Falla de sentimientos

31 12 2011

Las lágrimas se desbordan en ese vestuario. Son lágrimas de satisfacción e incertidumbre, de tensión y emoción desmedida. Se ha logrado el objetivo pero eso ya no importa, el fútbol vuelve a quedar en segundo plano o en tercero, o en un plano casi residual. La cabeza vuela lejos de allí, lejos de La Condomina, lugar de su última hazaña, hasta el epicentro de sus temores y angustias, hasta el pueblo que representan, hundido en una nube de cascote y polvo. En esa falla de sentimientos encontrados los jugadores del Lorca ‘celebran’ su permanencia en 2ºB.

Interior de la Iglesia de Santiago tras el terremoto del pasado 11 de mayo

Nadie pensó en ese partido el miércoles, apenas cuatro días antes de jugarse su supervivencia en la categoría de bronce del fútbol español. Ese día la plantilla del Lorca Atlético se disponía a entrenar, mientras su míster, Benigno Sánchez daba las últimas instrucciones a los suyos. Un estruendo fortísimo no le dejó terminar y presos del pánico todos salieron corriendo de los vestuarios. El primer aviso tuvo una magnitud de 4,4 en la escala de Ritcher.

Con el segundo estremecimiento de la tierra no hubo dudas, algo serio había ocurrido: “sentimos una ola debajo de nuestros pies”, recuerda Benigno Sánchez, el entrenador del equipo. Las malas sensaciones aumentaron por la vista y el aislamiento. Camino de los vestuarios vieron tambalearse su estadio, el Artés Carrasco; a lo lejos, a 5 kilómetros (los que separan el estadio de la ciudad) una gran nube de humo y angustia sepultaba Lorca. Eran las 18.47 horas y un temblor de 5,2 en la escala de Ritcher había convertido esa ciudad en una ciudad fantasma.

Benigno Sánchez dirigiendo a sus chicos en un partido del Lorca Atlético

Los minutos y horas que siguen se alimentan de tensión e incertidumbre. Las noticias anudan la garganta camino de Lorca y la radio colabora en hacer ese trayecto eterno. A través de las ondas conocen que hay varios muertos y al llegar todos y cada uno de ellos se encuentran una ciudad habitada por el caos. Con las líneas telefónicas colapsadas, el contacto con los seres queridos se complica y los destrozos ocasionados en la ciudad no ayudan a moverse rápido. Benigno consigue localizar a su mujer y a su hija de nueve años. Su casa está destrozada y deciden irse a la casa del campo, a las afueras de la ciudad.

La escena se repite entre los futbolistas. Algunos pasan la noche en sus propios coches, otros, como Germán Córdoba tienen más suerte. Germán llama a un amigo de Águilas y lleva hasta esa localidad murciana a toda su familia. Él es uno de los capitanes del equipo y una voz autorizada para rememorar esos días. “Lorca era un caos, pero los capitanes y el cuerpo técnico hablamos por teléfono, nos citamos en el campo para el día siguiente a la hora de siempre”.

Momentos de caos e incertidumbre las vividas en Lorca ese 11 de mayo de 2011

A las cuatro y media del jueves los jugadores van llegando a las instalaciones del club y muchos de ellos se encuentran con la sorpresa de ver su oficina de trabajo convertida en un improvisado hospital de campaña militar. 350 militares son ahora los protagonistas sobre el césped y los jugadores los que tienen que identificarse antes de entrar. Allí tenían que jugar el último partido de la temporada y todos llegan a una conclusión, el fútbol, en esas circunstancias, no tiene lugar. “El fútbol no tiene importancia en una situación así, amigos, familiares, vecinos y nosotros mismos estábamos sufriendo una situación catastrófica”, rememora Germán. Y la idea del aplazamiento del partido más importante de la temporada comienza a tomar forma.

Es una incertidumbre más que añadir a una plantilla rota ante el gran objetivo de la temporada. La salvación depende de un partido que no saben si jugarán, pero para el que es seguro que no están preparados. Ahí vuelve a surgir la figura de Benigno Sánchez, lorquino y gran conocedor del equipo que comanda. Su entereza y psicología serán claves para sobreponerse a una situación extrema: “nadie era ajeno a lo que estaba pasando, pero había que sacar fuerzas de flaqueza, lo planteamos como algo más que un partido, estaba en juego la alegría de un pueblo”. El deporte, una vez más, como anestesésico ante el dolor.

