Messi que un club

7 04 2010

Como ya se han acabado los adjetivos, uno aboga por cambiar el eslogan del Barça (ese que reza que son Más que un club) antes que continuar estirando el chicle y buscando la rima más rimbombante. El crack argentino que anoche nos regaló su enésima exhibición volvió a cargar sobre sus estrechas espaldas la grandeza de uno los clubes más históricos del viejo continente para llevarlo en volandas hasta las semifinales de la Champions League, el penúltimo escalón de la siempre anhelada y querida ‘Orejona’.

En esa sonrisa todavía se aprecia al niño más feliz del mundo

Tal vez la imagen que mejor defina y resuma la esencia de este Peter Pan del siglo XXI fuera la de Messi al final del partido cuando se marchaba a los vestuarios botando el balón que portaba en sus manos, el mismo que se había ganado durante los 90 minutos de juego, felicitado uno a uno por sus compañeros. Mostraba una sonrisa de oreja a oreja y había disfrutado de su tarde-noche de fútbol con la misma ilusión y entrega que cuando burlaba en su Rosario natal a cuantos adversarios y obstáculos le salían al paso.  He ahí su secreto.

Antes, el niño que se hartó a pinchazos para alcanzar el 1,69 más grande que se conoce había desatado la tormenta perfecta. Una tormenta de fútbol, goles, ilusión, caños, eslalons, recortes, gambeteos y aclamación, en la que todos terminaron rendidos a sus pies, a su fútbol.  Porque Leo se supera día a día, partido a partido, temporada a temporada. En esta ya lleva 40 goles y comparte junto a Rooney la condición de máximo artillero de Europa.

Y es que el Barça que el año pasado admiró al mundo era un elenco de jugadores en el que todos interpretaban a la perfección su partitura en favor de la afinación del grupo. Hoy la orquesta cuenta con un solista de lujo. Hoy el mundo admira a Lionel Messi, porque tal y como reconoció no hace mucho Santiago Segurola, uno de los mejores periodistas deportivos de este país, “Maradona era Maradona a veces, Messi es Maradona todos los días”. Capaz de convertir en arte todo lo que pasa por sus pies. Le da igual si enfrente está el Zaragoza, el Valencia, el Arsenal o el Real Madrid, todo con una pelota de por medio adquiere sentido.

Su historia se acrecienta a la misma velocidad con la que dribla rivales, derriba límites y burla records mientras lucha con la eternidad para entrar en el Olimpo. Allí donde residen los elegidos que lo han conseguido todo a lo largo de su vida. A él le quedan pocas barreras que superar con apenas 22 años. Anoche tumbó otra, su último título es su eslogan: Messi que un club.

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