La pesadilla se repite

10 03 2010

No se ha caído un imperio, porque ese imperio nunca existió. No ha terminado un ciclo porque apenas se había iniciado. No se ha superado ese muro con el que el Real Madrid se lleva chocando en los últimos 6 años porque ese obstáculo estaba más en la cabeza de los jugadores que en sus piernas. De hecho, por piernas en los primeros 45 minutos los blancos parecieron un conjunto, un equipo, un imperio. Sin embargo, las sombras, las dudas y los fantasmas que anidaban en la mente de todos los madridistas se esparcieron como la pólvora en los 45 restantes por el Bernabéu.

Casillas no ha podido salvar esta vez a los suyos

Al final sucedió lo que nadie se había imaginado. Mucha mística y muchas leyendas se habían reescritos estos días, pero nadie (o casi nadie) había advertido el peligro. Enfrente ese viejo enemigo vestido con piel de cordero, que llegó a Madrid sin hacer ruido, más allá de ese 1-0 de la ida, pecata minuta para el todopoderoso Real Madrid. Pero ese Olympique de Lyon que en la Ligue 1 es ‘solo’ cuarto, ha sabido jugar su partido, desarrollar su eliminatoria y arrinconar al Madrid en su pesadilla.

En eso se están convirtiendo los octavos de final para la entidad blanca. Y va ya para seis años tropezando en este escalón. El fallo ha sido siempre el mismo: nunca o casi nunca se ha respetado al rival, nunca se ha competido mirando al otro cara a cara. Y hoy se la han vuelto a partir y conste que desde el mismo momento en que el árbitro señaló el final del partido los blancos se convierten en el principal favorito para ganar la Liga, lo único que les queda.

Pero ahora los miedos serán otros. Los miedos se concentrarán en no ver camisetas azulgranas en su templo más allá del 10 de abril, en no fracasar en la última y la única cima que pueden conquistar 250 millones después. El Madrid debería dar para algo más, los jugadores deberían dar para algo más, Pellegrini debería dar para algo más. Aunque ahora no es momento de señalar culpables ni de miradas furtivas. Es momento de lamer las heridas que se curan con humildad, levantar la cabeza mirando el escudo que se porta en la camiseta y rebuscar en los libros de historia para enterarse del equipo (el gran equipo) en el que se está jugando. Porque el presente se lo están cargando entre unos y otros.

Fue mala suerte, fue el destino, fue un exceso de confianza. Las excusas se inventaron para no reconocer los errores y el mundo es más feliz desde entonces. No lo son hoy los madridistas que sienten tal resignación que ya no les quedan fuerzas para protestar, quejarse o pedir explicaciones. La desorientación es proporcinal al golpe recibido y en la recuperación de este revés se verá la grandeza del club, de los jugadores y de ese entrenador zarandeado que estaba intentando construir un equipo. Éso que le lleva fallando al Madrid los últimos 6 años.

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