A De la Peña se le agota el fútbol. Y sería una pena, por que Iván siempre ha sido uno de esos jugadores que endulzaba al espectador. Siempre se podía esperar algo diferente cuando el balón pasaba por sus pies. Las lesiones, sin embargo, están acabando con el talento y el ingenio del ‘pequeño buda’. Así lo ha explicado hoy en rueda de prensa, donde ha llegado a asegurar que no descarta una posible retirada si no mejora de sus dolencias. ‘Lo pelat’ está cansado de su mala suerte y de las lesiones que le impiden rendir al cien por cien.

De la Peña reflexivo ante un futuro incierto
Todavía tengo fresco el recuerdo de ese pequeño calvo veinteañero que allá por 1995 debutaba con el Barça. Reconozco que fue uno de mis ídolos de la infancia, sería por su ‘look’, sería por demarcación en el campo, sería por su tremenda calidad, durante una época fue la esperanza culé tras esfumarse la gloria del Dream Team de Cruyff. Precisamente fue el técnico holandés quien lo hizo debutar, aunque siempre tuve la sensación que su paso fue efímero, que le faltó continuidad, suerte o disciplina. Lo que le sobró fue talento y calidad. Su cabeza siempre iba más rápida que la del resto de mortales, siempre veía huecos donde otros solo encontraban bosques de piernas. Y así lo ha seguido demostrando hasta hoy.
Su carrera se truncó por primera vez en la temporada 1997/1998. Su principal obstáculo fue un técnico cuadriculado, llamado Louis Van Gaal, poco amigo del ingenio y las florituras. Iván no era un obrero, era un arquitecto del fútbol y éstos no le valían al holandés. A partir de ahí comenzó su travesía en el desierto. Con apenas 22 años fichó por la Lazio italiana a razón de 2.500 millones de las antiguas pesetas. Fue el fichaje estrella de la escuadra italiana pero sus continuas lesiones y la dureza del Calcio le hicieron perder confianza y fútbol en sus piernas.
De ahí pasaría por el Olympique de Marsella, antes de volver a probar fortuna en el Barça. Sin embargo, Lo Pelat no volvió en un buen momento y la excesiva exigencia y el mal ambiente que rodeaban al equipo culé le impidieron destacar. No obstante, Iván encontraría acomodo cerca del Camp Nou. Concretamente en el equipo vecino. Y es que ha sido en el RCD Español donde De la Peña se ha vuelto a sentir futbolista, donde ha vuelto a disfrutar del fútbol y donde por fín ha podido demostrar toda su clase. Al equipo ‘perico’ llegó en el año 2002 y allí ha formado (y sostenido en la élite a los blanquiazules) una pareja de oro con Raúl Tamudo, que alcanzó su cenit en aquella final de la Uefa que el Español perdió en los penaltis ante el Sevilla.
Con los pericos ganaría una Copa del Rey, precisamente ese 2006, en el que también sería internacional con España. Luis Aragonés confiaba en el cántabro, pero al repasar su historial uno se sorprende al comprobar que el ‘pequeño buda’ sólo ha sido internacional en cinco ocasiones. Es una muestra más de su irregularidad, de su talento mal entendido, de su calidad descarriada y de la mala suerte que le ha acompañado a lo largo de su carrera. Él que fue el ídolo de muchos chavales a mediados de los noventa, que fue la esperanza junto a Raúl González para muchos españoles de una nueva generación, ahora se debate entre la falta de confianza y la perseverancia para sobreponerse a sus lesiones.
Sus lágrimas de hoy me han emocionado. Se siente “incomodo” por no poder ayudar a sus compañeros y en sus palabras se entreveen resignación, “quiero entrenar al cien por cien con mis compañeros. Es una situación complicada, pero es lo que hay, es mi cuerpo y no puedo hacer otra cosa”. Iván ha probado casi todo, el jugador acaba de recibir en Belgrado, a cargo de la doctora Marijana Kovacevic, un tratamiento basado en masajes eléctricos con fluidos de placenta de yegua. Algo que ya hicieron antes compañeros suyos como Riera o Zabaleta. Esperemos que le dé resultado y el pequeño buda todavía nos deleite con la brillantez de sus pases y la inteligencia puesta al servicio de sus pies. ¡Ánimo Crack!






