Vía Centenaria

5 04 2010

Para los que no somos madrileños es un calle emblemática por la que hemos paseado, ido de compras, disfrutado de una buena película o recordado momentos de otras. Para los que clavan sus raíces en la Villa es su corazón y su vía, uno de sus muchos símbolos y su travesía por excelencia. En ella, hoy en día, cabe casi todo, del lujo más exclusivo al ambiente más sórdido, la diversión en sus múltiples formas y las ansias por sobrevivir. Su latido se hace hoy centenario. La Gran Vía de Madrid cumple cien años.

La Gran Vía desde la Plaza Callao

Desde el refinado estilo francés del edificio de Metrópolis hasta la desembocadura en la Plaza de España se extiende casi un kilómetro y medio cargado de historia y simbología. A lo largo de ella algunos de los edificios que han marcado la historia contemporánea de España, como ese edificio de Telefónica que no hace tanto era la azotea de Madrid y antes fue polvorín y punto estratégico en la Guerra Civil y antes aún el primer rascacielos de Europa. Más adelante está el Edificio Capitol que ha popularizado hasta la eternidad su inconfundible cartel de Schweppes y las dramáticas escenas de Santiago Segura en El día de la Bestia.

Lo que escasean ahora son precisamente algunos de esos edificios que hicieron de la Gran Vía, que a lo largo de estos cien años ha conocido nombres de lo más variopintos (Avenida de José Antonio, Avenida de la Unión Soviética, Calle del Conde de Peñalver), el boulevard de Madrid. Ahora solo resisten en pie tres de los trece cines que en algún momento a lo largo de su historia iluminaron de ilusión y estrellas la Gran Vía. Dos son los teatros que todavía alzan el telón, mientras que la rue se ha recargado de tiendas de moda, cafeterías y restaurantes.

La prensa y la suerte también tienen cabida en esta vía. La Asociación de la Prensa de Madrid tiene allí su sede desde 1929. Algo después llegó hasta la principal arteria madrileña la Cadena Ser, que tiene en el número 32 de la Gran Vía su sede más céntrica. Doña Manolita debe gran parte de su éxito a sus ‘gordos’ y a la estratégica situación de esa administración que concentra regueros de gente cada Navidad. Incluso la cultura ha conseguido abrirse un hueco entre tanto bullicio y prisas. La Casa del Libro es ese rincón privilegiado donde el negro sobre blanco alcanza su mejor reposo.

100 años dan para mucho pero el resto merecerse ser contemplado, vivido, disfrutado, en una calle donde el tiempo siempre corre demasiado rápido y, sin embargo, solo han pasado 100 años. Felicidades.

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