La Federación Española de Fútbol hace caso omiso a las peticiones murcianas y el partido finalmente se disputa. A él llegan los jugadores con un entrenamiento en las piernas y con la cabeza en otro sitio. El ejercicio de profesionalidad y coraje es posiblemente el más importante que hayan realizado esos jugadores a lo largo de su carrera. El partido se disputa en La Condomina, en Murcia y hasta allí acuden paisanos y aficionados de toda la región con el único afán de ver ganar al Lorca Atlético. Una victoria certifica la permanencia y edulcora las penas.

Jugadores del Lorca At. antes de jugar frente al Estepona con la camiseta "Todos somos Lorca"

Germán Córdoba tiene algunas palabras de aquel día guardadas a fuego en su memoria. A él, veterano en mil batallas pero ninguna como aquella, le tocó tirar del carro, “luchamos por la memoria de las víctimas, defendemos los colores de un pueblo, jugamos por el orgullo de una ciudad”. Se trataba de conectar el corazón y la cabeza con las piernas, algo que también buscaba Benigno Sánchez, “intenté aplicar el sentido común, ponerme en la piel de todos los lorquinos, y ofrecer una pequeña alegría a esa gente”.

Esa alegría no estuvo exenta de suspense. Porque el Lorca Atlético llegó a los minutos finales empatando a uno con el Estepona pero con un jugador menos. Entonces Jaime obraba el milagro y adelantaba a los de Benigno Sánchez en el minuto 89. En una nueva zancadilla del destino el equipo andaluz empataba en el tiempo de prolongación y tocaba esperar. El empate obligaba a mirar otros resultados y la agonía se hacía insoportable. Afición y equipo siguieron unidos más allá del pitido final prendados del transistor hasta que las ondas dieron la nueva buena. El punto les valía la salvación.

Éxtasis final tras lograr la permanencia; hora de darse de bruces, de nuevo, con la realidad

“Aquel partido supuso un antes y un después” reconoce Benigno Sánchez. Germán rememora los sentimientos que recorrían ese vestuario “nos acordábamos de los familiares y los amigos, de cómo habíamos vivido los últimos días, del esfuerzo que todos estaban haciendo”. La reflexión y el silencio ganaron la batalla a los cánticos en una situación anómala, “no hubo cena de despedida, ni festejos de ningún tipo por respeto a Lorca”, recuerda Benigno.

Jugadores del Estepona con la pancarta que portaron al inicio del partido

Germán no pudo conciliar el sueño aquella noche rodeado de colchones y camas supletorias. Su casa apenas había resultado dañada y allí reubicó a toda su familia. En la soledad que deja a su paso el exceso de adrenalina el capitán del Lorca se planteó dejarlo. A él le cuesta reconocerlo, y alude a la difícil situación económica que vive el fútbol modesto, a su edad (35 años) o a los deseos de crearse un futuro próspero fuera del fútbol, pero aquellos temblores también jugaron su papel en la decisión final. Hoy el fútbol sigue siendo su compañero más fiel, pero se ha cambiado de bando, y ahora reparte juego desde la banda, como entrenador de la Selección juvenil murciana. Trabajo que compagina con el de educador deportivo en el centro de disminuidos físicos y psíquicos Asprodes.

Otros también tuvieron dudas pero siguieron el camino marcado. Benigno Sánchez puso su cargo a disposición del la Junta directiva, pero al final pudo más su pasión y el amor a su tierra, aunque no las tuviera todas consigo. En Lorca no solo había que reconstruir una ciudad, también había que recomponer una plantilla. Hasta 17 jugadores se marcharon del equipo al concluir la temporada y Benigno sabía que aquello no sería fácil, “teníamos que reinventarnos y partíamos de menos uno, solo cuatro o cinco jugadores se quedaron en la plantilla”.

