El día de la Luna

23 01 2010

A pesar de todo ella es un sol, radiante e incandescente, con una sonrisa siempre a punto, despierta y sagaz como pocas. Pero su nombre indica todo lo contrario, especial y original, casi único, la diosa de la Luna (según la mitología griega) tiene esa curiosidad, ese otro lado y ese contraste que una vez más debemos a mi padre. Fue él quien, tras un intento fallido, consiguió que mi hermana pequeña portara a para siempre a la musa de la noche en su carnet de identidad.

La 'niñata' se hace hoy mayor

Hoy, Selena cumple 12 años y la pequeña de la casa ya lo es un poco menos. Selena  se encamina a pasos agigantados hacia una pubertad que ya comienza a hacer sus primeros estragos en forma de redes sociales, cortes de pelo o series de televisión, aunque su fuerte carácter y su determinación para superar cualquier barrera serán sus mejores armas para salir indemne de cualquier situación. Dicen que se parece a mí, que somos iguales; yo siempre contesto lo mísmo: no, ella es más inteligente, más lista, más viva. Supongo que son las ventajas que tiene ser la tercera.

Y es que recuerdo muy bien aquella tarde en la que nos dejó boquiabiertos a todos, tras enseñarnos su primera firma. Contaba con apenas siete años y ese rasgo tan personal y tan propio que es la estampa de una persona en un papel no tuvo secretos para ella entonces. Luego lo ha seguido haciendo demostrando el buen oído que posee con su naturalidad para tocar el violín, un instrumento tan dulce y apasionado como ella, o haciendo regalos cargados de emotividad y sinceridad a su hermana mayor, con la que entrelaza afinidades que sólo se explican cuando compartes habitación con una persona durante 12 años.

Porque Selena llegó la última a casa aunque no tardó mucho en labrarse un lugar de honor en el hogar. Era la niña de todos, era el bebé de la casa y por si a alguien le quedaba alguna duda, otros terminamos de perder los pocos privilegios que todavía nos quedaran. Quizá la diferencia de edad que nos separa fuera la clave, pero su llegada fue distinta. La hacía tanto de rabiar como la besaba o la abrazaba y sopongo que esa bipolaridad impidió que entonces nos lleváramos mejor. Ahora, todo es distinto porque no la veo todos los días, porque no me peleo con ella por tener el mando de televisión, porque no la echo la bronca cuando llama a todas horas a sus amigas por teléfono o cuando la pereza le hace parecerse más de lo debido a un servidor para dejar todo descolocado a su paso. Ahora, me tengo que conformar con mirar a la luna todas las noches y recordar que su diosa vive en la Calle Logroño. FELIZ CUMPLEAÑOS, Selena.

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