Llegar tarde

27 12 2010

Uno es tardón. Un ‘huevazos’ en tono familiar, si me lo permiten. Lo reconozco. A un servidor le cuesta un mundo llegar ‘puntual’ ya sea a un partido de fútbol, a una reunión de amigos o a una oportunidad única en su vida. La puntualidad nunca ha casado bien conmigo, por exceso de confianza, por exceso de tranquilidad o por defecto de fábrica. Por lo que sea, el reloj siempre ha sido uno de mis peores enemigos. Dicen que el primer paso antes de iniciar cualquier terapia debe ser reconocer tus errores, asumir tu culpa. Con la intención de expiar mis pecados escribo estas líneas para de una vez por todas llegar a su hora en algo.

La cuenta atrás ya ha comenzado

Una vez más, casi me pilla el toro y a poco de terminar el año esta reflexión que viene dando vueltas en mi cabeza en los últimos meses ve, por fin, la luz. Será por que se trata de uno de esos propósitos para el nuevo año, será porque gritar las miserias es la mejor forma de dignificarlas, será porque estoy comenzando a llevarme mejor con el reloj. Aunque la lucha amenaza con mantenerse y, es más, recrudecerse en el próximo 2011. Los retos aumentan y el reloj no para de correr.

De eso, de la rapidez con la que giran las agujas del reloj te das cuenta cuando entras en una redacción y el estrés se apodera de tu cuerpo. En ese paraíso descubierto en el 2010, probablemente, el mejor año de nuestras vidas, caímos en la cuenta de vivir engañados. Nos habían convencido de que lo importante era llegar. Mentían. Ahora además hay que llegar en hora, puntual, o lo que es lo mismo no llegar tarde. Porque en el periodismo todo es para ayer, el presente se hace pasado en segundos y anticiparse al futuro es una rutina a la que cuesta un poco acostumbrarse.

Para alguien cuyo mayor vicio es hacerse esperar el salto es dramático y aterrador. Quizá por ello, por ese miedo a la tardanza en un mundo que intenta siempre ir por delante, tuve la sensación de haber llegado tarde en demasiadas ocasiones a lo largo de este 2010. Hubo muchas, algunas más infundadas que otras, aunque la premura adquirida e interiorizada en este tiempo nos dio para llegar a tiempo a finalizar la carrera (no sin antes conocer el ‘maravilloso’ mes de septiembre), para conquistar un mundial de fútbol fuera de nuestras fronteras pero rodeado de amigos, y para ‘asentarme’, aunque sea como becario, en el medio de comunicación de referencia en el mundo del deporte.

A esos hechos puntuales no llegué tarde. Algo debe estar cambiando o tal vez la suerte nos hizo un guiño para intentar desterrar una teoría avalada por la experiencia de años. No obstante, tal y como canta Andrés Calamaro: “hoy es hoy y ayer fue hoy ayer”, el tiempo vuela, se nos escapa entre nuestras manos y lo difícil, que nadie lo dude, es llegar en hora, no llegar tarde. El reloj nos seguirá retando y el desafío ya ha sido aceptado. Por lo pronto, lo primero que haré en 2011 será comprarme un reloj.

Supongo que me gusta porque él también llega tarde…


Anuncios




Manchar los valores

15 12 2010

Ser distinto en los tiempos que corre es una osadía. Tener personalidad, desmarcarse y buscar tu propio estilo está cada vez más en desuso. Ahora se pisotean los valores, se venden los sentimientos y se manchan las camisetas. El último en hacerlo ha sido el FC Barcelona. El club azulgrana cerraba el pasado lunes un acuerdo multimillonario con Qatar Sports Investment para utilizar su camiseta como cartel de propaganda de la fundación del gobierno qatarí. Ésta convivirá en tiempo y forma con Unicef, que ya ha dado el visto bueno a la decisión. Definitivamente, el romanticismo continúa perdiendo adeptos también en el mundo del balompié.

Momento en el que Sandro Rosell sella con el representante de Qatar Foundation su acuerdo de patrocinio

Actualmente se impone la lógica comercial, la imposición de las necesidades económicas y las directrices del marketing. Pero son muchos los que se preguntan qué se esconde detrás de esa publicidad ‘engañosa’, revestida con tintes caritativos que va a acabar con una tradición centenaria. Lo primero es una importante suma de dinero. 30 millones de euros por temporada cobrará el Barça por ‘manchar’ su camiseta hasta 2016. A los que habría que sumar 15 millones más por una serie de derechos comerciales y un máximo de 5 millones en función de los títulos conseguidos. En total, 165 millones de euros.

Esta ingente cantidad de dinero llegará a las arcas azulgranas de manos de Qatar Sports Investment, que no de Qatar Foundation. La primera es la que ha adquirido los derechos sobre la zamarra culé y ha sido ésta la que le ha cedido el espacio a Qatar Foundation, que tal y como reconoció Xavier Faus, vicepresidente azulgrana, no es una ONG, sino que es una fundación que recibe fondos del gobierno de Qatar y está vinculada a la casa real. Qatar Foundation se dedica a la promoción de la cultura, el deporte y la educación de ese país.

Y por ahí puede venir otro punto de fricción en el futuro, ya que Qatar Sports Investment podría ceder el espacio comprado a otra empresa comercial (y no a una fundación como es el caso) por lo que el gancho solidario habría contentado a los más reacios a incluir publicidad, pero sería simplemente un puente hacia una nueva era. Todo esto debería contar con la aprobación del propio Barça y de Unicef, quien desde un principio ha mostrado su total apoyo al acuerdo y no ha puesto impedimentos a compartir la camiseta azulgrana con los petrodólares qataríes.