Mientras tanto en Lorca derruían una superfície equivalente a 18 campos de fútbol, el torrente de solidaridad se iba secando con el paso del tiempo y la gente volvía a sus casas entre ruido de excavadoras. En medio de todo eso un equipo sobrevivía bajo la máxima de su entrenador: “Primero hay que levantarse y luego caminar. Estamos intentando caminar”. A partir de ahora el Lorca caminará sin él, sin Benigno Sánchez, un hombre de principios y convicciones que no ha querido plegarse a las presiones de la directiva y que el pasado 21 de diciembre presentaba su dimisión, porque como dijo Jorge Valdano “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes” y eso bien lo sabe Benigno… y Lorca.

Aquí el reportaje audiovisual que El Día Después de Canal + hizo sobre el Lorca Atlético:





Cuando la bandera es el escudo

29 12 2011

Hay escudos que no paran bombas o misiles, son escudos que apelan a las emociones, a lo más visceral del ser humano. Escudos capaces de revertir la situación, de llenar de ilusión un páramo angosto y desamparado. Algo de todo esto se esconde detrás de la figura de Diego Pablo Simeone, el nuevo salvador de la patria atlética, el penúltimo símbolo que le queda al Atletico de Madrid, la última bandera puesta al servicio de Gil y Cerezo. 

El 'Cholo' Simeone vuelve al Calderón para cortar la hemorragia atlética

No lo tendrá fácil el ‘Cholo’ pues llega a un club descapitalizado, donde la afición no respalda al equipo que se encuentra en continua sospecha tras 24 años de gestión gilista. A ellos, a la familia Gil y a Cerezo, su eterna mano derecha futbolísticamente hablando, culpan de los males de un equipo que hace tiempo que navega sin rumbo, como una empresa que da tumbos acechada por la crisis. Capaces de convertir un éxito (doblete de Europa League y Supercopa de Europa) en un equipo sin alma.

Motivos tienen de sobra para creer eso y los números les dan la razón. Como bien dice Rubén Uría, en 1987, cuando los Gil se hacen con el Atlético de Madrid, el club rojiblanco había logrado 8 ligas, el Manchester United, 7; en estos 24 años los red devils han sumado 12 mientras que el Atleti solo ganó una en ese tiempo. Por no hablar de entrenadores, hasta 49 han sufrido la crudeza de la silla eléctrica colchonera.

En ella se sentará ahora uno de los ídolos del doblete, una de las figuras más representativas del sentimiento atlético. Porque Simeone asegura compromiso y garra, agresividad y carácter, valores que hace tiempo se llevó la corriente enrarecida del Manzanares. El Cholo llega a su segunda casa con una máxima “el esfuerzo no se negocia” y con una palmadita envenenada “el objetivo del equipo es estar entre los cuatro primeros” Gil Marín dixit.

Un símbolo del 'Doblete' para recuperar los valores de entonces

Presión, por lo tanto, no le va a faltar, aunque eso tampoco es nada nuevo para el argentino. Simeone llega al Calderón como entrenador joven (41 años) pero de éxito, en sus cinco años en los banquillos ya sabe lo que es salir campeón en Argentina, con dos equipos distintos, con dos históricos, con Estudiantes de la Plata y con River Plate. Con el primero ganó el Clausura en 2006 y con los millonarios el Apertura en 2008. Después probó suerte en Europa, en el Catania italiano. Contratado a mitad de temporada salvó al club del descenso y consiguió el récord de puntos de la entidad.

Un milagro de ese tipo necesitará en el Calderón para cambiar la atmosfera asfixiante y nociva que se respira a orillas del Manzanares, donde el ‘Cholo’ es consciente de que no vale lo que fue, más allá de los 10 primeros minutos de su primer partido. Será a partir de entonces cuando empecemos a ver su libreto, a ver esa presión asfixiante en el centro del campo, al más puro estilo Bielsa, y ese contragolpe que tan buenos resultados le ha dado. Será entonces cuando Simeone tenga que ganarse la credibilidad de la grada (el cariño ya lo tiene) como un empleado más del Gilifato, sin duda, su empresa más difícil. Dejar huella ahí, también como entrenador será su mejor escudo para el futuro.

Entrevista con Diego Pablo Simeone en Telemadrid tras su presentación oficial:





Mi abuelo escala ochomiles

25 12 2011

Andrea desveló el secreto aquella mañana en su guardería. Sus amigos llegaron cargados de ropas viejas y la pregunta se hacía inevitable. La ropa se mandaría a un pequeño pueblo rodeado de nieve y montañas, Sama (Nepal). La respuesta la tenía el abuelo de Andrea, Carlos Soria, él era el encargado de explicar a los niños el porqué de su visita. Fue entonces, ante el asombro y la sorpresa de sus compañeros, cuando Andrea no tuvo más remedio que confesarlo, su abuelo escalaba montañas.

