Un salto en la historia

3 07 2010

Somos unos privilegiados. Vaya eso por delante, porque poder decir, ver, contar, saborear el placer de estar entre los cuatro mejores equipos del mundo hiela la piel, nubla la vista y levanta el vello. Sí, señores, estamos en Semifinales de la Copa del Mundo, 60 años después pisamos un territorio semidesconocido, ya que a la mayoría de los españoles los Ramallets, Zarra y compañía nos quedaban muy lejos. Ellos fueron héroes allá por la década de los 50. El Nodo ha dejado paso al fútbol en 3D de Casillas, Villa, Iniesta o Xavi. Ilustres sucesores de aquellos pioneros que han dado un salto en la historia para inundar un país de pasión rojigualda.

Santo y seña. Iker volvió cuando más se le necesitaba para recuperar un sueño casi perdido

Costó, como no podía ser de otra manera, un mundo derribar el muro paraguayo. De paso nos cargamos el otro, el muro que atenazó a generaciones y generaciones de españoles, el muro psicológico de los cuartos de final. Pero para esta generación los libros de historia sólo valen para alimentar los deseos de gloria y tienen la lección bien aprendida. Prueba de ello fue su persistencia durante 82 minutos para encontrar un premio que antes nos habían negado por lo civil o por lo criminal (completamente inexplicable la repeteción del penalti de Xabi Alonso).

Hasta ahí les alcanzó a los hombres de Martino para sustentar sus esperanzas, que en ningún caso iban más allá del 0-0. Y a pesar de todo, nos llevaron al límite, con un partido sin ritmo, cortado por las constantes interrupciones, marcado por la tensión reinante en ambos conjuntos, decidido por un rocambolesco gol a tres bandas.Tras el jugadón de Iniesta, el ángel de Pedro sobrevoló la jugada, aunque esta vez la fortuna le esquivó tras amanacer muchas mañanas a su lado, o tal vez no, porque su remate repelido por el poste le fue a caer a Villa quien tras controlar y otear el horizonte colocó la bola milimétricamente hasta sobrepasar el límite del suspense. Después de golpear en ambos palos y tras un breve y eterno paseo por la línea de gol, el contacto contra la red desataba la euforia. Villa ya era pichichi en solitario de este Mundial con 5 tantos y el sueño continuaba.  

Piña. El Guaje, autor del gol estaba debajo de esa montonera.

Seguramente nada de esto hubiera sido posible sin el manto protector del santo que acudió a nuestro rescate cuando nos encontramos ante el abismo. El sueño del Mundial se nos escapaba por momentos por un absurdo agarrón de Piqué sobre Cardozo y ahí se acrecentó la figura y la leyenda de un portero que es algo más que eso. Iker nos recordó que los grandes se crecen en este tipo de situaciones y con un vuelo seguro y raso atrapó todas las dudas, las amenazas y las críticas que le han señalado en este Mundial. Ahí perdió el partido Paraguay, quien se vio ante el mismo precipicio y le aterrorizó la idea de saltar. Y ahí comenzó a ganarlo España. Iker había detenido el penalti.

Porque a partir de ese momento España dio un paso al frente definitivo para gobernar el partido. Se dijo somos mejores y vamos a demostrarlo. Y a ello también ayudaron los cambios de Del Bosque, una vez más impecables, (tal vez porque lo que falla es el once inicial). España, como contra Portugal, jugó mejor con Cesc en el campo, el fúbol de La Roja (hoy de azul, misma vestimenta que lucía Zarra y compañía allá por los 50 en el Mundial de Brasil) se hizo más incisivo, más vertical, más punzante. Las ocasiones comenzaron a caer y por momentos Justo Villar se convirtió en nuestro peor verdugo. No sólo por parar el segundo penalti lanzado por Xabi Alonso (el primero lo había transformado magistralmente el donostiarra, pero el árbitro lo mandó repetir) sino por retardar lo máximo posible el desenlace de un partido de infarto.

Al final conseguimos resolver la encrucijada, no sin sufrimiento (en esto ya somos campeones), porque Iker tuvo que aparecer de nuevo en los minutos finales para demostrar que ha vuelto para quedarse. Su doble parada ante Cardozo y Roque Santa Cruz nos hizo a todo un nudo en la garganta antes de respirar aliviados, recordando que bajo nuestros palos vuelve a colgar ‘el Santo’. Lo necesitaremos el próximo miércoles, 7 de julio, donde por si acaso también nos encomendaremos a San Fermín para vencer a la imponente figura de una Alemania más descarada y renovada que la que vencimos en la final del 2008. Los teutones claman venganzan y ya se sabe que el resentimiento y el rencor son poderosas armas de doble filo en el deporte. San Fermín ya nos ha echado el primer capote y los alemanes no podrán contar con su brújula en el centro del campo, Thomas Müller se perderá la semifinales por sanción. Estamos a dos pasos del sueño y un nuevo salto nos espera.

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