Scholes, el incomprendido

31 05 2011

Ha sido un ‘one man club’, un hombre de un sólo club, de los que ya escasean, y no sólo por su lealtad a unos colores, sino también por su calidad futbolística. Alma máter del mediocampo de los ‘Red Devils’ desde mediados de los noventa, Paul Scholes cuelga las botas tras casi dos décadas en los que ha acaparado un palmarés impresionante. Jugador único en el Manchester y en Inglaterra, tal vez por esa singularidad siempre estuvo bajo sospecha en las islas, por no cumplir los cánones del mediocentro británico, por su supremacía técnica y su (supuesta) inferioridad física. Nadie como ‘Sir’ Alex Ferguson, su descubridor y su principal valedor en el Man. United, sabe lo que echará de menos al menudo pelirrojo inglés.

Paul Scholes y su inseparable número 18 ya son una leyenda en Old Trafford

Su juego hablaba de un adelantado a su tiempo, de una versión a la inglesa de Iniesta (su jugador favorito) o Xavi, en el solar anacrónico de los noventa, donde se imponían otra clase de jugadores. No obstante, sus botas han destilado el mejor fútbol que se ha hecho en el Manchester y en la Selección Inglesa en las últimas dos décadas. Su visión de juego acompañada de un exquisito golpeo y una gran llegada al área han hecho las delicias de Old Trafford desde que en 1994 Alex Ferguson le diera la alternativa en un partido de la Copa Inglesa. Desde entonces ha disputado 676 partidos con los diablos rojos, en los que ha anotado 150 goles. En su deslumbrante palmarés sobresalen 10 Premier League, 2 Champions League, 1 Copa Intercontinental, 1 Mundial de Clubes, 3 Copas Inglesas y 2 Copas de la Liga.

Cuesta creer que con ese palmarés y formando parte de una de las generaciones más gloriosas que ha dado el Manchester United (junto a los hermanos Neville, David Beckham o Ryan Giggs) habitualmente estuviera en el punto de mira de la afición. Con él las expectativas eran siempre máximas y tal vez el fútbol inglés tan directo como impaciente no supo comprenderle a tiempo. Cuando lo hizo, cuando descubrieron su calidad y su valor diferencial ya era demasiado tarde. Cansado de ser siempre el responsable de las decepciones y uno más en los éxitos, abandonó la Selección inglesa en 2004, tras la Eurocopa de Portugal, después de 66 partidos con los ‘Pross’ en 7 años (1997-2004).

Fuera de los terrenos de juego también fue distinto. Menos mediático que el resto de sus compañeros de quinta, pero con más calidad que ninguno de ellos, estuvo siempre muy apegado a su familia. A lo largo de su carrera ha llevado siempre una vida monacal, alejado de la prensa sensacionalista, de los escándalos de faldas y de todo aquello que no oliera a cuero y césped. Así ha sido hasta su último día, hasta sus últimas horas como futbolista en las que ha disfrutado de su única pasión, de lo único que le hacía diferente a cualquier otra persona, jugar al fútbol, porque muy pocos lo hacían como él. Tras este punto y seguido, no se alejará mucho de su pasión, ya que a partir de la próxima temporada formará parte del cuerpo técnico de su equipo de toda la vida.

Paul Scholes, decepcionado tras perder la final de la Champions League en su último partido con el United

Ahora con 36 años y muchas batallas a cuestas, deja el fútbol con el sabor agridulce de la 19º Premier League cosechada por el Manchester y la reciente derrota en Wembley frente al Barça, donde a buen seguro, un hombre como él disfrutaría del juego de los azulgranas. De allí, de Londres, se llevó el único botín que le dejaron, la camiseta de su admirado Andrés Iniesta. Fue el último gesto del último gran futbolista inglés puro, un red devil de los pies a la cabeza, que ya será para siempre una leyenda más del teatro de los sueños. Sólo allí fue a lo largo de su carrera comprendido.





La Copa de Abidal

30 05 2011

Fue una promesa discreta, como es él y cargada de atrevimiento y ambición, como la vida le ha hecho ser. Una sola palabra, un solo verbo, un simple “volveré” escrito en la taquilla del estadio de Wembley, que con el paso del tiempo ha ganado en sentimentalismo y relevancia. Porque Eric Abidal desconocía aquel 17 de noviembre en que disputó allí un encuentro con su selección todos los obstáculos que tendría que superar para regresar al mítico estadio londinense, donde este año se disputaba la final de la Champions League. ‘Abi’, como le conocen sus compañeros, cumplió su promesa, volvió a Londres, a Wembley para levantar la Copa de Europa y su triunfo se convirtió en un auténtico canto a la vida.

