Los gritos de un ‘Loco’

13 06 2011

Locuras, milagros y goles. Ese podría ser el resumen de su vida. Una vida plagada de situaciones límites que él resolvió con la misma sangre fría con la que encaraba el arco. Tal vez por eso le apodaron ‘Loco’ por revelarse contra la vida y los rivales con un optimismo inusual. Ese optimismo llevó a Martín Palermo a gritar 306 veces a lo largo de su carrera tras alcanzar la alegría más absoluta que existía para él, tras perforar la portería contraria. Ayer los gritos se ahogaron en lágrimas, fue el llanto de un jugador de leyenda que saltó por última vez a la Bombonera para gritar sus locuras, para gritar gol.

El milagro de San Palermo salvó la cabeza de Diego Maradona

Decía Maradona sobre Palermo: “es un tipo que  le da un beso a su mujer, sale de casa y antes de cerrar la puerta ya hace gol”. Y sabía de lo que hablaba el Diego porque a él también le salvaron sus goles. A él y a toda Argentina. Fue la noche del milagro de San Palermo, como lo llamó Maradona, cuando a la albiceleste se le escapaba el Mundial de Sudáfrica. En el minuto 90 había empatado Perú. 1-1 en El Monumental, la casa de River, el enemigo de Boca. Maradona se deshacía en el banco y entonces llegó el córner, la oportunidad de Martín. La pelota tras pasearse varias veces por delante de la portería sin encontrar rematador lo encontró a él. Empujó la pelota a las mallas y el grito de Palermo se trasladó a la grada. Luego le llegaría otro premio, otra situación límite superada, otro grito loco. Con 36 años marcaba su primer gol en un Mundial y aseguraba el pase de su Selección a la siguiente fase.

Siempre fue un optimista del gol y gracias a él pudo superar todos los reveses que le ha propinado la vida. Con sus cabezazos, con sus goles al segundo palo o al primero, con su fuerza de voluntad frente al desaliento superó la muerte de su hijo, Stéfano, que había nacido prematuro y apenas sobrevivió unas horas. Palermo jugó el siguiente partido y pudo honrar la memoria de su hijo. Con lágrimas en los ojos dedicó el gol que marcó a Stéfano. Antes la vida ya le había puesto a prueba, cuando una inoportuna rotura de ligamentos le impidió fichar por el Lazio italiano. Tras dar el salto a Europa y convertirse en ídolo también en Vila-Real una valla publicitaria cedió mientras celebraba un gol y le destrozaba casi totalmente su tobillo. Después de aquello supo reinventarse. Volvió a la Bombonera, volvió a ser el ídolo de la 12 y volvió a gritar loco de alegría cada gol, hasta convertirse en el máximo goleador de los xeneizes de la historia, con 235 tantos a su espalda.

Genio y figura, ídolo eterno de Boca, fue capaz de marcar el gol que se le resistió a Pelé desde el centro de campo. Casi desde ahí, desde la divisoria, hizo otro gol inverosímil con la cabeza, siempre su mejor arma. Con los ligamentos cruzados rotos también consiguió marcar, era su gol 100  en la Primera División argentina. Aunque sus locuras también le trajeron algún que otro disgusto. Como en aquella Copa América del 99 en la que tiró tres penaltis en un partido, marrando los tres. Incluso aquello también le ayudó a agrandar el mito. Porque nunca fue un deshecho de virtudes, pero siempre tuvo la virtud suprema en el fútbol: el gol. Tópico tras tópico se le ha calificado como un delantero torpe, sin vistosidad, sin una técnica exquisita, sin un golpeo duro pero con el don de la ubicuidad cada vez que pisaba el área.

Palermo, el 9 de Boca, ese loco que puso todo su corazón, todo su coraje y toda su profesionalidad allá donde jugó ha terminado goleando igual dentro y fuera del campo. La locura que se vivió ayer en La Bombonera refleja la grandeza de un jugador que no pudo reprimir las lágrimas tras escuchar por última vez como la 12 coreaba su nombre. Desbordados por la emoción el club le obsequió con un regalo a la altura de un personaje como Martín. Porque su compañera más fiel no fue la pelota, sino la portería, de la que siempre estuvo más cerca. Y Boca entendió que ese era el mejor regalo de despedida. Llevarse su locura a casa, definitivamente Martín no tiene remedio.

Mira aquí la despedida de Palermo de La Bombonera:

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