Retrato fiel de la condición humana

9 08 2010

Las páginas literarias de este cuaderno de abordo se vuelven a abrir para trasladarnos hasta uno de los retratos más fieles que de la condición humana se ha hecho. Les hablo de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, libro de cabecera en el inicio de un verano que ya supera su ecuador. Es una auténtica obra maestra a medio camino entre la ciencia ficción y el surrealismo pero que a su vez es capaz de desgranar todos y cada uno de los defectos y falsas apariencias que la raza humana esconde bajo esa fachada de lo políticamente correcto.

Indispensable. Por su estilo, originalidad y tensión.

Hace tiempo que terminé la lectura desenfrenada, sin pausa y sin eufemismos de ningún tipo que produce Ensayo sobre la ceguera, aunque nunca encontraba el momento adecuado para recomendarlo a través de este blog. Esa trama apocalíptica en la que la humanidad sufre una ceguera colectiva en que todo se ve blanco, apoyada en un ritmo frenético que puede descolocar en un principio al lector, ya que Saramago no utiliza los puntos y seguidos, sino las comas y las mayúsculas para separar los diálogos entre uno y otro personaje, nos embarca en un viaje hasta los sentimientos más profundos del ser humano, para quitarnos la careta y enseñarnos nuestros egoísmos, nuestra escasez de caridad, nuestra crueldad ante las situaciones adversas. Y eso se ve hasta estando ciego.

Lo cierto es que tras leer la novela del Premio Nobel portugués uno mira y ve a los ciegos de otra manera. Porque uno se descubre a sí mismo como uno de ellos, engañado por sus sentidos, cegado por nuestras convicciones. Sin duda, Ensayo sobre la ceguera llama a la reflexión, te induce a replantearte el mundo en el que vivimos. Y todo ello dentro de una historia densa que por momentos llega a instalarse en el propio terror que siente el lector con lo que está pasando ante sus ojos. Tan cercano como improbable. Imposible no cerrar los ojos y pensar que al abrirlos todo será blanco.

El premio Nobel, José Saramago, alcanzó con esta obra un hito en su carrera

Pero Saramago no cierra los ojos, y presta su pluma a esos ciegos para revelarnos que no siempre se necesitan ojos para ver. Con un lenguaje directo, sin tapujos y sin tabúes de ningún tipo, incluso con cierta ironía en las expresiones que le permiten jugar con la ceguera y la vista en un muy particular humor negro, el escritor portugués describe la agonía, el miedo a la muerte y a ésta como única solución o fin. Es una vuelta a los orígenes del ser humano, a su primitivo estado de supervivencia, un canto despiadado y brutal de la Ley del más fuerte. Una obra indispensable.

El círculo lo cierra José Saramago de manera magistral después de desnudar la poca humanidad que le quedan a los protagonistas tras vivir demasiadas situaciones inhumanas, capaces de sacar a relucir nuestro instinto más animal. Esa lección de literatura y sabiduría del comportamiento humano se apoya en el axioma de Thomas Hobbes (inspirado éste, a su vez, en Plauto), aquel que afirma que el hombre es un lobo para el hombre. Un lobo cuyas dentelladas de realidad obligan a deternerse, respirar y reflexionar sobre la propia condición humana, ésa que entre todos estamos cegando.

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