y Rivaldo, y lo que queda…

El único pero para el Barça fue esa suplencia de Ibrahimovic (no llegó a disputar ni un minuto) que reabre el debate su posible marcha. El fichaje más caro de la historia culé no encuentra el feeling con Guardiola y mientras Bojan le adelanta en la rotación, la amenaza de Villa aumenta cuando éste apenas ha disputado una decena de minutos. Pep habla más claro de lo que algunos creen y su mensaje esta noche fue contundente. Ibra participó en la 9º Supercopa de España del Barça cuando las circunstancias no dejaban otra escapatoria al técnico culé, pero una vez recuperado el orden establecido el ‘9’ azulgrana pasó a un segundo plano y pocos repararon en esa ausencia de protagonismo de un hombre acostumbrado al foco mediático. Al Camp Nou le dio igual. El fútbol había vuelto a casa.