Una pareja inseparable, Carlos y la montaña

La estampa resultaba chocante para unos niños acostumbrados a ver las fotos de sus abuelos en las playas de Benidorm o en los balnearios del norte de España. Las fotos que Andrea tiene del suyo están teñidas de blanco y frío, de alegría y superación. Y eso había que explicarlo. Andrea les contaba que la afición le venía de lejos pero que últimamente Carlos, su abuelo, no hacía otra cosa. Ahora busca hollar el Dhaulagiri, el duodécimo ochomil de su carrera, el antepenúltimo escalón hacia la eternidad, el enésimo reto de su vida. Su receta es simple: “pasarlo bien es bueno para la salud”.

Andrea abrumada ante la curiosidad de sus compañeros no encuentra respuestas para todos. La nieta de Carlos Soria, de apenas 5 añitos, desconoce cuándo comenzó todo, cuándo ascendió su primer ochomil o simplemente qué es un ochomil. Andrea solo conoce las largas temporadas en las que echa de menos a su ‘yayo’ y lo que le gusta a éste hacer deporte. Lo otro, lo que se esconde detrás de la pequeña gran figura de Carlos Soria, los valores que representa y el mérito de sus actuaciones lo conocerá con el tiempo.

Posiblemente en otra clase, ya de primaria, le tocará explicarle a sus compañeros cómo su abuelo escaló las 14 montañas más altas de la tierra, los 14 ochomiles del Planeta. Para entonces sabrá que la aventura comenzó hace más de 20 años, allá por 1990 cuando con 51 años Carlos todavía tenía una tapicería que sacar adelante. O eso es lo que le habían contado a ella. Ese primer ochomil tenía un nombre impronunciable aunque de tanto oírlo en casa se lo había aprendido a la perfección, el Nanga Parbat, la montaña desnuda de Pakistán.

Aquello fue el inicio de todo, solía decir Andrea. Su abuelo había roto otra barrera y, lo más importante, se había visto capaz. Cuatro años después llegaría el Gasherbrum II, el Cho Oyu lo alcanzaba en 1999 y el Everest, la cima del mundo, lo coronaba con 62 años en 2001. En 2004 se jubila y lo celebra pisando la cima del K2. El hobby se convierte en afición a tiempo completo y Carlos entra en el libro Guinnes de los récords al ser el hombre de más edad en hollar esa cima.

La historia se repite hasta el nacimiento de Andrea. En ese tiempo Carlos reescribe la hazaña en el Sisha Pagma (2005) y el Broad Peak (2007), la montaña que más le ha costado, la cima a la que nadie subió con más edad que él. Hasta seis veces buscó el camino adecuado en ese laberinto que es cualquier montaña. Al sexto intento encontró la salida que para un alpinista solo se halla en la cima.

Carlos Soria desde la buhardilla del mundo

La nieta no llegaba con un pan debajo del brazo, Andrea traía una nueva lección de vida, una nueva muestra de superación personal, un nuevo ejemplo de amor a la montaña que transmitir a los suyos, que contar al mundo. Todo esto le relatará un día a su nieta, cuando ella vaya camino del Instituto y tenga que hacer un trabajo de superación personal. El ejemplo lo tendrá muy cerca.

Para entonces Andrea conocerá el resto de la historia que es en realidad el inicio. Carlos le contará a su nieta, enfrascada por entonces en la edad del pavo, cómo unió el amor por la montaña con el amor de su vida, su abuela Cristina. El destino quiso que fuera en La Pedriza, en la Sierra de Guadarrama, a escasos kilómetros de Madrid, donde Carlos comenzará a hacer posible su sueño.

Años antes ya había viajado a los Alpes y en 1968 realiza su primera gran expedición de montaña. Viaja hasta la frontera entre Rusia y Asia para atacar el Elbrus en la cordillera caucásica, el monte más alto de Europa. El idilio marcha viento en popa hasta que la montaña le juega la primera mala pasada de su vida. Andrea, a través de su abuelo, conocerá entonces la cara amarga del deporte y de la vida. La que te deja una rotura de tibia y peroné mientras esquiaba. Era 1970 y aquello le dejó la pierna rota en 40 trozos.

