El valor X

3 05 2010

Un equipo siempre se organiza, crece y se agrupa en torno a un líder. Los hay eléctricos, musculados, elegantes, carismáticos y silenciosos. Xavi, el centrocampista del FC Barcelona, es uno de éstos últimos. Su cabeza es un ordenador privilegiado, su físico, indestructible (a pesar de su aparente fragilidad) y sus piernas cuentan con un silenciador con el que filtrar pases que desgarran las espaldas contrarias. A todo esto suma su compromiso, su amor a unos colores y su defensa de unos valores en los que cree y con los que disfruta. Hablamos, por tanto, de un futbolista superlativo.

Xavi, alma mater del FC Barcelona

El último ejemplo lo vimos el pasado sábado. Xavi volvió a impartir otra clase magistral a la que nos ha ido acostumbrado este curso, como el anterior, como en la Eurocopa. La diferencia, esta vez, es que el de Terrasa jugaba ese partido lesionado. Pero Xavi no se lo quería perder, Xavi no quería dejar solos a sus compañeros en el compromiso más duro que les quedaba a los azulgrana de aquí al final de temporada. El partido frente al Villarreal, tras la amarga eliminación europea ante el Inter, había alcanzado el estatus de trascendental ya que era el último tren de la temporada, el de la Liga, el único título al que optan ya los azulgranas.

Las alarmas habían saltado antes. En plena vorágine tras la fracasada remontada ante el Inter, Xavi se retiraba antes de tiempo del entrenamiento del jueves. El diagnóstico no presagiaba nada bueno y las dolencias no remitían en ese sóleo de la pierna izquierda que amenazaba con acabar con la fantasía y la magia azulgrana de un solo golpe. Guardiola habló con su extensión sobre el campo, con uno de sus capitanes, el viernes para conocer cómo evolucionaba y la respuesta de Xavi fue rotunda. “Estoy para entrar en la convocatoria y quiero jugar mañana”. Antes de esa conversación los médicos habían decidido junto con Guardiola dar descanso al ‘6’ culé y permitir que se recuperara de una rotura de 3cm en la parte posterior del gemelo izquierdo que traía de cabeza a media Liga.

El resultado lo conocemos todo. En una muestra más de compañerismo y profesionalidad, Xavi jugó los 90 minutos, dio una asistencia de gol, marcó un magnífico gol de falta directa y colaboró activamente en los otros dos goles de su equipo. El ‘profe’ lo había vuelto a hacer, había despejado de un plumazo la ‘X’ que se cernía sobre la cabeza de todos los culés, y la ecuación le había salido perfecta. Había arriesgado su pierna, había jugado con la posibilidad de perderse el Mundial, pero había dado un paso muy importante para que su equipo se alzara con el título de Liga. Eso sí que es dejarse la piel.

Guardiola reconoció después del partido que Xavi podría perderse el Mundial de Sudáfrica, a un mes escaso de su comienzo y un escalofrío recorrió el cuerpo de todos. Porque Xavi no sólo es el termómetro y el cerebro del Barça, sino también de la Selección Española, y su ausencia sería hoy por hoy irreparable para ambos.  En ese valor, en esos escasos tres centímetros, en ese compromiso íntimo nos va mucho a todos. La ecuación de la Liga se complicaría y la del Mundial sería casi misión imposible. El ‘profe’ no quiere perderse nada y desea seguir impartiendo clases magistrales, por lo menos hasta el 11 de julio. El Barça se ha unido en torno a la figura de sus canteranos, de los hombres de la casa para alcanzar el último y único reto de la temporada. Ahí, Xavi es bandera. Como en la Selección. Y ese valor es incalculable.

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