Petrodólares que proceden de una monarquía absolutista que no condena la violencia machista y donde se aplica la Ley Islámica a aspectos como la familia, los herederos y algunos actos criminales. Aunque no es menos cierto que el país está experimentando un período de liberación y modernización durante el reinado del actual emir Hamad Al-Thani, en el cargo desde 1995. De hecho tanto Unicef como la Unesco tienen programas especiales en el país. Por otro lado, Rosell ya aseguró el pasado lunes que se ha desvinculado completamente de todos los negocios (algo a lo que se comprometió si accedía a la presidencia azulgrana) que le unían comercialmente a Qatar, algo que no ha disminuido las suspicacias ante el multimillonario acuerdo.

Lo cierto es que el Barça ha perdido una gran oportunidad para seguir alimentando su mensaje solidario que tan bien encajaba con su fútbol creativo y desinteresado. Ese ‘más que un club’ lo es hoy un poco menos, porque el Barça siguiendo los pasos del resto se ha abandonado a lo vulgar, olvidando sus valores, desviándose de su camino, perdiendo su singularidad. Desde Barcelona se cataloga como un acuerdo histórico, que lo es, como no es menos cierto que el dinero entiende de colores, pero no de procedencias, de ética o de simbolismos.

Las camisetas más cotizadas:

– Manchester United: 23,6 millones por curso (AON).

– Liverpool: 23,6 millones (Standard Chartered).

– Real Madrid: 23 millones (bwin).

– Bayern: 22 millones (Deutsche Telekom).

– Chelsea: 16,3 millones (Samsung Mobile).





La cultura del descrédito

13 12 2010

Vivir teniendo que demostrar tu valía, tus valores y tu inocencia es un pesada carga para cualquier profesión que se quiera desarrollar. Hacerlo, además, cuando se le añade la sospecha de la trampa, del todo vale, del dopaje debe sumir a uno en la más absoluta oscuridad (personal y profesional). Esa oscuridad se asemeja mucho al olvido, a ese rincón negruzco hacia el que los focos se giran ahora para encontrar eso: descrédito, juicios paralelos,bolsas de sangre y rendimientos estrafalarios. Ese rincón ha existido siempre pero ya se sabe que en tiempos oscuros nadie repara en los medios, lo que prevalece es el fin.

Marta Domínguez es la cara más conocida de la Operación Galgo

Y ahora que conocemos el fin, o mejor dicho lo que se escondía tras él, toca recapacitar. Y deberíamos hacerlo todos y no sólo los que corren ya sea en busca de un trofeo o camino de un pozo sin fondo. Se debe tirar de la manta, aun con el temor de descubrir que el deporte resulte ser una farsa donde los primeros que sobraríamos seríamos nosotros, los periodistas, los narradores de esas historias de ¿ciencia ficción? Hablar, por tanto, de mentira, de descrédito o de antihéroes  no puede ser tan banal como hacerlo desde la orilla de enfrente. Desde ésta última fuimos muchos los que loamos la cultura del esfuerzo, de la superación o de la entrega. Olvidamos las sombras, esas que ahora ponen entredicho la edad de oro del deporte español.

Olvidamos también que vivimos una etapa de extremismos donde el villano es hoy el héroe de ayer, con o sin razón, sin reparar ni siquiera en las consecuencias, sin acudir -saltándose toda lógica- a la presunción de inocencia, (des)calificamos, ajusticiamos o catalogamos como ‘yonkis’ a los otrora ídolos nacionales.  Y que nadie se confunda, aquí no se justifica o se defiende a los tramposos. Simplemente se exige identificar a éstos, para no extender su descrédito al resto.

Marta Domínguez, la cara más reconocida de esa Operación Galgo que ha golpeado las entrañas del atletismo, ha negado hoy cualquier implicación con el tráfico de sustancias dopantes y blanqueo de dinero por la que fue detenida el pasado viernes. Su presidente, el Presidente de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola, se ha presentado hoy como una víctima, con la clara intención de seguir mirando hacia otro. Y es que así es muy difícil ganarse el crédito de alguien, porque a veces dimitir no es de cobarde, lo es más no levantarse de la portrona tras 21 años haciendo y deshaciendo a gusto y gana.

No le va a la zaga el doctor Eufemiano Fuentes, personaje de la fauna y flora nacional que al más puro estilo camaleónico ha sabido escapar de cuantas acusaciones contra la salud pública han sido vertidas sobre él. Ahora, imputado en la Operación Galgo vuelve a declararse inocente y ya ha lanzado un órdago mayor: “si yo abro la boca no tenemos ni Mundial ni Eurocopa de fútbol”. Xavi el jugador del FC Barcelona y de la Selección Española ha sido el primero en responderle: “ganamos la Eurocopa y el Mundial con la certeza de no habernos dopado”.

No parece que la caza de brujas vaya a detenerse ahí, ni que la mancha del dopaje no pueda extenderse a otras disciplinas, a otros deportes. Ya nadie se atreve a poner la mano en el fuego, y los triunfos, los calificativos y los ídolos deben ser puestos en cuarentena si no se quiere seguir arruinando la imagen de un país que tiene en el deporte uno de sus pocos baluartes a nivel internacional. Las sombras de un año lleno de luces, están dañando irremediablemente la imagen de una marca, ‘España’, que se había consolidado como potencia mundial. Mientras digerimos qué cuota de ficción y mentira hay detrás de todo esto, nos reconfortaremos pensando que al menos se está poniendo cerco a los tramposos, que en España la lucha contra el dopaje es ahora más decidida que nunca y tal vez todo esto sirva para limpiar esa imagen de paraíso del dopaje con la que asociaban a nuestro país fuera de nuestras fronteras. Debe ser el principio del fin, el primer paso para erradicar la cultura del descrédito que tanto daño nos está haciendo.