Felicidades Nico

19 07 2009

Es algo más que un amigo, es un hermano, una de esas personas que lo sabe todo de tí, con las que has crecido, con las que has aprendido y sobre todo con la que he pasado grandes momentos juntos. Todo eso y mucho más es Nicolás Ríos Torres. Un amigo del alma al que conocí una lejana mañana de julio de 1993. Contábamos con tan sólo 6 años y desde ese preciso día arrancó una amistad imborrable que día a día se ha ido revitalizando con las alegrías compartidas, los malos momentos superados y alguna que otra discusión necesaria y oportuna para fortalecer nuestros vínculos.

"Para Emmanuel de Nico. Carnaval febrero 1999. Un Amigo, Nicolás". Reza el dorso de la foto

"Para Emmanuel de Nico. Carnaval febrero 1999. Un Amigo, Nicolás". Reza el dorso de la foto

Nico es natural de Plasencia, allí se marcharon sus padres en busca de un futuro mejor para sus hijos, pero el influjo y las raíces familiares de Guadalupe hacían volver a la familia Ríos Torres a este bello rincón escondido de Las Villuercas. Así ocurría cada verano, cada Navidad, cada Semana Santa o cada puente festivo. Una vez allí, apenas 300 metros (los que separan la Calle Logroño de la Calle Músico Alfonso Moreno) distanciaban nuestros destinos.

Esa mañana ambos desconocíamos que nuestros caminos se habían entrelazado definitivamente y hoy aún nos reímos con cierta nostalgia en la mirada cuando recordamos que sin la colaboración de nuestras abuelas (vecinas de toda la vida) esa relación hubiera sido imposible. Fueron ellas quienes nos pusieron en contacto. A partir de ese momento comenzamos a correr juntos, a jugar al fútbol en el arroyuelo, a realizar nuestras particulares corridas de toros en la Corredera o jugar al escondite por las callejas. También cambíamos cromos e incluso llegamos a compartir álbum en un afán por conseguir uno de nuestros sueños de la infancia: completar un álbum de cromos de la Colección Este. Nunca lo conseguimos.

Nico, a la derecha más crecidito

Nico, a la derecha más crecidito

Así fuimos creciendo. Disfrutando de la felicidad de la infancia y de la magia de las vacaciones estivales. En ese tiempo en el que la vida consiste en jugar y jugar  fue cuando nuestra amistad terminó de consolidarse. Y eso que en el camino también encontramos algunas piedras. Otras las colocamos nosotros, concretamente yo, porque quise (de manera un poco inconsciente) que Nico fuera sólo mi amigo y entender que eso no podía ser así me costó algún disgusto y unas cuantas lágrimas. Aunque lo más importante es que supimos superar todos esos obstáculos y mantenernos unidos en los buenos y los malos momentos.

Luego, cambiamos los cromos por las chicas y para eso también fuimos muy precoces. Vivimos nuestros primeros escarceos con el sexo opuesto juntos con la inocencia de quien no ve más allá de sus ojos y la picardía de quien piensa que ya lo sabe todo. La adolescencia nos sorprendió jugando con los playmobil y una vez conocida y saboreada no quisimos abandonarla nunca más. Creo que todavía estamos instalados en ella, aunque las responsabilidades del día a día y el obligado proceso de maduración nos empuje fuera de ese paraíso terrenal que un día descubrimos.

Sea como fuere, en la infancia, en la pubertad, en la adolescencia o en la post-adolescencia, todas esas etapas se encuentran marcadas por una fecha que reúne los sentimientos de más de 16 años de amistad. Se trata del 19 de julio, el cumpleaños de Nicolás, una fecha marcada en rojo para todos los que alguna vez nos empapamos con globos de agua en la puerta de su abuela, jugamos a los toros con un ‘boxer’ o nos empachamos de golosinas en plena calima estival. Era nuestra forma de celebrarlo. Feliz 22º Cumpleaños, hermano.

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