Porque me matas, porque me das la vida

30 04 2010

Podría ser la respuesta a esa pregunta que iba para eterna entre los colchoneros. Papá, ¿por qué somos del Atleti? Por esto, se podría contestar a aquel inseguro niño. La inseguridad de ese pequeño era la inseguridad de toda una generación de rojiblancos que sólo conocían los hitos de su Atleti por los libros de historia o por las hemerotecas. A la juventud colchonera, oprimida siempre por el opulento vecino, se le iban terminando los argumentos para defender un sentimiento cada vez más dificil de entender y explicar.

El éxtasis colchonero reinó en Anfield

Hasta ayer. Cuando el Atlético de Madrid recuperó la esencia de equipo grande que tenía hace no tanto. Es el Atleti un equipo de extremos, capaz de sobrevivir 14 años sin paladear las mieles de un título, dándose un paseo por el infierno de segunda, y recuperando de una tacada la posibilidad de repetir el doblete, precisamente 14 años después del último. “Ese es mi Atleti” (se escucha hoy entre sus orgullosos aficionados), capaz de lo mejor y de lo peor. Aunque, Quique Sánchez Flores ha aportado más de lo primero que de lo segundo y en una de las temporadas más convulsas e irregulares de la entidad ha conseguido colocar a su equipo en dos finales la de Europa League, el próximo 12 de mayo, y la de la Copa del Rey, una semana después, el 19 del mismo mes.

Lo de anoche en Anfield Road fue de aúpa. Sólo un equipo como el Atleti, sólo una afición como la colchonera puede silenciar el rugido de la mítica afición de Anfield, donde durante gran parte del partido sólo resonaron los cánticos de la marea rojiblanca. Ni ‘The Kop’, ni el equipo de Rafa Benítez pudo frenar la ilusión y el buen hacer del conjunto español por volver a ser grandes. Pero si la poesía se escribe con lágrimas y la novela con sangre, la historia del Atlético de Madrid se escribe con sufrimiento.

Y a los colchoneros les tocó sufrir, porque la eliminatoria, igualada desde el minuto 44 de la primera parte, se marchó a la prórroga y allí le cayó el segundo al Atleti. Ese gol les dejaba fuera de su sueño pero el equipo de Quique Sánchez Flores supo levantarse y recomponerse del duro golpe. Luego entre Forlán y Reyes hicieron el resto, confirmaron la superioridad rojiblanca, tanto en la ida como en la vuelta y desataron la locura allí, en Liverpool, y aquí, en Madrid. El Atlético de Madrid se había convertido en el único representante español en una final europea este año.

El mérito aumenta cuando uno de los clubes con mayor carga de urgencias del fútbol español logra este hito con un chaval de 19 años bajo palos (ahí hay portero para años) llamado David de Gea, o un central con el aplomo de los viejos maestros capaz de taponar la sangría defensiva que sufría este equipo, Domínguez. A partir de ellos el resto de sus compañeros han ganado en confianza y seguridad, y el equipo ha crecido. El plus lo han puesto los hombres de vanguardia con los que cuenta el Atleti. Entre los que ha sobresalido la recuperación para el fútbol de Reyes. Ayer, excelso en Liverpool.

Por todo ello, los colchoneros tienen motivos para confiar en el sentimiento, como genialmente cantó Sabina en ese himno centenario. Motivos para renovar la fe en esos colores, motivos para mostrarlos orgullosos a todo el mundo, motivos para volver a sentirse importantes. Motivos son los que sobran para renovar a Quique y dar de una vez por todas estabilidad a ese club, los títulos serían la mejor fianza. Neptuno, por si acaso, ya afila su tridente.

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