Sin retorno en el Tour

15 07 2009

El pinganillo ha provocado la última polémica en el Tour de Francia. La organización decidía ayer, pese a las críticas y sin tener en cuenta la opinión de los equipos, suprimir la utilización del mencionado transmisor, que mantiene comunicados a los ciclistas con sus directores de equipos. La ronda gala ganaría así en intensidad y emoción al eliminar las denostadas órdenes de equipo que coartan en muchos casos la libertad de los ciclistas, según argumentaban los organizadores.

Pero la vuelta al ciclismo de antaño, con apagón tecnológico incluido en medio del 14 de julio (día de la fiesta nacional en Francia), no gustó a todos. Es más, no gustó a casi nadie y 14 de los 20 equipos que compiten en este Tour, mostraron su desacuerdo ante la revolucionaria decisión de la ronda gala. Pues habrá más. De hecho, tienen planeado realizar otra etapa ‘sin retorno’. Aunque, UCI y Tour deberían replantearse esta opción tras la soporífera etapa a la que los espectadores (los otros damnificados) asistimos ayer.

Cavendish no entiende de protestas y ganó su tercera etapa

Cavendish no entiende de protestas y ganó su tercera etapa

Los ciclistas a instancias de sus respectivos equipos protestaron haciendo lo que mejor saben, pedalear encima de la bici. Sin embargo, pronto dejaron claro que su ritmo cansino y anodino no animaría la fiesta nacional gala esta vez. Así fue hasta los últimos 25 kilómetros antes de llegar a meta, en ese momento se acabó la marcha cicloturista y los profesionales se pusieron manos a la obra, una vez que su boicot había reventado la etapa. Luego, Cavendish repetiría el guión más conocido de esta edición.

Entre los argumentos de los ciclistas y directores estaban la inseguridad ante lo desconocido de las carreteras galas, el peligro que se corre al tener que bajar hasta el coche para recibir órdenes (porque éstas se siguen dando también sin pinganillo) y la falta de experiencia de muchos que no han conocido otra cosa. Y es que desde que en 1992 el equipo Motorola  fuera pionero en su incorporación, su uso ha sido una constante desde las categorías inferiores.

Lo cierto es que el Tour de Francia, la ronda ciclista por excelencia, no parece el escenario ideal para realizar pruebas y experimentos. Y por si quedaba alguna duda, el de ayer salió rana. Existen otras soluciones, aunque parece que el pinganillo no es en ningún caso el culpable de la falta de espectáculo  o de emoción en lo que va de Tour. Esas soluciones apuntarían a una radio al estilo de la Fórmula 1, en la que las indicaciones fueran públicas, conocidas por todos los equipos. Así se evitarían órdenes  que disturben el discurrir de la carrera, se mantendría la seguridad exigida por los corredores.

Sólo ellos dan pedales, suben puertos y luchan contra el reloj, pero los que dominan el mundillo de la bici suelen hacer oídos sordos a sus quejas y peticiones. La explicación a la poca ambición y la escasa emoción que han surcado las carreteras francesas en estos diez días de competición habría que buscarlas precisamente en ellos. Los encargados de diseñar el recorrido, de vetar a determinados corredores o de dejar al Tour puntualmente ‘sin retorno’. Aunque la autocrítica también escasea más allá de los Pirineos.

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