El latido de un futbolista

20 01 2011

La puerta del túnel de vestuarios se cerraba un 1 de enero de 2010 y la oscuridad cegaba sus ojos. Afortunadamente, entonces comenzó su lucha. Su fuerza fue la de otros, la de su club, la de su presidente y la de su gente. Con los precedentes en contra y la presión de enfrentarse a un enemigo desconocido Sergio Sánchez no perdió la ilusión de volver a sentirse a futbolista. Un año después su corazón de futbolista volvía a calzarse las botas, saltaba a un campo de fútbol y saboreaba el dulce veneno del gol cantado por su hinchada.

 

Sergio Sánchez jugó su primer partido frente al Villarreal en Copa (3-0) tras recuperarse de su dolencia cardíaca

Poco o nada de eso se podía imaginar Sergio cuando hace 12 meses, Monchi, el director deportivo del Sevilla FC, acompañado de los médicos del club le comunicaban que le había sido detectado una cardiopatía que aconsejaba la paralización de toda actividad deportiva. Habían llegado a tiempo, luego, no había tiempo que perder. Tras el zarpazo inicial, Sergio (que había fichado por el Sevilla en el verano de 2009, procedente del Espanyol) tuvo en el club hispalense al primer interesado en recuperarle, primero como persona, y después como futbolista.

Así comenzó la búsqueda de una luz que no se atisbaba en mitad de ese túnel. Su fe y la tenacidad del club por encontrar una solución satisfactoria fueron claves. El Sevilla consultó con algunos de los mejores especialistas en cardiología de los EE.UU., donde este problema ya se había dado en jugadores de Beisbol. Una operación era posible. La esperanza crecía. Pero el Sevilla buscó otras opiniones en Europa. Fue entonces cuando contactó con el doctor Sievers, un reputado cardiólogo alemán, que veía viable la operación, no exenta de riesgos. La operación de corazón era peligrosa y la vida del defensor sevillista corría peligro. Sergio no lo dudó y dio un paso al frente.

Ésta se produjo en Hamburgo, el 20 de mayo, apenas un día después de que el Sevilla ganara la Copa del Rey. Esa fue la primera imagen que vio Sergio tras su operación: a sus compañeros levantando la Copa. Y entonces supo que todo, a partir de entonces, iría bien. Había vencido a la oscuridad y la vida le daba una segunda oportunidad, esa segunda oportunidad que antes había negado a otros y que a él le costaría todavía más de seis meses alcanzar. Sin embargo, la esperanza crecía a pasos agigantados en su interior. Las diferentes pruebas cardíacas y de esfuerzo que iba pasando reforzaban esas buenas sensaciones, hasta que el 29 de diciembre de 2010 la sonrisa inundaba de nuevo su rostro. Casi un año después nada le impedía jugar al fútbol. Ya tenía el alta.

Su círculo se cerró el pasado 18 de enero. Ese día volvió a abrir la puerta del túnel de vestuarios para saltar al Sánchez Pizjuán vestido de futbolista. Su corazón latía fuerte y sano tras regatear a su enemigo más complicado. Él se acordó de Puerta y de su amigo Dani Jarque, que no tuvieron esa oportunidad. Y Del Nido, presidente del Sevilla y gran artífice de su recuperación, ya se marcó su próximo reto: “Hasta que Sergio no sea el sustituto de Puyol en la Selección, no estaremos contento”. Como dice Sergio, para eso todavía queda, pero con corazón todo es posible.

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