A mandar, para eso estamos

23 06 2009

Es un retrato fiel y no tan lejano de una Extremadura arcaica, anclada en una sociedad estamentaria donde el analfabetismo y la bellotas corrían a partes iguales. Donde los señoritos  y los marqueses encontraban en la dehesa extremeña un lugar de retiro, de descanso y ocio, mientras los campesinos les mantenían aseadas y acondicionadas sus tierras. Esas son las coordenadas  que el gran Miguel Delibes utilizó para crear Los Santos Inocentes, el último libro que me he leído. He de reconocer que ví antes la película genialmente narrada por Mario Camus, y tras terminarme el líbro sólo se puede afirmar que ambos son dos obras maestras.

Nieves, Paco, el Bajo, la Niña Chica en brazos de Régula y Quirce, los protagonistas de Los Santos Inocentes

Nieves, Paco, el Bajo, la Niña Chica en brazos de Régula y Quirce, los protagonistas de Los Santos Inocentes

Ambientada en los años sesenta (aunque en ningún momento se hace referencia al año en el que la historia transcurre), Delibes narra la vida diaria de un cortijo extremeño donde las miserias y penurias de los trabajadores contrastan con la opulencia de unos cuantos señoritos que a pesar de todo su dinero no son mucho más felices. Delibes retrata la servidumbre y el sometimiento al amo adornado todo ello con la dureza de la existencia cotidiana. Son precisamente esos siervos fieles los que dan nombre a la obra: Paco, el Bajo; Régula; el hermano de ésta, Azarías;  y los hijos del matrimonio. Ellos son los verdaderos Santos Inocentes de esa sociedad anclada en el medievo en la que las oportunidades se reservan a unos pocos privilegiados mientras la gran mayoría trabaja para ellos.

Otro de los pilares  clave de la obra es la caza que juega un papel determinante, como lo jugaba en la Extremadura de la segunda mitad del siglo XX (y aún hoy lo sigue jugando). Esta tierra ha sido el pabellón de recreo de nobles y aristócratas y Delibes sabe traerlo a colación de manera muy acertada. En realidad, la caza siempre ha anidado en el imaginario literario y cinematográfico a la hora de representar la España del franquismo. Asociada a una determinada clase social, el escritor vallisoletano, ejemplifica en el señorito Iván toda la arrogancia y la prepotencia de aquellos que siempre han tenido lo que han querido y que no entienden el no como respuesta.

Aunque Delibes, al igual que luego haría Camus en la película (en la que escritor cotejó el guión y trabajó codo a codo con el cineasta), nos dejaba entrever ya entonces un halo de esperanza. La esperanza del cambio, que tarde o temprano terminaría llegando. Esa rebelión, si puede llegar a llamarse así, se observa en los hijos del matrimonio, en Quirce y Nieves a los que el futuro les presentará nuevas oportunidades (el ejército a él y la universidad a ella). En la novela, Quirce tiene un papel más protagonista y sus actitudes y comportamientos están lejos del “a mandar, para esos estamos” que su madre, Régula repite instantáneamente ante sus superiores.  Y es que esa juventud ya no acepta las limosnas como moneda de cambio de un servilismo podrido y limitador que los reduce como persona.

Paco Rabal dio vida a Azarías en el filme de Mario Camus

Paco Rabal dio vida a Azarías en el filme de Mario Camus

Tampoco lo aceptará desde su inocencia Azarías, cuando el señorito pague con su milana, la frustración de una mala jornada de caza. Su respuesta será brutal, sin reparos ni miramientos, demostrando que algo se mueve en la apacible dehesa extremeña, olvidada entre encinas, caserones y el vuelo de las rapaces.

A los que nos duele Extremadura, esta novela nos produce sentimientos encontrados. Por una parte, reconocemos esa tierra y esa sociedad tan fielmente reflejada por Delibes; y por otra, nos damos cuenta de que Extremadura hoy no es así, nos damos cuenta de donde venimos y quizás por ello valoremos más todo lo que tenemos, todo lo que hemos conseguido. Creo que ese sentimiento también marca el carácter de la gente de esta tierra, afable, cariñoso y humilde, conocedores de  que todo en esta vida cuesta trabajo y esfuerzo. Y sin embargo, no ha pasado tanto tiempo desde que esta obra a un tiempo realista, poética y trágica representaba la cotidianidad de una tierra que luchaba por salir del olvido.

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