Volviendo a los orígenes

29 03 2010

Serán apenas dos días y a día de hoy parecen suficientes. Suficientes porque la obligación manda en este tiempo en el que el placer se toma en dosis muy pequeñas. Supongo que por eso, esas pequeñas dosis se disfrutan más, se sienten más y se estiran hasta una saciedad finita. Hoy vuelvo a Guadalupe, a mi pueblo, a mis orígenes, a mi esencia escapando de la jungla madrileña, en la que día a día intentamos sobrevivir.

De vuelta en casa

Serán dos días para disfrutar de la familia, para volver a respirar aire puro, para volver a ver a ‘La Morenita’, para volver a comer como Dios manda,para recuperar el tiempo perdido con los amigos, para volver a pisar el pabellón de fútbol, para disfrutar de la belleza de este valle rodeado de montañas,  y sobre todo, para sentirme, de nuevo, en casa. Todas esas sensaciones son impagables y uno sólo es capaz de valorarlas cuando le faltan, cuando las echa de menos, cuando no está rodeado de esa cotidianidad todos los días.

Desgraciadamente, no será completo. En esta ocasión, la Semana Santa la viviré a medias. A medio camino entre Guadalupe y Madrid. Debido a ello faltaré a mi cita con la Banda de Música en uno de los eventos señalados en rojo para un servidor, las procesiones de Semana Santa. Tampoco estaré en ese concierto de marchas procesionales que la Banda ofrecerá a su público, a su pueblo, el próximo jueves santo. El fliscorno, por primera vez en diez años, se quedará mudo sin poder interpretar Desconsuelo, Estrella Sublime, Soledad Franciscana o Virgen de las Aguas.

A pesar de todo no nos podemos quejar y lo único que se puede pedir es que ese estrés diario que domina mi vida se convierta en una constante a la que ya nos estamos acostumbrando. Por ahora toca disfrutar y aprovechar este descanso necesario en el que intentaremos no parar, para no perder la costumbre. Ya habrá tiempo de asomarse al balcón de la nostalgia en que se ha convertido Madrid para echar un vistazo a este rincón escondido de Las Villuercas que se eleva imponente, verdoso y húmedo ante una visita efímera.

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