Sinfonía de luz, sonido y gas

24 07 2010

Era la primera vez que visitaba la Plaza de Toros de Las Ventas (para los entendidos la mejor plaza del mundo), pero en esta ocasión los astados habían sido sustituidas por motos de motrocross y los pasodobles y las peinetas dejaron su lugar a un espectáculo de luz, sonido y gas que dejó boquiabiertos a las 25.000 espectadores que abarrotaban el coso madrileño hasta la bandera. Los mejores especialistas del mundo de motocross freestyle se reunieron en el Red Bull X-Fighters para hacer las delicias de los allí presentes en la cuarta prueba de estas series mundiales.

Espectacular. Imágenes como ésta se pudieron ver anoche en Las Ventas

Sintiéndome un privilegiado por poder realizar mi labor de periodista en un espectáculo como éste descubrí términos como el ‘Backflip Cordova’, el ‘Tsunami’, el ‘Superman’, el ‘Turndown’ o el ‘Body varial’, mientras el tendido del 6 o el 7 enloquecía ante cada brinco, ante cada nuevo truco de los motoristas en una lucha majestuosa contra la fuerza de la gravedad, el principal enemigo de estos intrépidos. De entre ellos destacó Robbie Maddison, cuya espectacular faena le valió para salir a hombros del coso madrileño. Su estocada definitiva, un body varial perfectamente ejecutado, le valió las dos orejas y el rabo en el duelo final frente al suizo Mat Rebeaud. Tercero fue el noruego Andre Villa y cuarto el español Dany Torres, que no pudo repetir el triunfo del año pasado.

Y si las cabriolas de estos veinteañeros impresionan, no lo hace menos la puesta en escena que se monta alrededor de los verdaderos protagonistas de la fiesta. Se produce así, una simbiosis perfecta con el escenario por que el que los ‘riders’ realizan desde el tradicional paseillo inicial hasta alguna que otra verónica o chicuelina, sin olvidar el cambio de tercio o una particular recreación de los Sanfermines de Pamplona. Motor y tauromaquia unidos bajo un mismo foco.

Mientras tanto la pasión se desbordaba en las gradas abarrotadas, en esta ocasión, de moteros sedientos de gasolina y emociones fuertes. Los pañuelos blancos salían a reducir ante cada salto, tras cada momento de tensión, después de que la respiración se nos cortara a todos. Y eso que en esta ocasión no hubo ninguna ‘cornada’. La suerte y el buen hacer de los riders impidió ver, afortunadamente, imágenes como las del año pasado en las que Cameron Sinclair dio con sus huesos sobre el albero.

Esta vez la fiesta fue completa y una vez apagados los motores que rugieron por las entrañas del longevo coso madrileño, los fuegos artificiales pusieron el punto y final a una noche de leyenda. La traca final acompañó a Maddison en su salida a hombros de la mejor Plaza de Toros del Mundo al grito de ‘¡torero, torero!’ Ardían Las Ventas entre el fervor y la pasión de las 25.000 almas que disfrutaron de una faena que hubiera firmado el mísmisimo José Tomás o el genial Morante de la Puebla.

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