El circo de la montaña

4 05 2010

Hace tiempo que la montaña dejó de ser un lugar idílico y se convirtió en una lucha de egos sin cuartel. Hoy serían muy pocos los que reconocerían en ese bello deporte que es el alpinismo alguno de los valores que en su día les hicieron desafiar los límites humanos a los pioneros de este deporte. La ética de todos aquellos que buscan los lugares más recónditos del planeta para respirar el aire más puro del mundo deberían reflexionar sobre la última pérdida que se ha cobrado la montaña.

Tolo Calafat descansará para siempre en el Annapurna

Ocurrió la semana pasada, aunque la actualidad no ha dado un respiro hasta hoy para escribir unas líneas sobre ello. El pasado jueves moría en el Annapurna Tolo Calafat cuando el rescate del alpinista, que se encontraba extremadamente debilitado, se hacía imposible. El abandono del rescate del alpinista español se hizo imposible por tierra y aire. Ni los sherpas, ni el helicoptero que surcó el Annapurna consiguieron su objetivo y Tolo descansará para siempre en el sueño que se convirtió en su pesadilla.

Entonces se desató una tormenta de acusaciones que salpicó a casi todos, olvidando en la mayoría de los casos el sufrimiento de una familia que había perdido a un padre, a un esposo, a un hijo. Tolo Calafat, de 40 años, dejó dos hijos, uno de 18 meses y otro de 8 años. El primero en desatar las hostilidades fue Juanito Oiarzabal al asegurar que los sherpas de Eun-Sun Oh, la alpinista coreana que unos días antes se habían convertido en la primera mujer en hollar los 14 ochomiles del planeta, no habían hecho todo lo que estaba en su mano para recuperar a Tolo vivo. Las críticas arreciaron contra Oiarzabal. Su comportamiento y sus amenazas eran impropias de un alpinista experimentado como él. Ese no es el espíritu de un alpinista.

Y los sherpas son seres humanos. No son inmunes al frío y a los peligros que se cuecen a 5.700 metros de altura, aunque su labor sea muchas veces inhumana. Ellos que comenzaron como guías de esos aristócratas que en el siglo XIX se atrevieron a desafiar los límites humanos y los límites del planeta, se han convertido hoy en día en portadores de los pesados equipos y salvavidas de última hora de la multitud de aventureros que continúan desafiando esos límites. Sin embargo, los sherpas no dejan de ser pastores naturales de la región del Himalaya que gracias a su experiencia y su gran conocimiento de la zona consiguen sacarse un extrasueldo arriesgando en la mayoría de los casos su vida.

La guerra desatada entre Edurne Pasabán y Eun-Sun Oh está como trasfondo de esta truculenta historia. Ambas luchaban, un verbo que antes no se conjugaba con la montaña, por convertirse en la primera mujer que ascendía los 14 ochomiles con los que cuenta el Planeta. De hecho, Miss Oh (como se conoce a la coreana) coronó el Annapurna el pasado 27 de abril y cumplió el reto, aunque fueron muchos los que no dieron credibilidad a ese hito. El patriotismo barato cegó a muchos y a partir de ahí la tormenta ha arreciado con más fuerza, cobrándose por el camino una nueva víctima, en la que pocos han reparado. No es la primera, ni será la última. La montaña, mientras tanto, se mantiene imperturbable esperando nuevos aventureros, nuevos deportistas, de esos, que ya no quedan.

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