Estocada a la fiesta

28 07 2010

Ha sido el último capotazo a la fiesta. La estoacada definitiva en tierras catalanas. Pero ésta vez, la faena no se ha realizado sobre el albero, sino sobre el parqué del Parlamento de Cataluña. Esta mañana el Parlamento autónomo ha escuchado la propuesta de la Iniciativa Lesgilativa Popular que pedía la abolición de las corridas de toros en la comunidad catalana. La propuesta ha salido adelante con 68 votos a favor y 55 en contra, a los que hay que sumar 9 abstenciones. La Ley entregará en vigor el 1 de enero de 2012, por lo que a la Monumental la quedan todavía alguna que otra tarde de gloria, luego, pasará a mejor vida engullida por el capitalismo para convertirse en un centro comercial o en el museo de otra época.

Las protestas han llegado hasta las inmediaciones del Parlament

La Iniciativa Legislativa Popular fue presentada por la plataforma Prou! ante el Parlament, avalada por 180.000 firmas. Así, fue admitida a trámite el pasado mes de diciembre. Desde entonces el debate saltó del ruedo a las gradas y de ahí al parqué del Parlamento autónomo donde se han escuchado argumentos a favor y en contra de todo tipo. Muchos han sido los toreros que han querido en este tiempo mostrar su apoyo a la fiesta nacional en tierras catalanas y fuera de ella, como José Tomás que tiene en la Monumental su coso fetiche o Serafín Marín, quien llegó a realizar el paseillo con la senyera y barretina a cuestas, el pasado mes de mayo.

Sin embargo, el apoyo mayoritario de CIU y de su líder, Artur Mas a la iniciativa, respaldada también por ERC (Esquerra Republicana) e Iniciativa per Catalunya Verds (ICV-EUiA), ha resultado clave para que prosperara la propuesta y terminara aprobándose por mayoría. Por su parte, el Presidente José Montilla ha asegurado que ha votado en contra de la prohibición. Lo cierto, es que se termina así con siglos de historia -los primeros festejos taurinos en Cataluña datan de 1387- en una sesión histórica que ya contaba, a pesar de todo, con el precedente canario. Allí las corridas de toros están prohibidas desde 1991. No obstante, existe una excepción en la recién aprobada Ley en tierras catalanas. Los tradicionales ‘correbous’, festejos taurinos muy arraigados en algunas zonas de Cataluña y que no terminan con la muerte del animal, no serán censurados.

A La Monumental se le agotan las tardes de gloria

Y es que la Ciudad Condal siempre fue un referente de los festejos taurinos. De hecho a lo largo de su historia Barcelona conoció tres plazas diferentes, aunque actualmente sólo la Monumental continuaba llenándose hasta la bandera. La Barceloneta (también conocida como El Torín) que databa de mediados del siglo XIX y Las Arenas, hoy en proceso de transformación en centro comercial, perecieron antes de que la prohibición acabara con ellas.

Porque independientemente de que uno sea pro-taurino o anti-taurino, si nos encontramos, como todo el mundo asegura, en una sociedad democrática, plural, moderna, esta decisión suena extridente. Si funcionamos a base de prohibiciones no debemos estar tan evolucionados como pensábamos, más aún cuando nos en muchas ocasiones nos rasgamos las vestiduras por preservar las libertades de todos los ciudadanos. Pues asistir a una corrida es una libertad tan digna y respetable como no hacerlo y no me creo el discurso de la protección del toro. Protejan al lince, al muflón o al buitre leonado, animales, éstos sí en verdadero peligro de extinción. Huelga decir, además, que hay temas de mayor enjundia sobre los que preocuparnos y debatir.

La estocada, en definitiva,  ha venido propiciada por un halo político que lo ha terminado de enmarañar todo. De eso se quejan hoy muchos taurinos y gentes de la profesión. Porque los políticos tampoco han tenido en cuenta la gran cantidad de dinero que genera una fiesta que guste o no es uno de nuestros signos de identidad más allá de los Pirineos. Estamos hablando de uno de los negocios más prósperos de un país acuciado por una crisis económica que perderá con esta decisión un buen puñado de puestos de trabajos. Éstas serán sólo algunas de las consecuencias de una Ley que nos retrotrae al pasado, a la España del blanco y negro en un peligroso salto donde las libertades se acotan.








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