Desde la distancia

16 08 2010

Buceando en la memoria ésta me recuerda que será la segunda ocasión que me pierda una fecha marcada en rojo en los calendarios de la mayoría de los guadalupenses. Guadalupe (un pequeño pueblo situado en la Serranía de Las Villuercas en Cáceres, Extremadura, para más señas) se prepara estos días para sus tradicionales Festejos Taurinos en los que la Plaza de Santa María de Guadalupe se convertirá, una vez más, en improvisado coso y epicentro de la fiesta. Cuatro días de pasión, carreras, música, recortes, emoción y alegría que viviremos desde la distancia. Si hace años un campamento infantil me impidió coger el capote, en esta ocasión es el trabajo es el que me niega la posibilidad de subir candelera arriba delante de los astados.

La Plaza Santa María de Guadalupe se volverá a llenar hasta la bandera a partir del próximo miércoles

La buena causa impide los remordimientos, pero no aleja la añoranza. Supongo que siempre queremos lo que no tenemos. Mientras tanto Guadalupe no pierde el curso de los acontecimientos y con una premura inusitada por estos lares todo está previsto. La Plaza ya luce ese amurallamiento tan característico que dificulta su tránsito y anima a los más pequeños a imitar a sus mayores. Los típicos ‘tablaos’ terminarán de cerrar el coso, al que sólo le falta la arena para respirar esa mezcla de tradición, fiesta y pasión que en la tercera semana de agosto se concentra en el corazón de este bello rincón escondido de Las Villuercas.

Faltaré, también, a mi compromiso con el ritmo y el compás de estas fiestas. El fliscorno, al menos el mío, no resonará con la Banda de Musica desde su eterno rincón en el tendido de sombra. No obstante, el resto de compañeros y compañeras dirigidos por Cesáreo Plaza volverán a poner la nota musical para animar unos festejos que, una vez más, estarán bañados por la melodía de Nerva, por el alborozo de Paquito el Chocolatero o por el repunte fino de trompeta de España Cañí.

El papel de la música, sin embargo, se reducirá a esto, ya que este año escasean las típicas verbenas y conciertos de grupos que en años anteriores refrescaban las noches estivales tras el fulgor de las faenas. No habrá ninguna, y parte de la fiesta también se escapa por ese agujero. La crisis siempre se ceba con los más débiles. Aunque la diversión estará asegurada para los más jóvenes en unas noches que terminarán fundiéndose con el alba.

A ello también ayudarán las vaquillas del aguardiente. Los más toreros podrán disfrutar así de la suelta de dos vaquillas tanto el primer como el último día de los festejos a partir de la 7.30h. de la mañana. Aunque el plato fuerte llegará por las tardes, desde el próximo miércoles 18, y hasta el sábado 21, desde la Plaza de Santa María de Guadalupe, a los pies del Real Monasterio, se lidiarán a partir de las 18.30h. un toro, una vaca y una chota, que a buen seguro hará las delicias de los más pequeños. Todo comenzará con el tradicional chupinazo mañana, en la puerta del Ayuntamiento, con el que se desatará una fiesta que inundará Guadalupe de pasión, emoción y júbilo. Algunos lo miraremos desde la distancia, aposentado en el balcón de la nostalgia.

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