Eric Abidal levanta al cielo de Londres la 'Orejona', tras cederle Puyol ese honor

El 14 de marzo, apenas dos meses y medio antes de la final de Wembley, a Abidal se le detectaba un tumor en el hígado por el que fue operado con rapidez y urgencia en una clínica de Barcelona. A pesar de que la intervención se desarrolló sin ningún tipo de problema, su participación quedaba descartada para esta temporada. El lateral izquierdo del Barça afrontaba entonces el partido más importante de su carrera, aunque su fe y su personalidad positiva serían claves para vencer ese encuentro y convertirse en el símbolo del Barça campeón.

Porque Abidal se recuperó a pasos agigantados y llegó a tiempo para ayudar a su equipo y hacer realidad su promesa. Reapareció el 3 de mayo en la vuelta de las semifinales contra el Real Madrid para certificar el pase a la finalísima de Londres, donde a Abidal todavía le quedaba un reto por lograr y una sorpresa que descubrir. El tesón y la fuerza del ‘keniano’ como es apodado por su imponente físico le permitió llegar a Wembley en perfectas condiciones, ser titular y disputar los 90 minutos de una final que ya es histórica, por muchas cosas, pero también por la presencia en ella de Abidal.

Fue entonces, mientras la euforia inundaba las entrañas de Wembley y la locura se desataba en las filas azulgranas, cuando llegó el momento de ‘Abi’. En un gesto sin precedentes, Carles Puyol demostró los valores intangibles de este grupo cediendo el brazalete de capitán al defensa galo. Le dijo que sería él quien recogería la 4º Copa de Europa de los azulgranas y Abidal, a medio camino entre la sorpresa y el agradecimiento, recorrió el último los 109 escalones que le llevaron a tocar el cielo de Londres.

Abidal lo había conseguido. Había vuelto a Wembley, había ganado la Copa de Europa y había sido el primero en levantar el título más ansiado por la afición azulgrana. Fue la última imagen de una final plagada de momentos para el recuerdo, una final perfecta para los culés que culminaron en la casa del fútbol, en Wembley, que es ya como su segunda casa, una exhibición de su ideario, de sus valores y de su amor por este deporte. Un punto y seguido para un equipo encabezado por Eric Abidal,el mejor ejemplo de un enamorado del fútbol  y de la vida, el mejor emblema de lo que significa este FC Barcelona.

Momento en que Eric Abidal recibe la Copa de Europa de manos de Michael Platini:





Cerrar el círculo

23 05 2011

Londres, de nuevo, Londres al final del camino. 20 años después, con otro equipo de ensueño, con las mismas raíces pero distintos tallos. Allí, a  la Ítaca azulgrana volverá el Barça el sábado, al lugar donde creyeron por primera vez en sí mismos, al estadio en el que se hicieron grandes, a la ciudad que les coronó como Campeones de Europa. Ahora buscan la cuarta, la cuarta Copa de Europa en dos décadas. Tras más de 35 años de peregrinar por el desierto, los azulgranas encontraron la fórmula del éxito una fresca tarde de mayo del 92, y allí regresan  repitiendo fórmula para resolver la ecuación: cerrar el círculo.

En Wembley el 'Dream Team' de Johann Cruyff, con Guardiola en el campo, consiguió su primera Copa de Europa

Es el último paso pero no será un paso más. Este Barça, el ‘Pep Team’, hace tiempo que pelea contra la historia y ésta le ha puesto un nuevo reto en forma de hermoso símil que le iguale o (mejor dicho) le haga superar las hazañas del Dream Team de Johan Cruyff, el modelo, la pauta, la fórmula del éxito, en definitiva. Pep Guardiola, discípulo privilegiado del maestro, volverá a encauzar el túnel del nuevo Wembley, mientras su memoria lo lleve 19 años atrás para inundar su cabeza de recuerdos. Pep fue aquel 20 de mayo de 1992 la extensión de Cruyff sobre el campo, el cerebro del Barça con el 10 a su espalda. El sábado ese número lo portará Messi, la piedra filosofal del proyecto de Guardiola. Una muestra más de que el modelo se sigue mejorando.

Pero hay más. Porque es muy probable que los Zubizarreta, Koeman, Eusebio, Bakero o Salinas no fueran titulares en el Barça actual. Tal vez, Laudrup o Stoichkov consiguieran hacerse un hueco en esta constelación de estrellas, pero ellos fueron los pioneros, los que justificaron una idea de juego, los que alumbraron otras vías hacia el triunfo y los que impusieron un estilo que hoy ha perfeccionado Guardiola hasta las más altas cotas. Tanto que a estas alturas, el Barça es el favorito en la final frente al todopoderoso Manchester United de ‘Sir’ Alex Ferguson. Otro dato más que alumbra el triunfo del modelo: en 1992 dos canteranos jugaron aquella final, ‘Chapi’ Ferrer y Guardiola; el sábado serán ocho sobre el verde londinense.

