Nadal vuelve al Planeta Tierra

18 04 2010

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir estas líneas, casi desde que comencé esta andadura enclavada en el mundo virtual allá por el mes de junio. Por entonces nuesto mejor tenista se veía obligado a renunciar a la defensa de su trono en Wimbledon y perdía el número 1 del ranking ATP. Eso fue hace casi un año, 350 días concretamente, pero Rafa ha vuelto.  Rafa ha vuelto a ser Nadal y, por fin, ha saboreado el metal de nuevo. Fue en su reducto personal de Montecarlo, donde ya ha tienen sucesor para Alberto de Mónaco. Nadal ha levantado el sexto título consecutivo marcando un nuevo hito en la era contemporánea del tenis, la era Open.

Nadal se derrumbó tras ganar por sexta vez consecutiva en Montecarlo

Tras los problemas físicos y personales que convirtieron la temporada en un auténtico calvario, Nadal llevaba bastante tiempo dando señales de retorno. Su temporada en pista rápida ha sido más que aceptable. En los dos primeros Masters 1000 de la temporada (Indian Wells y Miami) hizo semifinales y en ambos cayó ante el campeón del torneo (Llubicic y Andy Roddick, respectivamente). En el primer Grand Slam, el Open de Australia, alcanzó los cuartos de final donde la rodilla le dió su último quebradero de cabeza y unas inoportunas dolencias que le obligaron a retirarse ante Andy Murray. Antes ya se había alzado con el Torneo de exhibición de Abu Dhabi a primeros de año, demostrando que en 2010 quería cambiar su destino.

Hoy todos esos buenos augurios se han plasmado en una paliza a Verdasco que solo ha podido ganar un juego, 6-0/6-1 en una hora y veinticinco minutos. El madrileño Fernando Verdasco estaba mermado por unos dolores en la espalada que le han impedido rendir en la final como él hubiera deseado. La final, por tanto, ha sido un poco descafeinada, aunque Nadal ha demostrado a lo largo del torneo que es el mejor tenista en cuanto la pelota bota sobre arcilla. El de Manacor solo ha cedido 14 juegos en cinco partidos y en tres de ellos ha endosado un 6-0 a sus rivales. Números que hablan de una superioridad casi insultante.

Quizá lo más importante es que Nadal recuperará la confianza en si mismo, la fe en sus posibilidades y la fuerza titánica de su tenis. No es que la hubiera perdido, pero sí se había olvidado de ello. Nadal se había descentrado, se había perdido en un mar de dudas, pero ante las adversidades ha sabido sacar todas sus virtudes, todo su repertorio. Ha tardado 11 meses pero ni siquiera ese tiempo ha sido suficiente para enterrar al guerrero de Manacor. En esas lágrimas sobre la tierra batida del pequeño principado monegasco había mucha rabia y muchos recuerdos, mucho esfuerzo y muchas horas de trabajo. La Tierra se estremece de nuevo, Nadal ha vuelto.

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