¿Qué se hace en el abismo?

3 09 2012

De repente la vida te sonríe, los malos augurios se despejan y el sol brilla con fuerza nada más comenzar septiembre, un mes poco propicio para los destellos. Ese mar de niebla constante clarea y el sendero se ve con la nitidez de los anteojos recién limpiados. Marcada la ruta, sin cruce de caminos que enturbie las decisiones, te ves frente al abismo antes de lo imaginado, mucho más tarde de lo deseado, y te preguntas qué hacer.

Estamos en el filo queda mucho por recorrer

La responsabilidad no asusta. Todo lo contrario, excita y estimula, aunque la prudencia,  -siempre la maldita prudencia-, te inste a repensarlo todo dos veces. Eso resta naturalidad a cualquiera y en la búsqueda de ese equilibrio, marcado por los vértices de la naturalidad, la prudencia y la responsabilidad navegaran los designios en los próximos meses. Lo que está claro es que hay que dejar atrás las cadenas. Es de sentido común, nadie sale a ligar despeinado, solo un inconsciente se asoma al abismo con exceso de equipaje.

Estamos donde queríamos estar. Tarde (hay costumbres que no se pierden) pero justo a tiempo. Con el reto entre la manos y rodeado de las montañas más altas que jamás hayamos hollado, nos encontramos, disculpen, (algo) aturdidos. Esas montañas que hemos observado, o mejor dicho, escuchado durante toda una vida son cimas de primera categoría, son tiburones hambrientos en el Índico, son periodistas con mayúsculas.

Por eso, no valdrán solo las buenas palabras. Es preferible que el barco no haga aguas, que el rigor, la profesionalidad y la entrega incansable te acompañe en este viaje, y que la confianza y la pasión resuelvan un duelo diario contra el elogio y la palmadita, auténticos farsantes de siempre. Ha llegado el momento, la oportunidad deseada, la casilla anhelada por tantos. Ahora que las dudas quedaron atrás, no hay duda de que ante el abismo solo hay una salida: saltar.

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