Carlos volvió entonces a aplicar la fórmula que mejores resultados le ha proporcionado en su vida. Ésa que mezcla coraje, tesón y ganas para recuperarse y asaltar nuevos retos. Apenas un año después se marchaba a Alaska con la frustración de que Cristina, una enamorada de la montaña no pudiera acompañarle. Allí escalaría el McKinley poco antes de pisar por primera vez el Himalaya, la cordillera por excelencia de los alpinistas.

Carlos Soria participaba así en la primera expedición española con destino a la buhardilla del mundo. Corría el año 1973 y a pesar de la ilusión y las ganas la meteorología les jugó una mala pasada. Carlos, poco después, intentó sacarse esa espina. Volvió al Himalaya en primavera, cuando las condiciones climáticas son más propicias y entonces lo que no le acompañaron fueron sus fuerzas. El abuelo de Andrea cayó malo y no pudo acompañar al resto de sus compañeros hasta la cumbre que, esta vez, sí hollaron.

Amanecer en el Monte Macalu de 8.463 metros en la frontera entre China y Nepal

“Lo disfruté igual” le confesará algún día a su nieta, posiblemente, cuando le hable por primera vez de esa montaña, cuando le narre su experiencia con el Manaslu, el reto que desde entonces más le ha perseguido. Y es que tuvieron que pasar 37 años hasta que la ‘revancha’ se sirviera fría a más de ocho mil metros de altura. Antes y después de aquello Carlos continuó mirando al mundo desde lo más alto en el Macalu (2008), el G1 (2009) o el Ihotse (2011) para ver unos amaneceres únicos.

Porque eso será lo primero que cuente Andrea en su trabajo. Los amaneceres desde la buhardilla del mundo, la fascinación más grande de Carlos Soria, la clave, en definitiva, que le arrastre también a ella a la montaña. En esas líneas iniciales recordará las palabras de su abuelo y esas descripciones que le erizaban la piel a través de los tonos claroscuros reflejados en las montañas, de esas luces que iluminan las cimas con amaneceres de esperanza y duda, compañeros inevitables en cada expedición. Solo entonces, Andrea comprenderá la vitalidad y la felicidad de su abuelo. Un abuelo, Carlos Soria, cuya felicidad se sitúa a más de ocho mil metros de altura.

Andrea y su abuelo hoy, en el vídeo que inspiró este reportaje:





Pesadilla antes de Navidad

11 12 2011

Ni Tim Burton lo hubiera ideado mejor. La historia, la pesadilla, se repite año a año, en las fechas previas a la Navidad, cuando ese aire de nostalgia, consumismo y buenos presagios inundan las calles de nuestras ciudades. Esos buenos augurios volvieron a esfumarse de un plumazo o tal vez no, el sueño fue más placentero esta vez, al menos en su inicio. Justo el tiempo necesario para que la danza de la muerte azulgrana convirtieran a la novia blanca y radiante, en la novia cadáver.

Kaká intentó reactivar a su equipo pero termino engullido por la pesadilla

Y eso que el No REM, la primera estación del sueño, comenzó atrevida y sin paracaídas. La caída podría ser más dura, a cambio, la gloria sería histórica. En esa fase iniciatica, Mourinho compuso un relato donde el protagonismo lo tenían los actores principales de su equipo. En esta ocasión la banda sonora no llevaría percusión en exceso, se apostaba por los violines y la corneta para atacar los miedos. Y así pocos repararon en que junto a Xabi Alonso, el encargado de llevar el tempo, hacían falta secundarios de lujo. No basta con Lass para evitar que te corten la cabeza.

Todo empezó demasiado bien. Aquello era un verdadero sueño, en el que Benzema sacaba ases de su chistera auspiciado por las revoluciones de Di María. En un abrir y cerrar de ojos el mundo era más justo, el Madrid dominaba al Barça, la Navidad era entonces completa y las pesadillas acechaban a otros, si no que le pregunten a Valdés.

