El sueño de una noche de verano

18 11 2009

Una imagen imborrable

Ni Shakespeare lo hubiera imaginado mejor, porque aquella noche tuvo de todo. Pasión, nervios, tensión, drama, alegría y éxtasis. Fue el éxtasis de un triunfo infinitivo bajo cuyo manto nos encontramos año y medio después. Allí volvemos hoy, a Viena, al Ernst Happel, al lugar donde el 29 de junio del 2008 cambiamos la historia y levantamos al cielo nuestros anhelos  y nuestras ilusiones: la Copa de Europa de Selecciones.

Aquel día la ilusión de un equipo fue la ilusión de todo un país. Allí, en Viena el ‘tiquitaca’ se hizo mayor, se dio a conocer al mundo y nos llenó de orgullo a todos los españoles. Torres acabó con los fantasmas (los propios y los ajenos) con aquella carrera hacia la fe, hacia la inmortalidad. Ni el físico, ni la experiencia, ni el palmarés de Alemania pudo con nosotros y los teutones terminaron asfixiados de perseguir a esas sombras burlonas que escondían el balón como nadie.

Recuerdo perfectamente aquella noche, aquella sinfonía de violínes en la ciudad natal de Mozart. Ni un ápice de los sentimientos que afloraron entonces se han borrado. En realidad fue el primer y el último día de aquel verano en el que disfruté de mis primeras prácticas profesionales. Pero antes de eso, viví un momento único, irrepetible (porque no hay nada como la primera vez) y emocionante. Arropado por mis amigos y mis seres queridos, en el pequeño pueblo donde había crecido, con los exámenes universatirios recién acabados me dí un baño de gloria y euforia como nunca antes había imaginado. El paraíso no debe ser muy distinto a aquello.

Aunque, mientras disfrutaba de todo aquello, un viejo sueño me vino a la cabeza y comencé a temer por él. Desconfié de poderlo cumplir, desconfié de llegar a tiempo, me di cuenta de que la meta estaba más cerca de lo que yo esperaba. También comprobé que mi sueño era real, que se podía conseguir y comprendí que si así ocurre el próximo verano yo lo disfrutaré de la misma manera que lo hice con la Eurocopa, aunque nunca haya otro igual (ya saben la primera vez…).

Es más que posible que el partido de hoy no tenga la trascendencia de aquel. Será un amistoso frente a Austria con el que los internacionales españoles se darán un más que merecido homenaje tras una fase de clasificación impecable para el próximo Mundial. Del Bosque seguirá haciendo pruebas, ampliando los recursos de un equipo que parace no tener fin y que sigue cautivando y conquistando allá por donde va. Hoy volvemos al kilómetro cero, al lugar de partida, donde comenzó todo y donde fijamos hace año y medio el Santuario contemporáneo del fútbol español. Hoy volvemos a soñar.

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