Antiguo estadio de Wembley, construido en 1923

En una reedición de la final del 2009 en Roma, donde, el Barça barrió a los ‘red devils’ con ese fútbol de salón, armonioso y acompasado con el que conquistó el mundo y la eternidad, los azulgranas buscarán repetir experiencia para reafirmarse en sus ideas y en su discurso. Un discurso romántico que apela a la inteligencia de los jugadores antes que a su físico, que consiste en exaltar sus cualidades, en atacar las carencias del rival y en, por encima de todas las cosas, cuidar la pelota como el tesoro más preciado para encontrar la victoria. Si el Barça el sábado se reconoce en el espejo, si se sabe su guión y lo interpreta como acostumbra, tendrá ya, mucho ganado.

Se trata de una vuelta a los orígenes, de un homenaje merecido al Dream Team en el lugar, Wembley, donde comenzó todo. Un Wembley que en este tiempo se ha remozado, ha perdido ese aroma victoriano para presentarse como un ejemplo de modernidad. Su grandeza, no obstante, sigue intacta. Bajo ese marco se busca extender un ciclo, defender los valores de una idea y cerrar un círculo que convertiría a los azulgranas en el club más laureado del Siglo XXI. Palabras mayores para un equipo que oposita a la leyenda.





‘Birdies’ en el cielo

7 05 2011

Él, que comenzó imaginando golpes maestros sobre la playa de su Pedreña (Cantabria) natal, debe estar a estas horas mostrando todo su repertorio allí arriba, a base de birdies, putt y algún que otro eagle. Severiano Ballesteros murió la pasada madrugada a los 54 años de edad, víctima de un cáncer contra el que venía luchando durante los dos últimos años de vida. El mejor golfista español de todos los tiempos, el pionero, el revolucionario, el encargado de abrirnos a otras realidades, el británico de adopción, uno de nuestros mejores deportistas de siempre, Severiano Ballesteros ya muestra sus birdies en el cielo.

"La metí, la metí", repetía Seve tras embocar su putt histórico

Para los que le conocimos tarde (por edad o desapego al golf) llegamos a entender con él la grandeza de un deporte que sin él no hubiera sido lo mismo, ni en España, ni a nivel internacional. Seve fue un icono, un mito de este deporte, del deporte mundial sin más, el Gasol, el Nadal o el Tiger Woods de los años 80, con todo lo que eso suponía para un país como España. Y esa fue siempre una espina que Ballesteros llevó clavada en lo más hondo de su ser. Nunca llegó a entender que fuera antes ‘Seve’ para los británicos que para sus paisanos.

Tal y como ha declarado José María Olazabal, el golfista español con el que formó una de las mejores parejas de la Ryder Cup,  todos los homenajes que se le rindan serán insuficientes, porque quien fuera el mejor golfista del mundo hasta en 6 ocasiones, cambió el rumbo del golf mundial y del deporte español, al que colocó en el mapa en una época donde nuestro deporte tenía una proyección residual. Fue un adelantado a su tiempo y no todos supieron/supimos verlo hasta que ya era demasiado tarde.

Y sin embargo hoy todos recuerdan que sus mejores golpes fueron el carisma, el coraje y el pundonor, su capacidad de lucha dentro y fuera del ‘green’. Con eso nos ganó a todos, con esa determinación pasó de ser el hijo del jardinero del campo de golf de Pedreña a campeón del Open Británico. Y así continuó siendo hasta que un duro adversario, el más fuerte de todos los que se han cruzado con él, le mantuvo en vilo más allá del hoyo 18. Pero el cáncer no lo ha derrotado, como a buen seguro afirmaría él, simplemente hoy, se ganó su descanso eterno, se ganó el cielo. Ya lo avisó él nada más despertarse del coma en el que quedó sumido tras su primera operación: “Yo gano siempre”. Descansa en Paz, Seve. Hasta siempre CAMPEÓN.

He de confesar, en primer lugar, que el título de este homenaje lo he tomado prestado del gran Rubén Uría, que en la red social Twitter ha reunido en 18 tweets (los mismos que hoyos tiene un campo de golf) algunas de las frases más célebres de Severiano Ballesteros. Puedes leerlas aquí.