La fortuna, esa amante infiel, había guiñado un ojo a los blancos y éstos se habían rendido a sus encantos. No se olviden de ella porque esta femme fatale nos ayudará a comprender cómo se convierte un sueño en pesadilla. Entre tanto, ese ejército azulgrana que no hace prisioneros con su fútbol endiablado se empezaba a mover por las ultratumbas del Bernabéu. Alves se sumaba al centro del campo para comenzar la danza de la muerte.

Pronto obtuvo Guardiola réditos con ese movimiento sibilino, casi imperceptible. A la media hora Alexis hacía aparición en el Clásico para hacer realidad su anhelo. Aunque los ojos y los abrazos se disparaban hacia otro, Leo Messi, auténtica pesadilla madridista, sobre el que el Barça se sustentaba ante el mal sueño vivido hasta entonces. Sobre el argentino pesó la losa de la muerte, a punto estuvo Mou de expulsarle de su sueño y posiblemente nada hubiera sido lo que fue. Sin embargo, Fernández Borbalán, a fin de cuentas el verdugo de la contienda no guillotinó el clásico.

Tras un desvelo en forma de descanso, la fortuna, recuerdan, esa amante infiel, se la pegó al Madrid con el primero que pasaba por allí. Ese era Xavi, auténtico cerebro azulgrana, otro archienemigo más al que incluir en la lista negra. La pesadilla comenzó con los rebotes endiablados que sumieron a Casillas primero y al Madrid después en la impotencia. Porque con el equipo blanco grogui, aun tuvo tiempo de reengancharse al partido. De volver a ese mundo justo, de recuperar su sueño. No hubo medio porque Cristiano, héroe tantas veces, sufre parálisis emocional cada vez que sus fantasías se tiñen de azulgrana.

Fábregas se estrenó en el Bernabéu con un gol que desató la pesadilla

El golpe definitivo llegó justo a continuación, en un rayo fugaz de luz que confirmó los peores augurios. El Madrid probaba de su propia medicina y con una estrategia tan conocida por los blancos como alejada de la retórica azulgrana, Cesc aparecía en el sueño o la pesadilla, según como se mire, para reafirmarse a sí mismo y dar la razón a Guardiola. Aquello certificaba el compromiso azulgrana, lo había vuelto a hacer, había conquistado a la novia cadáver.

El resto se explica con dos palabras: Andrés Iniesta y una sensación: impotencia. Su actuación sublime en la segunda parte ejemplificó esa brecha que no parece acortarse. Para entonces no había marcha atrás y la pesadilla se cernía nuevamente sobre Madrid, justo antes de Navidad, como en años perecederos, como siempre desde que la Era Guardiola trasladó los miedos culés a la capital.





El golpe

10 12 2011

España es el país de los golpes de Estado. Algunos no lo recuerdan, algunos ni vivimos el último, pero la Historia, caprichosa, guarda en negro sobre blanco nuestro pasado. 1981, 1936 o el carrusel de pronunciamientos militares del XIX, son fechas que hablan del carácter y de la idiosincrasia de un país que hoy dirime otro duelo de altura. Mucho más pacífico, o previsiblemente más pacífico. Un clásico de extremos, un golpe de estado del status quo de nuestro fútbol o una huida hacia delante.

El Golpe lo puedes ver en La Sexta a las 22:00 h.

El golpe, como siempre, lo da la victoria. Un golpe doble. Devastador para el que lo sufre,  revitalizador para el valiente o el afortunado que da ese paso hacia el frente. Esa decisión ante el abismo marcará nuevamente el clásico, Real Madrid contra FC Barcelona. Un Madrid ascendente que acorta distancias y alimenta esperanzas. Mourinho ha construído un equipo que es más equipo, en su segunda temporada, las mejores del técnico portugués, según defiende la doctrina mourinhista.

Esa doctrina tiene motivos más que de sobra para confiar en su equipo. De inicio, Karanka anunció un 4-3-3 para enfrentarse a su peor pesadilla antes de navidad. La duda reside en ese trivote (Alonso, Khedira y Lass) con el que poblar la medular de trampas y tiralíneas a partes iguales. La alternativa se llama Özil y lleva un punto de atrevimiento y riesgo. Mou tendría que retirar un ancla de su centro del campo o al menos resituarlo.

