El campeón pasea su estela

17 03 2010

Ha sido un paseo de esos que daba más habitualmente la temporada pasada, una baile donde los pasos los marcaba el más grande, una sinfonía donde ni siquiera se han necesitado a todos los tenores. Ha bastado uno, Leo Messi, siempre Leo, para dar un puñetazo en la mesa y recordar a Europa que el campeón no va ceder ni un metro en la defensa de su trono. El paseo ha sido aderezado por ese tinerfeño que ha acercado aún más ‘la isla amiga’ a Barcelona, Pedro; y un canterano al que comienzan a salirle los colmillos, Bojan.

Messi dirigió la orquesta a su gusto y gana

Guardiola, una vez más, dio otra lección magistral de cómo remar río arriba, de cómo superar cualquier imprevisto. Hoy faltó el cerebro, y las piernas, los brazos y el tronco siguieron respondiendo. Faltó Xavi, por una lesión de última hora que le tendrá apartado diez días y el equipo no echó de menos al mejor jugador del mundo en su puesto. Pep quiso añadir más pimienta y prescindió de Ibrahimovic. Aviso y toque de atención para el sueco con un mensaje velado, quien pestañea pierde su puesto.

Ese mensaje lo han recibido otros antes y parece que surte efecto, porque Henry va recuperando poco a poco su forma física, su hambre y su implicación con el equipo. Hoy volvió a cumplir un correcto partido en el que se supo adaptar a la perfección a su posición de falso delantero centro. Su movilidad, sus desmarques y la fijación de la defensa bávara abrió huecos y repartió oportunidades a sus compañeros.

Por detrás el valladar hoy fue Touré, quien se convirtió en el faro y guía de la sala de máquinas culé. Entre el costamarfileño, imponente en la recuperación y perfecto en la distribución del balón, y Busquets nos hicieron olvidar que había un tal Xavi en la grada. Casi nada. La mala noticia fue ese golpe que obligó retirarse al ’16’ azulgrana y cuyo alcance todavía se desconoce. Con esa fenomenal interpretación, la retaguardia, la batería, apenas necesitó tirar de tambores de guerra para alejar el peligro. Puyol y Piqué apuntalaron esta vez la defensa y taparon los lunares que Maxwell deja por la izquierda.

Del resto se encargó Messi. Él solo se inventó el primer gol en una de esas arrancadas que ya son denominación de origen buscando en todo momento el hueco para cargar su pierna, la luz por la que escapar del valle de piernas alemanas. La encontró en la escuadra de Lehmann y el Camp Nou ya sabía que la fiesta había comenzado. A ella se sumó Pedro, demostrando que él no desaprovecha las oportunidades. El festival continuó en la segunda mitad cuando Messi volvió a reclamar su cuota de protagonismo, tras el 3-0 el Barça buscó la novena sinfonía, gustándose en cada jugada, en cada pase, en cada combinación. La puntilla, el estacatto, lo puso Bojan, reivindicándose en sus escasos minutos.

Para entonces el Camp Nou enloquecía al grito de ‘sí, sí, sí, nos vamos a Madrid’, y aunque para eso todavía queda mucho que remar río arriba, la orquesta de Guardiola vuelve a afinar cuando más revueltas bajaban las aguas. En el horizonte comienza a vislumbrarse el sueño mientras crecen las pesadillas, entre paseo y paseo.

Anuncios