También te puede interesar: Seve, la leyenda continúa

Los birdies en la tierra, los dio así Seve:





El fútbol tiene la palabra

3 05 2011

Aunque las denuncias, el césped alto, los teatreros y el cruce de vídeos y declaraciones no nos dejen ver la pelotita, ésta existe y hoy echará a rodar a partir de las 20.45 h. en un partido que hace unos meses hubiera sido el mayor anhelo de todos los aficionados al fútbol y hoy, con toda una semifinal de Champions League de fondo, se ve como un engorroso ¿trámite?, como el último rescoldo de un fuego que dejará quemaduras de diverso grado. A ello ayuda el ‘espectáculo’ de estos últimos 17 días, donde la imagen de ambos equipos, de ambas instituciones han sufrido más fuera del campo que dentro.

El balón debería ser el único protagonista para llegar ahí, al remodelado estadio de Wembley

Y sin embargo, la esperanza se vuelve a abrir en estas horas previas ante el mejor partido del mundo que se puede ver en estos momentos en el planeta fútbol. Porque el fútbol volverá hoy a tener la palabra, el fútbol y sólo el fútbol, a pesar de todo. Porque el Real Madrid tendrá que dejar atrás su planteamiento rácano, porque el Barça no podrá abusar en el Camp Nou de la posesión-ficción, porque ambos tendrán que manejar los nervios y la tensión reinante y ésta debería representarse en el ímpetu de unos por convertirse en héroes de la remontada y la pasión de otros por cerrar el círculo en Wembley.

En juego, nada más y nada menos, que una Final de Copa de Europa, que ahora aparece difuminada por una guerra sin sentido que está mostrando al mundo las más bajas pasiones de nuestro fútbol. Ése mismo que asombró  a todos por su discurso poético y ejemplarizante el pasado verano. Y ahora son pocos los ejemplos que se pueden rescatar de este carrusel de clásicos, más allá del exquisito comportamiento sobre el verde de Casillas y Xavi, siempre atentos a sofocar cualquier fuego, siempre dispuestos a dar la cara en la derrota y en la victoria.

Ambas caras las conoceremos a eso de las 22.30 h, o quien sabe, tal vez más allá de las 23.15 h. en lo que debería ser un espectáculo meramente deportivo, con un Madrid a tumba abierta o si lo prefieren un Madrid al nivel de la Final de la Copa del Rey, que busque reafirmarse en sus virtudes, en sus valores (si se quiere), antes que en negar las virtudes del rival. Ese Madrid es capaz de todo, porque nadie como él se mueve mejor en el terreno de la heróica. Y ese suelo lo pisarán esta noche cuando salten al Camp Nou.

Con ese convencimiento saltarán al coliseo azulgrana, contraviniendo el discurso público de su segundo entrenador (Karanka) o de su primero (Mourinho), conscientes de sus armas (el ataque en tromba, la presión asfixiante, la velocidad a la espalda de la defensa del Barça) tan poco practicadas por este Madrid de Mourinho, pero muy habitual con ‘su’ Chelsea o ‘su’ Inter. Conscientes también de sus bajas: Khedira lesionado, Pepe y Sergio Ramos sancionados. Conscientes, en definitiva, de su reto, porque nadie nunca ha remontado el 0-2 de la ida con el que hoy acuden al Camp Nou los blancos.

Para combatir al fútbol blanco, desde la orilla de enfrente se contraprogramará más fútbol. Porque el Barça no tiene otro registro en su guión, un guión que pasa por controlar un partido, una euforia y una rivalidad sobredimensionada en estos últimos días. No se maneja bien el Barça cuando a su sinfonía armoniosa y alegre se enmaraña con desafines como los de Pedro o Busquets en el Bernabéu, cuando la confrontación y el ruido no dejan espacio a su discurso poético. Puede que hoy  sean más prosaicos que de costumbres, acomodados en la ventaja que un gol blanco puede convertir en efímera o cuanto menos en inquietante.

Saldrá el Barça a defenderse con la pelota, porque ese es su mejor ataque, pero si el Madrid consigue arrebatársela, siempre encontrará un hueco, un robo o una carrera de Pedro, de Messi o de Villa para cerrar una eliminatoria encarrilada, pero no sentenciada. Eso ya se lo habrá recordado Pep por activa y por pasiva a los suyos, reconfortados por la mejor noticia que ha vivido el mundo del fútbol en el último mes, la vuelta de Abidal a una convocatoria. Con el ánimo de Abidal saldrán a ganar porque no saben hacer otra cosa. Si los dos, hicieran eso, salir a ganar, salir a jugar al fútbol, sobrarán las palabras, sobrará todo lo demás.