Más arriba el conjunto blanco no tiene dudas, tiene alternativas. Más allá de los dos fijos, Cristiano Ronaldo y Di María, ambos un punto por encima del resto, el tercer puesto se lo disputan Benzema e Higuaín. El francés, más hecho y más útil si el Madrid busca la pelota, robar rápido y asfixiar al Barça ante el miedo escénico del Bernabéu. El argentino, más eficaz y más rápido para el contragolpe mortal que tanto gusta en el Paseo de la Castellana. Uno u otro serán ya una pista casi definitiva sobre el discurso que quieran interpretar hoy los blancos.

Los goleadores, claves en El Clásico

El discurso azulgrana es conocido, ¿o no? Gusta Guardiola de ‘inventar’ con criterio, alejado de lo estrambótico cuando visita la Casa Blanca. Primero fue el nueve mentiroso hoy puede ser la defensa de tres. El movimiento, más que arriesgado, salió mal en Mestalla pero triunfó en San Siro frente al Milan. Alves repetiría el movimiento del año pasado para driblar trampas y cavar nuevas trincheras.

Por delante de ellos, la piedra filosofal de un equipo de leyenda. Tal vez todo se resuma en lo que quiera hacer Messi, que hoy contará con un acompañante de lujo: Cesc Fábregas, ante su primer clásico adulto. Un acompañante que es en sí mismo arma de destrucción masiva y amenaza inminente en la combinación, en la llegada y en la presión. Esa pareja puede ser hoy el comodín de Guardiola para mantener su inmaculada tarjeta de visita en el Bernabéu, donde no conoce la derrota.

Ante ese panorama Villa o Pedro se disputarán la única plaza libre que queda en el once culé. Con el asturiano bajo de forma, el canario sin estar al 100% resulta siempre fundamental para el esquema de Guardiola. Su primer defensor siempre. Y por ahí revoloteando, esperando su oportunidad Alexis Sánchez y el imberbe Cuenca, el último invento de Pep. Improbable sorpresa teniendo en cuenta los pobres números de los azulgrana fuera de casa.

El golpe se acerca. Los números parecen respaldar a los blancos en su feudo, donde ha ganado todo lo que ha jugado. En ese escenario el abismo les acecha a ambos. El Madrid para ensancharlo, el Barça para recordar que la vida sigue igual. Las rentas tan exiguas como amplias pueden colocar al Barça líder tras el partido de hoy o casi sentenciar la liga para los blancos. Así es la Historia, donde un paso adelante asegura entrar en sus páginas, asegura el gran golpe, aunque lo único incierto siga siendo la victoria.





El asesino silencioso

9 12 2011

Como en aquella fantástica película de John Ford, todos buscan matar a Liberty Valance, acabar con la tiranía instaurada en el desierto futbolístico español y comenzar una nueva era. Y esta vez, tras varios duelos perdidos en los que la bravuconada se impuso al juego de pies, la estrategia es otra. Se opta por el silencio y la calma en las horas previas para que luego sólo hablen las armas… futbolísticas.

Mourinho guarda silencio en las horas previas a su gran duelo

Jose Mourinho, al más puro estilo John Wayne, se refugia en el silencio para acabar con su peor pesadilla, con el hombre (y el equipo) que ha sembrado el terror en las calles de su ciudad, donde no conoce la derrota. El técnico portugués no hablará hoy, en la última rueda de prensa, antes del duelo más clásico de nuestro fútbol. Una continuación de esa política austera con los medios nacionales, sin reparo alguno, sin embargo, frente a los medios internacionales. Hablará Karanka, su lugarteniente, su altavoz en el día de hoy, el otro hilo conductor del mensaje.

Conscientes de su ventaja, de su mejor revólver y de la aparente debilidad del enemigo, el Madrid reposa esperando su momento. Al que llega en inmejorables condiciones, tras quince duelos ganados de forma consecutiva, con la experiencia acumulada de los siete clásicos previos, con la lección aprendida y las heridas cerradas. Desde esa calma el Real Madrid y Mourinho buscan reafirmarse en sí mismos, buscan imponer su discurso y dar un golpe definitivo en el status quo del fútbol español.

Hoy Karanka saldrá solo a la última rueda de prensa previa al Clásico

Y el Madrid ha elegido el silencio para hablar sobre el campo. Para representar allí su mejorado juego de posición, su cabalgada a lomos de ese contragolpe fugaz, su ritmo de juego endiablado y ese toque de agresividad que Mou ha perfeccionado hasta lograr una simbiosis única. A todo ello suma el conjunto blanco la baza de conocer el territorio, de jugar el saloon de su casa. Arriesgar el tiro de gracia desde esa posición puede ser más sencillo, pero también más aventurado.

Y la última aventura terminó como terminó. Por ello, Mou acudirá al duelo con chaleco anti-balas. Algo que en el Bernabéu se reconoce bajo los nombres de Alonso-Kedhira-Lass. Pero existen otras variantes, como la de retrasar a Lass al lateral derecho, donde su pistolero habitual, Arbeloa, acumula molestias. Eso colocaría a Coentrao, un lateral izquierdo, en la medular y no parece éste, un duelo para muchos inventos.

El desequilibrio de este western del siglo XXI será la clave para un duelo, al que Liberty Valance acude conocedor de lo que le cuestan sus duelos en saloones ajenos, de lo encasquillado de algunos de sus mejores revólveres y el temor de salir de ahí herido de muerte. Mourinho ha jugado sus cartas con un estilo nuevo, desconocido y auspiciado por un equipo mayúsculo que le respalda. Con esas armas todo es posible, incluso ser el hombre que mató a Liberty Valance. John Wayne ya lo hizo en el western más redondo de Ford.





El efecto Vilanova

8 12 2011

“Valorad lo que tenéis porque nunca sabes cuándo llega tu momento”. Lo dice alguien que ha regateado al fantasma del siglo XXI, que ha driblado una operación fugaz, que se ha recuperado a tiempo para convertirse en un ejemplo más, en una motivación extra para su equipo. Esa reflexión pertenece a ‘Tito’ Vilanova, el segundo entrenador del FC Barcelona, que ha superado la intervención en la glándula parótida a la que fue sometido el pasado 23 de noviembre.

Vilanova y Abidal unidos por la superación personal

Convertido en símbolo de una plantilla que ya sabe de lo que va el tema, Vilanova llega en el momento justo. En el momento en que su equipo se va a jugar gran parte de sus posibilidades en el campeonato casero frente al Real Madrid. Un nuevo estímulo camino del Bernabéu, un nuevo golpe de efecto con el que relativizar el mundo futbolístico y apremiar a los valores que han convertido al equipo de Guardiola en un conjunto de leyenda.

Porque Vilanova es algo más que el hombre a quién Mourinho metió el dedo en el ojo. Con el portugués volverá a reencontrarse cuatro meses después, aunque aquel recuerdo se ha diluido ante la sucesión de acontecimientos. Tito es la mano derecha de Pep, el encargado, según cuentan, de dotar de pausa el volcánico (aunque siempre políticamente correcto) carácter de Guardiola. El enlace entre Pep y la plantilla, el hilo conductor del mensaje. 

Y los mensajes que más calan son los que apelan a los sentimientos, los que erizan la piel, los que se dirigen directamente al corazón. Esa fue la intención ayer de Tito Vilanova, cuando en su reincorporación a los entrenamientos, transmitió personalmente su experiencia vital a una plantilla que le esperaba con los brazos abiertos. Fue él quien les animo a ellos, una bofetada de realidad que algunos ya han recibido, como Eric Abidal.

Especialmente significativo fue el abrazo en el que se fundieron el defensa galo y el segundo técnico azulgrana. Ambos saben a qué huele el abismo, ambos conocen el sabor de las segundas oportunidades. Bajo el efecto Abidal se reinventó el Barça la temporada pasada para alcanzar la gloria. Ahora, buscan repetir la historia con el ‘refuerzo’ de otro de sus actores secundarios sobre el papel, en realidad, uno de los líderes dentro del vestuario y con el Paseo de la Castellana como pasarela de gala.

A la fuerza de Vilanova, a su voluntad inquebrantable y a su imagen en el banquillo del Santiago Bernabéu se aferrarán los azulgrana para trasladar al verde todo su ideario, toda su filosofía de vida. En frente, el mejor Real Madrid de los últimos años, en la segunda temporada de Mourinho, con el conjunto blanco liderando la clasificación con tres puntos de ventaja y un partido menos. Guardiola ya tiene su reto y los culés el efecto con el ganar la guerra psicológica en las horas previas al Clásico. Ha llegado el momento.