En busca de SOLuciones

“La indignación debe ir seguida de compromiso”. Stéphane Hessel, autor de Indignados

Nos habían asegurado por activa y por pasiva que éramos la generación mejor preparada. Es cierto que nos achacaban cierta inmadurez, así como, nuestra pasividad ante los problemas sociales o nuestro talante apolítico. Todo ello producido, tal vez, porque crecimos bajo la libertad de la democracia y al amparo económico de una burbuja inmobiliaria que nos transportó de un mundo en blanco y negro a un mundo en color. Un mundo donde pudimos formarnos, donde pudimos elegir, donde decidimos qué ser el día de mañana. Llegado ese día, descubrimos que se habían acabado las elecciones, que vivíamos a expensas del mercado y que en el futuro ya no brillaba el sol. Había que buscar soluciones.

El grito mudo en el inicio de la jornada de reflexión fue una de las imágenes de estas manifestaciones

Nadie les prestó atención cuando se pusieron en camino el pasado 15 de mayo. Un abanico de personalidades dispares abarrotaron la plaza de Cibeles donde se concentraron desempleados, mal remunerados, subcontratados en precario, hipotecados. Las cifras, como siempre, bailan, pero cuando se habla de personas los números no deberían importar. Desde allí marcharon con su discurso pacífico y reivindicativo hasta alcanzar la céntrica Puerta del Sol. Para entonces, para cuando una acampada espontánea en el corazón del país abría los principales noticieros internacionales, los medios españoles salieron de su letargo para dar voz a los indignados.

Se hacían oír a través de un grito: “¡Qué no nos representan!” Y una protesta utópica: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Para aumentar aún más el desconcierto aseguraban que no pertenecían a un movimiento politizado. Su espejo era Islandia. Allí las movilizaciones ciudadanas acabaron con el anuncio de disolución del Parlamento y una convocatoria electoral en 2009. Aquí, se exigían derechos básicos (vivienda, trabajo, educación, participación política) así como la modificación de la Ley electoral para garantizar un sistema auténticamente representativo y proporcional.

Entonces se les tachó de oportunistas porque su indignación floreció sólo una semana antes de las elecciones autonómicas y municipales. Se les acusó también de quebrantar la legalidad, después de que la Junta Electoral Central prohibiera las manifestaciones en la Jornada de reflexión. Y esa prohibición regeneró el espíritu del 15M. Eran rebeldes sin casa, sin trabajo y sin futuro y por tanto, sin miedo. 28.000 personas dieron una lección de civismo desde la ilegalidad. Habían llevado su revolución ética hasta las últimas consecuencias y con ese grito mudo nos hicieron reflexionar a todos. Fueron apenas unos segundos en los que el silencio se impuso al ruido para escuchar el clamor, algo habíamos hecho mal, algo debíamos cambiar.

Y como si de una ilusión se tratara el perfume se esfumó tras ese gesto silencioso. Pasadas las elecciones, el movimiento comenzó a desvirtuarse. Poco a poco perdió su esencia y quedó atrapado en sí mismo. Bloqueados por el juego democrático que ellos mismos habían puesto en marcha. El sistema asambleario no conseguía sacar adelante las propuestas ante la oposición de las minorías y algunos actos, como la protesta frente al Congreso o los brotes violentos en Cataluña, lastraron aún más sus decisiones. Tampoco ellos dieron con la fórmula perfecta de la democracia y terminaron ahogados en un sistema que simplemente es el menos malo de los sistemas de gobierno.

El final se escribe con la amargura de la desilusión, de lo que pudo ser y no fue, y con un último toque de atención. Éste se produjo el pasado 19 de Junio con la manifestación contra el Pacto del Euro, los recortes sociales y la corrupción política. Fue el epílogo masivo, respetuoso y pacífico (en su mayoría) de un movimiento nacido desde la acera y la red, donde la población se ha movido en busca de voz y voto en propiedad porque temen que han hipotecado su vida y no serán capaz de pagarla. Ahora, le toca reaccionar al sistema, aunque resultará difícil seguir mirando hacia otro lado y no reflexionar sobre la sociedad que queréis que heredemos nosotros, vuestros hijos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: